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La Universidad Tecnológica (UTEC): espejismo o realidad
Por Mario Liberati*
Aquí Proyecto de ley La Universidad Tecnológica (UTEC)
Prueba superada - Parecería que esta vez un proyecto fuertemente impulsado por el Presidente Mujica, preparado por un grupo de diputados del Frente Amplio y apoyado por una mayoría sustantiva y multipartidaria llegará a constituirse en ley en un lapso razonablemente breve.
La verdad es que el proyecto puede resultar curioso para quien conozca bien el interior del país y la realidad de la educación y especialmente la educación media y superior en el Uruguay contemporáneo, más por lo que no dice que por lo que efectivamente dice.
Como es sabido, el calor no está en el poncho sino en el cuerpo palpitante que se cubre con la prenda. Sería simplismo puro pensar que la letra de este proyecto, que nos animamos a pronosticar será aprobado en la Cámara de Senadores con poco o ningún cambio, permitirá, por si solo, alcanzar los loables objetivos que se propone.
En efecto, se trata de una creación superestructural con objetivos altamente plausibles y las objeciones acerca del gobierno, o mejor dicho el cogobierno, de la UTEC son endebles y sobre todo muestran una hilacha demasiado mezquina como para distraer a los políticos de todos los partidos que, sinceramente, desean mejorar la oferta educativa en sus departamentos.
De modo que allá marchará la UTEC casi seguramente como lo ha previsto el proyecto en sus nueve capítulos, 32 artículos y disposiciones transitorias. Muchos periodistas y analistas parecen no haber leído atentamente el proyecto pero el secreto radica, precisamente, no en lo que expone sino en lo que omite asi que el tratamiento light se justifica por su marcha sin querellas.
Al freír será el reír - No vale la pena comentar lo obvio sino apuntar hacia algunos asuntos que aparecerán como novedades a la hora de la concreción, a más tardar antes de tres años,
La primera cuestión es que el proyecto no alude a un asunto fundamental: el interior del país no es homogéneo ni tiene las mismas fortalezas y debilidades para el desarrollo de un nuevo organismo de educación superior. No hay más que ver lo que sucede con la UTU y con la Universidad de la República y las dificultades que encuentran para su desarrollo más allá de Montevideo.
Si alguien cree que estas dificultades se superarán mediante una fuerte asignación de recursos por el Estado se equivoca de parte a parte. La Universidad estatal, por ejemplo, ha reorientado su presupuesto de tal manera que, según se dice, para lo único que parece haber fondos y manga ancha es para actividades en el interior del país (con una Comisión omnímoda que hace y deshace). Todo lo demás está prácticamente congelado. Algo parecido aunque en forma mucho más limitada sucede con la UTU. El ámbito de negocios de las universidades privadas es casi exclusivamente capitalino excepto la paquetería extra territorial de Punta del Este.
El primer problema es logístico, locativo, y seguramente los políticos del interior piensan que sus municipios pueden proveer locales, provisorios claro está, de un conjunto edilicio generalmente subaprovechado. Sin embargo, la realidad de cada departamento es muy distinta y aunque algunos puedan poner la casa otra cosa es el equipamiento.
¿Alguien ha pensado realmente lo que implica el término “tecnológica” en la denominación esencial de la nueva entidad? Aquí no caben facilismos y si se quiere realmente cumplir con los elevados fines que tan fácilmente se inscriben, habrá que hacer una inversión sustantiva en equipamiento de punta y no en cualquier aparataje por pura novelería sino en el que efectivamente se requiera.
Por el mundo ya soplaron y pasaron los aires neopositivistas del endiosamiento de la tecnología pero esa inversión será ineludible y debe ser reflexivamente encarada, sin localismos, con un espíritu verdaderamente nacional porque a todos los uruguayos nos va a costar mucho dinero independientemente de donde esté nuestra “patria chica”.
El factor humano - Aquí está, sin lugar a dudas, el aspecto clave de la UTEC que no se refleja, en modo alguno, en el proyecto creador que ya obtuvo la media sanción. La experiencia de las instituciones importantes de nivel nacional, no necesariamente educativas, debe ser estudiada y aprovechada.
