Así era José Pacella
Por Gonzalo Alsina*

Hace un mes que falleció José, un ser humano fuera de lo común, austero y siempre preocupado por los demás. Sin etiqueta. Un compañerazo.

Venció dos veces la tortura. Pocos como él tuvieron una comprensión tan justa acerca del comportamiento humano en situaciones extremas. Luego nos dio una lección de vida sobre cómo enfrentar una enfermedad tan cruel como el cáncer.

Fue muchas cosas. Pero yo quiero destacar su doble condición de dirigente en la clandestinidad. Cuando “las papas quemaban” fue primero dirigente de la UJC. Desde julio de 1978 a diciembre de 1980, fue su secretario general. El la ujota no existía aquello, de un secretario adentro y otro afuera. ¡NO! Asumió como tal en la casa de Alvarito y Adriana en la calle Gonzalo Riqué 262.

Y luego en marzo de 1979 pasó a ser el responsable del núcleo de dirección clandestina del PCU. Y fue secretario del Partido en la clandestinidad hasta su segunda detención el 27 de junio de 1981.

Por lo tanto, si tenemos en cuenta los acontecimientos políticos que ocurrieron entre 1978 y 1981, la “Bruja” fue uno de los principales dirigentes de toda la izquierda uruguaya en ese período histórico. Estuvo clandestino 6 años y medio.
Pero empecemos por mostrar algunos rasgos pocos conocidos de José.

Nació en el barrio Palermo, en la calle Médanos (hoy Barrios Amorín) en abril de 1944. Ahí empezó la escuela, la que luego terminó en el barrio Bella Vista. Repitió 5º porque se fracturó las dos manos, por ir demasiado rápido a buscar una pizza. Vivía en la calle Progreso.

Recordaba: “…que a las 5 de la mañana…pasó del murmullo del mar al ruido del tren”. “Soy producto de la emigración italiana, mi padre con 16 años, fue linotipista del diario El Día, hasta que lo echaron por la huelga de los años 30 bajo la dictadura de Terra y de ahí pasa a trabajar en la construcción…”“Mi madre de niña (en Italia) con sus hermanos construían tumbas en los cementerios para poder comer”.

Su madre era de origen campesino y siendo lavandera conoció a su futuro padre. “Vivíamos a la italiana, con tíos y mi abuela…” José aprendió hablar calabrés, porque su abuela nunca habló el español.

Pacella fue un muchacho de barrio y barra. Esa que se juntaba en la esquina donde estaba el boliche y el almacén del “Armenio”, en el barrio Bella Vista. Era hincha y hasta llegó a jugar en las inferiores de dicha institución. No necesitaba hacerse el hincha de algún cuadro para quedar bien con la “barra”.

En esa esquina se juntaban 20 muchachos entre loa 10 y 22 años para jugar al fútbol o salir a pescar en la playa Capurro. Entre fútbol y murga, entre cantina y algún que otro campeonato de truco; José a los 10 años trabajó en un almacén del barrio. Luego entre otros, trabajó en una zapatería, una herrería, hasta que aún adolescente entró a trabajar en una librería de izquierda.

Pero La Bruja, siempre fue un militante. Se afilió al partido de los comunistas con 17 años, el día que los cubanos derrotaron a los yanquis en Playa Girón. No hubo pegatina y marcha solidaria que no lo haya tenido de protagonista. Pasó por 7 seccionales de la UJC. Pero él siempre se consideró un hombre de la 14, donde conoció a su máximo referente: el Hugo Altesor, quien le puse el mote de ¡La Bruja!, en una pegatina.

Un día en el Cerro, en una pegatina bajo Medidas Prontas de Seguridad; cuando se están llevando presos a los compañeros, él que si hubiera querido, pudo haber disparado, porque los milicos no lo habían visto, le toca el hombro al oficial y le dice: yo también estoy. Así era la Bruja. El mismo que en plena clandestinidad atravesaba todo Montevideo para llevarle un medicamento a un compañero de la construcción, que le habían despertado un foco epiléptico los milicos como consecuencia de las brutales torturas en el cuartel del Cerro en el año 1975. Ese era José Pacella.

El mismo que arriesgando las normas de seguridad, se hacía su tiempo para visitar a Claudia, la compañera de Paco Laurenzo, que había sido detenido en 1978. Así era José Pacella. Por eso entre otras cosas aparece en la película Mundialito. Fue Paco, el que le dijo al director: yo estaba preso cuando el plebiscito, el que más sabe de eso es José. Lealtad, que le dicen, la que les faltó a algunos excamaradas. O sea que Pacella no apareció en la película por ninguna conspiración especial. Cuando el plebiscito de 1980 el principal dirigente en la clandestinidad era José Pacella. Cuando vea el volante del Indiecito llamado a votar por NO, o los miles de volantes usando a la Porota o al Pulga de Peloduro, todos esos fueron creaciones de la Bruja.

Y ya que estamos con el famoso volante. Las matrices electrónicas del indiecito se hicieron en el 7º piso de la calle Miguel Barreiro 3236. Según el blog goldelpueblo donde hay un video y un relato referido al tema…Pero a mí me interesa resaltar la parte humana, siempre presente en José. “Yo hace poco recordaba en un relato que teníamos como señal de peligro para entrar o no entrar, los pañales del hijo de Claudia. Yo miraba para arriba (al 7º piso) y si los pañales estaban colgados, yo podía entrar; si no estaban colgados, tenía que irme. Pero resulta que Martín creció. En el discurrir del año y pico que estuve conviviendo acá…” Como la grabación se termina; retomo la parte final del relato de José en el blog; donde dice: “Su pequeño hijo había dejado los pañales y yo le dije que debía volver a quedar embarazada. Cosa que sucedió. Todavía hoy me jacto elaborando algunas recetas aprendidas al calor humano, y de la cocina, que nos ayudaban a sortear los días de encierro, donde Claudia demostraba su sapiencia.

