|
Elecciones Municipales
Brasil; ¿cuanto incide o ‘mensalão’ en la sociedad?
Por Leonardo Avritzer*
Como se ha dado amplia difusión la justicia brasileña se encuentra avocada a lo se a dominado o ‘mensalão’. Este hecho se convirtió en uno de los fenómenos mediáticos de mayor impacto del Brasil de estos días, simultáneamente el país se encuentra inmerso en las elecciones municipales. Aquí el periodista Leonardo Avritzer* de la revista Carta Capital, realiza un pormenorizado análisis de estos dos fenómenos y las consecuencias y resultados para el partido de gobierno (PT)
El segundo semestre de 2012 estableció una conjugación de factores que va a marcar la política brasileña por un largo tiempo. Se inició en el marco del proceso penal 470, el escándalo de O ‘mensalão’ que podría poner en cuestión algunos pilares del sistema político brasileño, en especial la hegemonía del Partido de los Trabajadores. Sectores de la gran prensa que ya habían hecho una fuerte presión por la coincidencia entre las elecciones y el juicio, soñaban con un rescate del ambiente político vivido en 2005. O sea, querían que el juicio fuese un linchamiento público del Partido de los Trabajadores capaz de alterar la relación del electorado con el partido que ganó las tres últimas elecciones presidenciales. Se equivocaron rotundamente. Tres hechos principales marcan la diferencia entre la actual coyuntura y aquella vivida en 2005.
En primer lugar, el hecho que el ex-presidente Lula no sólo haya sobrevivido al escándalo sino que haya logrado desempeñar un excelente gobierno y culminarlo con índices inéditos de aprobación política. La aprobación del gobierno Lula, al parecer, no se vio sacudida por el que juicio de la acción penal 470 y los intentos de implicarlo directamente fracasaron. En segundo lugar, la coyuntura post-2005 ha estado marcada porque el Partido de los Trabajadores ha consolidado una identificación partidaria en torno del 20% de las preferencias, lo que prácticamente representa la suma de la preferencia por todos los otros partidos en su conjunto. Una vez más, el intento de convertir el juicio de la acción penal 470 en un juicio al PT, aunque solo 3 entre todos los juzgados tengan mandato en este momento, también parece haber fracasado. En tercer lugar, la coyuntura actual es diferente de aquella de 2005, porque los cuatro grandes partidos brasileños, el PT, el PSDB, el DEM y el PMDB, están involucrados en escándalos de caja 2, lo que impide la singularización del PT y ubica el tema de la urgencia de la revisión de la ley de financiamiento de campaña. Los tres hechos conjuntamente apuntan hacia una estrategia incorrecta por parte de la oposición de volver al 2005. Parte de la prensa se mostró incapaz de movilizar a la opinión pública. Dicho esto, sería importante analizar cuál ha sido la relevancia del juicio para el control de la corrupción y cómo pensar la configuración política que salió de las urnas el domingo pasado. Evidentemente que o ‘mensalão’ definido tanto como caja dos como compra de apoyo político (dado que la compra de votos en el Congreso Nacional no pudo ser comprobada y fue dejada de lado por casi todos los ministros del STF en sus votos) fue un error y trajo como consecuencia delitos que deberían ser juzgados. Vale la pena, no obstante, dejar en claro dos elementos del ‘mensalão’ totalmente olvidados por la cobertura de la gran prensa. En primer lugar, o ‘mensalão ’se constituye en un escándalo de un tenor bastante importante, aunque bastante delimitado en el primer gobierno Lula que podemos llamar la máquina política petista. En los 15 días que siguió el ‘mensalão’ Lula descentralizó su gobierno de este núcleo y lo nacionalizó en torno de figuras como Tarso Genro, Patrus Ananias, Fernando Haddad, Dilma Roussef y Jaques Wagner. Aquí se encuentra el secreto del éxito del gobierno Lula: la separación entre gobierno y máquina petista. Es aquí donde se encuentra la raíz del éxito del PT en la última década. Entre los nombres que compusieron la reorganización del núcleo político del gobierno Lula, uno (Dilma) se convirtió en presidente, dos se tornaron gobernadores (Genro y Wagner) y dos fueron candidatos a alcalde, uno de ellos logrando convertirse en el nuevo alcalde de la ciudad de San Pablo (Haddad). Todos ellos terminaron siendo reconocidos como excelentes administradores, además de políticos de excelente quilate. Por lo tanto, no existe una forma de identificar el núcleo político de las “mensualidades” con la estructura del Partido de los Trabajadores, esta última mucho más amplia que los miembros del esquema político involucrado en el escándalo. Tal vez este último fenómeno, muy poco comprendido por la gran prensa, sea el más importante. Es basado en él que voy, en primer