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Ni los más críticos con los comunistas, dijimos “esto se derrumba solo y no queda nada”
Historiador Carlos Machado
El destacado historiador Carlos Machado nacido en Montevideo en 1937 y militante socialista desde la década de 1950, desarrolló estos conceptos al ser entrevistado por Mauricio Bruno y Nicolás Duffau para la publicación universitaria “Revista Contemporánea” .
Ante la pregunta; ¿En qué momento se gestó la “Historia de los orientales”?, Machado respondió; “Durante varios años fui secretario de capacitación del Partido Socialista, allí concebí un proyecto que funcionó muy bien, por el cual todos los integrantes del Partido y la Juventud Socialista, y los aspirantes, estaban obligados a seguir cuatro cursos de formación. Cada curso era un módulo de seis unidades sobre marxismo, principios básicos de economía, historia uruguaya e historia del sindicalismo. Todo el Partido atravesó los cursos e impusimos, con mucho rigor, la idea de que no podía haber militantes mal capacitados. Yo me hice cargo de los cursos de historia.
Luego tuve que pedir ayuda, tuve que sumar algún compañero más y armamos un equipo -casi todo con docentes que integraban el Partido Socialista o eran cercanos- y nos dedicamos a una tarea que era artesanal, fatigosa, repetitiva, pero que nos parecía imprescindible.
Eso en un momento estuvo bien aceitado, pero resultaba abrumador. Yo repetía el mismo curso tres o cuatro veces por semana, me comía tres o cuatro noches de militancia, de trabajo político.
El curso lo hicimos infinitas veces; en casas, en sindicatos, en pueblos del interior. Era una cosa que me salía de memoria. Donde, además, según las preguntas o el interés que surgía, a veces no bastaba esa charla, había que agregar una más, pero a mí me estaba abrumando la carga de repetir, repetir, repetir… Esa fue la primera motivación, ahí se me ocurrió. Algunos que elaboran la historia con ligereza Todo entra en la bolsa, no se pueden dejar afuera esos muchos hilos del ovillo. Pero en algunos casos vas entendiendo de a poco. Una vez que creíste haber entendido vas explicando de la forma más clara. Si bien ningún tema queda cerrado -eso es una ley- hay que apuntar a hacer comprensibles los grandes procesos. Es una tarea interminable. De lo contrario, si solo vas a lo mínimo, terminás en versiones absolutamente fragmentarias de la historia que no te permiten entender nada. A mí no me interesa en lo más mínimo saber cómo era el pudor en el siglo XVIII, eso no explica la historia. Hay hilos sustanciales por los cuales transcurre una historia compleja que tiene como protagonistas a los seres humanos. Todo eso entra; no en igual medida, pero si quitás lo sustancial no se entiende nada. Admito sí que se pueda discutir, eso sí vale la pena, porque de alguna manera la historia suma, es el campo donde podés meter a todos los actores. Por su complejidad, requiere de intentos que la hagan comprensible. Los recursos son: la objetividad -que se identifica con la honestidad-, que no te guardes un documento porque no le conviene a tu lectura y que no inventes. Igual, siempre lo que opines va a ser subjetivo, pero no hagas trampa. A cada paso tropezás con algunos que elaboran la historia con ligereza o con una pretensión medio descabellada. La microhistoria y la ausencia de grandes relatos Tiene que ver con ese desconcierto que ha tenido la izquierda en general, donde el colapso del experimento bolchevique y sus secuelas ha dejado a todo un sector sin piso o con un gigantesco desconcierto. No hay relatos globales porque nadie se anima a recomponer, porque hay que explicar demasiado. Frente a ese colapso hay un enorme vacío, porque la izquierda dejó de elaborar, no hizo una autocrítica seria. Pero no hemos terminado de entender; todos quedamos estupefactos, ninguno imaginó que eso se desplomaba así, con tanta facilidad, sin respaldo de nadie. Deberíamos rectificar demasiadas cosas. Ahí se ha generado un gigantesco desconcierto que es un inmenso retroceso, se cayó lo que considerábamos un cimiento de cambio y no entendimos, tanto no entendimos que no lo vimos venir. Ni siquiera los que fuimos más críticos con ese proceso, que muchas veces entramos en litigio con los comunistas, llegamos a decir “esto se derrumba solo y no queda nada”. Todos tuvimos una ceguera descomunal. Como nadie se anima a ese sinceramiento, aparecen esas historias que no explican nada o un reduccionismo del campo a la minucia, a la anécdota. En la perspectiva larga, si mirás con cierta distancia, surgen hilos conductores con cierta claridad. Nadie puede dejar de advertir que hay una larga construcción de la hegemonía inglesa, que sucedió a la hegemonía holandesa, que sucedió a la hegemonía hispanoportuguesa y que, luego de ello, de la Primera Guerra Mundial, continuó con una hegemonía estadounidense.
Fuente: Revista Contemporánea
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