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(l) Nacionalismo y desarrollo económico
Por el profesor José Luís Fiori*
“La dificultad de la “economía política clásica” fue reconocer el significado económico de las naciones, no sólo en la práctica, sino también en la teoría”. Eric Hobsbawm,
Desde la Revolución Francesa, la palabra “nacionalismo” tuvo varias definiciones y connotaciones políticas y emocionales, variando según el tiempo y el lugar, y apareciendo ahora como una ideología o sentimiento, ya sea como un movimiento social o como una estrategia política. En su origen histórico, sobre todo en Francia y en los Estados Unidos, fue un movimiento revolucionario, democrático y ciudadano, después pasó a tener una connotación predominantemente cultural y etnolingüística, sobre todo en Europa Central, para transformarse, finalmente, en un proyecto político de construcción y/o fortalecimiento de los estados nacionales que nacieron - dentro y fuera del continente europeo - a partir de las independencias americanas. Pero fue recién en la segunda mitad del Siglo XIX que el nacionalismo adquirió una faceta y una formulación explícitamente económica y se transformó en un instrumento de lucha de los países “atrasados” contra la supremacía inglesa.
Es bien cierto que después del siglo XVI, el desarrollo económico capitalista se dio siempre en función de estados territoriales que practicaron políticas mercantilistas de defensa de sus economías nacionales, y en este sentido, se puede decir que siempre existió algún tipo de nacionalismo económico “primitivo”, desde el origen del sistema estatal europeo. Pero fue recién en Alemania, en el siglo XIX, donde se formuló una teoría y una estrategia nacionalista consistente de desarrollo económico, a partir de objetivos geopolíticos explícitos. En su obra más importante, publicada en 1841, el economista alemán Friedrich List criticaba la “economía política clásica” por condenar a las naciones menos desarrolladas a “rodar eternamente la piedra de Sísifo” del atraso, exactamente porque había “excluido totalmente la política de la ciencia económica, ignorado la existencia de la nacionalidad, y desconocido completamente los efectos de la guerra sobre el comercio entre las naciones” (1986, p:128)[1]. Después de la muerte de List y de la primera unificación alemana, en 1871, estas ideas contribuyeron decisivamente para el diseño de una estrategia conciente de desarrollo e industrialización, combinada con una visión ufana de la cultura germánica y con un proyecto geopolítico de unificación y expansión del poder alemán, en competencia directa con el poder comercial y naval de Gran Bretaña.
Desde entonces, el éxito económico de Alemania se transformó en el paradigma de referencia del nacionalismo económico, en todo el mundo, y tuvo una importancia particular en la historia de Rusia y de Japón, países que tienen varias similitudes geopolíticas con Alemania. Entre el fin de la “Guerra de los 30 Años”, en 1648, y la unificación de 1871, el territorio actual de Alemania fue dividido y “balcanizado”, de forma activa y connivente, por parte de las grandes potencias europeas, y recién consiguió unificarse después de tres guerras sucesivas y victoriosas, de Prusia contra Dinamarca, Austria y Francia, en la década de 1860.
Pero incluso después de la unificación, Alemania siempre se sintió un país cercado y presionado, cargando un enorme atraso político y económico y un profundo resentimiento con relación a las “grandes potencias” responsables por la creación del sistema interestatal y del capitalismo europeo, y por el liderazgo de la conquista europea del “resto del mundo”. Es en este contexto de atraso, asedio y resentimiento nacional, que se debe situar la permanente preocupación defensivo-expansionista de Alemania, dentro de un “espacio vital” supranacional a ser conquistado y preservado. Es en este contexto también que se debe situar el “intense commitment” de sus elites civiles, militares e intelectuales, que tuvo un papel decisivo en el desempeño económico del nacionalismo alemán. En mayor o menor medida, se puede reencontrar muchas de estas características en la historia de Rusia/URSS y de Japón, y en sus grandes ciclos de intenso crecimiento económico, desde el siglo XIX, y aún entre 1950 y 1991, a pesar de que en este período Japón y Alemania se hubiesen transformado en “protectorados militares” al servicio de la estrategia militar global de los EE.UU. Ahora de nuevo, en este inicio del siglo XXI, Alemania, Rusia y Japón están siguiendo estrategias económicas nacionalistas, orientadas por sus grandes objetivos estratégicos nacionales permanentes, de defensa y lucha por sus hegemonías regionales. Para pensar el futuro o sacar lecciones, no obstante, sería importante primero entender porqué sus grandes éxitos económicos y tecnológicos del pasado acabaron siendo interrumpidos por estridentes fracasos políticos y/o geopolíticos.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
*José Luis Fiori: Profesor en la Universidad pública de Río de Janeiro sobre economía y ciencia política.
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