Para la historia argentina, Artigas
fue un “bárbaro y desorganizador”

Por Pacho O´Donnell

El miércoles 3 de octubre en el Salón Dorado de la IM, en el marco de la 35ª Feria Internacional del Libro, el psiquiatra e historiador, argentino, Pacho O´Donnell presentó su libro “Artigas”, el protagonista más significativo en dar a la “Revolución de Mayo” un contenido popular.

O´Donnell dijo que con este libro busca un “desenterramiento”, que la historia argentina ha hecho de este personaje extraordinario. Aquí alguno de los tramos más salientes de la exposición del intelectual argentino, realizados ante númeroso público.


“Cuando yo presenté este libro en la feria de Buenos Aires llevé una pala (y acá también la traje) y entonces ustedes se preguntaban: ¿por qué una pala en la presentación de un libro? Ahí fue cuando les expliqué que veníamos a hacer una ceremonia de “desenterramiento”. Quiero decirles que este libro fue escrito para argentinos, por lo que en él voy a decir cosas que ustedes conocen mejor que yo, seguramente. Quiero explicarles el porqué es la denigración que la historia argentina ha hecho de este personaje extraordinario, del cual ustedes se pueden enorgullecer, que es don Gervasio, el “Gran Caudillo Oriental”.

Los dos historiadores fundacionales de mi patria son Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López. Los dos eran liberales y representativos de la oligarquía porteña, que eran los que habían vencido en las guerras civiles argentinas. Habían derrotado a los federales, al federalismo, por lo que imponían una historia que era funcional a sus ideas. Por eso la historia oficial nuestra es una historia extranjerizante, aristocratizarte, elitista, machista, una historia antipopular, antiprovincial. Y cuando digo “antipopular”, digo que - realmente - un proyecto claro, expresado de la historia oficial nuestra que se escribió al fin de las guerras civiles, fue denigrar a los jefes populares, es decir, los que se habían opuesto a sus proyectos. Y, por ejemplo, estos dos hombres que cumplieron - como quizás no sea reprochable el hecho que cumplieran con lo que le imponían sus ideas - tuvieron conflicto entre sí porque disentían en cuanto cómo había que escribir la historia. Entonces Bartolomé Mitre decía que había que escribirla en base a documentos y Vicente Fidel López defendía que también se la podía escribir en base a informes o a las trasmisiones orales.

Era un rescatador, también, de los aspectos emotivos, sensoriales, no demostrables de la historia. Luego, en algún momento, Mitre decidió congraciarse con López y le mandó una carta, donde busca elementos comunes entre ambos y le dice: “Los dos, usted y yo, hemos tenido la misma predilección por las grandes figuras y las mismas repulsiones contra los bárbaros desorganizadores”. Los “bárbaros desorganizadores”, como Artigas.

Esto de “bárbaro” es lo que tomará Sarmiento cuando habla de “civilización o barbarie”, que es el dilema que orienta la organización nacional, donde la civilización era Europa o argentinos y argentinas que querían ser europeos desde este lado del mar y la “barbarie” eran los federales, la chusma, los humildes, los caudillos, es decir, lo más nacional, lo más popular. Los bárbaros desorganizadores como Artigas, a quienes hemos enterrado históricamente. Esto lo está escribiendo el historiador que fundó nuestra construcción imaginaria que es la historia. Y está hablando en plural, está hablando a aquellos a quienes Artigas representa: los caudillos federales, los gobernadores federales, básicamente a los jefes populares. Está hablando de Dorrego, está hablando de Rosas, está hablando de Acha Ramírez, de Estanislao López, está hablando mismo de San Martín - un hombre muy próximo a los caudillos federales, por eso se tiene que exiliar perseguido por Rivadavia y los suyos. Por eso decimos que vamos a “desenterrar” a Artigas, a quien la historia argentina ha denigrado ominosamente. Y, ¿por qué se ensañó con Artigas? Bueno, porque Artigas fue - de alguna manera - el prototipo del caudillo federal y quien cortó el modelo sobre el cual se formaron los demás.

