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Brasil: destrucción semiótica
Por Jeferson Miola*
Este es un texto que se apoya en el uso de las comillas [“ ”]. Inclusive, fueron utilizadas en muchos pasajes para citas no literales. Era una acción para intentar reproducir las ideas fuerza que son repicadas con relación al juicio del llamado “escándalo de los sueldos” en la radio, televisión, diarios, revistas, twitter, facebook y en toda la gama imaginable de medios de comunicación.
Una bien sincronizada y eficiente alianza entre la derecha, los medios de comunicación y altos sectores jurídicos desató la más violenta batalla político-ideológica jamás vista en los “121 años de la historia del STF en la República” [superlativo que frecuentó varios diarios]. Es, sin dudas, la más espectacular operación jurídico mediática de la que se tiene conocimiento.
El objetivo es evidente: condenar previamente a los acusados del citado “escándalo” ante la sociedad y ambientar el juicio en el STF alentando la decisión condenatoria de los jueces de la Corte. El Tribunal, en este caso, sería apenas la instancia legitimadora de la sentencia “públicamente” proferida por la prensa - monopolizada, en Brasil, por no más de dos pares de familias y un puñado de iglesias.
El proceso judicial fue trasladado de la esfera jurídica hacia el universo de la dramaturgia, de la representación, de la construcción simbólica. Promueven una novela absurda de la realidad y hacen un editorial con una visión justiciera. Agendan el tema a partir del encuadre del Procurador General de la República [el mismo que dilató las investigaciones sobre Demóstenes Torres]: como “el más atrevido y escandaloso esquema de corrupción y de desvío de dinero público flagrado en Brasil”. Adelantaron el horario electoral de una elección que será larga y tremendamente desigual.
La exageración de la demanda es evidente. Sólo es posible con la amnesia ideológica del Procurador General de la República, que se olvida de muchos escándalos del Brasil patrimonialista, especialmente “los más atrevidos y escandalosos esquemas de corrupción” de las privatizaciones de los tucanos (PSDB), que dieron surgimiento a los nuevos millonarios que nunca fueron molestados por el Ministerio Público. Es sabido que algunos del PT cometieron la equivocación de reproducir los mecanismos de recaudación para campañas electorales concebidos en el fallido sistema político brasileño - el financiamiento privado y la caja paralela de las campañas son ingredientes perniciosos de este sistema. Pero acusar a los ex dirigentes del PT por asociación ilícita y por crimen organizado es absolutamente desproporcionado e inapropiado. Y tratar a los acusados como a una banda de delincuentes y bandidos denota más rabia que realidad.
Así como en 2005, para la derecha brasileña de todos los matices - de la convencional a la fascista - el juicio del STF es una nueva oportunidad para dar rienda suelta a su ánimo golpista. ¡¿Como olvidar que, en el pico de la excitación triunfante en aquella época, llegaron a alegrarse del exterminio “de la raza petista”?!
Masacre en tapas y reportajes En las últimas dos semanas, el tema fue titular de tapa prácticamente todos los días en la FSP, O Globo, Estadão, Correio Brasiliense, Zero Hora y en las ediciones de Veja, IstoÉ y Época. Las tapas de las revistas, gráficamente más llamativas, estampan imágenes incriminatorias del PT y de sus ex dirigentes. Una de ellas ofende al Estado democrático de derecho exhibiendo una corbata roja en forma de horca con los nombres de los acusados en el centro de la misma - una alusión a la pena de muerte y al ahorcamiento.
En los reportajes la objetividad, la sobriedad y la pluralidad periodísticas son sustituidas por libelos acusadores, inquisitorios. Esta postura nos remonta a los tiempos de un periodismo partidario, característica del siglo XIX en Brasil. Existe en esta cobertura una posición política situada, donde se expresa el interés de una parte en la disputa, aunque no demuestre un alineamiento partidario explícito. Carentes de todo fundamento, las noticias funcionan como atractivos sensacionalistas que pretenden captar la atención del público hacia el espectacular BBB que acaba de comenzar. Allí se pueden leer barbaridades que sólo serían concebibles en tabloides propagandísticos de los regímenes totalitarios de Stalin, Hitler, Franco, Mussolini.
El PT, Zé Dirceu, José Genoíno y Delúbio Soares son exhibidos como los grandes trofeos de una cacería moralizadora, aunque solamente 6 de los 36 acusados tengan vínculos con el PT. Ni Obama fue tan espectacular en la cacería y la muerte de Bin Laden como la espectacularidad de sectores de la prensa brasileña en la cacería al PT y a sus ex dirigentes. Crean una atmosfera electrizante en torno del “escándalo”, inculcando la idea subyacente de que Brasil está teniendo, por fin, el anhelado encuentro épico con su razón moral.
Los profesionales de la dramaturgia A partir del lunes 30/07 el espectáculo agregó sofisticación. El Jornal Nacional entró en el campo de esta batalla político-ideológica como el arma más poderosa y de enorme poder destructivo. Entre el lunes 30/07 y el miércoles 01/08, fueron 27 minutos de reportajes sobre el tema. En términos de televisión, esto tiene el efecto de una bomba de Hiroshima.
El Jornal Nacional condensó los elementos claves del bombardeo, ordenó lógicamente los [pre]conceptos repetidos por el Procurador General de la República y por determinado juez militante del STF y así produjo la trama novelesca con un fondo musical intrigante, imágenes y recursos gráficos muy sugestivos.
