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Ante el abismo, la inevitable opción Obama
Por Antonia Yánez*
Obama: 2008 “esperanza y cambio” 2012 “lo mejor está aún por venir”.
De acuerdo a una encuesta de la BBC la mayoría de las personas en el mundo mostraron preferencia por Obama antes de las elecciones en EEUU. Quizá el pavor ante la posibilidad de que Mitt Romney llegara a la Casa Blanca dio paso a recrear expectativas que solo habitan en un imaginario que nos permite ver lo menos malo.
Hoy ya pasaron las elecciones y Barack Obama fue reelecto como el Presidente número 44 de Estados Unidos de Norte America. No deja de ser llamativo que aun con una economía en crisis y un 8% de desempleados lograra la reelección. Nicolás Sarkozy, Gordon Brown y José Luis Rodríguez Zapatero entre otros gobernantes con un contexto parecido fueron barridos por el descontento, no hace mucho tiempo.
Una primera lectura global de esta reciente contienda confirma sobretodo que la estrecha victoria de Obama sobre Romney muestra una profunda fragmentación de los votantes norteamericanos. Romney y los republicanos interesados especialmente sobre los beneficios que los números macros de la economía puedan brindar, se mostraron una vez más distantes e indiferentes hacia la clase media y los pobres. El republicano le facilitó por momentos al demócrata la ecuación electoral, cuando ofendió a los latinos mostrando una ya reiterada ignorancia sobre los profundos cambios demográficos, etarios, religiosos y de género que vienen operándose en esa sociedad. El presidente ganó el 75% del voto latino.
Por momentos Mitt Romney y su equipo de campaña realizaron esfuerzos por alejarse de las posiciones más radicales, del Tea Party y núcleos extremistas del Partido Republicano. Los resultados finales (a nivel parlamentarios) mostraron la validez de ésta estrategia. Pero las posiciones del elegido Paul Ryan como vicepresidente nada contribuyeron en consolidar una orientación política en esa dirección. Obama con una organización de campaña más dúctil, experimentada y mejor dirigida con gran habilidad insistió en mostrar a Romney con el perfil de hombre de negocios exitoso, alejado de preocupaciones como el aborto, la salud y la emigración. Casi no hubo necesidad de recordarle que en su plataforma del partido se hacía mención positiva del “patrón oro” votada en la convención de agosto.
Pero un balance más abarcativo de estas elecciones muestran un mayor acento en estrategias de posiciones endógenas y escenarios gestuales, que en la preocupación y tratamiento de grandes temas mediáticos o estratégicos que atañen el destino de la sociedad norteamericana.
Fue necesaria la tragedia causada por el huracán Sandy para que el presidente mencionara el cambio climático, para su contrincante solo fue un “desastre natural”.
¿Cómo no asombrarse que los dos candidatos sean partidarios de la pena de muerte en un país que anualmente elabora un informe sobre Derechos Humanos donde juzga críticamente al resto del planeta?
Las ambiciones nucleares de Irán, la guerra civil en Siria, la crisis europea, la guerra de México contra el tráfico de drogas y armas, y la agitación del Medio Oriente o el emergente fenómeno de China, solo fueron temas tratados en esgrimas gestuales con retóricas repetidas. Pero cuando Obama habló del terrorismo recurrió a la inversión política del asesinato de Osama Bin Laden, cuidándose en no mencionar la reivindicación del derecho de ordenar la muerte de extranjeros y estadounidenses por igual bajo su propio criterio o el ataques con aeronaves no tripuladas que han matado niños y terroristas indiscriminadamente, así como la continuación de la prisión de Guantánamo, que había prometido en su anterior campaña cerrar para siempre.
Para los profesores de la Universidad de Brasilia (UnB), Ricardo Caldas del Instituto de Ciencia Política, y Antônio Jorge Ramalho del Instituto de Relaciones Internacionales, “los desafíos de Obama, en los próximos cuatro años, se concentrarán en la búsqueda del equilibrio mediante los avances económicos, así como la consolidación de acciones en el área social. El punto de tensión debe ser el Medio Oriente” agregando que, “El tema está ubicado principalmente en la relación de los Estados Unidos con Irán, si Obama va a dedicar sus esfuerzos en la búsqueda del diálogo o va a elegir una política de tensión. Si se resolviera emprender el camino por la segunda opción, el resultado podrá ser catastrófico”, dijo Ramalho, al recordar que es fundamental observar las acciones entre Israel e Irán cuya amenaza de guerra es constante”.
Para otros observadores las pautas de Obama en política exterior estarán determinadas en cómo actúa a partir de los primeros meses del año entrante ante la guerra civil Siria y el dominó que genere el desenlace de este conflicto en esa región.
En relación a Sudamérica, todos los elementos disponibles indican que el reelecto presidente, mantendrá la política exterior del país con relación a Brasil y al resto de América Latina. Las incógnitas vendrán en el modo que se involucre en la realidad Argentina y Cubana, puntos iniciales de una estrategia más amplia pero menos visible.
Los próximos cuatro años efectivamente permitirán ver cuán cerca o cuán lejos de aquel imaginario del 2008 -cargado de expectativas- está el accionar real de este primer presidente afroamericano. La mayoría de sus actuales presentaciones públicas lo mostraron muy lejos de aquel jovial y carismático Obama, dando paso sí a un hombre integrado al Sistema, absorbido por rictus y requerimientos de crueldad y brutalidad de un cargo que le asigna obligaciones de dominio universal.
Un tema vinculante a ser Presidente y al carácter de la democracia norteamericana, que no debiera soslayarse es el grado de indiferencia a la hora de votar, que en esta oportunidad estuvo en torno al 45% de abstencionismo, generando la legítima interrogante de cuantos ciudadanos realmente votaron a cada candidato y a éste presidente en particular.
*Socióloga uruguaya
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