Artigas tenía un proyecto de país, tenía un proyecto para la Confederación Rioplatense. Ese proyecto está claramente enunciado en las extraordinarias “Instrucciones para la Asamblea del año XIII” que, como ustedes saben (y aquí hay una característica absolutamente remarcable), fueron establecidas por voto popular. Es decir Artigas, tan precozmente, establece el criterio de que las decisiones de su sector se toman por el voto popular. En los congresos, en las convocatorias que él hacía y donde acudían abiertamente gentes de todos los estamentos sociales, las decisiones se tomaban por el voto de todos, no había restricciones. Contrariamente a lo que pasaba en Buenos Aires y, seguramente, en Montevideo, donde votaban los “decentes” (como se auto llamaban), es decir, los ligados a los gobiernos, los funcionarios, los comerciantes que hacían negocios con ellos, los propietarios. Ellos eran los únicos que tenían la condición de voto.

Esto ustedes lo saben, pero es importante rescatarlo en función de este panorama de Artigas como un gran jefe popular. Un jefe popular que - el estudio de Artigas no lo he hecho yo - debería servir para poder desentrañar el fenómeno del “líder”. ¿Qué es lo que tenía este hombre para que la gente lo siguiera como lo siguió? ¿Qué era lo que trasmitía de lealtad, qué era lo que trasmitía de convicción de que él representaba - verdaderamente - los intereses de los sectores populares ante quienes defendían los intereses de los sectores del poder, de los sectores dominantes? Él había elegido esto, era uno de los tantos que - inclusive viniendo de un origen social bastante alto - era una decisión que él había tomado. Yo insisto en que Artigas era el protagonista más significativo en dar a la “Revolución de Mayo” un contenido popular. Es decir, que la Revolución de Mayo interprete los intereses de los sectores populares. Como eso no sucede y en cambio se produce el triunfo de las oligarquías rioplatenses, podría decirse que la Revolución de Mayo no fue una verdadera revolución. En alguna medida, fue - prácticamente - un cambio de cúpula, o sea, se fueron los decentes realistas y vinieron los decentes criollos. Y Buenos Aires ejerció sobre las provincias un dominio que no se distinguió, no se diferenció demasiado del dominio de la colonización hispánica.

Las ideas de Artigas están claramente expresadas en las “Instrucciones para la Asamblea del año XIII”. La Asamblea del año XIII se convocó para el dictado de la independencia y fijar una Constitución para las Provincias Unidas. Esto no se produjo. ¿Por qué? Porque Inglaterra, a través de la logia “Lautaro” - la mayoría de los integrantes, de los representantes, los delegados a la Asamblea del año XIII, eran miembros de esa sociedad secreta que tanto influyó en los primeros años de nuestra historia - se negó a la declaración de esa independencia. Y tenía, indudablemente, el poder para hacerlo. Y se negó porque Inglaterra ya había logrado lo que quería, que era el comercio libre. Pero Artigas toma con mucho entusiasmo esta situación, porque está dentro de su proyecto. En la elaboración inaugural del congreso - el congreso de “Tres Cruces” - Artigas dice una frase extraordinaria que marca una esencia de su ideal. Estas ideas de Artigas le vienen de la lectura. Muchas veces se había tratado de dar por sentado que Artigas había leído porque si no, ¿cómo se podría explicar que un tipo de viene de la tierra, gaucho, se le iban a ocurrir estas cosas? Evidentemente, es porque ha leído a los iluministas franceses. Seguramente habría leído a Rousseau, o había leído a los teóricos de la revolución norteamericana. Y yo creo que no. Que la cultura que tiene Artigas le viene de la tierra, que le viene de su experiencia, del conocimiento profundo de los charrúas, de los guaraníes, de su tiempo de, de su tiempo de reacción contra el poder como “bandido social”, como lo llamaría el recientemente fallecido Hobsbawm. Ese hombre que representaba una ley que no era la ley de los poderosos. Porque las leyes están hechas, siempre, en el fondo, para defender el poder de los poderosos. Luego su rebelión contra el stablishment, contra el sistema, será ya - orgánicamente - como revolucionario. Pero esa cultura extraordinaria, esas ideas de Artigas, le vienen de lo propio, de su experiencia. Recordemos que Artigas es un hombre bastante grande cuando está en estos menesteres.

