Eduardo Darnauchans el poeta,
traído al presente por la memoria…

Por la profesora Silvia Viroga

El 27 de setiembre en la Sala Julio Castro de la Biblioteca Nacional se realizó la presentación del libro “Oficio de zurcidor. Un acercamiento crítico a la poesía de Eduardo Darnauchans” de la profesora Silvia Sabaj. El evento se convirtió en un gran homenaje al trovador y cantautor Eduardo Darnauchans, nacido en Tacuarembó. El libro es una profunda investigación de Silvia Sabaj, egresada del I.P.A., y en la actualidad destacada docente de literatura en Enseñanza Secundaria. La presentación de la obra estuvo a cargo del poeta Víctor Cunha, la profesora de literatura Susana Nieto y de la inspectora nacional de Literatura Silvia Viroga. Se cerró con la actuación de los músicos Enrique Rodriguez Viera y Esteban Grille. Lo que sigue es la ponencia de la profesora Viroga en la presentación de este libro, este trabajo también se expuso en ocasión del reciente VII Congreso Nacional y VI Internacional de APLU en Nueva Helvecia.

En el poema Adrogué, del libro El Hacedor, Jorge Luis Borges escribe la siguiente estrofa:

Más allá del azar y de la muerte
duran, y cada cual tiene su historia,
pero todo esto ocurre en esa suerte
de cuarta dimensión, que es la memoria.


Si me interesa traerlo a colación, aunque descontextualizado, es porque creo que resume, de alguna forma, lo que hace Silvia Sabaj en su libro. Los poetas, los creadores, duran, tienen su historia, siempre y cuando la memoria los rescate de la muerte y el posible olvido.

Eduardo Darnauchans, el poeta y su alter ego, el Darno, son traidos al territorio del presente por la memoria y las memorias que Silvia logra reconstruir. Parafraseando a García Márquez, se podría decir que hay un espejo roto de la memoria (y esta referencia, con la alusión al espejo no es casual, ya que el espejo aparece en la poesía de Darnauchans) que la autora de este libro logra rearmar y reinterpretar.

El olvido representa la pérdida de uno mismo y la memoria el encuentro con uno mismo. Este libro no es solo el encuentro o reencuentro con el poeta, es también el encuentro o reencuentro que la autora hace consigo misma y con su historia que es la de toda una generación, la de los que vivimos la dictadura en el exilio o el insilio, la cárcel como espacio de tortura y vejación, de humillación y la cárcel en que se transformó el país en el que, los que tuvimos la suerte de no sufrir el apremio físico, sufrimos el apremio psicológico , que fue otra forma de la humillación y el terror.

Tal vez este compartir el contexto histórico de analista y analizado impriman al texto, al ensayo, una subjetividad particulares. Pero ¿hay obras verdaderamente objetivas? El objetivismo no se da ni siquiera en la ciencia, es imposible, por tanto, pretenderlo en disciplinas, como la nuestra que tratan y se nutren de lo humano y por ende, de lo subjetivo.

Cada lector, ya lo sabemos desde la teoría de la recepción y la hermenéutica, lee desde su contexto histórico, interpreta desde allí y llena “los huecos o espacios vacíos” que el discurso expone, desde un horizonte de experiencias y expectativas que cada uno completa siguiendo una “gramática textual” cuyo derrotero determina cada lector, además del propio texto.

Silvia dice, en la Conclusión de la obra, entre otras cosas, algo que me interesa destacar:

“… más allá del sufrimiento o del dolor que asoma, Eduardo Darnauchans erige una obra vital, porque a través de ella, construye: da lugar a los que no tienen voz, rescata la memoria, reprocha a la muerte y, sobre todo, ama.”

Esta es la hipótesis de trabajo de Silvia y su libro: Darnauchans es el poeta del amor, aunque le haya cantado también a la muerte, pero los poemas dedicados a esta son superados ampliamente por los dedicados al sentimiento universal más tratado en la poesía de todos los tiempos.

Esto constituye, sin duda, una originalidad del trabajo y marca uno de sus valores fundamentales. La autora se atreve a desafiar a la crítica canónica y establece una hipótesis de trabajo, con la cual podemos acordar o no, pero que fundamenta con rigor académico, investigación, entrevistas, textos. Se permite, incluso discutir o , mejor dicho dialogar, con teóricos de la talla de Pozuelo Yvancos sobre los aspectos autobiográficos en la lírica y creo que sale airosa de la contienda (pacífica porque es intelectual) también con rigor, fundamentos teóricos y un trabajo meticuloso y fino sobre los textos del poeta elegido para analizar.