En estas ediciones, el Jornal Nacional llevó al comedor de los brasileños una actualización del “escándalo de los sueldos”. Sirvió un banquete completo: rememoró los hechos, resucitó episodios de 2005, dio voz a los acusadores, atribuyó culpas, tipificó los crímenes, juzgó y, por último, condenó a los implicados. Un detalle: el Jornal Nacional “dictó sentencia” exclusivamente contra Zé Dirceu, José Genoíno y Delúbio Soares - la mayoría de los otros 33 acusados, vinculados a otros partidos y a empresas, ni siquiera fueron mencionados, como si fuese un juicio exclusivo del PT.
La emisora simuló hacer una “cobertura técnica” con el registro de detalles, ritos y procedimientos del juicio. Pero quedó en evidencia el abordaje parcial con reportajes condenatorios de los ex dirigentes del PT, tratados como parias y delincuentes. Según el Jornal Nacional, los “condenados” cometieron crímenes graves, que requieren una condena sumaria y ejemplar. El debido proceso legal y el derecho a la defensa parecen ser, para ellos, tan despreciables como la pluralidad informativa. La cobertura del llamado “escándalo de los sueldos” es una demostración de que la “neutralidad periodística” es un mito.
Si alguien duda del poder de fuego de la Red Globo, conviene recordar que en 1989 la emisora influenció el resultado de la elección en favor de Collor después de manipular groseramente el desempeño de Lula en el debate final. En tiempos todavía más remotos, en el auge de la fase thermidoriana de la dictadura cívico-militar, en el papel de “voz pública” de los opresores [y que ocultaba la realidad del terror], al final de sus ediciones el Jornal Nacional declaraba, con la entonación solemne del presentador Cid Moreira: ¡“brasileños, nunca fuimos tan felices” [sic]!
El partido principal y los coadyuvantes El PSDB, PPS y DEM se comportan con un curioso recato en este período. No precisan expresarse, porque la cobertura de la prensa responde a sus intereses. Simulan no querer “politizar” el tema, después de todo él “está en la esfera jurídica”, sujeto a un “juicio técnico y libre”. Momentáneamente actúan en el cómodo papel de coadyuvantes, porque en la división de tareas la prensa desempeña el papel de feroz verdugo del PT.
En medio del relativo y deliberado silencio de los partidos de oposición, se hizo notar la manifestación del “magistrado” FHC el martes 31/07, invocando que “el STF necesita oír a la opinión pública”. En realidad, él quiso decir que el STF debe decidir basado en la “opinión publicada” por los medios de comunicación oligárquicos y oligopólicos que martillan las mentes de las personas con la idea de ajusticiamiento del PT. Es como si el príncipe de la sociología dijese: - ¡oh, mi horda de bárbaros, hagamos justicia por mano propia!
La rabia y el odio al PT son sentimientos infundidos por la clase dominante a lo largo de los ciclos de la historia partidaria. El llamado “escándalo de los sueldos” exacerba este sentimiento odioso con especial incandescencia. La derecha instrumenta la batalla político-ideológica contra el PT como la chance de oro de hacerlo sangrar y de herir profundamente los principales pilares de su construcción. La ferocidad de la agresión que lanzan a través de la cuidadosa articulación orgánica - entre partidos, prensa y sectores jurídicos - son evidencias de que disputan algo más valioso.
Semiología de la agresión La idea nada inocente, impregnada en el sentido común, de que “ni el PT se salvó”, opera como el código mágico que iguala al PT con los otros Partidos. Después de todo, todo son iguales, indistinguibles. Por este razonamiento, el único a perder es el PT, que debilita su identidad con el pueblo como un vector de cambios.
El ajusticiamiento de Zé Dirceu, de José Genoino y de Delúbio interesa no como criterio de justicia, sino como elemento desmoralizante del PT y de dilapidación del patrimonio ético del Partido. Las oligarquías - mediáticas, empresariales y políticas - aprendieron en 2005 que no es simple y fácil exterminar “la raza petista”, entonces enfocan su estrategia en dañar profundamente la imagen del PT. Pretenden destruirlo como utopía, como esperanza y como alternativa democrática y socialista al capitalismo.
El enjuiciamiento de los sueldos podrá traducirse en daños electorales inmediatos al PT, pero el principal interés en esta operación no es la inmediatez electoral; es el largo plazo. Marcar al PT con los elementos inmanentes a la lógica de la relación burguesa con el Estado como la corrupción, el aparataje y el anti-republicanismo, significa golpear el corazón del PT. En este juego de apuestas altas, se ponen considerables prestigios sobre la mesa. Al punto de que una Excelencia que viste la toga del STF actúe en forma partidaria y ponga en riesgo el propio cargo y la inmunidad/impunidad correspondiente.
En el plano simbólico, quieren sedimentar la idea de que el PT es igual a todos los otros. Con esto intentan atribuir verdad al absurdo autoritario de que no existe derecha e izquierda, porque todos forman parte del orden y defienden el status quo. Entonces ya no existen alternativas, y si ya no existen alternativas, es porque todos los experimentos políticos e ideológicos fallaron - y la izquierda junto con ellos.
La falta de alternativas a la barbarie neoliberal y al cinismo capitalista es la derrota de la utopía, es la derrota del PT y es la derrota de la izquierda. Esta es la verdadera dimensión del emprendimiento de la derecha para afectar a la principal referencia de la izquierda del país. Esta es la disputa por la hegemonía que está siendo ferozmente combatida. Es una batalla ideológica y cultural, de carácter histórico, de disputa por la alteración de la correlación de fuerzas que hace uso de armas muy sofisticadas, que por esto revela la operación semiótica de destrucción del PT en el imaginario social.
*Coordinador ejecutivo del 5º Foro Social Mundial
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
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