En el día de la apertura del Congreso, Artigas leyó la oración inaugural que se la dicta y, seguramente, ha habido participación de Miguel Barreiro. Recordemos que Artigas se rodea de gente muy inteligente, como es Miguel Barreiro, Monterroso y demás. Y entonces dice Artigas, ante la muchedumbre allí reunida - que no son los hombres del poder, sino la gente, el pueblo - : “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”. O sea, cuando yo estoy frente a ustedes, yo ya no tengo autoridad, la autoridad es de ustedes. “Vosotros estáis en el pleno goce de vuestro derecho social, mi poder es vuestro”. Es decir, yo estoy rindiendo cuenta ante ustedes. “Ved ahí el fruto de mis ansias y desvelos y ved ahí el premio de todo mi afán. Ahora, en vosotros, está el conservarlo”. Conservarlo quiere decir, esto que hemos logrado tenemos que conservarlo. Pero dentro de lo que pueden o no conservar está mi autoridad, o sea, si ustedes quieren, yo voy a seguir siendo el jefe, pero si ustedes no quieren, yo en este mismo momento dejo de serlo. ¡Ese es un profundo pensamiento, extraordinario, imbuido de una idea de subordinación a la voluntad popular!

Las instrucciones son extraordinarias. Y fíjense ustedes, hasta qué punto, pueden haber irritado a la oligarquía librecambista porteña, absolutamente decidida a hacer que su república naciente contratara una nueva dependencia. Ahora no ya la de España, sino la de Gran Bretaña. Porque eso es algo interesante. Artigas, en cierto momento, combatió en tres frentes. Artigas coincide en muchas instancias con San Martín. Tanto es así, que hay una epistolaridad entre ambos. Porque San Martín también era de los que urgían una declaración inmediata y urgente de la independencia. También Güemes, un caudillo norteño con aspectos bastante semejantes a Artigas en la reivindicación de los derechos indígenas, la idea de gobernar para los humildes, hacer reforma agraria, practicar el voto popular contra la voluntad de la aristocracia salteña, que en última instancia, termina matándolo. O sea, si uno le pregunta a un estudiante argentino no muy avezado cómo murió Güemes, dirá que murió en un entrevero contra los realistas. No, murió en una operación comando acordada entre una parte importante de la aristocracia salteña con el ejército español conducido por Olañeta, un general que luego será el que combatiría en Ayacucho.

Luego vendrán los tiempos del destierro en Paraguay. Un destierro que al principio fue muy duro y luego, cuando el dictador Gaspar de Francia terminó su período y vino, Carlos López, fue mucho más condescendiente, ya que era un admirador de Artigas y la situación cambió. Y a mí se me ocurre que esto puede tener que ver con ese gran misterio, que es algo que desvela a los historiadores uruguayos y no uruguayos y es porqué Artigas no regresa al Uruguay, cuando ya Uruguay es un país libre. Cuando es invitado por su hijo, cuando es invitado por Rivera que, si bien había sido en su momento un disidente, bueno, ahora es presidente y lo convoca para ser recibido con honores. Y, ni siquiera, Artigas le contesta.

¿Por qué Artigas se mantiene en Paraguay hasta su muerte? Algunos dicen que es porque no está satisfecho por cómo ha evolucionado el tema de la independencia uruguaya. Yo creo que también puede haber una explicación más simple. Por ejemplo para mí, el haber venido hoy aquí me produce cierta pereza, no es que me entusiasme mucho viajar. Yo he sido exiliado durante la dictadura y me ha quedado como una especie de síntoma que me entretiene más quedarme que irme. Pero imaginemos a un hombre de la edad de Artigas, venirse de Paraguay hasta Montevideo en aquel tiempo. ¡Saben lo que era el viaje! Y además, Artigas tenía la plena convicción de que cuando llegara a Montevideo, iba - inevitablemente - a quedar atrapado por toda la menesunda política del Río de la Plata y no creo que él tuviera un especial interés en volver a estar ahí. Además, ya no tenía edad para eso. Él sabía perfectamente lo que le esperaba en Montevideo. Le esperaban los honores pero también le esperaba - inevitablemente - el compromiso político. Aunque él no quisiera, lo iban a meter en eso. Yo diría que más que un desprecio hacia Uruguay, yo lo veo como un hecho realista, un hecho de comprender que su papel en la historia uruguaya, ya estaba jugado. ‘No era partidario de la re-reelección’ (risas).