El libro tiene múltiples valores; tal vez el primero y principal sea que trata a un autor nacional que se encuentra en los programas de Secundaria y está pensado para docentes y alumnos. Muchos textos están concebidos de la misma manera y, por lo tanto, no es esta la originalidad a la que me refiero. Quiero destacar en este caso, el respeto y la valoración positiva que se hace de los actores del proceso enseñanza-aprendizaje. Silvia no minimiza a sus receptores, no lo subestima, por el contrario, los eleva con ella a la comprensión de la obra de un autor que, sin duda, ama profundamente, la conmueve, la sensibiliza y , por lo tanto, invita a los lectores a seguirla en el maravilloso viaje de comprender , entender y , como dijo alguien alguna vez, “hacer que la sensibilidad de nuestros estudiantes sea más inteligente y su inteligencia más sensible”.

El libro, el discurso que en él se despliega, que, insisto, puede ser compartido o no, es la demostración de que la docencia directa en el aula de secundaria, también implica investigación. Ambos campos no son excluyentes, sino complementarios cada vez que el docente opta por hacer lo que se debe hacer: reflexionar sobre el hecho literario y no limitarse a repetir crítica de forma mecánica, con la que ni siquiera, a veces, acordamos, o sobre la que ni siquiera reflexionamos demasiado. La aceptamos por canónica, porque así está establecido y eso resulta suficiente. Este trabajo crítico, demuestra que no, que no alcanza, que hay que ponerse a investigar, que hay que animarse con autores sobre los cuales “no hay nada”, como solemos decir los docentes cuando nos enfrentamos al silencio de los comentaristas autorizados, a la ausencia de “lecturas competentes”, como si las nuestras no lo fueran porque somos profesores de Secundaria y la investigación no es algo que nos corrresponda.

El texto de Silvia Sabaj lleva por título Oficio de zurcidor, la autora se deleita en explicarnos que un zurcidor es el que “remienda, repara aquello que está roto o fracturado; de la misma manera un artista comprometido puede reparar con su arte, aunque sea en forma mínima, algo de lo injusto o lo fracturado de la vida”. Lo que no nos explica, pero se evidencia en el texto, es que ella también es una zurcidora, comprometida en reparar con su análisis lo fracturado de la vida, de la poesía de Darnauchans y del mundo en el que le tocó vivir. Otra vez la idea del espejo roto que se arma para darle coherencia a una visión poética del mundo y la vida.

No es fácil intentar echar por tierra años de una forma de lectura, en este caso, la lectura de un Darnauchans gastado por la vida, acompañado por la muerte, buscándola y esquivándola en cada esquina y cada bar de la ciudad. Silvia Sabaj lo logra a fuerza de empecinamiento, pero documentado. Su lectura de esta poesía como poesía amorosa no es arbitraria, está fundamentada en los propios textos. No se habla, además tan solo de una poesía amorosa a la amada. Se trata al Darno como poeta del amor en el sentido más amplio del término. Por eso el libro está estructurado en distintos capítulos o secciones donde aparecen los diferentes tipos de ese amor: el filial y fraterno, el social y ciudadano, el de pareja, el amor al/los amigos.

Se rescata así mismo, el compromiso político del poeta y el dolor por una situación, la dictadura, que dejó profundas marcas en él y su obra.

La autora aclara, desde el comienzo de su trabajo que , “… de las posibles lecturas que abren los textos poéticos, la que aparecerá acá es mi lectura, lo que los textos darnauchianos me dicen a mí, apenas el respetuoso acercamiento que me permite mi horizonte de expectativa. Por lo tanto (…) bienvenidas las discrepancias y los enfoques diversos, eso es lo que enriquece el texto poético y trabajo en un salón de clase.”

Esto marca, nuevamente el respeto a los posibles destinatarios. Esta es una lectura que no inhabilita las otras. Esto es lo que hace un investigador, pero es lo que propicia un docente: lecturas diversas, opiniones encontradas, sentimientos distintos porque eso es la vida en el aula, porque eso es “zurcir” con los alumnos y los colegas y no al margen de ellos desde una torre de marfil.

El libro es, no solo un valiosísimo aporte al trabajo aúlico, sino también un ejemplo de humildad investigadora, de rigor teórico-literario y de demostración cabal de que siempre que se quiere, se puede. No en la Educación con mayúscula, desgraciadamente, pero si en ese lugar de encuentro entre el docente y el alumno al que asistimos todos los días.

Si Darnauchans es el poeta del amor, este es el libro de una investigadora enamorada de su objeto de estudio, tanto, que abre posibilidades para que otros sigan la búsqueda y encuentren las mismas u otras respuestas frente a la obra. Imposible exigir más.

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