Las Redes y el “futuro” hablan;
Marenales, Valenti y Maite

Exposiciones completas

- Maite Lopez
- Julio Marenales
- Estevan Valenti

El pasado 23 de noviembre el Proyecto Miramar (Redes Frenteamplistas) organizaron lo que llamaron “No hay 2 sin 3”, diálogo abierto con Maite Lopez, Vertiente Artiguista, edila por Montevideo; Julio Marenales integrante del MPP y el MLN; Estevan Valenti periodista, escritor, dirigente del Frente Líber Seregni (FLS). El evento fue seguido por un desbordado local de la calle Paullier y Hugo Prato. Lo que sigue son los tramos más salientes de las exposiciones de los dirigentes frenteamplistas, tomados de la versión grabada por La ONDA, digital.

Maite Lopez: Estamos en un momento bastante complejo para el Frente Amplio; dos bloques acuerdan y debaten entre sí y definen con qué mayoría gana y cuál es la línea.

Creo que estamos en un momento particular en el cual el país ha dado pasos muy importantes, en materia de cambios, se ha mejorado la situación de mucha gente de los estratos más complicados, se ha mejorado el nivel de ingresos. Pero todavía faltan algunas cuestiones muy importantes y una de ellas es trabajar en el tema de la redistribución de la riqueza.

El cambio social, al que nosotros apostamos, no sólo se hace redistribuyendo la riqueza, sino especialmente poniendo el énfasis en cambiar las cabezas que tenemos hoy, cambiando los valores. Hoy estamos en una sociedad consumista, donde algunos tienen cuatro autos, donde está la onda de ponerse championes Nike, donde está la onda de “hacé la tuya”, la onda de “es lo que hay, valor”, son las que priman.

Y son esos valores los que tenemos que cambiar. Tenemos que trabajar en construir una sociedad diversa, que respete los derechos. hoy, al estar en el gobierno, al estar en el Estado, tenemos herramientas, contactos y posibilidades de generar un montón de cosas que antes no lo teníamos y que marcar el rumbo en este especial futuro tercer gobierno del Frente Amplio.

Estamos en un momento clave para construir y potenciar esa sociedad que tanto queremos y a la que aspiramos, de la que tanto se habla que queremos cambiar esos modelos, de ir hacia ese hombre nuevo sobre el que mucho se ha debatido, se ha discutido y se ha pensado. Para todo eso es necesario que el gobierno no esté solo, no trabaje solo, que la fuerza política no trabaje sola y que las organizaciones sociales no trabajen solas. Porque si no, va a ser muy difícil. Creo que tenemos que trabajar en conjunto, programáticamente y luego con acciones, para todo este cambio social y no quedarnos sólo en una buena administración del Estado.

Como les decía, hay que definir tres perspectivas: la primera la perspectiva ideológica; la segunda es la perspectiva de agendas, lo que se puede llamar programática; y la tercera, la relación de la fuerza política con el gobierno y con la sociedad. Con relación a la perspectiva ideológica, creo que debemos volver a tener sueños, tenemos que volver a tener desafíos, ganas, utopías, que trasciendan el estado anímico que tenemos hoy. Tenemos que trascender el marco del sistema capitalista que hoy tenemos, esos valores de los que les hablaba recién. Tenemos que expandir la libertad a los ciudadanos, tenemos que redefinir los parámetros de convivencia, tenemos que debatir los valores establecidos. Se habla mucho de que, en realidad, se perdieron los valores, de que se perdieron los códigos y se dice que hay que volver a los valores de los “viejos”, de las “vacas gordas”, de la “Suiza de América”. Yo creo que no hay que volver a esos valores. Creo que tenemos que rediscutir esos valores, pero actualizados al siglo XXI, a una nueva sociedad que tenemos hoy. Tenemos que trabajar para construir valores de libertad, igualdad, solidaridad, de trabajo colectivo pero con un nuevo concepto y con una nueva forma, acorde a este nuevo siglo.

