Construyendo democracia:
Parque Nelson Mandela en tiempos de las redes

Por Óscar de los Santos, Intendente de Maldonado

Oscar De los Santos, Rodolfo Wirz,
David Jacob, Juan Raúl Ferreira,
Daniel Feldman, hablan sobre Mandela.

El martes 31 de julio en la ciudad de Maldonado se realizó la inauguración del Parque de los DDHH. Nelson Mandela y un acto en la Casa de la Cultura de Maldonado en homenaje al líder sudafricano. En la plaza hablaron entre otros oradores el Obispo Mons. Rodolfo Wirz de Maldonado, el Intendente Óscar de los Santos y se leyeron mensajes de adhesión, a continuación se descubrió el cartel con el nombre del parque y se plantó un ibirapitá.

Fue una actividad organizada por la Intendencia de Maldonado, ciudadanos de las Redes y el respaldo y apoyo de AEBU. En el evento participaron, adolescentes y niños que fueron de Maldonado y del liceo 15 de Montevideo. Los escolares entregaron en la oportunidad, un trabajo sobre Mandela realizado por ellos.

Luego en la Casa de Cultura, con la sala completa de jóvenes, hablaron el Embajador de Sudáfrica David Jacob, Juan Raúl Ferreira director del Instituto Nacional de Derechos Humanos y el periodista Daniel Feldman por los ciudadanos en Red. Se cerró la jornada exhibiendo la película “Invictus”, del realizador norteamericano Clint Eastwood. Lo que sigue a continuación son los conceptos fundamentales de los discursos de estas personalidades, recogidos por La ONDA digital en estos actos en homenaje a Mandela.


Construyendo democracia
Óscar de los Santos, intendente de Maldonado

Buenas tardes a todas y todos. Estamos en los tiempos de las redes, las nuevas formas de comunicación, quienes nos plantearon la posibilidad de establecer el vínculo entre Juan Raúl, a través del Instituto Nacional de DD.HH., del señor embajador y del obispo de Maldonado y se planteó la posibilidad de generar un espacio con el nombre de Nelson Mandela, en dedicarle un par de semanas que identifique el número de padrón que recorre este proceso complejo burocrático que un día la Junta Departamental - de donde hay acá señores y señoras ediles - y sale por unanimidad la anuencia para ponerle a ese espacio de los DD.HH., a esta Plaza de los Derechos Humanos, el nombre de Nelson Mandela.

En el presupuesto quinquenal se prevé un llamado a concurso para la construcción de la Plaza de los DD.HH. y habíamos definido este lugar para este fin. Derechos Humanos en el marco de la construcción de la memoria colectiva que las naciones, cuando la perdemos, corremos el riesgo también de perder el rumbo hacia delante. La construcción de DD.HH. es poner en valor también los espacios públicos como parte del acervo cultural del desarrollo de las ciudades, que nos permita la convivencia en tolerancia y el disfrute de los mismos por el conjunto de las generaciones. Donde el atractivo fundamental sea poder disfrutar con el otro o con la otra el mismo lugar en ese espacio que nos construye la identidad del lugar donde vivimos. Y en ese proceso no caben dudas que la construcción de la democracia es un elemento fundamental.

Hoy leí el artículo de Juan Raúl - sobre Mandela hoy va a desentrañar la experiencia de esa vivencia particular. Pero es inimaginable que alguien que va preso sin garantías institucionales, imaginárselo en una cárcel, aislado, preservando valores donde no tenía que rendirle cuentas a nadie - salvo a su conciencia y a la historia que había acumulado - y fue capaz de derrotar a una de las formas de discriminación más bestial que es el racismo, como otras que tienen manifestación moderna y ser capaces de pensar que se iba a salir y que se iba a poder construir, ya no con elementos de lucha contra la discriminación racial hacia los negros, sino con un concepto de nación, que incorporaba a las mayorías y a las minorías generando igualdad de derechos y oportunidades y establecer, en un avance de la democracia, un proceso que era impensable.

Cuando en este país se marchaba, y cuando afuera el electivo, con patriotas de todos los partidos y el movimiento popular luchaban por la institucionalidad democrática, una de las canciones que empezamos a escuchar cuando éramos jóvenes y que se cantaba en algún boliche, era: “no podrán, Mandela, no podrán”. Y era un canto y un himno de la resistencia, como queriéndole transferir energía a través de los muros y de la distancia de los continentes y de los océanos. Y ese proceso, no cabe duda que concluye con una Sudáfrica que le aporta al modelo democrático mundial, un aporte significativo, aunque nos queda mucho por andar. Porque una democracia es llenarla de contenido, de participación, de distribución y de respeto por los derechos y necesita, también, de liderazgos de este tipo.

