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¿Cuál ha sido el papel del ingeniero en el desarrollo del país?
Ingeniero Rafael Guarga
El viernes 17 de noviembre el ex rector de la Udelar ingeniero Rafael Guarga realizo una conferencia en el marco de una actividad denominada “Planes industriales, ingeniería nacional y desarrollo productivo”, organizada en el anfiteatro de la Facultad de Ingeniería. Lo que sigue son los tramos más significativos de la disertación de Guarga.
Se nos ha pedido hablar del papel del Ingeniero en el desarrollo nacional. Se nos ha suministrado también una publicación elaborado por la Dirección de Industrias. Entonces, en este tema que se nos encomendó y que, seguramente, interesa mucho a los aquí presentes, por lo tanto he tratado de ver en el poco tiempo que tengo para exponer y en el poco tiempo que he tenido para armar esta presentación, algo objetivo que podamos decir en relación a lo que ha sido el papel del ingeniero en el desarrollo nacional y - quizá lo más interesante - en relación a lo que puede ser el papel del ingeniero en el desarrollo nacional. Y luego verán que esta idea tan profesionalista de los egresados de esta casa de estudios, se puede extender, en forma general a todas las profesiones egresadas de la Universidad con una base científica y que se vuelcan a la vida productiva del país. Pero por ahora, nos limitaremos al papel del ingeniero.
Si nosotros intentamos mirar hacia atrás y nos preguntamos cuál ha sido el papel del ingeniero en el desarrollo del país, una forma de hacerlo es tomar el material publicado por la Asociación de Ingenieros con motivo del cumpleaños número 100 de la Asociación de Ingenieros. La Asociación de Ingenieros en el 2005 cumplió 100 años y publicó un libro - que está en nuestra biblioteca y quizás esté en varios de nuestros institutos - un libro en el cual se eligieron las 100 obras de la ingeniería nacional. Es muy interesante, porque fueron los propios ingenieros quienes eligieron estas obras como representativas de la ingeniería nacional.
Si nosotros miramos este panorama, nos encontramos con que más del 80% de las obras tienen que ver con la ingeniería civil, lo cual no es nada extraño, dado que aluden a la construcción de la infraestructura del país: los puertos, las carreteras, los puentes, las obras ferroviarias y grandes construcciones vinculadas a diversos aspectos de la vida del país. Del 20% restante hay también expresiones vinculadas a obras de ingeniería que se consideraron relevantes.
Ahora bien, visto este panorama vamos a preguntarnos ¿qué hay allí, en ese panorama, de creación tecnológica propia uruguaya? Entonces, ahí nos encontramos con que son muy pocas las expresiones que aparecen allí, en cuanto a obras de la ingeniería nacional en 100 años, que no son meramente aplicaciones de ingeniería, muy buenas aplicaciones, brillantes aplicaciones, de tecnologías de la ingeniería creadas fuera de fronteras. En buena medida podemos decir que hemos sido “consumidores de tecnologías” creadas fuera de fronteras. Se destacan algunos ejemplos notables, paradigmáticamente, la obra del Ing. Dieste. Efectivamente hay allí una expresión tecnológica, vinculada a la ingeniería civil, sin embargo donde la tecnología ha sido desarrollada por el propio Ing. Dieste y sus colaboradores más cercanos. En alguna oportunidad, Dieste me decía: “¡Es sorprendente, Guarga! Tengo ahora un alumno doctorado alemán, trabajando conmigo en el Estudio y ellos pensaban que lo que se veía de la estructura, desde el interior, en realidad era un escenario que estaba colgado de otra estructura por afuera que sostenía las bóvedas de doble curvatura, etc.”. El mismo Dieste no lo podía creer, que - efectivamente - aquello se viera como producto de una estática armada por fuera de lo que estéticamente es, sin duda alguna, muy hermoso.
Entonces, este proceso de importación de tecnología, de consumo de tecnología creada en otros ámbitos, por cierto le ha dado al país las características que bien se expresaban acá. Hemos sido exportadores de materias primas con muy poco valor agregado y esta condición que surge - lo tomo como elemento didáctico del libro de la Asociación de Ingenieros - podría repetirse, seguramente, en los distintos países de América Latina.