No puedo olvidarme del temple de ambos. De Rodolfo transportando paquetes en su cachilo o de Claudia, viajando a Bs.As, cargaba materiales clandestinos, que luego circulaban por el mundo.Yo fui detenido y ellos siguieron llameando por la libertad”. No es el único caso que muestra como era José. Cuando asume la secretaria general de la UJC, pone su sello distintivo: La Patricia y el Acapalate. Le cambia el formato al Liberarce, para ahorrar papel y ser más chiquito y más fácil de transportar. Y le “roba” a Néstor Silva La Patricia, que de ahí en más se transforma en el símbolo del órgano de la UJC en la clandestinidad. La propaganda lo “persiguió”. Supo ser secretario departamental de propaganda, antes de ser secretario de Montevideo y luego secretario general de la Ujota.

Como buen patriota, más tarde cae detenido en la calle Patria 515, el 27 de junio de 1981, pero ya siendo el secretario en la clandestinidad del Partido. Ahí funcionaba una imprenta del PCU.

Él me decía que tenía que hacerles un reportaje a Sonia y Héctor, los compañeros encargados de la imprenta. Ellos se habían ido a Brasil y en medio de la dictadura volvieron, para resistir y luchar contra la dictadura, para que hubiera libertad en nuestra patria. Coincidía con lo que siempre dice Beatriz Martínez, que no es lo mismo tener hijos en democracia, que ser madre en plena clandestinidad. Tenés que entrevistar a la madre de Sonia, que luchó como una tigra para recuperar a sus nietos, decía.

Pero tuve el honor de entrevistar a Beatriz, gracias a Pacella. Una mujer héroe como él. Madre de varias hijas y dirigente del metal y la central en la clandestinidad. Cuando le tocó caer, no le sacaron nada. Yo pude leer su declaración, que ella me quiso dar y que yo no me animé ni siquiera a pedirle una fotocopia por puro respeto. Ella también ha sido ninguneada. Beatriz, durante toda la enfermedad de José, nunca dejó de mandarle un mensajito por celular, dándole ánimo. ¡Todos los días José falleció a la 1:45 del jueves 14 de junio y fue velado entre las 8:00 y las 15:15. No se le pudo avisar a todo el mundo. Pese a todo fueron cientos y cientos los que lo fueron a despedir.

Corría marzo del 79. Pacella era el nuevo secretario en la clandestinidad. Había retomado el contacto con el exterior. Tenía que pagar los sueldos de los funcionarios clandestinos. Hizo los cálculos de la inflación y decidió dar un aumento de sueldos. Así era Pacella.

Era el año 1981. Había pasado el triunfo del NO de 1980. Se entraba en una nueva etapa. Se estaba discutiendo cómo utilizar la ley sindical de la dictadura. Se reunía con Elbio Quinteros y con Pope Ortiz. Alberto Ortiz integrante desde 1977 a 1979 de la comisión de organización de la CNT. Pasa después del golpe represivo del año1979 a ser el encargado de organización de la central obrera. José toca timbre. Llevaba una rosa para Celeste, la compañera de Pope, obrera de la aguja y una luchadora de toda una vida. Así era José Pacella.

Con Ramón tenía un cariño especial. Fue durísimo cuando recibió la noticia de su enfermedad. Los dos con cáncer. Los dos habían vivido muchas cosas juntos. Tenían orígenes similares; los dos con mucho, pero mucho barrio. Los dos fueron responsables de la juventud trabajadora, los dos responsables del partido en la clandestinidad. Los dos se hicieron desde abajo. Como la canción de Zitarrosa. No pudo hacerle un reportaje. ¡Qué lástima! No hubo tiempo. Para comprender el cariño que le tenía basta leer lo que puso en su blog. Fue una de las últimas veces que lo vimos llorar.

La última fue unos días antes del 14 de junio. Esta vez el motivo fue la visita de Valentina Chávez. José la llamó un lunes y Valentina vino enseguida al otro día. Estuvieron tres horas agarrados de la mano. Hablaron. José quería antes de morir publicar un libro con las cartas a sus hijos desde el Penal. Siempre tuvo la idea de publicarlas. La primera hija de un desaparecido que conoció fue Valentina. El pensaba que ella nunca pudo recibir cartas de su padre y eso le laceraba el corazón. Yo estaba junto a la Bruja el día que la llamó por teléfono. Al otro día llegué unos minutos después que Valentina se había retirado. Me contó el encuentro muy emocionado. Y dijo, ahora si me puedo morir en paz. Así era José Pacella.

José era muy buen lector. En su casa faltaban muchas cosas, menos libros. Leía de todo. El último libro que volvió a releer, fue”El vino del estío” de Ray Bradbury. Por pura casualidad falleció el gran escritor norteamericano, cuando estaba leyéndolo. Leyó todas las obras de Bradbury. Se inspiró en un cuento, el Cohete, para hacer en el Penal el famoso cohete que compartió con sus hijos y los niños del comité.

Su ejemplo y toda una generación van a ir rompiendo los muros del ninguneo. Los más grotescos y los más sutiles. Casi tres décadas de negación es demasiado tiempo. Hay mucho aún por saberse.

*Docente de Historia

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