Entonces Mandela, no cabe duda que tenía que haber tenido su sueño y una espina dentro de las entrañas para poder resistir. Pero estoy seguro que su intención no era pasar a la posteridad a partir de ser un mártir, sino de tener un proyecto de nación que incorporara lo multicultural, lo multisocial, lo multiétnico y lo multirracial. Y no hay base de desarrollo de la democracia si no se toman en cuenta estos aspectos. Y nuestras democracias, nos queda aún mucho por realizar, mucho más, no sólo en términos de discriminación, sino de aporte a la convivencia. Y cuando hablamos de convivencia y de generaciones diversas, tenemos un enorme desafío que están ahí: jóvenes y niños que vengan de un colegio privado, que vengan de Montevideo, el saber que tenemos que aceptar al otro en la forma distinta de ser y tratar de comprenderlo. Porque los que chupamos frío acá no es porque nos guste, sino porque lo que somos capaces de vivir hoy, hay otros que lo construyeron con su vida, con su sacrificio y vale la pena que esto se transforme en un lugar de profesores, de jóvenes, de estudiantes, de hombres de las más variadas formas de pensar, que convivan, que piensen la visión de la construcción de los nuevos DD.HH. para las generaciones que vienen.

Gracias por esta oportunidad de que Maldonado tenga este espacio, gracias a quienes lo promovieron. Para nosotros, en nombre del Ejecutivo, del gobierno departamental, como de la Junta y del Municipio de Maldonado, es una enorme satisfacción el haber aportado un granito de arena a esta construcción y a ese enorme hombre - que ojalá viva muchos años - porque yo creo que para mucha gente, el vivir muchos años, es un enorme dolor sobre los hombros. Pero en definitiva, el dolor, la fortaleza y la alegría de vivir, nos permite hoy recordarlo. Gracias por acompañarnos y gracias, Sr. Embajador, por estar aquí hoy junto a nosotros, a la comunidad de Maldonado y con visitantes de estos lugares (aplausos).

Nelson Mandela; “yo soy porque tu eres”
David Jacob, Embajador de Sudáfrica en Uruguay

“Sr. Juan Raúl Ferreira, señor Obispo de Maldonado, autoridades presentes, integrantes de Ciudadanos y Ciudadanas por el “Día Mundial de Mandela”, señoras y señores. Quisiera comenzar agradeciéndole al pueblo uruguayo por su espontánea celebración del “Día de Mandela”, desde que fuera declarado “Día Internacional” por las Naciones Unidas en noviembre de 2009. Esta no sólo es una expresión de las largas y cordiales relaciones que existen entre nuestras dos naciones, sino que - sobre todo - es también testimonio de la gran relevancia que el pueblo y el gobierno uruguayo le asigna a la libertad, a la democracia y a los derechos humanos, valores personificados en la figura de Nelson Mandela. Esta tarde estuve presente en el acto en el cual el predio de Maldonado fue nombrado: “Parque de los Derechos Humanos Nelson Mandela”. Ese nombramiento tiene un valor simbólico especial y quisiera agradecerles por eso, también en nombre del gobierno y del pueblo de Sudáfrica. Como los Derechos Humanos son uno de los valores principales a los que Nelson Mandela dedicó su vida y como él personifica este valor, el nombre del Parque no podía ser más apropiado. Es también apropiado que un país como Uruguay, conocido en el mundo por enfatizar en la democracia y en los derechos humanos, otorgue este honor a Nelson Mandela.