Hay un interesante libro, producido, creado, escrito por un economista, Gabriel Oddone, que se llama “El Declive”. Un título un tanto curioso, no fácil de comprender, porque - sin duda alguna - el Producto Bruto del país se ha incrementado, ha crecido. Pero Oddone, que toma esencialmente en este libro los resultados encontrados en su tesis de doctorado, expone que si nosotros miramos el país en el siglo que pasó y miramos el arranque del país en los primeros años del siglo, los países que estaban más adelante que nosotros (éramos un país relativamente rico en aquel momento), los países a los cuales queríamos alcanzar y mirábamos, a veces, a nuestros lados, los países de los cuales nos queríamos diferenciar, es decir, queríamos distanciarnos. ¿Qué es “El Declive”? “El Declive” es el hecho de que 100 años después, los países que queríamos alcanzar están bastante más adelante de lo que estaban 100 años antes y los países que estaban detrás y de los cuales nos queríamos distanciar, están mucho más cerca y algunos ya pasaron adelante de lo que el país ha logrado, el Uruguay. Es decir que, claramente, este camino seguido por el país es un camino que hay que cambiar, porque de otra manera - y coincido con lo planteado aquí por el Director de Industrias, por cierto con mucha convicción - efectivamente, creo yo, estamos en un proceso de cambio de lo que han sido nuestras características productivas. Y debemos pensar en que, nosotros ingenieros o futuros ingenieros, en un cambio radical, también, en esa condición de “consumidores de tecnología” producida afuera.
Voy a referir, para fijar bien esta idea y ver los límites brutales que la misma contiene (esta condición de “consumidores” de tecnología) una anécdota de la cual fueron protagonistas algunos de los que están acá. Cuando en los años 88-89 estábamos en la Dirección del Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental (IMFIA, que se había creado recientemente), habíamos salido - de una forma un tanto compulsiva - a juntar en una Facultad que recién empezaba a remontar, bajo la orientación del Ing. Abete - fallecido muy recientemente y al que próximamente el Consejo homenajeará como corresponde - buscábamos compulsivamente vínculos con la vida productiva del país. Y tuvimos un relativo éxito, porque encontramos la posibilidad de hacer el Puerto de La Paloma aquí. Hicimos, en realidad, un modelo y su extensión. Hicimos el modelo del Puerto de Piriápolis, también aquí en la Facultad, modelos que iban a hacerse fuera del país. Hicimos también, por encomienda de UTE con el Ing. José Serrato al frente, la primera estimación del potencial eólico del país. Se hizo con un viejo túnel del viento, ahora sustituido por nuevo, moderno y verdaderamente potente túnel de viento. Pero en todo este panorama, que hay que decir también que se hizo, a veces, a contrapelo de lo que se pensaba en la Universidad que había que hacer. Estábamos haciendo convenios, nos estábamos vinculando con la vida productiva, en fin, costó mucho esfuerzo. Sin embargo, percibíamos que no encontrábamos vínculos con la industria de transformación. Entonces decidimos actuar directamente nosotros y concretamos alguna entrevista - me voy a referir a una, pero hubo varias - que tuvieron la siguiente característica: se trataba de una industria de transformación muy importante, a cualquier escala, para el Uruguay y también fuera del Uruguay.
Una industria que trabajaba sobre materias primas nacionales y pensamos que era verdaderamente posible buscar algún tipo de acuerdo para el desarrollo de la tecnología, apoyándose en los recursos que un laboratorio universitario podía ofrecer. Nos oyeron muy respetuosamente, nos dirigimos a varios gerentes que nos recibieron muy amablemente, muy correctamente, nos escucharon muy atentamente y después de terminar nuestra entusiasta exposición sobre las posibilidades, etc., nos dicen: “Mire Guarga, en realidad, nosotros la tecnología la compramos y nos evitamos una serie de problemas. Ya viene hecha, ya viene probada, no hay dificultades ni sorpresas y de esta manera es como trabajamos”.
Bueno, la verdad es que salimos muy desalentados de esa entrevista pero, efectivamente, fue lo que ocurrió. Pasan los años - 15 años, quizá - y se inaugura el Polo Tecnológico de la Universidad de Química. Asiste el presidente de la República - en aquel momento, el Dr. Jorge Batlle - y yo estaba en la condición de Rector allí presente, el Decano Nieto, como el decano de la Facultad que promovía la iniciativa y, después de los discursos de rigor, encuentro que el grupo aquel de gerentes estaba presente allí. Entonces me acerco a ellos (ellos no me reconocían a mí pero yo sí me acordaba de ellos) y les pregunto qué les pareció. “¡Interesantísimo! ¡Esto es excelente, porque de esta manera nosotros podemos desarrollar cosas nuevas!”.
Entonces yo les pregunto: “pero esta línea de trabajo, de desarrollar cosas nuevas que - por cierto - apoyamos, ¿antes no era así?”. “Ah, no, no. Antes no era así. Antes nosotros trabajábamos con tecnologías que comprábamos”. Y les pregunto: “¿y qué pasó? ¿Por qué ahora han cambiado?”. Y me responden: “¿Pero usted no sabe, Guarga, lo que pasó? Lo que pasó es que todo eso marchó muy bien, pero cuando empezamos a exportar, resulta que aquellas tecnologías que - claro - no eran de última generación tampoco, las que comprábamos, resulta que cuando pretendimos comprar las tecnologías a los efectos de mantener esa línea exportadora, ¡no sabe los precios que nos cobraban!”. Capitanes de la industria, pensaban que iban a competir fuera con aquellos que les vendían las tecnologías, viejas para el mercado interno, comprándole a ellos las tecnologías y, posiblemente, con esas tecnologías y nuestras buenas materias primas, podían desplazar de esos mercados a quienes les vendían las tecnologías. Verdaderamente era una ecuación absolutamente ilógica. Entonces por eso estaban allí. Y yo creo que efectivamente es así.
