El Frente en la deriva de los medios
Por Joselo Olascuaga*

¿De qué puede acusar el FA a su oposición? ¿De oligárquica entreguista al imperialismo yanqui? De eso la acusa Chávez, Correa, Evo, Cristina, pero el FA, al revés, se mimetiza cada vez más en la ideología original de su oposición, como hizo la Concertación chilena. No le queda otra: los medios le marcan el camino en su deriva derechista. El camino y las palabras, y hasta el idioma de la música.

Acá todos los periodistas saben que tienen que desinformar enfocando desde la derecha, así en Adinet Noticias como en Televisión Nacional del Uruguay -y por supuesto 4-10-12-. Acá es imposible que aparezca un Capusotto, un Feinman, un Dolina, un Víctor Hugo. Serían kamikazes. Nadie confronta con la censura, que es ejercida por un oligopolio. Domina la ideología neoliberal dura, porque Uruguay se transformó en destino de fuga de capitales de Brasil y Argentina y ningún paraíso regional puede ser gobernado por la izquierda -no lo es Bélgica, ni Suiza ni Mónaco-, entonces la única diferencia la hace el desgaste de gestión y los distintos énfasis pro seguridad, antiargentinos, antivenezolanos (compiten el gobierno con su oposición a ver cuál es más antilatinoamericano, proyanqui y proeuropeo), como ocurrió en España, como ocurrió en Chile.

Hace poco leí a Valenti atacar el relato del gobierno argentino argumentando con el riesgo país (ya ni Macri lo hace). Para gobernar con los criterios de las calificadoras estadounidenses es más coherente que gobiernen directamente Clarín, El País, El Observador, El Mercurio. Eso la gente lo comprende y se despolitiza. En cambio Chávez da la batalla y la gana. Correa lleva a Ramonet a jugar el partido contra los medios, asila a Assange, lucha, Cristina también -con éxitos y contrastes, pero si es derrotada será peleando y haciendo la suya-. Es triste que en Uruguay lo único que puede salvar un próximo período del FA, dada la correlación de medios, es el manejo experto de Tabaré Vázquez llegado el momento. Y no es seguro.

No hay otra opción de poder para el pueblo uruguayo que el FA y bastante nos costó tenerla, pero renunciando al poder a manos de La Tele, de Romay (que son grupos de la oposición argentina) y de Clarín y de La Nación y de sus representantes acá (que por sus vínculos algunos dirigen en el FA más que muchos dirigentes electos, porque inciden en medios estatales que parecen el partido de Carrillo, son meramente testimoniales), al FA lo perdemos, a la mediana, también como opción de gobierno. Antes el mensaje de los canales venía con el ruido que les hacía la dictadura o los gobiernos de derecha, en cambio ahora, si a Telenoche 4 no lo marca nadie, si a La Tele no la marca nadie, siguen medrando y llevándonos de a rastras. Ya perdimos la mayoría absoluta en votos, cuando los gobiernos de izquierda del ALBA y el de Argentina supieron crecer en votos. Ahora, para colmo, Vargas llosa nos declara su izquierda predilecta como había hecho con la Concertación y con el PSOE. Sólo faltaba que la embajadora de EEUU dijera que nos quiere de playa de desembarco romperresistencias.

Las amenazas

La competencia entre potencias que se expanden es una característica del mundo que vino, pero expresado así parece aquello de que todos los políticos son iguales. El mundo es una competencia entre políticos que aspiran al poder, pero eso no dice mucho. En la segunda guerra mundial la potencia más terrorista del capital financiero imperialista fue Alemania, esa competencia felizmente la ganaron otras potencias que se expandieron. A principios del siglo pasado el enemigo principal imperialista, pese a la competencia interimperialista, era Inglaterra, por eso Batlle y Ordóñez hacía dos tácticas (con toda la ambigüedad sin pruritos de la fórmula) hasta con Estados Unidos contra Inglaterra. Hoy las dos tácticas las hace el BRICS con el islamismo, China con Africa, Latinoamérica como bloque contra Estados Unidos y parte de Europa, que es la alianza potencial que amenaza y actúa como gendarme del mundo. Cuando Obama dice que no considera a Venezuela una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos de Norteamérica, está amenazando considerarla, por la simple aceptación de esa posibilidad, una posibilidad absurda -pero ya se sabe lo que eso quiere decir, por absurdo que sea-. Las dificultades, las grandes dificultades de los antiimperialistas en el mundo son dos: entender el carácter de los distintos sectores de la alta burguesía y todo lo relativo a fuerzas armadas. Bloque histórico y bloque de poder, vías y medios. Algunas fuerzas políticas gubernamentales están bastantes finas en estas discusiones, desde Pekín a Brasilia, pasando por Saigón, pero en el Frente Amplio (que hizo punta en estos temas con las polémicas entre Vivian Trías y Rodney Arismendi hace más de cincuenta años), la elaboración de Hugo Cores fue un remanente postrero y ya después, una mala interpretación del único principio irrenunciable (ganar y seguir ganando) nos ahogó la cabeza entera en la cotidiana renuncia a la estrategia y, más profundamente, a la teoría.

