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El arte ha cambiado hacia el escándalo, “yo no pinto gordas”
Por Fernando Botero
“Yo no pinto gordas. No he pintado una gorda en mi vida. Lo que he hecho es expresar el volumen como parte de la sensualidad”.
Un caballo de tonelada y media de peso de Fernando Botero anticipa desde la principal arteria de Bilbao la retrospectiva que el Museo de Bellas Artes de esa ciudad del norte español dedicará a partir del 8 octubre a la obra del artista colombiano con motivo de su cumpleaños número 80.
La imponente escultura, titulada Caballo con bridas, realizada en bronce pulido, de tres metros de alto y 1.610 kilos de peso, fue descubierta por el director del museo, Javier Viar, ante el público, que podrá contemplarla y hacerse fotos junto a ella libremente.
La monumental obra, explicó Viar a la prensa, es uno de los mejores ejemplos de la creación de Fernando Botero en materia escultórica a lo largo de su extensa carrera profesional, que se prolonga desde hace 65 años.
Que Fernando Botero es a sus 80 años un hombre activo se nota enseguida, en cuanto empieza a hablar de manera rápida y ágil, con precisión en sus juicios y encarando las críticas con elegancia. El pintor de las figuras gordas insiste en que él nunca ha pintado gordos: todo, desde la manzana de un bodegón hasta el caballo como el que hay plantado en la Gran Vía de Bilbao, obedecen a un mismo estilo, que ensalza las curvas, lo cual es una cosa distinta a la gordura.
En su obra está el oficio, el dibujo, el control sobre el color, cosas que ahora en el arte apenas se tienen en cuenta. A lo que responde; “Me he sentido a contracorriente en este aspecto y estoy orgulloso de ello. Ahora a nadie le importa saber dibujar o pintar de una manera sincera y honesta. El arte que se dice conceptual va en contra de todo eso. Es una situación absurda. Conceptual ha sido la escultura de los griegos clásicos y la pintura de Giotto, mientras que el arte de los conceptuales me parece pobre y miserable, contrario a lo que debería ser, alto y maravilloso”.
- Sesenta y cinco años pintando. ¿Cómo ha evolucionado su estilo, porque incluso tuvo una época en la que pintaba figuras estilizadas? - Sí, como el Greco o Picasso. Tuve mi momento en el que me impresionó mucho la pintura de Picasso, siendo muy joven, pero son influencias normales. Después he cultivado el volumen, pero uno siente una evolución, no un cambio en el estilo. El Greco o Boticelli pintaron "grecos" o "boticellis" toda la vida. El único que tuvo el talento de pintar en varios estilos fue Picasso, pero eso no es lo normal.
- Usted siempre dice que no pinta gordas, que lo que le importa es el volumen - Lo he dicho muchas veces: no he pintado una gorda en mi vida. He expresado el volumen, he buscado darle protagonismo al volumen, hacerlo más plástico, más monumental, como si fuera casi comida, arte comestible. El arte debe ser sensual: en ese sentido lo digo.
-También predominan los temas amables - Sí, mi pintura es sobre temas más bien amables, porque la pintura se ha hecho sobre temas amables. Uno ve que los pintores han trabajado en la exaltación de la vida, en medio de grandes tragedias. Por ejemplo, el impresionismo: ¿quién ha conocido un cuadro impresionista deprimente?. Y eso entre guerras y tragedias, pero la pintura mantenía una actitud positiva ante la vida.
Hoy en día es distinto. El arte ha cambiado hacia una postura de producir un escándalo, un shock. Tradicionalmente, no era lo que se hacía.
- Parece que no le convence mucho el arte actual - No se puede reemplazar la pintura por cosas que tienen que ver más con la televisión, como el video, o con el teatro, como las instalaciones. La pintura es pintar sobre una superficie plana para expresar algo con formas y existirá siempre. Lo otro es otra cosa.
- Hablando de arte moderno. Estamos en Bilbao al lado del Museo Guggenheim de Frank Ghery, pero sus obras se exponen en el clásico de Bellas Artes - El Guggenheim me impresiona muchísimo como arquitectura, pero este museo (el de Bellas artes), como todo museo, es un sitio neutro, minimalista, sin otra pretensión que no sea la de mostrar la pintura, sin distracciones.
- La amabilidad predomina en su arte, pero de vez en cuando empresa su compromiso social y pinta cuadros sobre la tortura. ¿Cree que la actual crisis europea puede ser un motivo de inspiración? - La situación en Europa no es pintable: tiene más que ver con números que con otra cosa. La tortura era un caso muy especial que merecía que la pintura se encargara de él.
- Cuando un tema le deslumbra -los toros, el circo, la iglesia-, pinta sobre él durante un determinado periodo. ¿Hay algún tema ahora que le absorba? - No, no trabajo en ninguna serie, no siempre hay ese entusiasmo por un tema. El último fue el del vía crucis. Ahora vuelvo a los temas eternos de la pintura, las naturalezas muertas, los personajes.
