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Paraguay; las paradojas en temas internacionales
Por Anonia Yáñez*
Lo paradójico que ha surgido en el escenario sudamericano luego de la crisis política institucional de Paraguay, y la cadena en cascadas de contradicciones de todo tipo, son síntomas de una realidad extremadamente compleja y políticamente frágil. Están ubicadas no solo a nivel conceptual sobre definiciones, prerrogativas y roles de organismos de Estado, sino también a los alcances de las decisiones institucionales de los bloques regionales. Abarcando además diversas personalidades, en muchos casos dentro de los gobiernos de un mismo país; son los casos más salientes los de Paraguay donde el Presidente es sustituido por el Vice-Presidente y el de Uruguay donde el Vice-Presidente discrepa públicamente con el Presidente en función de las definiciones tomadas por este último en torno al tema Paraguay y sus derivaciones. O el caso extremo, en donde el Mercosur pierde su máxima autoridad burocrática el mismo día que toma una decisión extrema como es dejar en suspenso a uno de sus países integrantes.
Pero las paradojas se podrían extender también al giro brusco que se toman en los más diversos análisis que se vienen haciendo, incluidos los de organismos internacionales. Hace pocas semanas se evaluaba que más allá de los ámbitos económicos (para los cuales no se han ahorrado elogios de buena performance frente a la crisis europea y de EE.UU.) el continente sudamericano había entrado en un “periodo de estabilidad y saludable institucionalidad”. De repente se anuncian todo tipo de fallas, limitaciones de sus instituciones y conspiraciones internas y externas.
Otras de las paradojas que han queda expuestas en la región, están vinculadas a las formas en que se interpreta por distintos protagonistas, los preceptos del derecho internacional y las llamadas “relaciones bilaterales y multilaterales” o simplemente las relaciones entre Estados en este presente siglo XXl.
Como en ningún otro periodo los organismos internacionales tanto las Naciones Unidas como los vinculados a ella, u otros surgidos de hecho, han tomado decisiones muy recientes entorno a derrocar gobiernos por vía de la guerra, legitimar grupos de ciudadanos unos por otro en un mismo país, cambiar primeros ministros (recuérdese los dudosos casos recientes de Italia y Grecia) en fin, tomar decisiones de fondo sobre el destino de Estados, gobiernos y personalidades diversas. Sin embargo, por estos días en Sudamérica todos estos datos no son parte ni vinculantes de los fenómenos contemporáneos a la hora de examinar o gobernar en la región.
Pero debieran recordar o recordarse que muchos de los Estados Sudamericanos y sus gobiernos, representantes políticos y sociales, han votado o pedido intervenciones de todo tipo en el ámbito de los organismos que participan.
Más allá de las evidentes y profundas diferencias políticas e ideológicas que existen en las estrategias dentro de la mayoría de los gobiernos Sudamericanos -en cuanto a llevar adelante las relaciones internacionales- debiera estar el fenómeno de “la mínima coherencia”. Aquel que permite mantener un discurso de viabilidad y ética pública, de organismos y bloques, que en última instancia tienen mucho más que ver con la vida concreta y diaria de la gente, de los ciudadanos y no con una retórica e invocación permanente sobre los fenómenos de la globalización.
*Socióloga uruguaya
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