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Tenemos que discutir el tema del monopolio de una Universidad pública y cogobernada
Dra. en Sociología Adriana Marrero
Estos elementos constitutivos de nuestra universidad y de nuestro sistema educativo, hasta qué punto son, efectivamente, rasgos progresistas o no en términos de alcanzar la inclusión social y la expansión matricular.
SITUACION DE LA EDUCACION EN SUDAMERICA
El pasado 17 de octubre se realizó en la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar, el Coloquio Internacional: "Universidades en cuestión. Expansión e inclusión de la Educación Superior en el Cono Sur". La coordinación del evento estuvo a cargo de Adriana Marrero, responsable de Riaipe3-Alfa III, Ricardo Ehrlich, Ministro de Educación y Cultura y Ana Castro directora internacional de la Udelar, dieron inicio al Coloquio. Entre quienes hablaron de la expansión e Inclusión en los distintos Sistemas de ES del Cono Sur, estuvieron Carlos Azócar: el caso chileno (UNAM), Analía Otero: Argentina (Conicet-Flacso), Christian Muleka: Brasil (UNISUL) y Adriana Marrero: Uruguay (UdelaR) este panel fue moderado por el Dr. Daniel Chasquetti (FCS- UdelaR.) Lo que sigue son los conceptos más destacados de la exposición en este coloquio de la Dra. en Sociología Adriana Marrero, tomados por La ONDA digital.
Estamos cerrando prácticamente el Coloquio y, verdaderamente, lo que nosotros queríamos como grupo, como equipo de esta red es poner en discusión algunas cuestiones que están naturalizadas, prácticamente invisibles en nuestro sistema educativo universitario y que son, simplemente, cierto tipo de figuras míticas que forman un imaginario sobre lo que debe ser una universidad y que yo creo que tenemos que poner sobre la mesa para discutirlas de verdad. Como se dijo hoy; acá tenemos muchos diagnósticos y tenemos una idea clara de cómo es la situación en Uruguay. También tenemos mucha información de Uruguay en sí. Es decir, sabemos que es un país con un territorio - en términos latinoamericanos - muy accesible: sin barreras geográficas, sin barreras culturales, sin barreras étnicas demasiado importantes. Y, sin embargo, estamos en una situación de estancamiento matricular que es sumamente fuerte.
Lo que realmente me interesaba poner en la consideración de ustedes, pero sobre todo en debate, es la vigencia de algunos de estos elementos constitutivos de nuestra universidad y de nuestro sistema educativo y ver - hasta qué punto - esos son, efectivamente, rasgos progresistas o no en términos de alcanzar la inclusión social y la expansión matricular.
Nosotros estamos en un sistema que - a diferencia de lo que señalaron acá algunos colegas, sobre todo el caso de Chile y el caso de Brasil - en un sistema de educación que es muy mayoritariamente público (prácticamente en un 80% a todos los niveles) y que está fundado sobre un armazón que es constitucional - en primer lugar - donde se contempla la existencia de una universidad (que es la Universidad de la República) que, posiblemente, ya esté a punto de perder su monopolio como universidad dentro del Uruguay, pero que ejerce - efectivamente - un monopolio real.
Si alguien quiere acceder a una universidad pública hay una y sólo una y es la Universidad donde estamos nosotros ahora. Yo la escuchaba a Analía hablar sobre los planes de extensión de la universidad en el territorio argentino, justamente, atendiendo a estas cuestiones de la pertinencia y de las necesidades de cada tipo de población y de un modelo de desarrollo y pensaba: “¡caramba, parece que fuera muchísimo más fácil crear nuevas universidades que lograr que una universidad se extienda un poco y alcance a lugares que están virtualmente privados de educación universitaria!
EL tema del monopolio es un tema interesante y muy peculiar del Uruguay que tenemos que discutirlo con franqueza y con sinceridad. Este tema del monopolio genera una serie de cosas que tienen que ver con que los estudiantes pobres, que no pueden pagar una matrícula privada, quedan necesariamente cautivos de esta universidad. Pero que también los docentes estamos cautivos de una universidad en la cual, si no nos encontramos a gusto, si no nos encontramos bien, no puede haber otra universidad pública que venga a pujar por nosotros, a buscarnos, etc.