Tuvimos y seguimos teniendo líderes eficaces: Seregni, Araújo, Vázquez, Mujica y un artífice de la estabilidad, Astori, pero la teoría que pueda resumir, guiar y disputar la dirección de la sociedad a fondo, de sus máquinas de producción de subjetividad, nos quedó en el tintero de aquellos temas porque, entre otros motivos, al asumir el gobierno nacional, el Frente Amplio se mimetizó en su gabinete ministerial, desapareció como fuerza política independiente y perdió así toda capacidad de proponer y decidir.

El poder de la subjetividad
En América Latina y en el mundo, es cada vez más urgente independizar la dirección de las fuerzas políticas de la dirección de los gobiernos, porque éstos dependen de las correlaciones de fuerzas que aquellas operan, especialmente de las mediáticas, que deciden qué máquinas de subjetivad se imponen con sus palabras, prohibiendo otras, ejerciendo la censura y fijando el canon -no sólo la agenda- informativo.

Por ejemplo, el ministro de Educación de Piñera recientemente prohibió la palabra “dictadura” para referirse al “régimen” militar de Pinochet.

Fue una burrada política de su parte, pero sólo porque la correlación de subjetividades del Chile actual no le da para operar con esas palabras (tampoco les dio en Uruguay a sus correligionarios para imponer “régimen de facto”), pero sí les dio en España a los franquistas de la “cultura de la transición” que impusieron “guerra civil” en vez de golpe de Estado fascista y resistencia popular. No le da en Chile al señor ministro porque el sistema político (bastante español él, el más español de América del Sur -y esto, en España como en Chile, por errores de sus partidos comunistas, que dejaron a los socialimperialistas (palabra prohibidísima, pero en fin…) con las manos libres-) está muy alicaído, la gente lo percibe como un todo acordado y los índices de aprobación de Piñera y de Bachelet no llegan al 25% (la concertación tiene unos puntitos más de aprobación que la coalición de Piñera, pero ninguno supera esa cota, mientras el 90% de la población dice respaldar las reivindicaciones de los estudiantes), entonces la respuesta la tiene el movimiento social y éste no entra en el juego. Aunque han querido aislarlo, a esta altura no está muy claro quién aisló a quién. Ya “dictadura militar” era un eufemismo de “dictadura fascista” (no sólo militar, ni principalmente), pero el encaje también cívico de las dictaduras del Plan Cóndor, tuvo que ver con dos palabras que nos han prohibido con gran éxito en nuestro país: “oligarquía” e “imperialismo”.

En política internacional sí que también existen los signos ideológicos. En situaciones similares (y similares a la nuestra en cuanto a la relación entre lo regional y lo global) Croacia fue la aliada natural de los nazis en Los Balcanes y Hungría lo fue en Centroeuropa. Sin embargo Euskadi no lo fue, por motivos ideológicos, puramente subjetivos: su fuerte tradición republicana. En Uruguay cuenta y sigue contando la tradición ideológica de Artigas, de Leandro (que resistió hasta sucumbir la guerra contra el Paraguay impulsada por Inglaterra) de Batlle y Ordóñez, de Seregni... sin embargo, también tenemos una fea historia de enclave colonial e imperial, y hemos aprovechado mezquinamente la bronca entre Estados Unidos -y su ALCA primero, sus TLC después y después TIFA- y el MERCOSUR. Tampoco podíamos hacer algo muy distinto, sin pagar un gran precio político, porque carecemos de una televisión pública que se diferencie, como la argentina o de un canal, como el 8 estatal venezolano, que enfrenta eficazmente a los otros tres canales al aire y a CNN y a TVE.

Según Adinet Noticias, el pueblo venezolano eligió entre "perpetuar" a Chávez en el poder o el cambio con Capriles. Los medios de comunicación del Estado uruguayo en general coinciden con el derechista canon mediático dominante y agreden a los pueblos, pero a veces se les va la mano: ni CNN tituló que esa era la intención del voto rojo en Venezuela. El pueblo venezolano reeligió a Chávez para un nuevo período de gobierno, ni más ni menos.

El único discurso aceptado en nuestros medios masivos es el de Alfonso Lessa, el de la derecha, seguido a pie juntillas por los herederos de ciertas erradas tradiciones anitipolpulistas de izquierda. También la izquierda tiene tradiciones erradas; sólo algunas, pero son las únicas de recibo en el canon informativo nacional.

*Escritor periodista
www.joseloolascuaga.blogspot.com

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