Yo titulé un programa de televisión sobre las guerras civiles entre unitarios y federales en la Argentina, donde entra también Artigas, como la “Guerra por la Aduana”. Es decir, uno podría escribir la historia del Río de la Plata, de gran parte del siglo XIX, desde la Aduana. O sea, la disputa por los únicos ingresos significativos que tenía esta región, que eran los ingresos de la aduana. La diferencia entre la historia verdadera y la historia falsa, es que en la historia una va haciendo la traducción instantánea. No es que la historia se repite, sino que los determinantes vertebrales de la historia argentina o uruguaya, son siempre los mismos. Básicamente es la disputa entre los intereses populares versus los intereses dominantes. A partir de ahí podemos hablar de dependencia, de lucha de clases y de otra cantidad de cosas. Pero hay temas que son absolutamente estables.

Cuando se produce el “25 de mayo”, Buenos Aires se considera heredero de la aduana, o sea, se considera dueño de las rentas de la aduana. Entonces, ejerce un poderío económico sobre las provincias, como lo había hecho España. No sólo eso, sino que Buenos Aires tiene también - al tener el puerto (esto también es de hoy) - la posibilidad de permitir que los productos pasen, pagando impuestos o libres de impuestos. Por lo cual Buenos Aires, en su alianza con Gran Bretaña, permitía que los productos ingleses entraran sin impuestos y destruía las industrias provinciales. Y por fin, para colmo de los colmos, lo que proponía Artigas es que aquella capital no estuviera en Buenos Aires. Como ustedes se imaginan, los delegados artiguistas no tenían mucho futuro. Pero esto no es broma porque, a partir de ahí, se desencadenó una persecución contra Artigas y los suyos, verdaderamente ominosa.

Es uno de los aspectos más negros de la historia argentina. Y de la historia rioplatense también, porque - por supuesto - tuvieron la colaboración de muchos uruguayos. Así como la oligarquía porteña lo señaló como enemigo, es evidente que la oligarquía montevideana también. Tampoco fue particularmente propensa.

Cuando lo va a visitar José María Paz a su exilio en Paraguay - quien había tenido muchos conflictos con Rivera y con Ferrés que eran sus aliados unitarios en contra de Rosas y había tenido que escaparse al Paraguay - no fue una visita ingenua. Seguramente, trata de atraerlo para su proyecto de re-invadir Buenos Aires, la Argentina y registra las visitas en las memorias de Paz, que son las mejores memorias de la historia argentina, si bien, muy parciales. Artigas lo recibe en Curuguaty y Paz le pregunta qué pasó con su conflicto con Buenos Aires. Y Artigas le contesta: “Yo no hice otra cosa que responder con la guerra a los manejos tenebrosos del directorio y a la guerra que él me hacía por considerarme enemigo del centralismo”. O sea, en Buenos Aires estaban los directores supremos, que fueron: Alvear, Álvarez Thomas, Pueyrredón, etc. Es decir, lo que hacía Buenos Aires no distaba de lo que hacía la dominación española. “Tomando por modelo a los Estados Unidos, yo quería la autonomía de las provincias, dándole a cada estado su gobierno propio, su constitución, sus hombres y el derecho de elegir sus representantes, sus jueces y sus gobernadores, entre los ciudadanos de cada estado. Esto es lo que había pretendido para mi provincia y para las que me habían proclamado su protector”.