lugar, a analizar los resultados de las últimas elecciones para posteriormente hacer algunos comentarios sobre el juicio. Las elecciones del domingo pasado se encuadran en un proceso de consolidación de la democracia brasileña en el cual el PT y el PSDB se convirtieron en los principales partidos en el país que se han venido alternando en el ejecutivo federal desde 1994. Cada uno tiene sus características: el PSDB tiene una fuerte concentración en San Pablo, y una presencia fuerte, aunque más cuestionada, en Minas Gerais (donde ganó la elección en Belo Horizonte pero perdió en ocho de los diez principales colegios electorales del estado) y en Ceará. El principal problema del PSDB es su nacionalización, en especial cuando se ve la decadencia de largo plazo de los Demócratas que tuvieron un desempeño mediocre en esta elección (vencieron en Aracaju y disputaron la segunda vuelta en Salvador, pero perdieron más de la mitad de sus alcaldías). Al mismo tiempo, el PT comenzó su crecimiento a través de alcaldías de capitales y ciudades de medio porte en las regiones Sur y Sudeste. Solo en las elecciones de 2004, el PT tuvo un crecimiento significativo fuera de estas dos regiones y a partir de ahí se convierte en una fuerza política en las elecciones de las capitales del Nordeste. Las elecciones del 7 de octubre muestran una continuidad relativa de este marco: el PT continúa siendo fuerte en capitales de la región Nordeste, en especial en Salvador y Fortaleza, se recuperó en la ciudad de San Pablo y obtuvo importantes victorias en ciudades de gran porte en las regiones Sur y Sudeste del país, Osasco, San Bernardo do Campo, Guarulhos, Canoas, Río Grande, Bagé, Ipatinga, Governador Valadares, más allá de estar bien ubicado para la segunda vuelta en ciudades como Juiz de Fora, Campinas, Santo Andre, Contagem, entre otras. Así, nos encontramos con un fenómeno importante completamente ignorado en el actual debate: el PT no sólo nunca se redujo al grupo de personas que se encuentra en juicio en la acción penal 470, sino que, por el contrario, los sectores no involucrados son aquellos responsables por el éxito del gobierno Lula y por el éxito del PT en las elecciones de 2012. Es en este contexto de separación relativa entre el PT y su máquina política hasta el año 2005, que debemos evaluar el juicio de la acción penal 470. El juicio del ‘mensalão’ se ubica en el núcleo del actual proceso de judicialización en curso en Brasil y en el mundo. Si tomamos la definición más importante de judicialización, aquella defendida por Tate and Vallinder, esta admite dos elementos: el cambio de posición entre el poder legislativo y el poder judicial con un refuerzo de la capacidad de decisión del judicial con relación a los miembros del sistema político en general y, en segundo lugar, el aumento de la influencia del método jurídico de decisión, basado en la ley y en las evidencias empíricas. Es en este punto que podemos percibir lo más raro que existe en la acción penal 470: esta seguramente contempla el primer punto, o sea, significa una vez más el refuerzo del poder político del poder judicial que se viene dando desde 1988 y tiene muchos elementos significativos en lo que respecta a la ampliación de derechos o al control del legislativo. Por otra parte, el comportamiento del STF en el juicio del ‘mensalão’ no significó un refuerzo de la forma jurídica de decisión. Principalmente en los casos limite, los del ex-diputado João Paulo y del ex-presidente del PT José Genoino, lo que hemos visto es lo contrario: una enorme politización del poder judicial con aspectos claros de juicio político basado en meras opiniones. Muchas veces hemos visto también un juicio moral del sistema político brasileño por parte de personas que no entienden o entienden muy mal su funcionamiento. Quedamos, así, a mitad de camino entre lo que se dice con relación al tercer tópico de este artículo que es el combate a la corrupción: constituye un polo importante de la política brasileña pero, al mismo tiempo, este polo sólo irá a establecerse con fuerza si el poder judicial, en general, y el STF en particular, no sucumben a la inclinación de partidizar el sistema de justicia en Brasil. Esto quedará de manifiesto claramente en los próximos meses cuando entrarán en juicio los procesos por corrupción que involucran al PSDB y al DEM. El resultado de estos procesos irá a determinar el momento que vivimos en la democracia brasileña. Si él está marcado por la judicialización de la política con ampliación de derechos o si está marcado por la politización del poder judicial con el objetivo de demonizar a la principal fuerza política existente en Brasil en este momento.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
LA ONDA® DIGITAL
|
|