Tan real como en el cine, jugar a matar
Por Andrés Capeluto*

El pibe que sabe de la muerte viste bien
Aufwiedersehen!
Con su ropa de plomero, olor a leyenda va a tener…
Se cree un campeón veloz, su cacharro está muy mal!
(Indio; El Tesoro de los Inocentes
[Bingo Fuel]; Adieu! Bye Bye! Aufwiedersehen!)

Se trataba de la avant premier, muchos cómo él estaban disfrazados emulado a los protagonistas icónicos de la película, ingresa a la sala, el traje con la indumentaria le pesa, siente al caminar con sus botas el piso blando del cine. Oscuridad que protege. Otra realidad. Asientos cómodos. Todos expectantes. La película ya comenzó. Su mano transpira pero está firme en la empuñadura. Decide actuar, se pone de pie delante de varios, las bombas de gas expanden su contenido. El gatille del rifle y su continuidad es realmente impresionante. Cada culatazo me sacude el cuerpo y me pide otro disparo más. Sonido seco de metal caliente. Muchos, por un instante, pensaron que se trataba de un show publicitario.

James Holmes, de 24 años, es acusado de matar a 12 personas y herir a 58 en un cine donde se estrenaba la última entrega de Batman, "The Dark Knight Rises". En la localidad de Aurora, en Denver, Estado de Colorado, Estados Unidos. Aún no se ha revelado cuál habría sido el móvil de Holmes, quien carecía de antecedentes criminales (Página12, 23/07/2012).

Difícil no vincular este hecho como producto de la supresión de responsabilidades que se da en el mundo global, imperante a partir de los años 90’, cuando surge la cultura de lo obsceno. Basado en la figura jurídica animus iocandi -argumento que me permite defenderme ante cualquier examen judicial- es que puedo hacer o decir cualquier cosa. Puedo humillar, castigar o matar, a condición de “in animus iocandi”, es como hacerlo en broma, irónicamente.

Es el juego de la perversión que lleva situaciones terribles al campo de lo gracioso, a razón de saber que bajo el manto de la broma o del juego lo que esta sucediendo es nefasto y real. Pero hoy en día este ejemplo es tardío, la cultura contemporánea mediática se encargó de borrar esa diferencia o límite, entre lo que era en broma o en serio, o mejor dicho entre lo real y el juego, la fantasía.

Hoy al transitar por la senda de la obscenidad la figura del animus iocandi cubre por completo los lazos comunicativos del mundo global. Desapareciendo aquella posibilidad de poderse salir a voluntad del juego, de -como explica Sandino Núñez (leer “Prohibido Pensar”; “La broma obscena; pág. 47)- poder Despertar a la realidad. El problema de fondo que sustenta y promueve estos hechos, es que como clarifica el ejemplo del in animus iocandi, en la cultura contemporánea se ha desdibujado la diferencia en el juego social de lo que es el realismo y la realidad. Es decir, el realismo entendido como lo que se manifiesta dentro de los parámetros de ilusorios del juego, rol o papel (ser violentos, felices, depresivos, víctimas, victimarios, etc.) Y realidad, como la puerta de salida de ese juego a la “real realidad”.

Lo sucedido el pasado viernes 19 de Julio en la ciudad de Denver es un claro ejemplo que se suma a la lista de muchos otros antecesores en la práctica del homicidio en masa. Recordemos algunos notorios: los estudiantes de Columbine -localidad ubicada a 35 m. de Aurora- en 1999 mataron a 13 compañeros. Otro fue Cho Seung Hui, el joven de estirpe coreana que mató a 32 personas en el Tecnológico de Virginia, en el 2007. Todos casos que son definidos por los mecanismos de control estatales y mediáticos como: peligrosos homicidas de índole psiquiátrico, pobres enfermos que no se adaptan al común. Sin embargo lo que se oculta detrás es que son todas personas que han llevado a la praxis el realismo -como lo mencionáramos anteriormente- de su juego. Así como Cho S. Hui se vistió como el personaje de cómic The Punisher -D.C. cómics-, publicó fotos y videos en la red, disfrazado con indumentaria y armas de verdad para luego salir a cumplir su objetivo.

Lo mismo sucedió con James Holmes, disfrazado como un archienemigo de la última entrega de Batman -para el que le interese el nombre de éste: Bane- , llevando a cabo una matanza dentro del cine en pleno espectáculo. En ambos casos son resultados de la cultura Disney, juegan a que son esto o aquello, juegan a que matan, pero van a matar -gracias Sandino por la definición-, luego del desastre los hacen parecer locos excepcionales, deformaciones inesperadas del hábitat social, pero sin embargo son su máxima expresión, su hijo mejor letrado.

Es allí dónde se descubre un nuevo tipo de violencia, la que tiene un origen inocente que proviene de llevar el realismo a la realidad. Tan similar a la sensación de estar en ese extremo o delgada línea que se siente al jugar con un video juego de guerra, que al disparar, el joystick o control de mando se mueve, al igual que un culatazo real producido por un arma de fuego, también real. Esta neo violencia es peor que las conocidas anteriormente, la razón es simple: los despotismos tiránicos, como puede ser la ideología que rige un estado totalitario -ejemplo: Nazismo-, el abuso de poder o la crueldad, además de ser aberrantes y terribles, pueden ser criticables. Tienen un concepto de base que las genera, un objeto. Por ello son pensadas y definidas como un exceso negativo para la razón social. En este nuevo tipo de violencia no hay sustento conceptual, solo el acto atroz que la emancipa, “…es una brutalidad infantil, una violencia que se ejerce inocentemente, siempre un poco en juego o en broma” (Sandino Núñez; Prohibido Pensar, pág. 49).

*Periodista y dibujante
andrescapeluto.wordpress.com
Fuente Bibliográfica: Nuñez, Sandino; “Prohibido pensar”; Ed. HUM, 2011

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