Hay tanto para decir sobre Nelson Mandela, que me resulta difícil decidir por donde empezar. Creo que será útil hacer unos breves comentarios sobre los dos papeles que definieron sus cualidades como líder. En primer lugar, Nelson Mandela, el luchador por la libertad. Su lucha nunca fue por la raza o el color, sino por la dignidad humana y los valores democráticos. Esto se pone de relieve en su ahora famoso alegato, al abrir su defensa durante el juicio en Rivonia, en 1961, que lo llevó a su encarcelamiento. Y cito: “Al luchar contra la dominación blanca, he luchado contra la dominación negra. He generado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas, en armonía y en igualdad de oportunidades”. Mandela ha seguido y comprometido esta filosofía hasta el día de hoy. En segundo lugar, en su discurso de toma de posesión como presidente de Sudáfrica, puso de manifiesto su actitud de humildad y espíritu inclusivo, nunca reclamó la gloria para sí mismo. Sus palabras iniciales fueron: “Hoy celebramos, no la victoria de un partido, sino la victoria para todo el pueblo de Sudáfrica” Y continuó: “…honramos a los mejores hijos e hijas de nuestro pueblo. Esto incluye a los africanos, los blancos, las personas de color, los indios, musulmanes, cristianos, hindúes, judíos. Todos ellos unidos por una visión común de una vida mejor para todos los habitantes de este país”. En ese discurso también dejó en claro su tono de conciliación y que el centro de su atención estaría en la gente, lo cual se convirtió en la impronta de su presidencia cuando agregó: “Nuestro plan es crear empleo, comisionar la paz y la conciliación y garantizar la libertad para todos los sudafricanos”.

Hay muchos ejemplos que muestran cómo trabajó incansablemente a favor de la conciliación durante su presidencia. El ejemplo más singular fue como utilizó el deporte como una herramienta para tender puentes entre blancos y africanos. En 1995, durante la “Copa Mundial de Rugby”, logró un acercamiento con los blancos al aceptar este deporte que, para ellos, era como una religión. Esto tuvo un impacto duradero en el pueblo de Sudáfrica y en el proceso de construcción de una nación y el mundo entero fue testigo de esto. Yo también soy ex jugador de rugby y sé lo que significó para los sudafricanos blancos. La película “Invictus”, que veremos esta noche, refleja muy bien estos hechos. Quizás sea de interés para la audiencia, saber que en enero de este año Sudáfrica participó en el Torneo Internacional de Rugby “Punta Sevens” que se llevó a cabo en el Campus de Maldonado y jugarán nuevamente aquí en enero de 2013. Espero que después de ver la película “Invictus” esta noche, todos ustedes vayan al Campus en enero para ver el torneo de rugby “Punta Sevens”.

Quisiera concluir con unos comentarios sobre Nelson Mandela, el ser humano, ya que considero que aquí radica la clave de su grandeza. Algo que caracterizó su grandeza como líder, es el hecho de que nunca colocó su propio interés y orgullo por encima de los intereses de su país y su pueblo. Ni siquiera los 27 años en la prisión lograron cambiar esto. Pienso que uno de los aspectos más importantes y que mejor definen el significado de “carisma” es el concepto de “elder maindeness”, es decir, pensar primero en los demás. Esa definición se aplica plenamente a Mandela. Él logró producir en cada persona que tiene el privilegio de conocerlo, esa sensación de ser alguien importante y que merece su respeto. Incluso entre sus antiguos enemigos y sus guardias en la prisión, en su mayoría africanos blancos. En Sudáfrica también tenemos la palabra “ubuntu”, que nos da otra definición de carisma. “Ubuntu” significa: “I am because you are”, o en español, “Yo soy porque tu eres”. Básicamente significa que ninguna persona es una “isla” y cada uno de nosotros necesita de los demás.

Esto es algo que Nelson Mandela entiende y practica. La humildad es un sello distintivo de Mandela al ser humano. En respuesta a la lluvia de elogios que recibió durante la última sesión del parlamento, previo a su retirada como presidente, dijo: “En la medida que yo haya podido lograr alguna cosa, sé que se debe a que soy producto del pueblo de Sudáfrica”.

Señor obispo, quizás sea de su interés saber que Nelson Mandela escribió varios versos bíblicos en su libro, que usó mientras estaba en prisión. Este libro se encuentra ahora guardado en los archivos de la Fundación “Nelson Mandela”.

Mandela no sólo es un ícono en Sudáfrica sino en todo el mundo. Sé que el presidente y el pueblo de Uruguay también le tienen gran estima. En las últimas dos décadas, su ejemplo e influencia han estado en muchas mesas de negociación en zonas conflictivas del mundo, así como también en sociedades en transición, inclusive en América Latina. Si alguno de ustedes me preguntara cuál sería el mensaje de Nelson Mandela hoy, para Uruguay, me aventuraría a decir: “Continúen construyendo una nación fuerte, basada en los valores de la democracia, los derechos humanos y la dignidad humana. Y en este proceso, concéntrese más en aquellas cosas que los uruguayos tienen en común, en vez de en las diferencias que puedan existir”.