- Los toros fueron uno de esos temas absorbentes. ¿Qué le parece la prohibición de las corridas de toros en Cataluña y Bogotá? - A mí me parece muy mal, porque todo el mundo tiene derecho a tener aficiones. No es la única cosa cruel que hay en la vida: la cacería, la pesca son crueles. La gente que come langostas y las echa a la olla también es cruel, pero nadie dice nada. Habrá que inventar un comité para la defensa de las langostas.
(II) - Su estilo es reconocible a primera vista. ¿No tiene miedo a repetirse? - El estilo es algo que se consigue con una selección progresiva de los hallazgos de cada uno como artista. Contiene un intensa reflexión vital, una búsqueda de la excelencia. Puede variar de la juventud a la vejez, pero yo creo que en el estilo más conseguido debe haber una continuidad. No hay nada malo en ello. Velázquez tuvo su estilo, lo mismo que Botticelli, Ingrès, Tiziano y Vermeer.
- A usted se le conoce como 'el pintor de los gordos' - Desde mis primeras obras me interesé por el problema del volumen. Expuse en Bogotá, en 1949, tres acuarelas en las que se mostraban esas figuras excesivas, a las que puse bocas pequeñas para que resaltaran como contraste. No he pintado un gordo en mi vida. Jamás he hecho un comentario social sobre la gordura en mi obra. Si así fuera, entonces también podría decirse que he pintado manzanas y caballos gordos, y eso no tiene sentido. Mi interés ha consistido en celebrar las formas generosas y monumentales. Sí, he creído que tenía que ensalzar la monumentalidad.
- Entre los temas de la muestra, el de los toros representa su afición más antigua - Mi tío me llevaba a las plazas desde que cumplí los quince años. Pero no pinto toros sólo por eso, sino también porque una corrida delimita el espacio y ofrece los colores con los que se puede sentir bien un pintor como yo. Todos los artistas estamos destinados a hacer lo mismo, aunque debemos hacerlo de forma muy distinta los unos de los otros. Mis toros no pueden ser de ninguna manera los de Goya, por mucho que los admire. La tauromaquia es un tema muy antiguo que incesantemente dice cosas nuevas.
- ¿También le gusta el circo por su colores? - Claro. Te inspiran y en cierto modo te facilitan las cosas. Imagínese algo gris, un paisaje, lo que sea: darle color sería de lo más artificioso. Y también elegí el tema del clero por su colorido: ¡Qué forma tan extravagante de vestir la de un cardenal! Ese color rojo resulta inesperado, exótico. Nadie puede salir a la calle de esa manera, excepto ellos.
- ¿Y su serie sobre el Via Crucis? Es quizá la más dramática de su carrera - Sí. Yo no me siento muy inclinado hacia las cosas de la Iglesia, pero tengo un gran respeto por el sentimiento religioso. Esa clase de imágenes como las del Via Crucis era prácticamente lo único que se hacía en los siglos cruciales de la pintura, el XIV, el XV, el XVI. Ya nadie las pinta, y por todas estas cosas me decidí a hacerlo yo. He pintado a Cristo torturado, rodeado de policías latinoamericanos, de favelas. Le he dado un ambiente latino al Via Crucis. Pero, por lo demás, siempre he intentado hacer un arte amable.
- ¿Naíf? - Bueno, mire, la pintura siempre ha sido optimista y vital, salvo algunas excepciones. Hay miles de cuadros impresionistas y no encontrará nunca uno de ellos hundido en el pesimismo. Y eso que aquellos pintores tenían problemas familiares y vivieron una época, la de finales del siglo XIX y principios del XX, muy turbulenta. No hay dolor en Tiziano o en Velázquez. Sí lo hay en Goya, pero en obras muy específicas. Y lo mismo podría decirse de Picasso, con su 'Guernica'.
- Usted tiene los murales de Abu Ghraib, sobre las torturas de los marines a los presos iraquíes - Esa es una de mis excepciones, como lo han sido también algunas obras relacionadas con situaciones en Latinoamérica llenas de hipocresía. Todos sufrimos el impacto de aquellas imágenes en las que los soldados torturaban a presos iraquíes en la misma cárcel en que Sadam Hussein había torturado a los disidentes. Los mismos que prometían la liberación llevaban a los detenidos a cárceles como Guantánamo, sin posibilidad de tener un juicio justo.
- Pero las fotografías mostraban a los soldados, no a las víctimas, como hace usted - Sí, yo he pintado sobre todo a las víctimas porque las veía como personajes bíblicos a los que pisoteaban su cultura milenaria, además de infligirles la tortura de manera personal.
- ¿Son estos murales para usted el equivalente a lo que fue el 'Guernica' para Picasso? - Ya quisiera yo parecerme a Picasso. Pero sí que hay algo que une a ambas obras, el deseo de plasmar una situación muy cruel e injusta.
- El gran público acude siempre a sus exposiciones - Me siento muy satisfecho de tener esa comunicación con personas que no suelen acercarse al mundo del arte, aunque algunos consideren mi obra trasnochada y prostituida precisamente porque puede establecer ese vínculo. Hay quien piensa que si el arte se entiende, deja de serlo. Es ridículo.
Fuente: 1º Parte de EFE - BILBAO 2º Parte hoy.es; Iñaki Esteban -Bilbao
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