El creador del monumento a Artigas
Los 100 años de Gonzalito

Por Niko Schvarz

El pasado lunes 17 de setiembre se realizó un acto de características muy peculiares en la Escuela Experimental de Malvín, organizado por el Centro Cultural de dicha institución educativa y la Fundación Rodney Arismendi, afincada en su proximidad. El motivo era la conmemoración de los 100 años del nacimiento del escultor Armando González, “Gonzalito”, cuyo rancho y taller sobre la calle Concepción del Uruguay fue durante muchos años una referencia ineludible en la zona, particularmente desde que albergó al caballo del monumento a Artigas, como veremos. Gonzalito nació en el barrio Sur de Montevideo, centro de sus primeros trabajos y del inicio de su aprendizaje artístico, el 6 de marzo de 1912, y falleció en 1981 en el exilio en Bulgaria, donde siguió desempeñando sus trabajos escultóricos (como “La fuente de la Vida” en la ciudad de Plovdiv) y fue destino final de su peregrinaje por varios países, incluido México. No pudo cumplir el sueño de retornar a la patria. La Fundación Arismendi se empeñó en la repatriación de sus restos, lo que se logró en diciembre de 2010, siendo sepultados en el panteón de la Asociación General de Autores del Uruguay (AGADU) en el Cementerio del Norte.

En el acto se exhibió una nutrida colección de fotografías de las principales obras escultóricas de Armando Gonzalez y otras que registran sus encuentros con algunos representantes destacados de la cultura y el arte, tanto del país como internacionales. Hay una foto con Neruda, autografiada por éste, que es un tesoro. Representantes del Centro Cultural de la Escuela Experimental y el profesor Álvaro Méndez en nombre de la Fundación Arismendi expusieron la rica trayectoria artística, personal y humana, y las convicciones sociales y políticas del escultor.

Todo ello está recogido en un folleto editado por la Fundación Arismendi, que menciona su precoz aprendizaje con el maestro Luis Falcini en la Escuela Industrial, luego en el Círculo de Bellas Artes con Guillermo Laborde, Severino Pose, Antonio Pena y su contacto con figuras eminentes de las artes plásticas como el pintor Joaquín Torres García y el escultor Bernabé Michelena. Se recuerda que por el taller de Concepción del Uruguay, en cuyo fondo había construido un horno en que instalaba sus esculturas de gran tamaño, incluidos los moldes del “Artigas”, desfilaron figuras del arte universal como los mexicanos Demetrio Urruchúa y David Alfaro Siqueiros, sus compatriotas Luis Mazzey y Carlos González, los escritores Justino Zavala Muniz, Paco Espínola y Alfredo Dante Gravina, el maestro Jesualdo Sosa, entre muchos otros. Se reseñan también los premios que ganó desde temprana edad en concursos de monedas, afiches, de dibujo, de acuarela y los grandes premios de escultura, su primer monumento ecuestre a Basilicio Saravia emplazado en Santa Clara de Olimar, departamento de Treinta y Tres, su experiencia de arte muralista en la escuela de Pirarajá, sus trabajos como decorador de muñecos en el teatro de títeres “El Duende”, el diseño de tablados de carnaval junto con el pintor Felipe Seade y el escultor Juan Martín, su labor en la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores, la célebre AIAPE de aquellos años, con última sede en la calle Cuareim, su labor docente en varias Universidades populares en la época de la guerra de España, luego en la Escuela Nacional de Bellas Artes de la UDELAR y en la Universidad del Trabajo, así como sus giras culturales y exposiciones por varios países de América Latina, entre ellos Chile, Cuba, Argentina, Perú, Bolivia y posteriormente por Europa: Francia, Checoslovaquia, Gran Bretaña, República Democrática Alemana, Italia, Unión Soviética, Hungría y por último Bulgaria.

En su multifacética actividad se cruzó en determinado período con Arbelio Ramírez, el profesor de historia que fuera asesinado en agosto de 1961 cerca de la Universidad con una bala para el Ché (como lo recuerda la reciente película uruguaya con ese nombre que acaba de exhibirse). Gonzalito lo contrató como ayudante allá por los años 40, apenas venido el joven estudiante desde su Dolores natal, como consta en el libro de Víctor Bachetta “La muerte de Arbelio Ramírez”.

Pablo Neruda y el “Artigas”
La mencionada foto con Neruda me trae un recuerdo muy vivo. Están los dos ante la escultura del caballo recién salida de los talleres de Regusci y Voulminot, y Neruda estampó su firma al pie de la foto con su característica tinta verde con esta leyenda: “A Armando González, los 2 bajo Artigas”. El poeta miró la estatua ecuestre desde todos los ángulos y comentó que debía montarse sobre un pedestal bajo, de manera que los niños pudieran jugar bajo las patas del caballo. Pero hasta llegar a ese punto fue necesario pasar por una serie inenarrable de dificultades y vicisitudes.

Gonzalito había ganado el concurso estatuido por la Intendencia del departamento de Artigas para realizar el monumento al prócer. El jurado estuvo constituido por el gran historiador Juan Pivel Devoto, el senador blanco Ángel María Cusano, el escultor Severino Pose y el arquitecto Carlos Herrera Mac Lean (el padre de Belela Herrera), y eligió por unanimidad, entre 17 proyectos, al de Armando González. Para su realización surgieron en primer lugar problemas de recursos, porque los que habían sido comprometidos por la intendencia de Artigas tardaron años en llegar, y sólo en parte. Las peripecias que atravesó el escultor para conseguir los fondos podrían ser base de una novela: desde desprenderse de cuadros y esculturas hasta dar clases en Bellas Artes y la UTU y endeudarse (en años de inflación galopante, además). En esas condiciones, la obra le insumió diez años de trabajo hasta su culminación en 1968.

