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Discurso completo
Brasil no está de acuerdo en que papel de las Fuerzas Armadas esté centrado en el combate al narcotráfico
Por el ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorim
"Un sistema interamericano de Defensa como se pensó luego de la Segunda Guerra Mundial es algo que no tiene nada más que ver con el mundo de hoy", un "mundo multipolar, en que no hay una amenaza única, ni siquiera un continente homogéneo".
MINISTROS DE DEFENSA; Declaración de Punta del Este pdf
Aquí el discurso completo del ministro de Defensa, Celso Amorim, en la X Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, Punta del Este,el 8 de octubre. Amorim defendió la adopción de nuevas premisas para la cooperación en el área de defensa entre los países americanos. Para el ministro, la cooperación podrá tornarse más efectiva si es capaz de reconocer las diferencias de la situación geopolítica y geoestratégica entre las diversas regiones del continente americano. “La verdadera solidaridad entre los países de las Américas pasa por el respeto a la pluralidad de nuestras circunstancias.” El ministro habló también sobre la necesidad de que los países americanos aumenten la cooperación en el sentido de reconstruir Haití.
En el discurso, Celso Amorim condenó el aislamiento de Cuba y defendió que la Conferencia registre la reivindicación de la posesión de las Islas Malvinas por parte de la Argentina. Destacó también la importancia de que sea reconocida la zona de paz y cooperación del Atlántico Sur y su carácter libre de armas nucleares como un ”gesto de creación de confianza entre los estados de las Américas.”
El ministro no está de acuerdo con la propuesta de que las Fuerzas Armadas actúen en el combate al narcotráfico, aunque respeta a los países que adoptan este camino. “Brasil no puede asociarse a propuestas que sostienen que el destino principal de las Fuerzas Armadas esté centrado en el combate al narcotráfico", dijo. “No estamos de acuerdo con esto, aunque respetemos las circunstancias de aquellos países, o grupos de países, que eligen opciones diferentes. Por nuestra parte, seguimos teniendo serias dudas sobre la pertinencia de esta atribución de funciones atípicas para el estamento militar”, agregó.
“Tenemos hoy la valiosa ocasión de entablar un diálogo entre ministros de Defensa de las Américas con respecto a nuestra cooperación, con el objetivo de orientar sus rumbos en los próximos años. Y yo me permito aquí proponer una reflexión: ¿de donde vinimos y hacia donde vamos en términos de cooperación en defensa en las Américas?
Nuestra reflexión es inseparable de la coyuntura estratégica mundial, sobre la cual no puedo dejar de hacer algunas observaciones, por breves que sean. El Medio Oriente es epicentro de una inestabilidad pasible de desencadenar un conflicto de alcance global.
Estamos asistiendo a una disputa - un nuevo “gran juego” - entre potencias en el Medio Oriente, como aquella que, en el siglo XIX, y, especialmente, después de la caída del Imperio Otomano, rediseñó la región y lanzó sobre ella las semillas de una inestabilidad crónica. La disputa competitiva entre potencias vuelve a pesar más que los deseos de los pueblos de aquella región.
La Primavera Árabe corre el riesgo de verse enterrada por una tormenta de arena. Estamos lejos de un mundo en el que la diplomacia prevalezca sobre el uso de la fuerza; en el que los deseos legítimos de los pueblos prevalezcan sobre los intereses geopolíticos de las potencias; y en el que la paz prevalezca sobre la guerra.
La incapacidad de actuación efectiva del Consejo de Seguridad en la crisis de Siria, en gran parte debido a su composición anacrónica, es alarmante. La primera lección que deben aprender los países que no se sienten directamente involucrados - aunque todos lo estemos, de una u otra forma - es que no existe margen para ingenuidades sobre la persistencia del conflicto en las relaciones internacionales. De ahí el imperativo de cada estado de asegurar su defensa nacional, inclusive, cuando los intereses nacionales lo permitieren y recomendaren, por medio de la cooperación internacional.
Nuestra reflexión tampoco puede abstraerse de nuestra experiencia histórica en las Américas. Recorrimos un largo camino de esfuerzo de conformación de una arquitectura de cooperación en materia de defensa.
Enfrentamos sucesivos tests de cohesión: intervenciones recurrentes, alianzas con potencias extrarregionales, embates ideológicos largamente importados, entre otros, que dejaron un gusto amargo sobre la viabilidad de la solidaridad continental.