Y para eso tenemos que superar algunas cosas que venimos acumulando, algunas ataduras y algunas otras cosas que el sistema nos ha generado, como es, superar el miedo de la sociedad. Superarlo y empezar a decir lo que uno piensa, empezar a ser transparentes, a no tener miedo a lo que uno dice.

Como es trabajar en proyectos colectivos, pensando en esa sociedad solidaria. Tenemos que romper la cultura de los prejuicios, las relaciones autoritarias que hay en la sociedad. Esas relaciones que, ocultas, tienen la discriminación, tienden a destruir a ciertos sectores de la sociedad.

Trabajar en una nueva sensibilidad, trabajar en un nuevo relacionamiento entre las personas, superando esas líneas conservadoras que hoy hay. Por otro lado, creo que hay que trabajar en un cambio en la forma de hacer política. Hoy tenemos un discurso de lo que hacemos y de lo que creemos que se tiene que hacer, pero en los hechos, no lo llevamos a cabo. Primero que nosotros mismos tenemos que ser los que demos el ejemplo de hacer aquello que pregonamos y en ese desafío, lo principal, son las cuestiones éticas. Y aquí me parece que hay nebulosas, hay cuestiones que tenemos que superarlas y no podemos decir que somos transparentes y que somos éticos cuando, en realidad, en los hechos no se sale muy bien.

En segundo lugar, como les decía, el paradigma de lo programático y de la agenda. Es esto que venía diciendo de trabajar en la cultura, en la forma de relacionarse, en los cambios de cabeza, hay algunos avances que hemos hecho. Especialmente en el tema de la despenalización del aborto, en el matrimonio igualitario, así como también esperemos que se vote por la despenalización del cultivo de la marihuana.

Estas son pequeños pasos o pequeñas luces de este cambio que tenemos que generar. Pero ahora debemos mirar hacia adelante y ver qué desafíos tenemos que tener y, en ese sentido, creo que una de las discusiones que el Frente se debe es el tema del medioambiente y del ambiente saludable.

Hoy hay grandes discusiones sobre las nuevas minerías, o sobre las papeleras, etc, etc, y creo que hay posturas muy radicales. Por un lado están los ambientalistas o personas que defienden muy fuertemente el tema del medioambiente y que creo yo que algunos aliados que hemos tenido en el Frente Amplio, encuentran muy interesante ese discurso. Y por otro lado tenemos a los fundamentalistas del desarrollo, de la necesidad de mayor inversión, mayor necesidad de que las empresas crezcan, “cincuenta millones de dólares…” Ahí hay un debate que tenemos que empezar a dar para empezar a generar una tercera línea o para relativizar un poco esas cuestiones tan extremistas y empezar a discutir ese Uruguay Productivo al que tanto aspiramos.

¿Hasta cuántas papeleras podemos tener? ¿Hay que tener, no hay que tener? ¿Qué vamos a hacer con la megaminería? Todas estas son cuestiones que hay que discutirlas y definirlas. En ese sentido, hay que trabajar y fortalecer a la DINAMA, que es la que controla y define, de alguna manera, si es viable o no que esas empresas se instalen. Y para todo esto es fundamental generar capacitación técnica, tanto en las personas que están ocupando los cargos, pero también dentro del Frente Amplio y de la sociedad, para discutir con profundidad y con conocimiento de estos temas que, realmente, son muy complejos, pero no podemos discutirlos con banderas, sino que debemos discutirlos con aportes técnicos y con formación.

Por otro lado, me parece que tenemos que generar algunas acciones sustentables que marquen una línea en el día a día concreto, para que la gente también tienda a cuidar el medioambiente. Yo creo que hoy se discute mucho lo del cambio climático, vienen las tormentas y en algún momento u otro, más allá o más acá, todo el tema del clima nos va a impactar o nos está impactando. Y es por eso que creo que hay que generar estas discusiones más concretas del día a día. Tenemos que tratar temas como el reciclaje, la educación ambiental, la promoción del uso de las bicicletas. Temas que, en realidad, ayudan a generar esa conciencia de la necesidad de cuidar el medioambiente.

