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Los golpistas paraguayos en acción
Por Niko Schvarz*
Lo ocurrido el viernes 22 de junio en Paraguay fue un golpe de Estado. Disfrazado como un pronunciamiento del Parlamento, pero fue un golpe de fuerza que alejó a Fernando Lugo de la presidencia a la que había llegado por decisión soberana del pueblo. El juicio político realizado por el Senado a solicitud de la Cámara de Diputados fue una parodia. A Lugo no se le permitió defenderse. Se procedió con sospechosa celeridad, consumándose en 24 horas. Esto no ocurrió nunca en ninguna parte, ni siquiera en Paraguay donde un juicio político a Raúl Cubas (en 1999, por indultar al general Lino Oviedo) se dilató casi una semana. La modalidad utilizada en el caso actual no fue la misma que llevó a entronizar por décadas a dictadores de la calaña de Alfredo Stroessner, pero el resultado fue similar. En un mensaje de gran dignidad, Lugo dijo que se trasgredieron todos los principios de la defensa “de manera cobarde y alevosa” y que él “no responde a la mafia y al narcotráfico”, los que con sectores de la rancia oligarquía y los terratenientes estuvieron detrás del golpe. Son los mismos que durante más de 60 años mantuvieron al Partido Colorado en el dominio incompartido del poder, lo que fue quebrado por el arribo a la presidencia del ex obispo, llevado por una oleada de fuerzas populares y campesinas. Mientras se perpetraba el atentado, amplios sectores populares y campesinos manifestaron frente al Congreso en respaldo a su presidente y fueron duramente reprimidos por la policía, reviviendo escenas que se creía definitivamente desterradas en Paraguay. El pretexto para el juicio político sumarísimo a Lugo fueron los trágicos acontecimientos de Curuguaty la semana anterior, que derivaron en la muerte de 17 campesinos y policías en un reducido terreno ocupado dentro de unas propiedades de más de medio millón de hectáreas, típico ejemplo de tierras “mal habidas” desde las épocas de la dictadura por parte del gran terrateniente y empresario Blas Riquelme. El golpe es la venganza de la oligarquía contra un gobierno que, a diferencia de los anteriores, actuó a favor de los sectores populares y campesinos, anotando en su haber realizaciones tan importantes como la reforma del sistema de la salud pública. Tenían urgencia en dar el golpe. No quisieron esperar las próximas elecciones, dentro de 9 meses, con transmisión del mando el 15 de agosto 2013. El acceso de Fernando Lugo a la presidencia en 2009 puso a Paraguay a tono con la nueva América Latina que ha surgido desde el inicio del nuevo siglo y milenio, expresada en gobiernos de las fuerzas democráticas, populares y de izquierda. El golpe de Estado en dicho país no es el primer intento de revertir la situación por parte de las anteriores clases dominantes. Así ocurrió en Honduras, con el secuestro del presidente Manuel Zelaya y el asalto al poder por los golpistas. Antes, se intentó una maniobra análoga con el golpe contra Chávez en 2002, que fue desbaratado por una multitudinaria movilización popular y la actitud de soldados que cumplieron su deber. Lo mismo se intentó el año pasado contra el presidente ecuatoriano Rafael Correa, secuestrado 24 horas y con riesgo de su vida por el golpe policial. También menudearon los intentos golpistas y secesionistas contra el presidente boliviano Evo Morales, por parte de los sectores oligárquicos de la media luna. El golpe paraguayo se inscribe en esta línea. Con razón en su última alocución desde la sede presidencial el ex mandatario enfatizó que “hoy no es Fernando Lugo el que recibe un golpe, sino que es la historia paraguaya, su democracia, la que ha sido herida profundamente”. Por tal causa recibió una solidaridad amplísima en su país y a nivel mundial, por parte de los integrantes del Mercosur, de la Unasur y de múltiples organismos. Y ello resuena como un llamado a las fuerzas populares del continente a defender la democracia en todas las circunstancias. Esta es la principal conclusión: la lucha sin tregua en salvaguardia de la democracia, valor supremo que defienden los pueblos frente a los ataques concentrados de los sectores oligárquicos.
