Habitar Montevideo
El lugar de “nuestros hijos”
Por el arquitecto Luis Fabre

Me invitaron a una inauguración parcial de obras de infraestructura realizadas por el PIAI municipal, encargado de regularizar asentamientos humanos en predios de la Intendencia.

Desde el híper urbanizado Pocitos hice un viaje a la periferia montevideana, donde las poblaciones de baja densidad se ubican a la vera de semirápidas vías de transito y semidesiertos campos naturales. Al llegar al lugar por la calle Capitán Tula, se vislumbra que hay algo nuevo; entre modestas viviendas calles recién pavimentadas, con sus cordones nuevos, se “agarran” con esta vía, incorporando el barrio a la trama urbana .Entrando por una de ellas encontramos un gran espacio central intervenido por las obras, articulador de las vistas, las circulaciones y los juegos. Sobre todo los juegos, de docenas de niños bajo el tibio sol dela mañana luminosa que, sobre aparatos de varios tipos, inauguraron de hecho antes de toda formalidad. En lo mas alto del gran terraplenado que resuelve los desniveles del predio, senderos de acceso, arboles de incipiente plantado, columnas y focos, bancos y cordonetas, incluidos los juegos, componen la nueva obra. Tal vez contagiadas y contagiando, las construcciones linderas se ven prolijas, pintadas y limpias, ya no por la intervención externa sino de sus ocupantes. Hablo con alguno; el primero en su puesto de panchos, oriundo de Tacuarembó, confeso analfabeto, me da una lección de sentido común cuando expresa : “ quedó todo muy lindo,…pero hay que cuidarlo.”El dueño del expendio de gas de la misma esquina se acerca asintiendo y yo comento en broma, pero pensando en serio, que con ellos allí seguramente se cuidará mas. Que otros vecinos que acompañaron por muchos años la gestión de mejoras , velarán por la preservación de los elementos físicos y también de los no tangibles. Ya lo están haciendo con esos niños, que juegan solos pero observados desde el perímetro y desde las casas, ejerciendo sobre esos espacios abiertos, de uso irrestricto, la seguridad solidaria del control social.

Una lectura desde la abstracción a partir de lo observado, permite otras conclusiones. Aquí se consolida una comunidad en la policentrica ciudad de Montevideo. Si enfocamos aumentado la imagen, como hace el programa SIG de la Intendencia en la pantalla, empezamos a ver una ciudad polibarrial y más aún, policomunitaria. Una ciudad diversa en identidades locales, arraigada en trozos de territorio donde se replica cotidianamente la aventura de vivir en sociedad con indispensables consensos, como proteger los niños y sus juegos colectivos, preservar los equipamientos y espacios que todos usamos, cuidar la limpieza, usar el Centro de barrio y tantos otros que no pude percibir en la corta estadía. En estos procesos, aún engorrosos y largos, reaparece el rasgo predominante de la raza humana que la distingue de otras especies: la colaboración- más que la competencia-entre congéneres.

Cabe aquí una mención aparte para los profesionales que desde tiempo atrás allí trabajan. El conocimiento de su dedicación, de su vocación puesta al servicio de la tarea encomendada, trae a mi memoria una anécdota: Cesar Pelli, el famoso arquitecto argentino- con obras maestras por todo el mundo- tiene un hermano, también arquitecto, que trabaja en las villas populares de provincia. Al ser interrogado por un periodista sobre el porque de tan disímiles campos de actuación respondió: “yo realizo proyectos de arquitectura, de las tareas importantes se encarga mi hermano”. Vale.

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