Otro tema muy importante es el tema de la convivencia. Tenemos que trabajar, como les decía, en el relacionamiento de las personas, tenemos que generar un nuevo enfoque.

Hoy el gobierno hizo un documento “Por la vida y la convivencia” que creo que ayuda a cambiar el enfoque que se está dando, hacia un enfoque que no sea prohibicionista o represivo a como se venía dando el tema de cómo generamos mayor seguridad.

Pero creo que tenemos muchos desafíos en ese sentido. Estamos en una sociedad cada vez más violenta, donde en centros educativos entre los profesores, entre los estudiantes, entre los profesores y los estudiantes, se siente cada vez más violencia. Hay violencia doméstica. Cada vez vemos que hay mayor cantidad de mujeres que denuncian, por suerte, pero también hay muchas mujeres muertas y creo que es un tema que todavía no lo hemos abordado como deberíamos hacerlo. También se han dado casos de trans encontradas - creo que ya son ocho trans - en situaciones muy complejas, en ese sentido, tenemos que trabajar, también.

Está el tema de la baja de la edad de imputabilidad que es un desafío fundamental, que no soluciona nada y que, en realidad, lo que busca es un rédito político de una cosa que lo único que hace es estigmatizar a los jóvenes, echándoles la culpa de los grandes problemas que tiene la sociedad. Esto es un desafío más concreto, más situado en el hoy, pero también hacia el futuro en ver qué vida queremos darle a los jóvenes. Si queremos estigmatizarlos y echarles la culpa o queremos manejarlo desde otro lado.

Me quiero referir al relacionamiento de la fuerza política con el gobierno y la sociedad. Hoy la fuerza política, o los partidos políticos, no son un lugar donde la gran mayoría de la gente quiera participar. No son interesantes, por lo menos para lo que es mi generación, dado que no son un lugar donde uno se sienta atraído para participar.

Por ahí se busca participar en áreas temáticas, pero no mucho más. También creo que se busca participar, de una manera u otra, a través del voluntariado, que ha sido una herramienta que se ha utilizado mucho, o se busca hacer política a través de lo cultural, como puede ser una murga o una obra de teatro. El desafío que tenemos nosotros es leer la realidad y ver que hoy no estamos siendo capaces de generar ese vínculo con la sociedad que toda fuerza política tiene que tener. Tenemos que trabajar en eso. En cómo nosotros generamos y vinculamos y abrimos la cabeza y ampliamos en ese sentido.

El rol de las Redes. Creo que en su momento, las Redes fueron como impulsoras o rompieron con esa especie de “statu quo” que había en el Frente Amplio en esa campaña que era muy poco participativa, muy poco llamativa y que se rompió la forma en cómo se hacían las actividades. Antes dependía todo de Organización y si Organización no convocaba, en realidad, no era el Frente Amplio. Y ahora se rompió esa lógica y las Redes hacen algo, convocan cuando tienen ganas y son del Frente Amplio y son distintas y trabajan para el proyecto político frenteamplista y eso fue algo muy importante.

¿Cuál es el desafío para las Redes ahora? Creo que las Redes se deben mantener independientes de la estructura formal, estamos en un momento bastante complejo para la interna del Frente Amplio, donde hay dos polos grandes y la mayoría de los sectores se va definiendo por uno o por otro, donde - para mí - se está generando una lógica de partido tradicional, con dos bloques que acuerdan y debaten entre sí y definen con qué mayoría gana y cuál es la línea.

Y creo que ahí las Redes tienen un espacio importante para trabajar, para cambiar esa lógica, para generar espacio a los independientes, para generar espacios jóvenes, para generar ganas de movilizarse, de tener un impulso diferente. Todos los sectores tienen una cúpula política que define cuál es la línea del Frente Amplio y se retroalimentan, en realidad, porque cada sector tiene una cúpula que dice qué hay que hacer, quién va a ser el candidato, cuál va a ser la línea de trabajo y con qué sector va a negociar. Y en realidad, los que negocian, son una cúpula minoritaria y más de la mitad del Frente Amplio capaz que no se siente identificada con ese grupo o ese aparato, como se le llama. Y yo creo que en eso también está el desafío. En romper con esa lógica y tratar de volver a trabajar con otras ideas.