Por ejemplo, ¿Alguien cree que se puede montar un instituto de educación superior exclusivamente con gente del medio local? ¿Qué hacen la UTE, la ANTEL, el BROU para dotarse del personal técnico y administrativo que necesitan para funcionar en el interior, urbano y rural?, ¿Cuál será la política de remuneraciones y de radicación en el interior?
Si no se parte de los recursos que existen en todo el país y desde luego mayoritariamente en Montevideo, no se podrá resolver la contratación de docentes experimentados, no se podrá desarrollar una carrera docente y no se podrá contar con el personal administrativo y de servicios para hacer funcionar esos Institutos. Por lo menos no se podrá lograrlo con un nivel razonable de equidad porque existen departamentos y ciudades que tienen condiciones más favorables para generar la “masa crítica” en base a su propias fuerzas (como Maldonado, o Salto, o Paysandú, o Canelones) y otros que no.
Aquí aparecerá alguien que diga, “bueno pero con la ayuda de las nuevas tecnologías obtendremos clases a distancia mediante videoconferencias y aulas informatizadas”, o bien “nuestro país es pequeño y sin grandes accidentes geográficos, los docentes se pueden desplazar con facilidad”. Quien crea en eso no sabe nada de docencia o no ha salido de su ciudad o su pueblo y conste que con esto no menospreciamos la imprescindible tecnología y la vital informática. La enseñanza, la investigación y el desarrollo tecnológico está fuertemente presidido por la práctica y la práctica por la participación presencial del docente.
Hoy en día tener docentes viajeros, viajeros frecuentes se entiende, es un desperdicio de tiempo y de vida que el Uruguay no es capaz de remunerar y aunque pudiera hacerlo no debería. De modo que hay que estudiar muy cuidadosamente, sin localismos, sin acomodos, sin amiguismos, el problema del desarrollo de los recursos humanos necesarios para una docencia de calidad en el interior del país.
La geografía humana y la demografía nos dicen que hay cosas posibles y otras no. El cogobierno del nuevo ente, cuestionado por los sectores más retrógrados y corporativistas de la vida nacional, es bastante tímido y arcaico y tampoco parece interesado en desarrollar otro conjunto de capacidades de gestión, que requieren hoy en día personal especializado (administrativo, profesional, de oficios, etc.). Es una enunciación muy “democrática” pero poco realista.
Además apareció una curiosa figura de Secretario General (Art. 18º) encargado de la “gestión institucional” que no se dice como será provisto, ¿por concurso? ¿por designación directa? Y que en todo caso se asemeja a un cargo “de particular confianza” para evitar que los gobernantes se vean absorbidos por cometidos administrativos.
Esto no es sorprendente porque es el camino marcado, desde la conducción política, en todos los organismos de enseñanza: proliferación de cargos de confianza y degradación de la carrera funcionarial (en este caso sometida a revisión quinquenal) y metiendo por la ventana la “inestabilidad” de la función pública.
Soplar y hacer botellas - Cualquiera que conozca el antiguo proceso de “soplar el vidrio” sabe que la manida frase es injusta cuando califica como fácil una acción tan laboriosa y pesada. Sin embargo, para materializar la UTEC habrá que soplar y mucho sobre todo desde el punto de vista de la remuneración del trabajo.
A pesar de los sostenidos incrementos de sueldos que se han operado en la enseñanza, no es creíble que se pueda desarrollar una Universidad Tecnológica (en el interior del país o en la Isla de Flores) sin pagar salarios dignos. Ahora bien, si se pagaran salarios dignos (digamos un 30 a 40% más que para cargos equiparables en los demás entes de enseñanza) ¿sería esto posible sin incrementar en forma idéntica la inversión en el personal de toda la enseñanza?
Es posible que existan otras interrogantes que deban ser respondidas antes de que la importante iniciativa se convierta en realidad pero las que aquí apuntamos no admiten dilatorias porque así, los que vamos a pagar la cuenta, sabremos si estamos o no ante un espejismo.
*Columnista uruguayo
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