En tanto nosotros pretendamos salir del mercado interno y entrar en los mercados externos, esa entrada en los mercados externos (decimos ahora como una suerte de verso repetido) con productos de alto valor agregado, ¿quién le va a agregar ese valor? ¡Ese valor lo tenemos que agregar desde acá! Y desde acá es desde esta Facultad, de la Universidad en su conjunto en aquellas áreas en las cuales sus egresados trabajan en una industria, para - verdaderamente - ser no consumidores de tecnología, sino generadores de nuevas tecnologías. Naturalmente que el consumo de tecnologías está dado, es un hecho y tiene que ser así, buena parte de lo que se produce repite cosas ya conocidas. Pero, verdaderamente, las puntas competitivas tienen que adquirir este cariz.
Por cierto también esta situación de poca originalidad, poca producción de tecnología, la condición de consumidores, se refleja en el número de patentes por millón de habitantes y por año concedidas a residentes en estos países, que es muy baja. Es del orden de 2 o 3 por millón de habitantes, concedidas a residentes. Es decir, las patentes que obtiene aquí BAYER, por ejemplo, no cuentan porque BAYER no es residente. Así que es un índice bien interesante. ¿Cuánto tiene en el otro extremo un país como Japón? Nosotros tenemos 2 o 3 por millón de habitantes, ¡Japón tiene 800 por millón de habitantes! ¡Una diferencia abismal! Si tomamos promedios de países desarrollados y promedios de nuestros países, la relación va de 1 a 5. Es decir que, efectivamente, la condición de consumidores la tenemos y nos impregna por todos lados. Tenemos que, verdaderamente, hacer un gran esfuerzo y salir de esta situación.
Ahora bien, yo creo que este es el desafío más fuerte que tiene la ingeniería local que debe enfrentarse. Y en ese sentido mirando el material que nos han distribuido, mirando cada una de las cinco cadenas que aparecen en él, creo que este tema está tomado - más allá de lo declarativo: “todos somos partidarios de la renovación”, “todos somos partidarios de crear cosas nuevas” - con mayor vigor y con algunos ejemplos, en la cadena biotecnológica. Allí aparecen tres propuestas interesantes que hay que empezar a trabajar y a las cuales hay que agregar otras, naturalmente:
1) La creación de un Sistema Nacional de Tecnólogos e Innovadores, es decir, una especie de PEDECIBA tecnológico. Interesante. Hay que mirarlo con cuidado, pero no deja de ser una idea interesante. 2) La creación de un Fondo de Capital de Riesgo. Bueno, esto ya está comenzando. Se creó un Fondo de Capital de Riesgo, de monto muy pequeño, pero es un primer avance. La ANII creó el Fondo, merecidamente denominado: “Orestes Fiandra”. 3) Y mejorar la articulación entre la academia y el sector productivo. Bueno, por cierto. Y por cierto y sabemos que lo están haciendo. Efectivamente, esta es otra línea.
Hay muchas otras posibilidades de avanzar, pero verdaderamente creo que estamos en una temática de tipo absolutamente estratégica. Y de la misma manera que en esta Universidad, 50 años atrás, cuando algunos que somos hoy tan viejitos que estuvimos presentes en esas instancias, se debatía si un profesor debía investigar o no debía investigar (y predominaba ampliamente la opinión de que un profesor bastaba que trasmitiera bien, que leyera las últimas revistas, que tuviera una buena biblioteca; y otros, algunos, como Massera, Maggiolo, Ricaldoni y Caldeyro Barcia en otras facultades de la Universidad, sostenían que no, que un profesor debía, además, crear nuevos conocimientos). Yo creo que esto que estoy diciendo yo debe sonar tan raro como en aquel momento, 50 años atrás. Recuerdo que un esclarecido director de un instituto de esta Facultad, su máxima publicación había sido: “Relato de lo que hacen los Institutos de Ingeniería Mecánica”. Y esa publicación en realidad fue el fruto de un largo viaje financiado por la embajada de los Estados Unidos.
Entonces, creo que se supo salir de aquella mediocridad, se creó verdaderamente un aparato de personas - pequeño si se quiere, todavía escaso si se quiere, pero - infinitamente más avanzado que el que tiene que ver con la creación de tecnología. De tal manera que ya hay elementos ganados en esta dirección, que queda mucho por hacer y, por cierto, ustedes son y van a ser los actores principales en esa creación que nos permitirá salir de esta condición de “consumidores de tecnología” a una condición en la cual la producción de tecnología propia vaya teniendo un peso específico cada vez mayor en la producción, por lo menos exportable, donde es fundamental para el país.
LA ONDA® DIGITAL
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