Yo recuerdo una anécdota que tiene cierta gracia. Una vez en Washington estuve hablando con un profesor de Educación Comparada y este profesor me decía: “Ah, bueno, pero el caso de Uruguay es muy diferente, porque ustedes tienen un sistema socialista”. Esto me lo estaba diciendo en el año 2001 y yo estuve a punto de agarrar el facón para atacarlo, porque ¡cómo en una época donde un gobierno como el de Jorge Batlle me viene a decir este señor - que, además, estaba muy al tanto de la situación uruguaya - que vivimos en un sistema socialista! Y él me preguntaba también:
“¿Hay algo que se pueda hacer dentro de su universidad para que le aumenten el salario? ¿Puede trabajar más? ¿Puede publicar más y entonces su universidad la va a premiar con un mayor salario?”. No, le dije, no.
Y agregaba: “Y si usted pertenece a una mejor categoría de docentes, ¿todos los demás, trabajen o no trabajen, van a cobrar lo mismo que usted?” Sí. “Socialismo” (risas)
Esto me llevó a tratar de darme cuenta de los supuestos implícitos e invisibles en los cuales estamos metidos. Es decir, hay una universidad, hay un monopolio de la formación pública a todos los niveles. Todo el sistema primario, secundario y de formación docente depende de un solo organismo que es la ANEP. Y la ANEP tiene, al igual que la universidad, unos determinados rasgos que generan, también, formas de exclusión y formas de cierre social. Alguien aquí decía hoy: “no sé si alguien quiere hoy y aquí un Ministerio de Educación”. Y me resultó muy interesante la reflexión porque, curiosamente, tenemos un Ministerio de Educación. Sin ir más lejos, hoy quién abrió esta mesa tiene el cargo de ministro de Educación.
Ahora, ese ministro de Educación no tiene ingerencia alguna en la definición a largo plazo de políticas estatales de Educación. ¿Por qué? Porque los organismos de la Educación, la ANEP, que se encarga desde la educación inicial hasta la educación preuniversitaria, la educación técnica y de la formación docente, por un lado, y por el otro lado la única universidad pública que tiene el país, que es la Universidad de la República, son entes autónomos. Y no son unos entes autónomos cualquiera, son los más autónomos de todos los entes autónomos que tiene la Constitución.
Esto tiene también, por supuesto, problemas que son internos al sistema educativo y - por otro lado - problemas que tienen que ver a nivel de políticas públicas educativas. Por un lado tenemos la idea de esta desconexión entre aquellos lugares donde se formulan políticas públicas, que es a nivel de gobierno y con perspectiva de políticas de Estado y las propias políticas internas de cada uno de los Entes Autónomos, que pueden ir por cualquier lado. Y por otro lado, el problema de la desconexión entre lo preuniversitario y lo universitario, dado que se trata de entes autónomos totalmente diferentes y - durante mucho tiempo - totalmente distintos en su forma de concepción y en su forma de organización política.
Son además - en el caso de la Universidad de la República y cada vez más, también, en el caso de estas universidades que se van creando y ahora, también, en el caso de la ANEP - cogobernados.
El cogobierno es uno de los principios más queridos a partir de Córdoba, a partir del 18, en las universidades. Aquí hay un problema que yo también quisiera plantear, pero para el debate. Nosotros no podemos dar por supuesto que una Universidad tiene que ser, por supuesto, cogobernada. Aquí no estoy diciendo que yo esté a favor o en contra del cogobierno, porque todavía no se está hablando - ni siquiera está expuesto sobre la mesa - de modelos alternativos al cogobierno.
Pero lo cierto es que el cogobierno es la expresión actual del origen corporativista de la Universidad Medieval. Es decir, ¿quiénes formaban parte de los gobiernos en las universidades medievales, cuando las universidades empezaron a surgir? Bueno, las agremiaciones. A falta de un Estado, de un concepto de Estado-nación, fundado en que la soberanía radica en la nación, radica verdaderamente en las personas y no radica ni en el Estado ni en las corporaciones, se generan - no obstante ello - unas instituciones donde la soberanía deja de residir en la Nación. Porque la soberanía que la nación expresa en las urnas, no tiene manera de reflejarse en las políticas educativas de estos entes autónomos cogobernados.
