“La comunicación”
“¡Y quien no fue…!”

Por Washington Benavides*

La comunicación
De los escribas del rey Hammurabi
A los escribas egipcios
(afortunadamente) recuperados
En altorrelieves y esculturas.

A los monjes con sus viejas plumas
Redactando o copiando
Con artes de amanuense
Los viejos pergaminos;
Los codicilos de la leyenda histórica o los poemas
Épicos o las gestas noveladas.

A los periodistas de las Underwood deshechas
Escribiendo a tiro de liebre
Noticias inventadas o sucesos
Vueltos un refrito para los consumidores
(nosotros, los consumidores); periodistas
Que pudieron llamarse Mark Twain,
O Edgar Allan Poe o Ring Lardner
O Hemingway o Sandburg, que con el poco
De aliento que les dejaba el duro sobrevivir,
Escribían, como Roberto Arlt o Quiroga
Por estas latitudes, obras para consolarnos,
Para desvelarnos, para hacernos más hombres.

En mi país, también fueron periodistas
Escritores que superaban el desgaste diario
En las redacciones, el chusmerío de la noticia
Única, la esclavitud del lema partidiario,
La desesperación de estar perdiendo el tiempo
En la cochina redacción,
Cuando
Un poema
Andaba como una pobre mosca
Revoloteando entre las débiles lamparillas
Y habría de caer de algún papirotazo.

No hay que inventar laúdes
Porque en oficios desgastadores lograste
Redactar El Pozo o escribiste Los Desterrados
O con una prosa dura redactaste Los Siete Locos
O regresaste de la otra selva enfermo pero
Con La Vorágine.

Loor al hombre-faber, de acuerdo.
Loor al hombre-oficina, de acuerdo
Loor al hombre-barraca, de acuerdo
Loor al vago intransigente que escribirá
La Desolación Absurda
Loor al niño tuberculoso, al montevideano,
Que invento a Maldoror,
Loor al poeta que descubrió la eternulité
Para que no te sientas un vencedor de toda cosa.

(John Filiberto. Una mañana negra. Junio.2012.
Montevideo)


¡Y quien no fue, “o menino da sua mae”!

Saliste de un asentamiento, brotado entre otros muchos
en un cruce de carreteras.
No eras de una familia de flagelados
nordestinos, surgiste en una pauperizada clase media
que debió, con mucha rabia y vergüenza, entreverarse
con hurgadores y canarios de alpargatas; con gente
(pensaste en decir: gentuza) que no sabes ni su apellido
ni su apodo ni su (hipotético) trabajo. Clase media.
¡Pero, existen entonces clases sociales! Tus padres
trabajaban en oficinas penumbrosas; a decir verdad
eran maquinitas viejas desde la época de las "casas
económicas"
del Plan Serrato, ahora pura leyenda, y de le a la Underwood
con oficios o expedientes o papeles membretados, la pausa
del café o el te de bolsita, ritual e intocable, para las víctimas
que llegaban (algo tarde) al mostrador del sacrificio.
Después el “ser o no ser” entre el retiro incentivado o la
computadora.
De ahì saliste, no eras "o menino de sua mae" del poema
de Pessoa, si bien tus padres soñaban, cacique del barrio
de por medio, colocarte en una buena oficina aireada,
luminosa,
y con una corte de funcionarios para tus órdenes. O mejor,
todavía, crecerte en un profesional universitario, que por supuesto,
aspira a cargos relevantes, políticos o mejor en embajadas.
Pero vos saliste en un mundo subvertido, donde la
corrupción
era "una gauchada", donde los privilegios eran una canción
de letra conocida, una vedette argentina o un personaje
de "Gran Hermano" o un concurso venéreo para llegar
a "Ídolo Latinoamericano". Te juntaste con una barra, la
de la esquina, odiada por tus padres. Pasta Base, gurisas,
bailantas y cumbias villeras, estaban en el horizonte
de lo probable. Había que dar ciertos pasos, había
que meter fierro alguna vez, había que llevarse por delante
algún viejo que contaba su plata en la vereda, junto al Banco.
Aclaremos, que con variantes, otros muchachos en Carrasco,
en La Punta o en otros balnearios, hacían lo mismo, con
mayor
soltura por razones de origen, de apellidos, de cargos
de sus padres. Tampoco ellos llegarían a ser "O menino de
sua mae". Es verdad, que descubiertos y procesados,
ahí reaparecían las "clases sociales" y los "vínculos sutiles"
que alguna vez mencionó Charles Baudelaire, aquel
"dandy con lamparones" como cantara Sabina.
Resumiendo, irás al INAU, te fugarás docenas de veces,
seguirás en la tuya, hasta que la mayoría de edad te pase
a la Cárcel, esa escuela de perfeccionamiento del delito.
Si sales, antes que un corte "te corte", adiestrarás a otros
menores en el ejercicio y sufrirás "persecución por justicia"
hasta que aparezca tu nombre y tu rostro en la crónica roja.
¿Y qué le ocurre entonces, a quien no fuera "O menino
de sua mae"? Como en el poema de Pessoa, ya fuese
soldado o civil, nacerá con un par de balas en el cuerpo,
muriéndose más solo que Cristo en el Calvario.

    20 de abril. 2007.

*Washington Benavides poeta y escritor uruguayo

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