Esto es interesante. La acción de Artigas nunca va dirigida solamente a su provincia, a la Banda Oriental, sino que siempre son proyectos que hacen a la organización de las Provincias Unidas, de la Federación, de la Confederación. “Hacerlo así hubiera sido darle a cada uno lo suyo, pero los pueyrredones y sus acólitos, querían hacer de Buenos Aires una nueva Roma imperial, mandando a sus pro-cónsules a gobernar a las provincias militarmente y despojadas de toda representación política. Como lo hicieron rechazando a los diputados del Congreso, que los pueblos de la Banda Oriental había nombrado y poniendo un precio a mi cabeza”. Efectivamente Posadas, uno de los directores supremos, lo declara “traidor a la patria” y pone seis mil pesos de precio a la cabeza, vivo o muerto, de Artigas.

¿Qué es lo que a mí me parece importante de Artigas? Me han hecho chistes - o el chiste lo he comenzado yo - acerca de que no queremos robarles a Artigas. El embajador uruguayo en Buenos Aires me dice: “¿no me querrás robarnos a Artigas?” Y yo le digo: “bueno, más o menos, les devolvemos a Julio Sosa y ya” (risas). Nada más alejado de esto. O sea, lo que realmente queremos darle a Artigas - lo que yo quiero darle a Artigas - es la verdadera dimensión que tiene. O sea, que es un gran prócer uruguayo, pero que trasciende las fronteras del Uruguay. Es un campeón, es rioplatense, es un campeón latinoamericano. Para entender a Artigas hay que entender que su proyecto es el proyecto de hoy, es el proyecto de la América grande, de la América unida. La idea de la resistencia heroica contra la ambición de las potencias de cada momento. Cada gobierno popular, que ha podido representar los intereses de los desposeídos frente a los intereses de los codiciosos, siempre aliados con imperios nacionales o imperios financieros extranjeros, que siempre han tenido - lamentablemente - sus socios interiores y siempre han sido muy bien recompensados socialmente, económicamente, etc. Y creo que ahí está siempre Artigas. ¡Ustedes tienen un prócer de una gran dimensión…!

A mí me parece que también hay tener cuidado de algo y es el hecho de que, cuando se endiosa a alguien… Porque Artigas, como a otros personajes, a veces se lo endiosa con el objetivo de ocultar su verdadera significación. Es decir, endiosar a Artigas, es quitarle su significación de jefe revolucionario, de jefe popular. Lo que le pasó a Artigas no fue por ser Dios, le pasó por ser un jefe que representó voluntariamente y de una forma admirable, los intereses de los sectores populares. Y eso, en la historia de América, siempre se paga muy caro: el destierro de Artigas, el destierro de San Martín, la muerte de Dorrego, la muerte de Ramírez. Si vamos a tiempos modernos, también nos encontramos con Martí, con el “Che” Guevara. Ustedes tienen jefes extraordinarios que han pagado. Siempre se paga caro eso. Hay una recompensa histórica. Pero en vida, siempre es un lugar muy difícil, muy complicado.

Hay algo de Artigas que es extraordinario. Mejor dicho, lo extraordinario es el ocultamiento de la historia argentina a Artigas. Tal es así, que este libro lo que ha producido es una especie de enorme sorpresa por la existencia del congreso independentista de 1815. Los porteños no sabíamos nada y les confieso, que yo también me sorprendí. O sea, Artigas, en el “Congreso de los Pueblos Libres” - como ya les dije acerca de la importancia de Artigas en la historia argentina - conduce, es el Protector de los Pueblos Libres que son: la Banda Oriental, por supuesto, Misiones, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y parte de Córdoba. Se convoca al Congreso de los Pueblos Libres en Arroyo de la China, que es en Entre Ríos (actualmente la ciudad de Concepción del Uruguay). Este es un congreso extraordinario, porque proclama la independencia de las Provincias Unidas, el 29 de junio de 1815, es decir, un año y diez días antes de aquel que nosotros siempre hemos celebrado como el congreso independentista argentino que es en Tucumán, el 9 de julio de 1916. Y de pronto aparece - por entre las rendijas de la historia oficial - que ha habido un Congreso en 1815, que se nos había sido absolutamente birlado. Ese congreso no se opone al de Tucumán, se complementa. Inclusive el Congreso de Tucumán es un congreso al que concurren las provincias andinas”.

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