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Ciudad como un Arcano
Por Alejandro Michelena
Escrito en medio del Río de la Plata, en la alta noche y en invierno,
en viaje de Buenos Aires a Colonia
Foto de Horacio_Coppola - Avenida de Mayo y Diagonal Norte desde el Palacio del Concejo Deliberante (hoy Legislatura), Buenos Aires, en 1936
POEMA
Te dejo Buenos Aires agónica de nieblas. En tus calles pobladas la cerrazón avanza, la pálida garúa persiste interminable.
El Palacio Barolo con su faro impreciso -¿qué tachero poeta en plena madrugada se detendrá a mirarlo?-, y en el Café Tortoni fantasmales tertulias mantienen un eterno coloquio sin palabras.
Bajo tierra, en las sombras, el más antiguo subte se desliza, trepidante. Y sale y entra gente por esas escaleras que se asoman al revés de la trama de lo urbano (como en aquel poema de Baldomero, o en el del viejo Ezra referido a otro metro el de París).
Húmeda Buenos Aires, de incesantes sonidos de conflictos sin tregua de basura creciente. Soledades te pueblan, tus fachadas esconden tragedias, alegrías, blasfemias, santidades, anonimatos entre la multitud (irremediables).
En medio de tu caos de tu hostil apariencia, albergas sin embargo remansos de belleza: el Pasaje Bollini su empedrado de sueños (los malevos que fueron, los de Borges que siguen); el perfecto erotismo de esa fuente -allá en la costanera- nacida de las manos prodigiosas de Lola Mora; la elegante cortada Rivarola un rincón parisién y bien porteño; el Parque Lezama melancólico con fantasmas de Sábato; el pasaje Balcarce silencioso con su aura de misterio y ocultismo; alguna tanguería por el Abasto donde llega a sentirse, en ciertas noches, la sonriente presencia de Gardel.
Cafés intemporales nimbados de armonía persistiendo en el limbo de lo eterno. Vigías imperturbables de la trama secreta de esa multiplicidad que llamamos Buenos Aires.
Ciudad lunar oscura misteriosa insondable. Seguir tu laberinto iniciarse en tu aleph, significa también -inevitablemente- atreverse al descenso a los infiernos.
LA ONDA® DIGITAL
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