Nacionalismo y desarrollo
económico (II)

Por el profesor José Luís Fiori*

Andamos con un atraso de 50 o 100 años
con relación a los países más adelantados.
Tenemos que superar esta distancia en diez años.
O lo hacemos, o ellos nos aplastan"
Joseph Stalin.

Como en el caso de Alemania, Rusia y Japón son países que siempre tuvieron un fuerte sentimiento nacional de cerco, vulnerabilidad y atraso, con relación a las grandes potencias "occidentales" que lideraron la formación del sistema interestatal capitalista. Y no cabe dudas que este sentimiento de inseguridad colectiva tuvo un papel decisivo en la formulación del proyecto y en la trayectoria nacionalista y militarizada de su desarrollo económico.

La historia de la Rusia moderna comienza en el siglo XVI, después de dos siglos de invasión y dominación mongol, y se transforma en un movimiento continuo de reconquista y expansión “defensiva” del Gran Ducado de Moscú. En primer lugar en la dirección de Asia, y después de la Gran Guerra del Norte (1700-1720), también en la dirección del Báltico y de Europa Central, ya ahora bajo el liderazgo de Pedro el Grande, que fue responsable por el inicio del proceso de “europeización” de Rusia. Desde entonces, el reloj político ruso sintonizó con Europa y sus guerras, y su desarrollo económico estuvo al servicio de una estrategia militar de la "expansión defensiva" de fronteras cada vez más extensas y vulnerables. Una historia de victorias y derrotas que comienza con la Guerra contra los Otomanos (1768-1792), sigue con las Guerras Napoleónicas (1799-1815), la Guerra de Crimea (1853-56), la Guerra con Turquía (1868-1888), más el "Gran Juego" con Gran Bretaña, por el dominio de Asia Central, en la segunda mitad del siglo XIX. Una trayectoria que continúa en el siglo XX, con la Guerra con Japón (1904), la Revolución Soviética (1917), la 1ª y la 2ª Guerras Mundiales, la Guerra Fría, y la Guerra de Afganistán (1979-1989), justo antes de la disolución de la URSS, y de la posterior recuperación nacionalista de Rusia, a comienzos del siglo XXI, antes y después de la Guerra de Georgia (2008).

La historia moderna de Japón, por su parte, comienza con la Restauración Meiji y el fin del Shogunato Tokugawa, que duró tres siglos (1603-1868), y ya fue una respuesta defensiva y militarizada de Japón, al primer asedio y “cerco” de las potencias europeas, en el siglo XVI. Después de esto, la propia Restauración Meiji (1868) también fue una respuesta defensiva al imperialismo europeo y americano del siglo XIX, bajo la forma de un proyecto nacionalista de desarrollo económico acelerado y puesto al servicio de una estrategia de constitución de un “espacio vital”, el tairiku de los japoneses, equivalente al Lebensraum de los alemanes. Desde entonces, el desarrollo y la industrialización japonesa obedecieron a objetivos estratégicos y geopolíticos, sometiéndose en última instancia a la política exterior de Japón y a su guerra con Rusia (1904), a su invasión de la Manchuria (1931), su Guerra con China (1937-1945), y su participación en la 1ª y 2ª Guerras Mundiales, seguido de la transformación de Japón en protectorado militar de los EE.UU., durante la Guerra Fría, antes de la reanudación del nacionalismo japonés, en este comienzo del siglo XXI, ya ahora bajo la égida de una nueva competencia con China..

Resumiendo: desde el siglo XIX, por lo menos, Alemania, Rusia y Japón compartieron un mismo sentimiento de cerco y vulnerabilidad, y respondieron a esta situación de amenaza externa con una estrategia nacionalista de movilización de recursos y de desarrollo económico. Su estrategia económica nunca implicó grandes discusiones macroeconómicas, ni fue definida por economistas, y a pesar de esto, estos países obtuvieron grandes éxitos industriales y tecnológicos. Lo que ninguno de los tres países consiguió, sin embargo, fue alcanzar una posición de centralidad monetaria y financiera internacional que les diese un poder estructural de mando sobre los grandes flujos de la economía internacional. Ni tampoco lograron universalizar sus ideas y valores, al contrario de lo que pasó con las potencias pioneras que lograron imponer su ideología y su moneda como soportes de un sistema ético y monetario internacional que funciona como un poder estructural global, y al mismo tiempo como una “barrera a la entrada” - casi insuperable - para los demás países. Por esto mismo, Holanda, Inglaterra y los EE.UU. nunca fueron nacionalistas, y Alemania, Rusia y Japón jamás dejaron de serlo, bajo cualquier régimen o circunstancia. Por esto también, el imperialismo de los primeros siempre tuvo una fisonomía más liberal y “por el mercado”, a pesar de su continuo militarismo, y el expansionismo de los segundos siempre tuvo un cariz más militar y agresivo, aún cuando se propusiesen sólo la conquista de nuevos mercados.

En buena medida, esta jerarquía y esta barrera acaban contribuyendo o induciendo - de alguna manera - hacia el imperialismo militarista de los demás países que se proponen repetir la trayectoria de poder de la “coalición ganadora”, entre Holanda, Inglaterra y los Estados Unidos.

* José Luis Fiori: Profesor en la Universidad pública de Río de Janeiro sobre economía y ciencia política.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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