No es perro, pero ladra y tiene cola
Por Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com

El mundo está discutiendo, particularmente Latinoamérica, si en Paraguay hubo un golpe de Estado o no, en tanto el factor subversivo no fue esta vez las fuerzas armadas, sino el sistema político en el parlamento guaraní.

La discusión parece ser estéril: derrocaron a un Presidente legítimamente electo por el voto secreto de la ciudadanía, mediante un acuerdo político de carácter puchista, sin derecho a la defensa por parte del primer mandatario.

Por primera vez en muchas décadas los parlamentarios de ese país supieron actuar con “eficiencia” y en pocas horas pasaron de la idea del juicio político a la acción concreta, sin que en ese país viviera horas de convulsión. Diríamos más: sin que un presidente como Lugo haya anunciado cambios radicales en el rumbo de la economía de Paraguay, que no vivía ninguna revolución como las conocimos en el pasado siglo.

Podemos decir, entonces, que estamos ante un golpe express y parlamentarista, lo que hace más difícil expresar la solidaridad con la democracia paraguaya, en tanto las formalidades institucionales tienen siempre un valor fundamental, aunque en este caso se hayan protistuido.

Estamos, entonces, ante una nueva forma de agresión contra los gobiernos progresistas, que ya Estados Unidos promovió hace unos años en Honduras.

Con esta modalidad golpista se nos quiere colocar en la situación de discutir sobre un animal, que algunos dicen que no es perro, pero que ladra y tiene cola: por eso es perro, por eso es golpe de Estado.

Si bien la prioridad es rescatar la democracia en Paraguay, tarea que no será sencilla, hay que saber que está en juego el prestigio y el destino del MERCOSUR y de la Unasur, así como el liderazgo democrático de Brasil en la región.

Si en Paraguay queda todo como está, la política independiente de Latinoamérica y el Caribe se verá cuestionado y lastimada, por parte de Estados Unidos, quien parece haber recordado que el viejo patio trasero se le ha ido de las manos.

Lo que ha pasado en Paraguay es la acción subversiva de las derechas clásicas, fundamentalmente terratenientes, aliadas a los intereses geopolíticos de la Casa Blanca. Y de eso los uruguayos sabemos algo, más cuando dentro de la Asociación Rural y de la industria frigorífica de ese país hay apellidos como el de Bordaberry (Juan Martín), uno de los hijos del fallecido dictador de nuestro país.

Mientras debatimos esto (este sábado), hay otras preocupaciones que convergen con el caso paraguayo. Bolivia está en crisis y la rebelión esta siendo encabezada por sectores golpistas de la policía.

A la vez en Argentina la situación tampoco es sencilla, desde que el movimiento de camioneros se propuso crear inestabilidad en la conducción del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a quien hay que apoyar por encima de matices y diferencias, como hay que apoyar a Evo Morales.

Latinoamérica necesita paz, más integración, crecimiento del comercio interno y externo y en eso los uruguayos tenemos que salir a aportar, tanto en la gestión diplomática como en la acción de poner pueblo en la calle contra todo intento de subvertir el orden. Para ello se necesita un gobierno sin contradicciones, de lenguaje claro, con iniciativas firmes y respaldadas por el Frente Amplio, porque la improvisación es, muchas veces, un buen pretexto no para quienes quieren corregir los errores, sino para provocar situaciónes que terminen hiriendo la institucionalidad, pilar fundamental de la vida democrática.

Los próximos meses se juega el rumbo de Latinoamérica con las elecciones de México y de Venezuela y con la gestión diaria de cada gobierno. En las puertas de 2013 tendremos un panorama de la correlación de fuerzas, pero por encima de todo lo que importa es que no se pierdan los principios democráticos y la convivencia.

*Maestro y periodista
Columna publicada en La República el 25 de junio

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