Esto genera, por supuesto, nuevas formas de cierre social. Es decir, si tenemos corporaciones sentadas, decidiendo políticas educativas, las corporaciones - lógicamente - van a tratar de responder a intereses que son intereses corporativos. Una hipótesis que me gustaría explorar, es hasta qué punto las dificultades de expansión de los post-grados que tenemos no son una expresión de intereses, por un lado de estudiantes, que ven que cuando se les alarga la carrera se les devalúa el título que están por conseguir y, por otro lado, cierres de los egresados que tienen ya su propio mercado, cautivo, profesional y que ven en cierto tipo de medidas (por ejemplo, la expansión del egreso, la facilitación del egreso, el aumento de la matrícula), una manera de perder lugar dentro de un terreno profesional. Y los docentes, por supuesto. Los docentes, que tenemos que encarar la enseñanza en situaciones masificadas, en situaciones complejas, en situaciones de una población diversa, posiblemente también estemos - aún sin quererlo - tratando de manejar esa masividad a través de una restricción o una fuerte selección de los estudiantes en los primeros años de la carrera.
En cuanto a nuevas formas de cierre social, por ejemplo, a mí me llama muchísimo la atención el modo cómo las ciencias sociales no avanzan en términos de post-grado. En las ciencias básicas y en las ingenierías, a veces - ni siquiera - es necesario haber terminado la Licenciatura para empezar la Maestría, sin convocatoria previa. Simplemente alguien está terminando la Licenciatura y con un proyecto de investigación, pasa bajo la tutoría de algún docente, se inserta en algún equipo de investigación, hace ciertos cursos que necesita y, a partir de allí, hace su tesis de Maestría y directamente al Doctorado, que también es un trabajo de investigación. Nosotros estamos convocando cada tres años al Doctorado, haciendo una selección durísima, donde nos quedan ocho candidatos (dos por Licenciatura) para que finalmente ellos puedan, tal vez, obtener un título en algún momento.
Esto, por supuesto, tiene consecuencias a nivel de la posibilidad de delinear políticas públicas pero sobre todo, de democratización del conocimiento y del ejercicio efectivo del derecho a la educación y del derecho a ejercer la soberanía en términos educativos. Cuando las personas votan, votan programas y, dentro de los programas, votan también programas educativos.
Ahora, ¿qué programa educativo o qué política educativa puede proponer un candidato a la presidencia de la República, si los entes que lo van a llevar a cabo, son autónomos? Y no solamente autónomos, sino gobernados por corporaciones.
Yo tengo la sospecha de que estas cuestiones son cuestiones que nosotros tenemos que discutir, que poner sobre la mesa. No es algo que se caiga de maduro que nosotros tenemos que darle autonomía al cogobierno a cada institución de educación superior que se vaya a crear.
Tenemos que pensar, efectivamente, en darle voz y darle una expresión concreta a aquellas personas que no son ni estudiantes universitarios, ni docentes universitarios, ni egresados universitarios. Todos estos que no pertenecen a la universidad son personas que quedan sin voz, son personas que no pueden reclamar una universidad, o no pueden reclamar un local y no tienen ninguna incidencia en las políticas educativas del país. Y egresados, estudiantes y docentes de la Universidad - como vimos esta mañana - somos muy poquitos. La mayoría de las personas no pueden opinar acerca de si quieren que la Universidad de la República tenga una sede en Río Negro, o tenga una sede en donde sea, o qué tipo de políticas, o qué tipo de becas, o qué tipo de forma de extensión social y qué impulso a la investigación y qué modelo de desarrollo que, finalmente, es lo que importa.
Es decir, que cada una de las políticas educativas que pueda planearse, tiene que estar ligada con un modelo de desarrollo de país a largo plazo. Y eso es algo que las universidades, a veces muy, muy metidas dentro de sus propias dificultades y dentro de sus propias contradicciones, son incapaces de planear, pero además, de llevar a cabo. ¿Por qué? Bueno, porque primero tienen que convencer al poder político para que le den los recursos para que - ella sola - lleve adelante una política hacia adelante.
Yo quería plantear esto. Yo sé que es algo que no es un tema popular - por decirlo de alguna manera - no es un tema simpático. Pero creo que tenemos que plantearnos, de una vez por todas, esto del monopolio de la universidad pública y de la restricción a la creación de nuevas universidades y de nuevas formas de generar educación superior.
Aquí ranking mundial de universidades
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