Un paso importante en esta solidaridad fue la consolidación del principio de no intervención. En 1933, en la VII Conferencia de los Estados Americanos - llevada a cabo y presidida por este mismo Uruguay que hoy nos recibe -, alcanzamos un punto alto en la controversia entre los defensores y los opositores de la intervención en las Américas.
Tres días después de culminada la Conferencia, muy lúcidamente, el presidente Franklin Roosevelt anunció que, y lo cito, “a partir de ahora, la política de los EE.UU. hacia la región se opone a la intervención armada” (fin de la cita). En el contexto de la post-guerra, ensayamos el concepto de asistencia recíproca, con expectativas que se reflejaron en su institucionalización por medio de tratado.
Algunos episodios, que no necesito recordar aquí, frustraron la idea central del TIAR, de que un ataque contra uno de los miembros sería considerado un ataque contra todos. El fin de la Guerra Fría y la conformación de un mundo multipolar imponen que procedamos a un ajuste en nuestra concepción de la cooperación en materia de defensa en las Américas.
Mi país quiere mirar hacia adelante, con espíritu constructivo, para buscar nuevos abordajes. Pero esto requiere que seamos capaces de rever conceptos que ya no se aplican a la realidad. En el mundo de hoy - en el que incluso temas de legítima defensa (sobre todo la llamada Legítima Defensa Colectiva) inevitablemente se mezclan con la “seguridad colectiva”, - tal como fue definida por la carta de San Francisco -, es prudente evitar cualquier tipo de acción que incida sobre la competencia primaria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que, a pesar de sus limitaciones e insuficiencias, es el principal órgano en temas de paz y seguridad.
En las Américas precisamos de nuevas premisas. Según la visión brasileña, la cooperación interamericana en defensa será tan o más efectiva cuanto más sea capaz de reconocer la heterogeneidad de situaciones geopolíticas y geoestratégicas entre las diversas regiones y subregiones del continente americano. La verdadera solidaridad entre los países de las Américas pasa por el respeto a la pluralidad de tales circunstancias.
Por esto, valoramos y priorizamos mecanismos como los de la Unión Sudamericana de Naciones, la UNASUR, y de la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños, la CELAC.
En 2008, la UNASUR creó su Consejo de Defensa. El mismo conforma una institucionalidad de creación de la confianza y prevención de conflictos. Sus principios son la no intervención, la solución pacífica de controversias, el respeto a la soberanía, el liderazgo cívico-democrático, la supremacía de los Derechos Humanos y, sobre todo, el apego a la paz. Todo esto al servicio del desarrollo de los nuestros pueblos.
En poco tiempo, el Consejo de Defensa Sudamericano desempeñó un papel ejemplar en la solución de diferendos entre estados miembros e, incluso, dentro de estados, con la aquiescencia de estos, naturalmente. Observamos hoy con extraordinaria satisfacción el proceso de paz interno en otro país hermano, Colombia. Felicitamos al gobierno de Colombia y, en particular, al presidente Santos, por el coraje que lo llevó a abrir un diálogo apuntando a la paz y a la conciliación.
El Consejo de Defensa Sudamericano parte de una base auspiciosa y propia: la naturaleza de zona de paz, libre de armas nucleares, y, en realidad, este espacio sudamericano se proyecta en el espacio latinoamericano y caribeño.
Estamos solicitándole a las potencias nucleares que retiren sus reservas a los protocolos al Tratado de Tlatelolco, del que somos miembros todos los estados de América Latina y del Caribe. Sería muy importante que esta Conferencia reconozca la zona de paz y cooperación del Atlántico Sur y su carácter libre de armas nucleares - no sólo en cumplimiento de resoluciones pertinentes de la Asamblea General de las Naciones Unidas, sino también como un gesto de creación de confianza entre los estados de las Américas. Es lo mínimo que se puede esperar, más allá de la progresiva aplicación del artículo 6° del Tratado de No Proliferación Nuclear, que determina negociaciones que apunten al desarme nuclear de todos los países.
Señores ministros, lo que precede no excluye un vasto campo de cooperación en el ámbito de las Américas. Por el contrario, es lo que tornará esta cooperación proficua. En el ámbito del primer Eje Temático, las acciones de prevención y de asistencia frente la desastres naturales integran, sin duda, la agenda de posibles programas de cooperación entre nuestros países.
Sin embargo, esto requiere la comprensión de que las Fuerzas Armadas tienen, en muchos países (por cierto, en Brasil) un papel subsidiario a los órganos de Defensa Civil. A pesar de la importancia de las acciones de las Fuerzas Armadas en estas situaciones, sería un error y hasta una contradicción, en estos términos, intentar “militarizar la Defensa Civil”.
