Encuentro generacional:
cosas mundanas y veredes

Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com+

Fue el viernes por la tarde que me encontré con un estudiante liceal, creo que de tercer año, con la intención de que me entrevistara.

La idea del encuentro fue del abuelo, que había trabajado conmigo en 1410, quien se llevó una buena impresión de lo que era yo, aunque creo que el abuelo y el pibe tenían una visión edulcorada, de mi personalidad. Pero eso es un problema de ellos.

Confieso que la sola posibilidad de encontrarme con un muchachito para hablar de la dictadura, me incomodó al grado que no dormí dos noches seguidas, pensando como el pibe y yo podíamos tener un diálogo fluido, porque él era un pibe y yo un viejo, donde ya me tendría que retirar.

Confieso que el pibe me impactó, porque saqué la impresión por medio de sus preguntas, de que el tipo tenía idea de lo que estábamos hablando. Mucho más de lo que yo me imaginaba.

La intención de su profesora o profesor, era que él se enfrentara a la realidad de lo que fue la dictadura y con mucho afecto me fue llevando de a poco. Incluso llegué a pensar que su futuro era el periodismo, pero por su salud preferí no decírselo. Es que mi mayor deseo es que sea ingeniero, arquitecto, economista, poeta o obrero altamente calificado, no solo para dominar las nuevas tecnologías, sino también para participar de los procesos de innovación en la ciencia y en la tecnología, siempre con una cara humanista, democrática y republicana.

En el diálogo que mantuvimos, que contó con el apoyo de Washington, su abuelo, comencé a sospechar que el muchachito está en condiciones de entender la historia, paro también comprender el presente y el futuro.

Fu así que sentí que la ruptura generacional no es tan grande y que hemos avanzado mucho en la comprensión de la comunidad, la que construimos todos los días con sus marchas y contramarchas, sus pasos adelante y sus pasos atrás.

En ese mismo viernes el doctor Tabaré Vázquez, ex presidente de la República, habló en el acto del Fidel, sobre la historia, el presente y el futuro.

Lo digo con todo cariño por los militantes del Fidel, donde tengo gente entrañablemente amiga, pero no le encontré un lugar al pibe, como no se lo encuentro en otros espacios de la coalición de izquierda.

Siento en el alma que el planteo de Tabaré a favor de la renovación generacional y de la actualización ideológica, no encuentra el escenario adecuado, porque se nos envejecieron los actores y el público. Y hasta la escenografía.

Nos envejecimos y lo asumimos o terminamos en un disparate cultural y político, de envergadura imprevisible. Por eso basta - por favor, basta- con que en la primera fila de los actos de Vázquez, solo estén los viejos amigos. Ellos deben seguir estando, porque su experiencia y compromiso es infinita, pero a la vez tiene que estar la nueva camada de dirigentes y gobernantes.

*Columna publicada el 19 de noviembre en La República

Maestro y periodista

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