(II)
Con toda nuestra voz, el “Oficio de Zurcidor”
Por la profesora Susana Nieto

(l) Eduardo Darnauchans por la profesora Silvia Viroga

El 27 de setiembre en la Sala Julio Castro de la Biblioteca Nacional se realizó la presentación del libro “Oficio de Zurcidor. Un acercamiento crítico a la poesía de Eduardo Darnauchans” de la profesora Silvia Sabaj. El evento se convirtió en un gran homenaje al trovador y cantautor Eduardo Darnauchans, nacido en Tacuarembó. El libro es una profunda investigación de Silvia Sabaj, egresada del I.P.A., y en la actualidad destacada docente de literatura en Enseñanza Secundaria. La presentación de la obra estuvo a cargo del poeta Víctor Cunha, la profesora de literatura Susana Nieto y de la inspectora nacional de Literatura Silvia Viroga. Se cerró con la actuación de los músicos Enrique Rodriguez Viera y Esteban Grille. Lo que sigue es la ponencia de la profesora Nieto en la presentación de este libro, en el Nº 598 de La ONDA digital se publicó la intervención de la profesora Viroga en esa oportunidad.

En primer lugar el deseo de agradecer a la colega y querida amiga, Silvia Sabaj, por la distinción de permitirnos formar parte, nada más ni nada menos, que del nacimiento y presentación en sociedad de este “hijo intelectual”, invitación que nos regocija y enorgullece, puesto que se constituye en una forma de “madrinazgo” del mismo.

Es “El oficio de zurcidor” un trabajo de profunda investigación y fina crítica sobre la poesía de Darnauchans, en el que se percibe, desde el comienzo hasta el final de su lectura, una perfecta mixtura entre el rigor técnico y la honda ternura de un análisis que involucra una delicada y profunda sensibilidad, que es característica, y por muchos conocida, de la creadora.

En su estudio la vamos a ver analizando facetas desconocidas, por lo menos en sus mayores profundidades, de este artista al que caracteriza como “poco difundido”; planteando, desde el comienzo, su afán por mostrar, no la cara del “Dark no chance”, sino la del poeta del amor. Esto representa un fuerte desafío puesto que no es fácil desmistificar la concepción general que sobre este poeta se cierne, y que fuera alimentada por él mismo, y a partir de allí abrir una nueva ventana hacia el encuentro con su poesía.

Silvia comienza abordando la situación del canto popular como factor de resistencia en el Uruguay de los años 70 y ubica a Darnauchans en el contexto cultural y musical del momento, planteando como premisa la no diferenciación entre letra de canción y poesía y fundamentándola con cuidadoso acierto. Intentando, de esta manera, una óptica muy rica, desde el punto de vista literario y totalmente compartible de estudio y en la que la certeza histórica se imbrica con una mirada personal y comprometida sobre aconteceres que de una manera indeleble marcaron a nuestro país y a su gente.

Por otra parte, se pone de relieve la confluencia de vertientes temáticas que de la producción de este creador se desprenden y que pasan por: lo familiar, la denuncia social, el compromiso político, la muerte y el amor, las que se constituyen en un marco básico en la poesía del autor, vertientes que no pasan desapercibidas y están trabajadas, en este libro, en toda la dimensión del potente influjo que ejercen en la poesía darnauchana.

Y fiel a su objetivo inicial, es a partir del último tema señalado, es a partir del tema del amor, que Silvia propone cinco tópicos que se convierten en ejes organizacionales de su estudio y que son: La infancia y la familia, Los desconsolados y la ciudad, El amor social, La figura femenina, Poesía y compromiso, Poesía y compromiso El amor de pareja, y La muerte. Va penetrando, lenta y cuidadosamente, en las fibras más íntimas de cada uno, hurgando en ellos, descomponiéndolos y volviéndolos a componer, sin perder, ni por un momento, el contexto en el cual se inscriben.
Y es así que el amor va cobrando fuerza, significación y un peso tangible en la producción del poeta y develando aspectos ignorados o no dimensionados, tal como se expresara en los objetivos de la investigación que el libro encierra y al tiempo que quedarán, seguramente, muchos otros para seguir descubriendo.

La propia autora señala hacia el final del trabajo que: “queda abierta una Darnauchans da lugar a los que no tienen voz, rescata la memoria, reprocha la muerte y sobre todo AMA”.

Nos gustaría fundamentar lo antes parafraseado y absolutamente compartido desde nuestra perspectiva, no sin antes señalar, con absoluta honestidad, que el libro nos tentó a una lectura mucho más comprometida de la obra de este poeta. Entonces Silvia, objetivo cumplido, porque no tenemos dudas que este ha sido uno de los grandes motores que impulsaron “Oficio de zurcidor”.
Decíamos que nos gustaría fundamentar lo dicho, con la propia poesía del autor, a través de dos estrofas y solamente dos, de una de las canciones emblemáticas de Darnauchans, pues quien se atrevería a leer más después de haber escuchado sus versos a través de la mágica interpretación que Silvia hace de ellos y que tantas veces nos han deleitado. Pero sentimos que no hay mejor manifestación que las propias palabras del creador para fundamentar lo expresado:

“Cuando te sientas sola
frente a la oscura puerta
y aquella lluvia incierta
toque tu sien y corra

Recuérdame mi mejor vez
recuérdame
la espina no, la flor
la flor, si es que hubo flor…”

Pero permítasenos, además, para ir dando fin a este compartir, formular una pregunta, que termina por convertirse en retórica puesto que va unida a una reflexión final:
¿Cuántos zurcidores hay realmente aquí?

A través de un desplazamiento metonímico y parodiando lo que Silvia menciona con respecto a: “el violinista callejero que hace zumbar el arco y en el cual el movimiento del brazo al pasar dicho arco por las cuerdas del violín, es el mismo que el de un zurcidor con su aguja”, pensamos, a título personal, pero como consecuencia de lo que este libro encierra, que también ella es una zurcidora y vean por qué, porque su lápiz es la aguja que se apoya y deja su huella en el papel, que es la tela, lápiz/aguja que se levanta mientras piensa y vuelve a bajar y a deslizarse sobre el papel/ tela, para dejar una y otra y otra vez, su marca indeleble . Por eso, de verdad y con toda nuestra voz, no podemos dejar de decir y sobre todo de sentir: ¡qué bien maneja Silvia “El oficio de zurcidor”!

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