Estuvo largo tiempo frente a su taller, al aire libre, y fue entonces que se erigió en el punto de referencia de toda esa zona de Malvín. Después fue exhibida en la explanada de la Intendencia Municipal de Montevideo. Allí estaba en el acto inicial del 26 de marzo de 1971 del Frente Amplio, nacido dos meses antes, el 5 de febrero. Fue cuando Líber Seregni realizó su invocación: “Padre Artigas, ¡guíanos!”.

Recién el 14 de abril de 1972 llegó carta de la intendencia de Artigas invitando a Gonzalito para asesorarla sobre el emplazamiento del monumento. Pero todo se paralizó, y sobrevino el golpe de estado. La conducta de la dictadura fue canallesca con el autor del monumento. Todos los obstáculos que interpuso a su emplazamiento fueron descritos en oportunidad por el Dr. Nicolás Grab, que los siguió y los padeció paso a paso. Con el agregado de que Gonzalito fue detenido por agentes de la dictadura el 14 de enero de 1975 en su rancho de Malvín y conducido al centro de reclusión y tortura de la calle Maldonado, en Montevideo, fichado, interrogado y encapuchado. Finalmente, al año siguiente (1976) la estatua fue instalada en la plaza Artigas de la capital departamental, en condiciones muy distintas a las que había aconsejado el escultor y sin que éste participara en el acto de inauguración. Se dice que la actual intendenta de Artigas, Patricia Ayala, ha expresado su voluntad de modificar el actual estado de cosas para ponerlo más acorde con la concepción original que sostuvo el escultor conjuntamente con su amigo y colaborador, el arquitecto salteño César Rodríguez Musmanno. Ojalá que así sea.

Armando González ha fijado en términos muy claros la concepción que anima esta obra escultural mayor. En sus palabras: “He buscado en este Artigas lograr la unidad de serenidad y dinamismo, de acción y de pensamiento. Un Artigas no como un guerrero absoluto; no como un pensador absoluto. No, sino como un hombre al mismo tiempo de lucha, de acción y de pensamiento”. En otro lugar señalaba que el lado derecho del conjunto estaba concebido “con ritmos envolventes, que dan sensación de equilibrio y serenidad” a la vez que “el ritmo de la izquierda, en base a grandes diagonales y direcciones en zig-zag da sensación de avance, de lucha y energía”. Explicitaba además que con la estatua procuraba expresar “la armonía del hombre de ideas y del combatiente”. O sea: Artigas, pensamiento y acción. De eso discurrían en sus recordadas pláticas con Neruda.

La Maestra, la Niña y la Paloma

Otra de sus obras emblemáticas es el monumento dedicado a la maestra Enriqueta Compte y Riqué dentro del jardín infantil que lleva su nombre y que fue el primero en su género en nuestro país. Es un bloque de tres figuras de bronce, la maestra en el centro lleva hacia delante a un niño y una niña. Se ha escrito que “la maestra, llena de vida, con sus manos roza apenas las espaldas de los niños, les marca y les guía el camino hacia delante”.

También tiene su historia otra de sus realizaciones, que lleva el nombre de La Niña y la Paloma, del año 1951. Es un ejemplo de gracia y delicadeza, una de las obras que el autor más quería. En el folleto de la Fundación se incluye un hermoso texto escrito por quien, con seis años de edad, sirvió de modelo (Corina Balbi). Esta obra estuvo expuesta en el jardín de juegos infantiles del Parque Rodó, al que se accede desde la avenida 21 de setiembre. Fue robada, pero reapareció (no recuerdo bien de qué manera) en el período de Ricardo Ehrlich como intendente capitalino y estuvo expuesta en el hall central de la Intendencia.

También salió de las manos de Armando González el busto de Rodney Arismendi emplazado en la plaza que lleva su nombre a la entrada del Cerro de Montevideo, tan estrechamente ligado a vida y a la trayectoria política del dirigente comunista.

En los años del exilio
Este es el momento de recordar que Armando González fue un activo militante del Partido Comunista, afiliado desde el año 1938 y posteriormente miembro de su Comité Central. Agrego que en los años de la dictadura, llegando desde Bulgaria, participaba regularmente en las reuniones del Comité Central que bajo la dirección de Rodney Arismendi se realizaban en Moscú después que éste salió de la cárcel, y que reunían a dirigentes exiliados, a los que actuaban en la clandestinidad y a los que iban saliendo de las cárceles.

Muchos de nosotros tenemos vivencias de larga data asociadas a Gonzalito, desde los partidos de voley-ball frente a su rancho en viejas épocas, los innumerables asados y reuniones de todo tipo que allí se realizaron durante muchos años. Era un lugar de congregación fraterna y amigable. También lo recuerdo en su primer período del exilio en México, y su devoción por los tacos que degustábamos en los puestos callejeros.

En los últimos años también se dedicó a múltiples labores de solidaridad con los presos de la dictadura y los luchadores de la clandestinidad y de denuncia del régimen. Entre ellas dibujos, afiches y una serie de esculturas de fines de los años 70 sobre las “Torturas de los presos políticos” en Uruguay.

En este centenario de su nacimiento hemos querido rescatar el legado vital de un creador que constituye una porción inalienable de la cultura uruguaya.


*Periodista y escritor uruguayo

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