Política y desarrollo en el Brasil de estos días
Por el embajador Samuel Pinheiro Guimarães

En este análisis Samuel Pinheiro Guimarães, ex alto representante del Mercosur, examina la realidad política y los programas que vienen siendo ejecutados por la presidenta brasileña Dilma Rousseff por estos días. Los planes apuntan, en su mayoría, en la dirección estratégica correcta indica Pinheiro Guimarães. Sin embargo, aún no son suficientes para enfrentar el creciente desafío de la crisis internacional en su aspecto más regresivo y para aprovechar la oportunidad excepcional que ésta le ofrece a Brasil.

1. El desarrollo es un proceso que se caracteriza por la utilización, cada vez más amplia e intensa, de los recursos naturales, de la fuerza de trabajo y del capital de una sociedad para tornarla cada vez más próspera, más igual, más justa y más democrática.

2. El desarrollo depende de una creciente capacidad de aplicación de tecnologías de producción a los recursos naturales, desde su extracción hasta su procesamiento y transformación física y química, en diferentes etapas sucesivas, en los más diversos sectores.

3. En la economía moderna, todo depende de la aplicación del conocimiento. Este no existe flotando en el aire, sino que se encuentra incorporado a máquinas, las cuales funcionan acopladas a la mano de obra, desde ingenieros altamente calificados hasta operarios, de los más a los menos calificados.

4. Los sectores que son diferentes a los de la industria, tales como la minería, la agricultura y los servicios, dependen de máquinas y equipamientos producidos por la industria para funcionar de forma eficiente. Todos los equipamientos utilizados por las más diversas unidades económicas en cualquier sector de la economía son producidos por la industria.

5. Es una idea falsa la de que Brasil puede desarrollarse sobre la base de la agricultura, o la minería o los servicios y que, a partir de la exportación de sus productos, puede importar los bienes industriales para su consumo, sin que exista la necesidad de un desarrollo industrial intenso y sofisticado.

6 La organización de la producción es llevada a cabo por las empresas privadas, estatales o mixtas. No existe producción moderna espontánea; la producción, esto es, la combinación de los factores de producción (insumos, trabajo, capital) tiene que ser siempre organizada por empresas, y esta organización depende, en general, del sistema de crédito.

7. El desarrollo surge de la acumulación de capital, la cual se verifica por medio de la reinversión de las utilidades y por la movilización del crédito para la expansión y la modernización de las actividades de las empresas productivas, en cualquier sector.

8. La actividad empresarial se produce en un marco jurídico definido por el Estado, es decir, por la legislación y por las políticas y programas fiscales, crediticios, monetarios, cambiarios. La orientación estratégica de esta legislación y de estas políticas deriva de la visión que los sectores de la clase hegemónica que compone el gobierno y controlan el Estado en un momento dado, de la naturaleza y de la situación de la economía del país, de la capacidad de su pueblo, de las características del sistema y de la situación internacional.

9. Esta legislación define, por un lado, los criterios de participación de las megaempresas multinacionales y del capital nacional, ya sea en la agricultura, en la industria, en el transporte, en el comercio, y los mecanismos de inserción del país en la economía y en la política internacional. Por otro lado, la legislación define el sistema de distribución de los resultados de la producción entre capitalistas, empresarios y mano de obra, calificada o no.

10. El desarrollo industrial, y sus parámetros jurídicos, no es apenas un proceso interno de lucha ideológica y política, del que participa intensamente la prensa, entre los sectores de la sociedad para la adopción de ciertas leyes y políticas. Este proceso es también afectado por los intereses de terceros países, en especial de las Grandes Potencias.

11. Las Grandes Potencias no se oponen al desarrollo económico, político y militar de los países subdesarrollados siempre y cuando este desarrollo y las políticas utilizadas para promoverlo no entren en conflicto con sus intereses.

12. Si un país subdesarrollado procura promover su desarrollo, el proceso de acumulación interna de capital, privilegiando las empresas de capital nacional, privadas o no, a través de políticas de protección y de estímulo sufre la firme oposición de aquellos mismos Estados que, en el pasado, usaron el mismo tipo de políticas para desarrollarse.

13. Los países altamente desarrollados procuran enérgicamente mantener su liderazgo económico y político. Para esto, es necesario mantener la ventaja competitiva de sus megaempresas, la cual es adquirida y preservada por el intenso esfuerzo de investigación tecnológica y por el acceso a mercados y a recursos naturales en cualquier lugar del mundo. Al mismo tiempo, protegen a sus sectores primarios e industriales menos competitivos y subsidian el desarrollo de sus industrias en las áreas tecnológicas más avanzadas y las protegen de los intentos de adquisición por parte de extranjeros. Procuran dificultar la difusión de la tecnología industrial más avanzada a través de sistemas de protección de patentes y de acuerdos específicos, tales como los acuerdos de no proliferación horizontal; procuran imponer tratados bilaterales y multilaterales de apertura comercial y financiera y, por último, procuran asegurar que la legislación interna de los países garantice la legalidad y el privilegio de la presencia de sus megaempresas en sus mercados.

