Sanguinetti y Lacalle: candidatos naturales
Por Raúl Legnani
Urumex80@gmail.com

A partir de los años 80 los partidos tradicionales, jugaron un destacado papel en la lucha contra la dictadura. En los años anteriores se habían afiliado a la tesis de “desensillar hasta que aclare”, mientras a la izquierda el fascismo se la devoraba capturando de a uno a los patriotas del Frente Amplio.

Desde el plebiscito de 1980, cuando la ciudadanía uruguaya logró quebrar la reforma constitucional de los dictadores, hasta las elecciones nacionales de 1984, que terminaron con el régimen de facto, pareció vivirse una actualización política ideológica de blancos y colorados, que sugería en el horizonte político la posibilidad de que ciertas ideas progresistas ingresaran a esas colectividades.

El profesor Manuel Flores Silva constituyó la Corriente Batllista Independiente, que apuntó a recobrar las mejores ideas republicanas y progresistas de esa colectividad política.

Fue así que todos tuvimos la sensación de que la reconstrucción ideológica del viejo batllismo, estaba a la vuelta de la esquina, pero no fue así.

Algo similar ocurrió en el Partido Nacional, pero con un factor propio: el wilsonismo se quebró con la muerte de su líder, Wilson Ferreira Aldunate. Fue así que su hijo Juan Raúl Ferreira, presidente en el exilio de la Convergencia Democrática en Uruguay (confluencia de blancos y marxistas), perdió caudal electoral y se disolvió como un terrón de azúcar una tasa de café.

La posibilidad de la renovación de los partidos tradicionales, no fue por el carril izquierdo, sino por el derecho. El nacionalista Luis Alberto Lacalle, se afilió a las tesis neoliberales que predominaban en el mundo y con ese programa llegó a la Presidencia de la República. Más cercano a nuestros días, apareció Jorge Larrañaga en una postura más centrista, pero el núcleo ideológico de los blancos quedó concentrado en el Herrerismo, liderado por Lacalle
.
En el Partido Colorado, luego de navegar por el centro-derecha del sistema político, terminó pariendo a Juan Pedro Bordaberry, un hombre conservador e hijo del dictador Juan María Bordaberry, que terminó por destrozar el intento de la reconstrucción batllista que sin suerte había iniciado Flores Silva y otros.

La conclusión de este rápido pantallazo de la evolución del pensamiento de las dos colectividades históricas, es que la renovación fue por la derecha, lo que ha llevado a que los intentos renovadores por el carril del batllismo hoy no tengan peso decisivo.
Lo mismo pasa en el Partido Nacional donde Juan Raúl Ferreira y otros han sentido el mismo peso de la derrota, por más que en filas de ambos partidos haya políticos que bien se les podría catalogar de progresistas.

Estamos, entonces, ante una clara falta de liderazgo en esas fuerzas políticas, que expresen un claro sentir progresista, modernizadoras, con capacidad de autocrítica sobre sus involuciones políticas e ideológicas.

Al no existir en esas fuerzas una gran capacidad para revisar el pasado - lo bueno y lo malo de cada historia-, todo indica que presentarán en las próximas elecciones nacionales más de lo mismo.

Da la sensación de que el Partido Colorado va rumbo a transformarse en la principal fuerza del pensamiento derechista y que acepta, para estas elecciones, un cómodo tercer lugar.

A la vez en el Partido Nacional existe la esperanza de poder competir con el Frente Amplio si es que hay balotaje, lo que no le será sencillo. Porque el pensamiento más sólido, más elaborado, sigue estando en las cabezas de Lacalle y de Ignacio de Posadas, que no se han apartado del más crudo neoliberalismo, por más que escriban columnas simpáticas en El País.

Si la política fuera una materia justa del pensamiento, no hay la menor duda de que Lacalle y el doctor Julio María Sanguinetti tendrían que ser los candidatos a la Presidencia de las República, por ambas colectividades políticas. Es que ambos son lo más preparados y los más coherentes y, además, biológicamente están, por suerte, muy bien.

Son los candidatos naturales, claro que del pensamiento conservador, más cuando las nuevas ideas no surgen con naturalidad en los viejos partidos. Seguramente porque no tienen líderes que intenten, otra vez, la reconstrucción del batllismo y del wilsonismo, que se sienten cómodos en el FA.

Maestro y periodista
*Publicada el 6 de noviembre en La República

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