En Chile ¡No! ¿No? ¿Si? !Si!
Por Ricardo Farrú*

Como está de moda la película del “NO”, que no he ido a ver y, que aún estoy pensando si la veo, más allá de los argumentos a favor que nos terminan diciendo que es importante para recordar la gesta gloriosa que derrocó a la dictadura, aseveraciones ambas que me producen una profunda desazón, más bien como una comezón de alergia primaveral descontrolada, ya que la palabra gesta por estos confines se asocia a actos militares, que , curiosamente, era a quienes se quería sacar del poder y la peor parte es cuando se asevera que se derrotó a Pinochet.

Convengamos que se acabó la dictadura en su forma más brutal, la de los asesinatos, degollamientos, torturas, desapariciones y un largo etcétera, pero de ahí a afirmar que se derrotó a Pinochet hay un trecho demasiado largo, demasiado sinuoso y áspero, demasiado en la medida de lo posible, un trecho demasiado hediondo a transacciones comerciales y políticas entre prohombres adictos al General y otros con ciertos pergaminos democráticos, demasiados agarra-aguirres al poder y sus innumerables e innombrables beneficios, beneficiazos y pocos beneficiarios.

Para decirlo en pocas palabras, demasiados “progresistas” que olvidaron convenientemente sus ideas en favor de este Chile modelo del mundo desarrollado, vanguardia de las vanguardias políticas y de los éxitos económicos, paradigma y factótum de unas minorías apitutadas y, como les gusta decir ahora, transversales, que significa, ni más ni menos, el incesto perfecto entre unos pocos, para desgracia de todo el resto.

Aún me recuerdo de la alegría que inundaba las calles, incluso antes del plebiscito, como que se olía en el aire que hasta ahí no más le llegaba al caballero de los anteojos y el alma oscura, pero NO y NO y NO.

La franja del NO, con su gente alegre y su música pegajosa nos llenaba el alma con la ilusión que la alegría estaba a la vuelta de la esquina, lo que no fuimos capaces de ver entonces, era que la esquina estaba siempre un par de kilómetros más allá de donde se encontraba el día anterior. Pensándolo bien, la alegría ya viene, era como el cartelito que cuelgan en los boliches de barrio “ Hoy no se fía, mañana sí” , lo que es tremendamente ingenioso porque uno sigue y sigue yendo, a ver si logra encontrar el día que le van a vender fiado, aunque sea un chocolatito barato, pero no, siempre es al otro día y así estamos al aguaite, a la eterna espera que nos llegue la alegría que les llegó a unos pocos y que la empacaron convenientemente para llevársela enterita a sus casas.

Hoy que se vuelve a hablar de esos días llenos de fervor y esperanza, gracias a esta película ficción, donde se habla del estupor del derrotado dictador, se olvida conveniente e impúdicamente que el caballero no se fue para su casa derrotado, siguió a cargo del ejército, fue nombrado senador, o sea, el tipo que despreció a los políticos, que hizo tabla rasa de la democracia, que clausuró el congreso y bombardeó La Moneda, era reconocido como un par entre sus pares dizque democráticos. ¿Ironías del destino o conveniencias de todo tipo? Sólo los involucrados lo saben, porque una cosa es la ciencia ficción tipo pomada rancia que nos venden hasta el día de hoy y otra muy distinta el agua que corrió bajo el puente.

Se murió Pinochet, pero su obra nos sigue reinando, su modelo, su gente, su binominal, su constitución, convenientemente maquillada por los gobiernos de la Concertación, pero, la mona aunque vista de seda, mona queda, y seguimos viviendo en una democracia protegida, autogenerada, más bien auto degenerada, pero bien sujetada, ya que la trenza trenzada entre plata, política, poder, religión, moral, medios de comunicación y similares está demasiado bien amarrada como par dejarla ir por unos ilusos que creyeron en el no, cuando en realidad lo que nos vendieron y enchufaron fue el “SI” disfrazado.

PD: No me cabe ni una sombra de duda, que algunos me repetirán que soy un tonto descerebrado, incapaz de reconocer el triunfo sobre la dictadura o, a lo mejor, apoyándose en ese 81% de contribuyentes que ganan menos de 534 mil/mes y ese 1% que gana sobre 3,5 millones/mes me dirán que el país va como avión a chorro derecho, más bien, derecha, al más alto y sofisticado grado de desarrollo.

Director del diario el Pilín

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