Personalmente, creo que ha llegado el momento para que todos los pueblos del mundo se concentren más en las cosas que tienen en común, que en las diferencias o divisiones que puedan existir. El mundo es cada vez más chico y las personas, especialmente las generaciones más jóvenes, buscan cada vez más valores similares y universales. Como ha quedado demostrado por eventos como la “Primavera Árabe”. Dada nuestra historia, Sudáfrica entiende la importancia del apoyo y la amistad de otros pueblos, no sólo para su propio bienestar, sino para el bienestar de la comunidad de las naciones.

Deseo terminar este breve discurso, expresando mi agradecimiento por este gesto de amistad, por homenajear a Nelson Mandela, una de las más grandes figuras de Sudáfrica”. Gracias (aplausos)

Queremos que Mandela nunca más se vaya de Maldonado y de nuestra conciencia
Mons. Rodolfo Wirz, Obispo de Maldonado y Rocha

Autoridades y pueblo, fernandinos de origen o de adopción y todos de corazón, visitantes que han venido, a la gente joven, a la gente mayor, a la gente menuda, bienvenidos todos a este lugar emblemático. ¿Por qué emblemático? Porque a nuestras espaldas está la “Cachimba del Rey” y, según la sabia tradición de los fernandinos, el que toma agua de la “Cachimba del Rey”, no se va nunca más. Y queremos que Mandela nunca se vaya de nuestro corazón y de nuestra conciencia. Por eso, no es por casualidad que se haya elegido este lugar. Al inaugurar este Parque de los Derechos Humanos “Nelson Mandela”, no voy aquí a recordar la biografía de él, pero recuerdo el 18 de julio, que si bien ha sido la fecha patria nuestra, se ha postergado a este día donde él, Mandela, cumplió 94 años y pasó casi 30 años en la cárcel. ¿De dónde sacó esa fuerza, además de haber sido nominado como el Premio Nobel de la Paz, primer presidente de Sudáfrica? En el 2009, la ONU declara el 18 de julio, como el “Día Mundial de Mandela”.

En estos días estamos viendo lo que son las Olimpíadas. ¿A qué viene esto? Ayer aparecieron olimpíadas de casi 200 países, con sus vencedores y vencedoras. Pero mirando con ojos más críticos, están aquellos que nunca van a participar en una olimpíada, nunca van a llegar a una meta. Y ¿cuál es el gran desafío? Que la olimpíada por excelencia sea la de que todos podamos llegar a la meta de realizarnos como personas humanas, la dignidad de la persona, de todo hombre y de toda mujer, sí o sí. Ese es el mensaje de Mandela.

No lo voy a recordar yo ahora porque ustedes lo van a ver a través de la pantalla, además de otros oradores más insignes. Simplemente les comento lo que él le escribió a su esposa Winnie a los casi 15 años de estar en la cárcel, en una de esas cartas inéditas que se van publicitando. Miren que cosa linda escribe él y con qué serenidad, con qué fuerza, con qué humanidad. Él decía lo siguiente a su esposa (estamos hablando del 1º de febrero de 1975): “la honestidad, la sinceridad, la simplicidad, la humildad, generosidad, ausencia de vanidad, capacidad de servir a otros, son cualidades al alcance de todas las personas. Son las verdades fundamentales de nuestra vida espiritual que ofrecen la buena oportunidad para trabajar sobre nuestra propia conducta, corregir lo malo y desarrollar lo bueno que llevamos en nosotros”. Y entonces él, desde la cárcel, le escribe a su esposa con un concepto muy práctico y le decía lo siguiente: “la práctica regular de la meditación, un cuarto de hora, cada día y antes de acostarnos, suele ser muy útil. Es posible que al comienzo tengamos dificultad en identificar nuestros elementos negativos y los positivos. Pero siempre tenemos que concentrarnos en hacer ese esfuerzo de una forma habitual”. Y termina diciendo (¡miren qué cosa linda!): “…no olvides que un santo es un pecador que busca superarse cada día”. Lo decía él, un cristiano profesando la fe.

Ustedes saben que los negocios más lucrativos de nuestra madre tierra en estos momentos son el narcotráfico, el negocio de las armas y la trata de personas. Este es el mundo en el que estamos plantados. Entonces Nelson Mandela, en lo que él hizo en su larga vida y no le fue fácil, a través de esa fuerza que sacó desde su interior, fue para todos nosotros. Los que vivimos ahora, los que seguiremos después, que siga siendo alguien emblemático, que no se vaya nunca de Maldonado. Que este Parque nos recuerde que cada uno de nosotros puede ser alguien mejor, que el programa diga que los derechos humanos son para todos y para todas, todos los días, sí o sí.