14. Hasta la eclosión de la crisis en 2007, los países desarrollados argumentaban que la el organización más eficiente de la economía mundial surgiría de la más amplia implantación del libre comercio, esto es, de la eliminación de barreras, comerciales y financieras y de políticas internas de estímulo a la industrialización.

15. A pesar de este discurso tradicional, los países altamente desarrollados, debido a la crisis, están recurriendo a todo tipo de políticas para recuperar su actividad económica, reducir el desempleo, aumentar las exportaciones y contener las importaciones, sin considerar demasiado los acuerdos internacionales cuya negociación ellos mismos articularon e impulsaron, tales como los que resultaron de la Ronda Uruguay del GATT, que llevó a la creación de la Organización Mundial del Comercio.

16. Cualquier gobierno, integrado por representantes de diferentes sectores de la clase hegemónica, puede ver el sistema económico y político internacional como altamente competitivo y cooperativo, donde existe libre acceso a los mercados y a las tecnologías modernas de producción, en que los Estados no actúan en defensa de sus empresas. O puede verlo como un sistema oligopolizado por megaempresas multinacionales, poco cooperativo y donde el acceso a las tecnologías más modernas es extremadamente restringido y donde los Estados, en especial los grandes Estados, defienden e impulsan los intereses de sus empresas. Esta clase hegemónica puede ver a la sociedad y a la economía brasileña como políticas débiles y económicamente incapaces de generar la tecnología y el capital necesarios a las inversiones o, por el contrario, pueden verlas como dotadas de un amplio potencial para esta tarea. Existen matices entre estas dos visiones extremas, pero ellas reflejan la esencia de la cuestión ideológica, estratégica y finalmente política del desarrollo.

17. La clase hegemónica, al imaginar al pueblo de su país como incapaz, a las Grandes Potencias como cooperativas y al Estado como enemigo de la libertad, puede concluir en que la actividad económica debe ser regida exclusivamente por las fuerzas del mercado donde todos los intereses internos y externos serían equilibrados, compatibles y convergentes, sin interferencia del Estado que sólo distorsionaría la competencia, la correcta asignación de recursos y la redistribución, siempre “prematura”, de la ingresos.

18. Si la clase hegemónica que controla el Estado tuviera conciencia de que existe una enorme diferencia de dimensión entre las empresas nacionales y extranjeras, que hay restricciones a la adquisición de tecnología, que los intereses son divergentes y antagónicos, que las megaempresas tienen estrategias globales de inversión, comercio e investigación no necesariamente compatibles con los intereses del desarrollo nacional, que el mercado representa los intereses financieros de corto plazo, puede concluir que es necesario hacer uso del Estado y de la legislación para desarrollar ciertos sectores industriales más complejos y que requieren más capital, estimular y proteger el capital nacional, organizar la participación del capital multinacional, ampliar el mercado interno y promover con ímpetu la generación y la transferencia de tecnología.

19. En este proceso ideológico y político, en que los medios de comunicación tienden a alinearse con los intereses externos, multinacionales y globalizantes, y con una visión neoliberal de la economía, de la sociedad y del Estado, la articulación y la presión de las organizaciones sindicales, de los movimientos sociales y populares es esencial para hacer valer el interés general de largo plazo de la sociedad y llevar a la clase hegemónica que controla el Estado a adoptar las políticas adecuadas.

20. Hay en la crisis un desafío y una oportunidad para un Estado como Brasil, semi-industrializado, con un razonable y creciente mercado interno, a pesar de contar con un parque industrial no integrado, cada vez más vulnerable y desnacionalizado, pero con un sector financiero sólido, no contaminado por los activos tóxicos generados por la mega especulación de los grandes centros financieros. Para aprovechar esta oportunidad es necesario acelerar su proceso de acumulación de capital, de integración de la estructura industrial, de formación del mercado interno por la construcción de la infraestructura de energía y transporte y a través de programas de redistribución de renta, de promoción de la transferencia de tecnología y de diversificación de las exportaciones e importaciones. Por otro lado, está el desafío de resistir a las políticas de los países desarrollados que, ante la crisis y la emergencia de China, procuran abrir mercados a cualquier precio, a través de subsidios y de la manipulación monetaria, y protegen sus mercados internos y sus empresas en una estrategia que ya está afectando el dínamo del proceso de desarrollo y de acumulación de capital, que es la estructura industrial brasileña, por procesos de desindustrialización y desnacionalización.

21. Las políticas y los programas que se vienen ejecutando por parte de la Presidenta Dilma y que son, en realidad, el resultado de una permanente confrontación entre los diversos sectores, de progresistas a conservadores, de la clase hegemónica, representados en el Ejecutivo y en el Legislativo, apuntan, en su mayoría, en la dirección estratégica correcta. Sin embargo, aún no son suficientes para enfrentar el creciente desafío de la crisis internacional en su forma más regresiva y para aprovechar la oportunidad excepcional que esta le ofrece a Brasil.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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