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El Mercosur en su segunda generación
Por Jeferson Miola*
La entrada de Venezuela ubica al Mercosur en una nuevo etapa. El bloque se extiende en sus dimensiones económicas, comerciales, culturales y demográficas. Territorialmente, incorpora más de 900 mil kilómetros cuadrados, lo que equivale prácticamente a la superficie de Francia y Alemania sumadas. Consolida el dominio sobre las mayores reservas energéticas, minerales, naturales y de recursos hídricos del planeta. A partir de ahora, el Mercosur pasa a ser la región con la mayor
reserva mundial de petróleo.
El pasado 13 de julio el Gobierno de Venezuela formalizó en la Secretaría del Mercosur el Instrumento de Ratificación del Protocolo de Adhesión de la República Bolivariana de Venezuela al Mercosur, firmado el 4 de julio de 2006. De esta forma, el país cumple las formalidades para su ingreso pleno en el bloque, pasando de la condición de Miembro Asociado a la calidad de Estado Parte. El ingreso de Venezuela fue aprobado por las Presidentas Cristina Kirchner, de Argentina, Dilma Rousseff, de Brasil y por el Presidente José Mujica, de Uruguay, en la Cúpula Presidencial del 29 de junio de 2012, en la ciudad argentina de Mendoza.
El Mercosur nació en un contexto histórico y político muy diferente del actual. Menem gobernaba la Argentina, Collor el Brasil, Andrés Rodríguez el Paraguay y Alberto Lacalle presidía el Uruguay. Era el auge de la fanfarria neoliberal y de las promesas de la globalización financiera que supuestamente llevarían a la humanidad a un nirvana que, en realidad, se convirtió en una tremenda pesadilla. En 1991, la constitución del “Mercado Común del Sur” apuntaba a coordinar políticas macroeconómicas y de liberalización comercial en el marco de una inserción desfavorable a la globalización neoliberal.
El epicentro de aquel Mercosur idealizado en 1991 eran las relaciones comerciales y la coordinación de los intereses de las megaempresas transnacionales y de los monopolios económicos en la maximización de los beneficios obtenidos regionalmente para la transferencia a sus casas matrices, radicadas sobre todo en Europa y en los Estados Unidos.
En 2012 este proyecto de integración cumplió 21 años, marcado por límites y contradicciones; pero, también, exhibiendo avances en diversos campos. Desde 2003, a partir de la asunción de gobiernos de izquierda y progresistas en la región, claramente bajo el liderazgo inicial de Kirchner y Lula, la fisonomía del Mercosur ha venido siendo transformada.
El comercio dentro del bloque pasó de 4,5 a 50 mil millones de dólares anuales; fue creado un Parlamento propio; 100 millones de dólares al año son asignados por el FOCEM [Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur] al fondo perdido en la ejecución de inversiones sociales y de infraestructura para disminuir las asimetrías y disparidades entre los países; está siendo implementado un Estatuto de la Ciudadanía, y la “integración anti-Cóndor” convirtió las políticas de derechos humanos adoptadas en el Mercosur en un paradigma mundial.
El ingreso de Venezuela significa la profundización de esta transformación y ubica al Mercosur en una nueva etapa. El bloque es ampliado en sus dimensiones económicas, comerciales, culturales y demográficas. Territorialmente, incorpora más de 900 mil kilómetros cuadrados, lo que equivale prácticamente a las superficies de Francia y Alemania sumadas. Consolida la jurisdicción y el dominio sobre las mayores reservas energéticas, minerales, naturales y de recursos hídricos del planeta. Seguramente deberá tener mayor protagonismo en el juego geopolítico internacional.
La ampliación del Mercosur naturalmente estará seguida de dificultades, pero también de innumerables conveniencias. Contribuye hacia una mayor cohesión de la región, hacia la estabilidad democrática, hacia la disminución de conflictos y aumenta la seguridad y la capacidad de defensa. La mayor integración también conforma un ambiente comunitario más favorable a la adopción de estrategias comunes de desarrollo, aprovechando el mercado masivo regional incrementado en 29 millones de personas y un comercio intrarregional de productos manufacturados con mayor valor agregado. A partir de ahora, el Mercosur pasa a ser la región del globo con la mayor reserva mundial de petróleo, adquiriendo un mayor poder de influencia en la definición de las políticas energéticas en el mundo.
Desde la firma del Tratado de Asunción en 1991, dos acontecimientos marcaron una inflexión geopolítica y estratégica del Mercosur en una perspectiva post-neoliberal. El primero de ellos fue el entierro, en 2005, del Área de Libre Comercio de las Américas, el ALCA, que representaba una peligrosa amenaza a la soberanía, al desarrollo y a la independencia de los países do hemisferio. El segundo acontecimiento decisivo se está dando justo en este momento, con el ingreso pleno de Venezuela en el bloque, inaugurando lo que se podría considerar como la segunda generación del Mercosur y del proceso de integración regional.
América del Sur fue históricamente perjudicada por las grandes potencias - especialmente por los Estados Unidos - que prefieren nuestro rico y promisorio continente dividido - o desunido - a un continente integrado y capaz de construir soberanamente su destino. Esta realidad nos hace comprender las razones del conservadurismo que combate - a veces de forma irascible - el ingreso de Venezuela en el Mercosur y el fortalecimiento de los lazos regionales de amistad, de armonía y de integración.
El crecimiento del Mercosur podrá ser un factor de estímulo para el ingreso de otros países en esta comunidad, que ya examina con Ecuador las condiciones para su adhesión. La unidad regional, que ya es física debido a la contigüidad territorial, podrá asumir características de una integración más avanzada, abarcando tanto aspectos comerciales y económicos, como sociales, culturales y políticos. Esto propiciará un mejor posicionamiento estratégico y geopolítico de la región en el mundo, lo que será beneficioso para cada país individualmente y para el conjunto de las naciones en el enfrentamiento de los problemas y en la defensa de intereses que son comunes a ellas.
El Mercosur altivo y motorizando el fortalecimiento de América del Sur es la mejor contribución que el continente puede dar a la paz y a la igualdad en el mundo. Constituye una respuesta eficiente a la prolongada crisis del capitalismo mundial, protegiendo las conquistas sociales y económicas logradas en la última década por los actuales gobiernos de la región de los avances de la saña neoliberal que en Europa trata del desmantelamiento del Estado de Bienestar Social en nombre de la austeridad fiscal y de la protección de los intereses de la especulación financiera
(*) Director de la Secretaría del Mercosur en Montevideo. Este texto expresa opiniones de carácter personal que no deben ser consideradas como provenientes de la Institución.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
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