Cuarenta y seis mil seiscientos sesenta y cuatro. ¿Te suena ese número?
Daniel Feldman, Periodista e integrante de las Redes

Así comienza el texto del afiche con el que “Ciudadanas y ciudadanos por el día internacional de Mandela” realizamos esta convocatoria.

Cuarenta y seis mil seiscientos sesenta y cuatro.

Un simple número, que si lo miramos aisladamente puede que no nos diga nada. Ese era Nelson Mandela en sus años de cautiverio. Sus carceleros, el régimen del apartheid, trataron de anularlo, de quitarle todo rastro de humanidad y convertirlo en una simple cifra, tal vez una estadística más; sin nombre, sin sentimientos, sin voluntad… nada… ¡Usted no es una persona! ¡Usted es el cuarenta y seis mil seiscientos sesenta y cuatro!

Pero miren qué interesante: no necesitamos cruzar el Océano Atlántico y viajar a la Sudáfrica del apartheid o remontarnos un poco más atrás en el tiempo hacia la barbarie nazi. Acá, a sólo 150 y 200 kilómetros de esta sala, también seres humanos de carne y hueso, hombres y mujeres como todos nosotros, fueron reducidos a números, no hace más de treinta años. Y sin embargo, al igual que Nelson Mandela, aquí están: con nombre y apellido, con sus sentimientos a flor de piel y con su férrea voluntad de construir sus destinos.

No voy a historiar la vida de Mandela. Ya se ha hecho de sobra y mejor de lo que pueda hacerlo yo. Simplemente quiero, en forma breve, pensar en voz alta para que ustedes me escuchen y sepan porqué un grupo de hombres y mujeres realizamos esta convocatoria por tercer año consecutivo.

Y quiero referirme fundamentalmente a dos aspectos:

Primero; creemos que Nelson Mandela, Madiba como se lo llama, sintetiza en su ejemplo de vida la abrumadora mayoría de las virtudes que le podemos pedir a un dirigente político y estadista: su compromiso y acción por una sociedad libre y democrática. No en vano la Organización de las Naciones Unidas instituyó un día, el 18 de julio, el de su cumpleaños, como día mundial en su homenaje. No en vano tampoco, en nuestro país se realizó por primera vez este año un homenaje en el Parlamento con el apoyo de todos los sectores políticos.

Muchas veces, pensando en la dimensión de su accionar, cuando asume la presidencia de Sudáfrica, me asombraba de su visión muy por encima de lo que podían ser sus intereses o sus duelos personales. Luego de derrocado el régimen del apartheid, ¿no se le habría tolerado la revancha a Mandela y la abrumadora mayoría de la población negra sometida durante decenios a un régimen ignominioso? Sin embargo Mandela condujo a su pueblo por el rumbo de la unidad nacional; sin revancha pero sin olvido, convertido en un obrero -tal vez el principal- de la construcción del futuro de su patria, haciendo realidad su frase de que “ser libre no es solamente desatarse las propias cadenas, sino vivir de una forma que respete y mejore la libertad de los demás”. Algo de eso verán en la película Invictus.

En segundo lugar: Mandela fue presidente de Sudáfrica durante un período de gobierno. Un solo período. Creo que no cometo una locura si afirmo que si se presentaba a renovar su mandato lo votaba el 90% del electorado. ¡Qué tentador ¿no?! ¿A quién no se elevaría el ego a las nubes? Algo así como el sueño del poder absoluto y por voluntad popular.

Y ahí nuevamente me asombró Mandela: su renunciamiento no fue ni un acto de cobardía ni de insensatez, sino una enorme lección -que muchos deberían aprender- de confianza en la madurez de su pueblo. Él ya había hecho su tarea, pero con su actitud de “aparentemente” no seguir, la seguía haciendo.

Y aquí estamos, conmemorando al hombre que es una leyenda viva, pero más aún diría, siguiendo el ejemplo de Mandela, celebrando la vida.

Transformó su prestigio personal en libertad de blancos y negros en Sudáfrica.
Juan Raúl Ferreira, director del Instituto Nacional de Derechos Humanos

Queridas amigas y amigos, señor embajador, señor Obispo de la Diócesis de Maldonado y Rocha…quiero ser muy breve y - además - a algunos de ustedes ya les dije algunas cosas en la plaza (con frío) y no me quiero repetir a los que ya me escucharon, pero al mismo tiempo quiero compartir algunas de esas experiencias con los que llegaron después. Pero se me ocurre empezar diciendo que lo que a mi me viene dejando este día, a través de varios hechos y varios encuentros, como en un proceso que uno va decantando.

