“Bill, héroe galáctico”
( Harry Harrison:1925-2012)

Washington Benavides y Pablo recuerdan
a Harry Harrison y celebran su obra.
(20 de Agosto del 2012. Montevideo)

En el entreverado capítulo de los años sesenta y setenta (uruguayo: no tendría por qué pedirte que hagas memoria), peleándole a la carestía desde mi cargo de profesor de letras en Tacuarembó, junto a Nené, mi compañera total, y Pablo, mi hijo y compinche de artes y partes (sobre todo de partes) junto al aguerrido grupo de Tacuarembó. Que bellamente desorganizaban Darno, Larbanois, Milán, Cunha, Libràn, Carlitos Benavides y Carlitos Da Silveira, Mora, Ciro, José Carlos Seoane, Enrique, Lagos, Martín Díaz, Abel García y unos cuantos más.

Con Pablo descubrimos, no sé si fue en la revista Nueva Dimensión o en otra de esas publicaciones que se atrevían a la “spacial opera”, a Harry Harrison y su ícono textual: Bill, Héroe galáctico” y con la historia de ese muchacho campesino campechano que el Imperio transforma en la horrenda presencia de un mutilado y atroz veterano de guerra. Pero antes, Sobrevivirá en un campo de entrenamiento o exterminio, donde aprenderá que el hombre es el lobo del hombre (Hobbes); y participará en el vacío del espacio, y será un agente doble en una conspiración descabellada.

Tantas veces, en la tevé grosera y falaz y en filmes, hemos visitado esos campos de entrenamiento “León Trosky” (en la novela) con el brutal sargento instructor y su diario lavado del cerebro a los reclutas. Tantas lo hemos visto, que, como habitantes de la Aldea Global, no nos mueve una ceja ver a los muchachitos asesinados en la calle o regresar en bolsas negras con medallas… Mucho más nos descubrió ,este novelista, al cual llamaron algunos El Che de la “espacial opera” y que continuó alertándonos, en otras novelas, sobre la superpoblación universal en su “Hagan sitio!, Hagan sitio!”; y en la transformación en un laberinto administrativo, recubierto de cemento y acero, a todo el planeta. O sobre la atroz resolución de la hambruna

En “Soylent Green” que de alguna manera lo emparenta con aquel ensayo de humor negro que concibió Jonathan Swift en su “Modesta proposición” para resolver el tema del hambre y era devorarse a los niños (1724).-En la novela de Harrison, esas lentejas de sopa verde, se desvelizan al final cuando su verdad se propaga:”El soylent green es gente”.

Tal vez la rotunda presencia de las masacres en Asia; con esos conflictos creados por el imperio del petróleo y por la necesidad de acción en las fábricas de armamentos (cada vez más sofisticados, dígalo sino la substancia amarilla. Que sembró la muerte y la estepa en Vietnam, y que ahora (hoy) recién, sus creadores comienzan a analizar sus resultados siniestros. Todo esto, actúa condicionando nuestro poder de reacción a tanto daño. Murió, ayer, bajo el seudónimo de Harry Harrison, un escritor que, dentro de la línea de la “spacial opera”, a pura intuición nos fue revelando que (no lo sabíamos) estábamos junto.

A la barca de Caronte, y la suponíamos un yate. Para olvidarnos de la oficina y del prójimo. En las islas felices donde la clase media y los potentados juegan a las escondidas.

Foto de Harry Harrison

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