Solidaridad continental con Lugo y con la causa de la democracia en Paraguay Los pronunciamientos se sucedieron a ritmo intenso desde el momento en que se consumó el golpe de Estado. Uruguay no reconoció al nuevo gobierno y llamó en consulta a su embajador en Asunción, Enrique Fischer. La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner declaró que “Argentina no va a convalidar el golpe en Paraguay” y retiró a su embajador Rafael Romá por entender, según declaración de su cancillería, que con la destitución del presidente constitucional Fernando Lugo se ha producido “la ruptura del orden democrático”. La presidenta de Brasil Dilma Rousseff planteó la exclusión de Paraguay del Mercosur y de la Unasur señalando que “para un país que viola la cláusula de la democracia la sanción es la no participación en los organismos multilaterales”, es decir la exclusión del Mercosur y de la Unasur. Lo expresó en conferencia de prensa en la noche del viernes antes de clausurar la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable Río +20. Por lo demás, Federico Franco no será invitado a la Cumbre de jefes de Estado del Mercosur y estados asociados que se realizará en Mendoza, Argentina, el 28 y 29 de junio, donde la situación en Paraguay será objeto de particular análisis. Los presidentes de Bolivia, Evo Morales; de Ecuador, Rafael Correa; y de Venezuela, Hugo Chávez, declararon que no reconocen al nuevo gobierno. El presidente de Perú, Ollanta Humala, planteó una reunión especial de la UNASUR para considerar como el tema. En el mismo sentido, la Coordinación Socialista Latinoamericana expresa “su enérgico repudio al golpe institucional en Paraguay” y destaca que “conspiraciones de grupos de derecha que otrora apoyaron dictaduras, con los grandes grupos económicos y de poder se han unido para destituir a un presidente legítimamente elegido por el pueblo” y llama a luchar “para defender la legalidad, la voluntad del pueblo y la democracia”. La situación de Paraguay fue abordada en el encuentro de la regional sur del Foro de Sâo Paulo efectuado los días 16 y 17 de junio en Montevideo. Vista su gravedad, se resolvió el envío de una delegación a Asunción para expresar solidaridad con el pueblo paraguayo, la que estuvo integrada entre otros por el diputado Rubén Martínez Huelmo y el presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Frente Amplio, Jorge Mazzarovich. Coincidieron en Asunción con el canciller uruguayo Luis Almagro, que formó parte de la delegación de Unasur a la capital paraguaya.
Diversos sectores del Frente Amplio como el Partido Socialista, MPP y Vertiente Artiguista emitieron sendas declaraciones en solidaridad con el pueblo paraguayo. En la tarde del viernes 22 se efectuó una concentración en la explanada de la Universidad convocada por la Federación de Estudiantes Universitarios y la Coordinadora Uruguay-Paraguay, con el mismo objetivo.
En Asunción, el nuncio apostólico, Agustín Arietti, fue el primero en visitar al nuevo gobierno en la mañana del sábado. Recuérdese la actitud asumida por la Iglesia católica contra el ex obispo que pasó a defender la causa de los pobres (suspensión ad divinis). Siguieron al nuncio los embajadores de Estados Unidos y de Alemania.
La declaración del gobierno uruguayo La cancillería uruguaya dio a conocer el sábado 23 una declaración según la cual “las autoridades legítimas de los países de nuestro continente son aquellas que provienen del voto popular, el verdadero soberano para elegirlas” y agrega que “la rapidez y urgencia de los procedimientos seguidos para el juicio político del Presidente Lugo, con características de juicio sumario, no condicen con las garantías esenciales del debido proceso, especialmente teniendo en cuenta la brevedad de los plazos y que aún no han terminado las investigaciones de los desgraciados hechos ocurridos el pasado 15 de junio.
En conclusión establece que “la imposición de un nuevo Presidente en esas condiciones, no condice con las prácticas democráticas fundamentales que debemos preservar en la región. Los antecedentes de inestabilidad en la misma, hacen imprescindible mantener el más pleno respeto a las cláusulas democráticas de MERCOSUR y UNASUR. Esperamos que la República del Paraguay pueda convocar a su pueblo tan pronto como sea posible para elegir nuevos gobernantes”. En consonancia se llamó a consulta al embajador uruguayo en Asunción.
Vista al futuro En un acto efectuado en la noche del sábado con una gran concentración en Asunción, Lugo reiteró las afirmaciones de su última alocución desde el palacio presidencial: que fue víctima de un golpe institucional, de una suerte de golpe de estado parlamentario, y que había sido destituida la democracia paraguaya por parte de las fuerzas del narcotráfico y el gran capital. Afirmó que el lema de todo el pueblo debía ser “nunca más dictadura” de ningún tipo, que él continuará en la lucha y se presentará como candidato a la presidencia en las elecciones de 2013.
*Periodista y escritor uruguayo
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