Experiencia histórica
El prototipo argentino

Por el profesor José Luís Fiori*

A comienzos del siglo XX, la Argentina
estaba entre los siete países más
ricos del mundo.

Fue en 1949, que Raul Prebish (1901-1986) publicó su famosa crítica de la teoría de las “ventajas comparativas” y formuló su teoría del desarrollo económico “periférico”, basado en la experiencia histórica de la Argentina. Las ideas de Prebish ocuparon un lugar central en el “debate del desarrollo”, de la segunda mitad del siglo XX, pero la Argentina acabó transformándose en el prototipo del “modelo primario-exportador” incapaz de industrializarse y que habría quedado a la deriva, después de la crisis de 1930. Su historia económica, sin embargo, no parece confirmar este pesimismo, porque a pesar de sus grandes crisis y depresiones cíclicas, en el largo plazo, el desarrollo argentino tuvo éxito, desde el punto de vista de los indicadores clásicos utilizados por los economistas, incluso después de los años 30..

Como en los Estados Unidos, Alemania y Japón, la Argentina también vivió una extraordinaria transformación económica y social, entre 1870 y 1920. Fue su “edad de oro”, porque, en 40 años, su territorio más que se triplicó; su población se multiplicó por cinco; su red ferroviaria pasó de 500 a 31100 km; y su PBI creció a una tasa promedio anual de cerca del 6% (tal vez la mayor del mundo, en el período), mientras su renta per capita crecía a una tasa promedio del 3,8%.

Como resultado, a comienzos del siglo XX, la Argentina estaba entre los siete países más ricos del mundo, y su renta per capita era cuatro veces mayor que la de los brasileños, y el doble de la de los norteamericanos. En este período, su crecimiento económico fue liderado por la exportación de materias primas, pero se dio también en la industria, y contó con las inversiones en la construcción de la red ferroviaria que integraron su mercado nacional, antes de fines del siglo XIX.

Alrededor del 64% de su población trabajaba en la industria, comercio o en el sector de servicios, y 1/3 de los argentinos vivía en Buenos Aires, una ciudad con alto nivel educativo y cultural. O sea, en la época de la 1a Guerra Mundial, la Argentina era el país más rico del continente latinoamericano y tenía todas las condiciones para transformarse en su potencia hegemónica, y tal vez, en una potencia económica mundial. Pero no fue esto lo que sucedió, especialmente, después de 1930, a pesar de que su economía haya seguido creciendo e industrializándose, y que su sociedad se haya seguido enriqueciendo y mejorando su calidad de vida. Incluso, después de la II Guerra Mundial, la economía argentina creció a una tasa promedio del 3,78%, entre 1950 y 1973; y del 2,06%, entre 1973 y 1998 .

Después de 1930, sin embargo, su crecimiento se dio de forma cada vez más inestable, a través de ciclos cada vez más cortos e intensos. Raul Prebish atribuyó esta inflexión a los cambios internacionales, y a la forma en que operaba el nuevo “centro cíclico” de la economía mundial, los EE.UU., sumado a la fragilidad industrial endógena de las economías “primario-exportadoras”. Más tarde, los ortodoxos y neoliberales atribuyeron la culpa de este cambio de rumbo argentino a las políticas económicas populistas del gobierno de Juan Domingo Perón, a pesar de que Perón sólo haya gobernado, entre 1945 y 1955, y entre 1973 y 1974.

Existe, sin embargo, otra forma de mirar la historia de la Argentina, entre la Revolución del 25 de Mayo de 1810, y la destitución del presidente Hipólito Yrigoyen, el 6 de septiembre de 1930, principio de lo que los argentinos llaman su “década infame”. Después de la Guerra de la Independencia (1810 y 1816), la Argentina vivió medio siglo de guerra civil casi permanente, hasta la firma de la Constitución de 1853, que creó el Estado Nacional de la Argentina. Incluso contra la resistencia de Buenos Aires, que recién se sometió definitivamente en 1862.

Después de esto, la Argentina participó de la Guerra del Paraguay, entre 1864 y 1870, e inmediatamente después el estado argentino inició sus guerras de “Conquista del Desierto”, que duraron toda la década de 1870. La conquista militar del “oeste argentino” permitió la expansión/ocupación económica continua de nuevos territorios, hasta fines de la década de 1920. Por esto, se puede decir que el estado “liberal” argentino nació de una guerra civil que duró medio siglo, y se consolidó a través de una estrategia expansiva de ocupación de nuevos territorios que duró otro medio siglo más, y fue financiada por el éxito de su “modelo primario-exportador”. Y fue exactamente a fines de esta expansión que estalló la crisis política responsable por la desorganización periódica del estado y por la polarización definitiva de la sociedad argentina.

Durante la “década infame”, sus diversos gobiernos practicaron políticas económicas keynesianas y llegaron incluso a iniciar un ambicioso programa de industrialización, idealizado por el mismo Raul Prebish. Lo que les faltó, sin embargo, fue una nueva estrategia expansiva y de largo plazo, y un grupo capaz de transformar la economía argentina en un instrumento de su propia acumulación de poder internacional. Queda la pregunta: ¿esto habría sido posible, en un país ubicado fuera del espacio euroasiático, y del Atlántico Norte? Por lo menos, los “dependentistas” y los “neoliberales” consideran que no.

Maddison, A. , (2001) The World Economy. La Millennial Perspective, , OECD, p: 197
*José Luís Fiori, profesor titular de Economía Política Internacional de la UFRJ, es Coordinador del Grupo de Investigación del CNPQ/UFRJ, “El poder Global y la Geopolítica del Capitalismo”.

Traducción de Cristina Iriarte

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