También debemos tener claridad sobre cómo un mecanismo interamericano sobre el tema se articulará con otros mecanismos nacionales y regionales, y, en especial, el Consejo de Defensa Sudamericano, en nuestro caso. Dentro de estos parámetros, la propuesta para el Eje Temático I deberá ser aún mejorada y estar sujeta a los ajustes correspondientes. Es lo que esperamos que sea capaz de hacer el Grupo de Trabajo correspondiente.
Quiero también dejar en claro que Brasil no considera, repito, no considera adecuada, en este contexto, la mención a la protección del medio ambiente y de la biodiversidad, como sugiere el título de este Eje Temático.
No son temas esencialmente militares, ni temas esencialmente de defensa en lo concerniente al Eje Temático II. Creo que nuestros países tienen una historia de éxito reciente, de la cual pueden enorgullecerse, que es el compromiso de muchos de ellos y de la región como un todo en favor del estado hermano de Haití. Pero aquí también cabe hacer hincapié: el mandato otorgado por el Consejo de Seguridad de la ONU es lo que da legitimidad a nuestras acciones.
Ya sea por medio de la Minustah, ya sea por medio de la OEA, a cuyo Secretario General quiero saludar, y de su mecanismo de apoyo electoral, ya sea por medio de la oferta de cooperación técnica o de donaciones, los países de las Américas dieron una gran contribución al objetivo de rescatar la paz y la seguridad de Haití y salvarlo de un desastre de enormes proporciones como fue el terremoto de hace dos años.
La propia UNASUR no estuvo ausente de este proceso, y quiero saludar el liderazgo ejercido por el presidente Correa, de Ecuador, en este sentido. Fuimos particularmente activos protagonistas en las ayudas prestadas con motivo del terremoto de 2010. Seguramente tendremos lecciones que aprender de esta tragedia, útiles al tema que nos ocupa de los desastres naturales.
Ahí verificamos cooperaciones variadas - bilaterales, trilaterales, multilaterales - involucrando, incluso, en ciertos casos, a países que tienen relaciones difíciles entre sí. Una dimensión decisiva de esta contribución es ofrecer una cooperación estructural del desarrollo haitiano - y no simplemente una cooperación ocasional - que se lleva a cabo y, en cuanto pasan los síntomas de la tragedia, se ausentan. Es necesario lanzar las semillas de un progreso autosustentable de Haití, recordando siempre que, por mejor que sean los trabajos de las Ong’s, Haití es un estado y no una colección de organizaciones no gubernamentales. Bajo esta lógica, Brasil tiene grandes expectativas en cuanto a la construcción de la hidroeléctrica de Artibonite 4c, cuyo proyecto ejecutivo completo fue preparado por el ejército brasileño a solicitud del gobierno haitiano en 2010; y para el cual ya contribuimos con U$S 40 millones, probablemente una de las mayores contribuciones que Brasil haya dado para cualquier otro país en desarrollo. Nos gustaría contar con el apoyo de los demás países de las Américas - especialmente aquellos que disponen de mayores recursos, como Canadá y los Estados Unidos, y también del BID - para reunir los recursos o contribuciones materiales que permitan llevar adelante este proyecto estructural, al plano de lo concreto. Esta es una prueba real para la solidaridad latinoamericana, y americana en general.
Con relación al tercer Eje Temático, relativo a los temas de Seguridad y de Defensa, hace años esta Conferencia debate, sin éxito, si el narcotráfico es - o no es - una amenaza; si requiere - o no - del empleo fuerte de las Fuerzas Armadas.
Brasil no puede asociarse a propuestas que impliquen que el fin principal de las Fuerzas Armadas se vuelque hacia el combate al narcotráfico. No estamos de acuerdo con esto, aunque respetemos las circunstancias de aquellos países, o grupos de países, que optan por cosas diferentes. Por nuestra parte, continuamos teniendo serias dudas sobre la pertinencia de esta atribución de funciones atípicas del estamento militar.
El Consejo de Defensa de la UNASUR supo resolver la controversia en torno del tratamiento de los temas de seguridad pública y de defensa. En Cartagena de Indias, a principio de año, aprobamos la propuesta colombiana de crear el “Consejo de Seguridad Ciudadana”. El nuevo órgano nos ofrece las condiciones para asegurar el tratamiento del tema de los ilícitos transnacionales y del narcotráfico de forma armónica, respetando las competencias propias del Consejo de Defensa y, también, del Consejo sobre el problema mundial de las drogas, más volcado hacia aspectos educativos y preventivos.
