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Ciudad segura La sociedad y el hábitat
Por el arquitecto Luis Fabre
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La sociedad uruguaya ha cambiado en la percepción de todos nosotros, pero algunos cambios no tan notorios, necesitan ser explicitados. Es necesario un abordaje complejo que conjugue tendencias y consecuencias, en la dinámica acelerada de nuestra sociedad. Las actualizaciones censales de población, viviendas y hogares son ahora complementadas con datos sobre la configuración del sistema social. En ese sentido los relevamientos y cuadros estadísticos aportados por la Academia, habilitan un conocimiento integral, interrelacionado, entre la demografía y la sociología aplicada en el devenir de la historia, revelador de los procesos y sus alteraciones. Un abordaje interdisciplinario, acompañando el camino hacia la integración de las Ciencias del Hombre. Es necesario para el Estado conjugar- lo que trata de hacer el gobierno actual- sus líneas programáticas con actualizaciones del contexto, definir políticas e instrumentar cambio de planes en sus Ministerios y Organismos coherentes con el mismo. Es en las ejecuciones de planes concernientes al hábitat donde mas especificidades aparecerán, por los lugares, los grupos humanos y los recursos municipales en realizaciones de urbanismo y vivienda.
Si bien, volviendo al comienzo, restan explicitarse las emergencias de esos cambios, las causas múltiples que retroalimentan el sistema ya son conocidas. La deslocalización de la producción, la tecnología aplicada en la optimización y sustitución del esfuerzo humano, la precarización y flexibilización, la segmentación del trabajo se vinculan y retroalimentan con desplazamientos y cambios en la conformación de las poblaciones involucradas. La movilidad social, que ya no reconoce fronteras, con atractores distintos a los de la era industrial, se acelera para los más jóvenes tras los centros de capacitación y estudio, las localizaciones neoindustriales y otras manifestaciones tales como la construcción y servicios al turismo sobre el territorio.
En el medio urbano, en la ciudad, son necesarias propuestas instrumentales sistémicas, que establezcan líneas de correspondencia entre los anotados parámetros relacionados con el hábitat. La metrópolis es demasiado grande y diversificada par ser controlada por lo métodos tradicionales. Los intentos de poner un “orden “totalizador del siglo pasado han fracasado. De la concepción individualista, del hombre como consumidor, se concluye que cada uno puede hacer su propio “nicho” en el espacio construido; su propia ciudad. La ciudad postmoderna abarca la pluralidad de los proyectos de autorrealización, la variedad de deseos de una sociedad fragmentada. Produce su propia identidad y la de sus actores. El prototipo de ciudad donde vivir los propios sueños como producto de consumo es Disney World. Claro que en un lugar cerrado, vigilado, exclusivo para quienes pueden pagar. Por tanto excluyente.
Renegamos de esa sociedad, de esas ciudades que apenas permiten coexistir en el mismo territorio urbano, pero no convivir. Resistimos el consumo sin límite, que destruye la tierra- dilapidando sus naturales y finitos recursos-dejando por el camino la vida de millones que no pueden acceder a él. De esa sociedad que produce monstruosos congéneres que los informativos, morbosamente, muestran a diario.
Algunas pautas componentes de una reversión de la insolidaridad, de la displicencia hacia el bien colectivo, de la violencia social en que estamos inmersos La inserción de elementos artísticos en los espacios urbanos aporta indirectamente a la seguridad por la participación colectiva en los bienes y manifestaciones culturales. La apreciación de monumentos y uso de equipamientos, propone la educación por el valor colectivo, la apropiación de espacios controlada socialmente. Equipamiento y manifestaciones artísticas, sean físicos o intangibles, en clave de participación ciudadana neutralizan las diferencias, al menos en esos lugares. No hay platea preferencial y tribuna “popular”, todos estamos juntos. Me remito a la experiencia, cuya crónica he realizado, de las actuaciones de la Filarmónica en el Lago del Parque Rodo. Y en cuanto al equipamiento físico con bienes artísticos, es significativamente positiva la experiencia en la ciudad de Medellin, Colombia, sobre la cual escuché a Gustavo Leal en el Programa “La sed y el agua”. La experiencia lúdica, sea por el juego o el deporte _cuyos limites son cada vez mas difusos_ es el gran atractor de la ciudad postmoderna. Multiplicar los eventos y sobretodo las rutinas colectivas es un camino cierto en la integración social. Los eventos multitudinarios, caminatas , maratones, elevan puntualmente el espíritu gregario. Las clases aeróbicas en las playas deberían mantener su continuidad mas allá de la temporada estival, haciendo uso de espacios mas protegidos , incluyendo aquellos con aparatos para ejercicios y juegos físicos recién instalados. No dudo que los participantes serán también celosos cuidadores de los mismos. Generalizando; el juego y el deporte , con acceso masivo son, en la libre aceptación de sus reglas- teniendo en cuenta que el juego, es algo en lo que se entra y sale sin obligaciones- un mecanismo de inclusión , de convivencia, de aceptación de códigos de participación. La relación del habitar con el trabajo, con el quehacer de los “activos”. De la reciente crónica del Caso Colonia concluimos que la gente, mayormente originaria del lugar, cuida con sus actitudes, su trato cotidiano y su conducta, indistintamente su trabajo y su terruño, su sitio de vida. De toda lógica, es necesario favorecer la coincidencia de lugareños y trabajadores, lo que podría iniciarse, como hemos propuesto, en un barrio como Ciudad Vieja. Ampliando las miras; si podemos internalizar en los montevideanos que cuidar los lugares, el entorno, es cuidar al turista, la capital potenciará su capacidad de recepción y convivencia con otros pueblos, visitantes o tal vez futuros pobladores. La historia y la tradición como aglutinadores sociales .En la ciudad, teatro de la memoria, la utilización de la tradición es un componente esencial en las estrategias de comunicación. El diferenciado repertorio de la tradición barrial potenciado por los medios de comunicación masivos, contribuye a la exaltación de la convivencia, la difusión de códigos de conducta, el reconocimiento social, el orgullo por el lugar y sus habitantes pretéritos. La competencia cultural, el juego colectivo interbarrrial del saber histórico promueven la cohesión e inclusión en el común denominador del arraigo. Recurrir al pasado es una forma de construir identidad, subjetividad sana, bien fundada. Docentes, artistas y comunicadores mucho pueden hacer, novedoso y original al respecto. Y los museos. No tienen que ser siempre genéricos o temáticos. Los dedicados a personajes, referentes actores sociales, ubicados en el lugar de origen de los mismos, cumplen cabalmente la función expresada al principio.
Como lucidamente estarán los lectores concluyendo, estas pautas son propositivas, no restrictivas, no coercitivas. Escribo siempre con la expectativa de que estos aportes lleguen a los ámbitos decisorios, a los representantes de la población .Y que tal vez los consideren.
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