A mi lo que me va dejando este día es la sensación o la certeza de cómo la libertad da rienda suelta al espíritu humano y cómo la represión genera su propio germen de destrucción. Porque, ¿quién le hubiera dicho a quien hace tantas décadas dispuso la prisión de Nelson Mandela, que su primer noche entre rejas estaba marcando el fin del racismo y la desigualdad y el conteo regresivo de la opresión en su país? ¡Si uno lo piensa, es muy impresionante! Pero es así. Aquel “reo de lesa nación”, desde el momento que fue preso, fue germinando un espíritu, un temple, que le permitió luego - con una gran autoridad moral - ser el liberador de todos sus hermanos, blancos y de color.

La segunda cosa - ya la dije en la Plaza, pero quería repetirlo - Mandela (acá lo dijo recién el señor embajador, cuyo testimonio fue muy lindo, incluso el hecho de que haya compartido con nosotros que es un jugador de rugby, que es un jugador blanco) cómo no hay un país donde pueden haber unos libres mientras que otros no lo sean. Yo creo haber parafraseado al Dr. Luther King en la Plaza, cuando decía que él luchaba por la libertad de sus hermanos negros y por la libertad de sus hermanos blancos que esclavizaban a sus hermanos negros.

Porque si hay esclavitud, nadie es libre. Ni el que pone la llave del cerrojo ni el que queda adentro. Y ese espíritu de Mandela yo lo quiero simbolizar en algunas fechas que lo vinculan, un poco, con nuestra realidad. Cuando yo era joven, Mandela era un personaje conocido solamente en una elite militante, intelectual, etc. Quienes empezábamos o dábamos nuestros primeros pasos en la militancia gremial, oíamos hablar… Hay una anécdota; En el año 1964 estuvo en el Uruguay el ministro de Agricultura de Sudáfrica y el entonces ministro de Ganadería y Agricultura del Uruguay, (Wilson Ferreira) que era muy joven y querido por mí - mi papá - no lo quiso recibir en protesta, exigiendo la libertad de Nelson Mandela. Yo era muy niño y era la primera vez que oía hablar de una persona que se llamaba Nelson Mandela. Y lo cuento porque me parece que es una manera de traer a Mandela a casa y de identificarlo con nuestra historia.

A principios de la década del 80, acá en Uruguay - que vivíamos en dictadura - se empiezan a mover un poco las cosas. Tuvimos el plebiscito del año 80, cuando el pueblo votó en contra del intento de la dictadura de perpetuarse y, en el año 82, vinieron las elecciones internas de los partidos que, por más que habían sido dirigidas por la dictadura - quizás queriendo poner gente afín a ella al frente de todos los partidos - se transformó el hecho en una gran expresión de protesta nacional contra la dictadura. Porque en cada partido de los que estaban permitidos, ganaron las opciones más antidictatoriales y, además, mucha gente votó en blanco como forma de manifestar la presencia de las fuerzas que - como el actual partido de gobierno - estaban proscriptas.

En ese año 82 a Nelson Mandela lo sacan de la carcel de Robben Island, donde había estado durante 15 años absolutamente incomunicado, y lo llevan circulando por varias prisiones.

En el correr del año 82, donde empezaban a pasar cosas en Uruguay (yo era muy joven pero estaba viviendo en el exilio y, a la sazón, era el subdirector de la Liga Internacional de DD.HH.) y me encuentro de la mañana a la noche con que integro una comisión internacional a la cual, el gobierno de Sudáfrica, le permite ir a ver a Mandela. Este testimonio es muy personal pero yo lo quería compartir. En ese momento en que nosotros sentíamos que las fuerzas de la libertad en el Uruguay empezaban a mover y a hacer ruido, Sudáfrica - fruto de la presión internacional - por lo menos cambió el lugar de detención de Mandela y dejó verlo. Y quiso el destino, (los creyentes decimos que Dios tiene sus extraños caminos) que esa delegación de cinco personas que fueron las primeras en ver a Mandela preso, estuviera integrada por dos uruguayos. Uno de ellos regresó hace poco al Uruguay, es el pastor metodista Emilio Castro, que vivió muchos años en el exilio y que fue declarado hace poco, “Ciudadano Ilustre” y que, en ese momento, era Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias, la organización más importante que reúne a todas las iglesias evangélicas y protestantes alrededor del mundo.