El punto de partida para nuestra cooperación, repito, es reconocer la heterogeneidad de las Américas, que no les permite conformar un Complejo Regional de Seguridad único y uniforme. Los Complejos de Seguridad presuponen la convergencia en la definición de amenazas. En esta materia, las diversas regiones de las Américas han venido recorriendo trayectorias diferentes en los últimos años. Estoy convencido de que hoy por hoy, la definición de las amenazas no puede ser hecha, o, por lo menos, hecha de forma predominante, en el nivel interamericano.
Para un grupo de países, la prioridad de los temas de Defensa recaen sobre el terrorismo internacional, las llamadas nuevas amenazas, la proliferación de armas nucleares, o narcotráfico y, en cierta medida, incluso la inmigración ilegal. Para otro grupo, la prioridad es la protección de los recursos naturales, de sus fuentes de energía, de sus reservas de agua dulce, de su biodiversidad, inclusive en la Amazonia y en el Atlántico Sur, y la preservación de las condiciones de su uso en favor de nuestro desarrollo económico y social.
En el tema nuclear, los acuerdos entre Brasil y Argentina dieron un ejemplo de cómo es posible sustituir la lógica de la rivalidad por la lógica de la construcción de confianza. La ABACC, órgano responsable por esta supervisión en conjunto con la Agencia Internacional de Energía Atómica, es hoy una referencia mundial, aceptada en documentos globales de salvaguardas.
Brasil tampoco puede aceptar que se califiquen como amenazas de seguridad temas relacionados al medio ambiente y a la biodiversidad, con la participación de actores militares, en especial, actores externos a la propia Amazonia en su protección, como sugiere el título del Eje Temático I de esta Conferencia. Detentores de las enormes riquezas de nuestra Amazonia - y ahora de la Amazonia Azul -, no consideramos que exista un papel para la cooperación militar interamericana en el área tan sensible para la soberanía nacional.
En el marco del examen de temas de defensa y seguridad, Brasil considera ineludible que esta Conferencia registre las reivindicaciones justas de Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwiches del Sur, como además ya ocurrió en el MERCOSUR, en la UNASUR y en la CELAC. Nos preocupa la realización de ejercicios que incluyen el disparo de misiles, como los que están en curso en las islas, que contribuyen para recrudecer la militarización del diferendo.
Sería de esperar que esta Conferencia haga un llamado a que se inicien negociaciones entre las partes, en los términos anualmente reiterados por la Asamblea General de la ONU. Aún bajo el tercer Eje Temático, con relación al tema de las funciones de los componentes del llamado “Sistema Interamericano de Defensa”, Brasil concibe como innecesaria la propuesta de creación de una Secretaría en este momento, mientras buscamos consolidar y fortalecer el Consejo de Defensa Sudamericano, y es ahí que queremos concentrar nuestras energías, sin perjuicio, vuelvo a decir, de los programas de cooperación que podamos desarrollar con los demás países de las Américas - bilateralmente, trilateralmente o en conjunto.
Nuestros programas y proyectos de cooperación en esta materia no justifican, o, por lo menos, no justifican por el momento, una estructura permanente dedicada a ellos. Lo que importa es asegurar que puedan articularse con las instituciones regionales con armonía, complementariedad y respeto mutuo, lo que puede lograrse mediante el diálogo entre las respectivas autoridades ya constituidas.
Por otro lado, debemos continuar apoyando a la Junta Interamericana de Defensa, la JID, por la valiosa contribución que ha dado - y deberá seguir dando - en la promoción de los programas de cooperación entre los países de las Américas y en el fomento del diálogo franco - siempre bienvenido - sobre temas tan sensibles e importantes.
La trayectoria histórica de nuestros esfuerzos de Cooperación Interamericana en Defensa está marcada por idas y venidas, errores y aciertos, éxitos y retrocesos. Para disminuir los errores y aumentar los aciertos, tenemos que alentar los cambios que se dieron en el mundo y en nuestra región. Es hoy un anacronismo, el querer tener un sistema verdaderamente interamericano, mantener el aislamiento de Cuba.
En el mundo multipolar que se configura en el siglo XXI, no hay lugar para un pensamiento único o fórmulas uniformes. Debemos ser claros en esto, de manera de articular, con sabiduría política, programas de Cooperación de Defensa que sean compatibles con la actualidad y realidad de nuestras Américas, en toda su diversidad".
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
LA ONDA® DIGITAL
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