El Pastor Castro, era un poco el padrino espiritual de todos los creyentes o no creyentes, comunistas, socialistas, tupamaros, otros que caímos ahí en la volada. Era el líder espiritual de todos nosotros, al cual mi padre le solía llamar - con un humor muy pesado, si se quiere - “El Papa Protestante”. El Pastor Castro un día me llama, yo estaba viviendo en Estados Unidos y era el representante de la Liga Internacional de DD.HH. ante las Naciones Unidas. Y había hecho una presentación en la Primera Comisión de las Naciones Unidas, pidiendo la libertad de Mandela. Esa fue mi primera exposición como subdirector de la Liga Internacional de DD.HH. Y a raíz de eso - y de la enorme generosidad del Pastor Castro - cuando se arma esta delegación él invita a la Liga Internacional de DD.HH. y entonces fuimos a Sudáfrica, viajamos especialmente, cinco personas. Y entre ellas estaba yo, lo que es una experiencia que tengo el deber, la necesidad y la alegría de compartirla con ustedes. ¡Todo lo que significaron los preparativos del viaje! ¡Le iba a ver la cara a una leyenda! ¡Iba a ver con mis propios ojos a un mito, de esos que uno, de repente, se piensa que no son de carne y hueso y que no viven, ni existen, ni sufren todos los días las vicisitudes!, como decía éramos dos uruguayos; el Pastor Castro que iba por el Consejo Mundial de Iglesias, yo por la Liga Internacional de DD.HH., Martin Einers de Inglaterra por Amnistía Internacional, Moreen Bergman, por la Liga Antiinfamatoria de la B’nai B’rith y el reverendo Bill Wilfred, que era el director de DD.HH. del Consejo Nacional de Iglesias Protestantes de Estados Unidos. Esos fueron los cinco que fuimos.

Estuvimos menos de 48 horas, lo suficiente para que, a pesar de que no nos dejaban caminar mucho, sentir el peso tremendo de lo que era vivir en un país con discriminación. Porque, como también decíamos hoy, toda discriminación es condenable, pero es muy impresionante ver la discriminación de las mayorías. Generalmente se habla de discriminación de minorías, que merecen respeto y merecen su lugar en la sociedad. En Sudáfrica, los que no tenían igualdad de derechos, era la gran mayoría de la población.

Entonces era muy elocuente, no había manera de no verlo, de no sentirlo, de no sentir el agravio aunque uno saliera sólo a la esquina del hotel (no nos dejaban andar mucho, porque era una visita que tenía condiciones, reglas, etc.). Al día siguiente fuimos a la prisión donde estaba - que no es esta de Robben Island que es la que se visita ahora, fue mucho más breve de lo que yo me podía imaginar, ni siquiera llegó a un minuto. Nos pusieron a los cinco como en semicírculo, nos instruyeron muy precisamente acerca de que no podíamos hablar, hacer preguntas, acercarnos, nada. Abrieron la celda - se ve que él estaba avisado de esta visita, porque estaba sentado enfrente a nosotros - se paró, giró 360º (supongo yo que era para que viéramos que no estaba lastimado, que estaba en uso de todas sus condiciones físicas), no pudo él tampoco pronunciar una palabra, se volvió a sentar y se cerró la puerta. ¡Este es un episodio de mi vida que no lo voy a olvidar nunca! ¡Pero de repente no llegó ni a un minuto por reloj! ¡Pero fue muy impresionante! Fue muy impresionante como recuerdo personal y fue muy impresionante como lección.

Pero a ver si soy elocuente en trasmitir esto: ¡es muy impresionante, más allá de la leyenda, del mito, del peso histórico de la figura de Mandela, es muy impresionante ver que entre la libertad y la opresión separa una cosa física que es una puerta de hierro con una llave que tiene un señor en el bolsillo! ¿Me explico. ¡Es muy fuerte!.

Cuando cerraron la puerta y nos dijeron: “terminó la visita”, uno queda con la sensación de frustración tremenda, de decir: “¡Cómo yo no puedo patear eso, romperlo, si es un pedazo de metal!” Pero ese pedazo de metal separa a este hombre de su posibilidad de hacer historia, de disfrutar, de vivir y desarrollar su libertad.

La otra fecha es el 11 de febrero del año 90, cuando él recupera la libertad. Yo tengo la sensación de que es de esas fechas hito en la historia contemporánea, en la cual (y me refiero a los más viejitos) todos nos acordamos de qué estábamos haciendo y dónde estábamos. Es como la muerte de Kennedy, ¿no? De repente nadie se acuerda cuando murió Kennedy, pero estoy seguro que los que fueron contemporáneos saben cómo se enteró, donde estaba, que estaba haciendo. Y que interesante que en el Uruguay se estaba viviendo también un proceso de profundización democrática, porque estábamos en los preparativos del primer cambio, auténticamente y 100% democrático, es decir, un presidente electo que entregaba el mando a otro presidente electo. Y en esos días ocurrieron dos episodios internacionales en pleno período en el que el parlamento nuevo asumía el 1º de febrero del 90. Una muy mala noticia y otra muy buena noticia. La muy mala noticia fue la invasión de Estados Unidos a Panamá para detener al general Noriega - no porque yo tenga simpatía por Noriega, sino porque no se invaden a los países para meter gente presa. Una invasión muy particular, además, donde los helicópteros iban casi al ras, con unos megáfonos que decían: “hermanos panameños, esto no es una invasión” (imitando a un yanqui hablando en español). Y en esos mismos días, la noticia de la liberación de Mandela, que a todos nos dejó una sensación de alegría, de paz interior, de que la dominación no duraba para siempre. Pero que yo creo, además, que es el momento en que Mandela entra, definitivamente, a la historia y a la galería de los “inmortales”.

Si jugamos con la imaginación y pensamos que Nelson Mandela todavía estuviera preso, o que hubiera muerto preso, seguramente no hubiéramos ido a esa plaza a inaugurarla ni, seguramente, estaríamos acá homenajeándolo. ¡Pero lo más impresionante de Mandela es que, cuando recupera su libertad, ya era una leyenda, ya era un mito, ya era un grande, construido a partir del prestigio que se ganó sufriendo! Y sale en libertad, cargando sobre sus hombros la enorme responsabilidad de transformar ese prestigio personal y esa leyenda, en compromiso y en un compromiso que terminara con la libertad, no de él que ya la había logrado, sino de todos sus hermanos blancos y negros en Sudáfrica. ¡Uno lo piensa así y es una cosa impresionante! ¡Porque había que levantar la apuesta! ¡Había que tener pasta y madera de grandeza para decir: “ahora levanto la apuesta y mi prestigio como sufriente, como persona que sufrió la represión, lo transformo en mi capacidad de cambiar la realidad y de asegurar la libertad de Sudáfrica”!

Y, finalmente, otro recuerdo personal es cuando tuve la suerte de representarlos a todos ustedes - ojalá que bien - como embajador en Argentina, Mandela llega (es un episodio que el Mercosur recuerda menos de lo que debiera) a la Cumbre de Ushuaia en julio de 1979, y se firman algunos compromisos mucho más culturales y políticos y mucho más a lo esencial que económicos, entre el Mercosur y Sudáfrica. La Cumbre de Ushuaia en julio de 1979, donde además dice un discurso maravilloso que lee en español donde dice que (no lo sé de memoria, pero parafraseó): “por más instituciones democráticas, parlamentos, elecciones, funcionamiento del sistema de partidos, que haya en cualquier país, si no hay una educación que asegure la igualdad de derechos y la igualdad de posibilidades, no hay democracia”.

Yo, simplemente, les pido, solamente para sentirme que he podido compartirlo y que es el privilegio que tuve hoy - y a partir de hoy, ciertamente, todos ustedes - que se pongan en el lugar de alguien que tuvo la posibilidad de: haberlo visto preso, haber peleado (recuperada la democracia en el Uruguay) con uruguayos de todos los partidos políticos por su libertad y, después, haberlo mirado a los ojos cuando era el presidente, elegido por su pueblo, de un país libre. Yo les confieso que de tímido tengo bastante poco, pero que ese día la personalidad de Mandela me desbordó. Yo me quedé como un tarado, ahí quietito. Me quedé con las ganas de acercarme, decirle algo. El Dr. Sanguinetti, que era el presidente de la República me lo presentó y yo, simplemente, le di la mano.

Ya que no se lo dije a él, se los digo a ustedes y lo comparto con todos ustedes, antes de que veamos esta película que trasmite tan bien ese mensaje esperanzador de Mandela: ¡gracias “Madiba”, por seguir siendo para todos nosotros una fuente de inspiración!

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