Y por último, para tirar una frase de un genio del teatro que me parece muy interesante: “Sólo una revuelta nos puede proteger. La rebelión contra nosotros mismos, contra nuestros pequeños compromisos, contra nuestros impulsos naturales, a escoger las soluciones conocidas y seguir el camino menos sancto”. Esto creo que muestra lo que no tenemos que hacer y la línea que tenemos que trabajar. (Aplausos)

Julio Marenales: Yo no quiero depender de la buena voluntad de los que mandan. Tengo que reconocer que aún perteneciendo al partido de donde salió el Presidente, conocemos poco de qué es lo que está pensando el Presidente.

Trato de partir de la realidad presente. Yo tengo un enfoque de la acción política que es un poquito particular, si se quiere: el 99,99% de los militantes políticos, de los partidos políticos y - en general - los que se plantean problemas en la actividad política, son los problemas de gestión y las cosas, cómo se están haciendo. Por eso es importante y a mí me toca como integrante de la dirección MPP, que a veces nos obligan a ser un poco “todólogos” y no lo somos.

Y lo responsable es recurrir a quien sabe para ver qué podemos hacer. Pero para mí, los problemas más importantes son otros.

Empecemos por lo siguiente: estamos en una sociedad capitalista dependiente. El Estado sigue existiendo, controla con todas las variantes que pueda haber, pero en esencia, es exactamente igual que cuando apareció hace 5 o 6 mil años: un puñado de gente que dirige la sociedad. Entre los grupos sociales y el Estado, en la época actual, hay intermediarios que son los partidos políticos. El demos no tiene mucha participación en las decisiones fundamentales y ahí coincido con la compañera Maite, también, es decir, hay un grupo de gente que es la que decide. Yo comparto eso. Entonces, partimos de una sociedad capitalista dependiente, tenemos ahora un gobierno de una fuerza progresista, estamos de acuerdo que con la miseria no puede hacerse socialismo.

En el Uruguay, indudablemente, hubo que remontar una situación muy difícil y le tocó remontarla al Frente Amplio. Un país que iba totalmente en declive, de marginalidad, miseria desparramada, gente en la pobreza. Indudablemente que, con ese panorama, nosotros no podíamos ni pensar en construir otra cosa diferente, por lo que la primer tarea tuvo que ser ésta y, en esa tarea, hemos ido avanzando.

Yo no soy de los que niegan el valor de lo que se ha hecho, es importante lo que se ha hecho. Es más, soy justamente de los que piensan que para poder hacer un planteo más profundo y para que, justamente, haya una participación de partes importantes de la sociedad, tenemos que hacer un trabajo de superación de la situación de miseria. Porque al que come de la basura, no le interesa la política, el socialismo, la democracia. No le interesa nada. ¡Quiere comer y quiere vivir un poco mejor! Con este proceso que estamos llevando, eso se va a producir.

Por eso yo hablo de esta primera etapa, a partir de la cual nosotros podemos hacer un trabajo político más profundo. Porque vamos a reconocerlo: la inmensa mayoría de la gente de este pueblo, las clases subordinadas como yo las llamo, no están preparadas para un cambio desde el arranque. Y esto lo afirmo categóricamente. Por eso nunca ocupé un puesto público, porque estoy trabajando para eso, sufro la acción desde abajo. Y esta es mi tarea y moriré en esta tarea, porque yo quiero que la gente se autogobierne. Porque, hasta ahora, son otros los que dirigen mi destino y yo quiero dirigir mi destino yo mismo.

Estos logros fueron posibles porque hubo una actitud de las personas que estuvieron en el gobierno. En la eventualidad hipotética de que hubiera un cambio negativo en el control del Estado, en la gestión de gobierno, de que el Frente Amplio perdiera la elección y que vinieran otros, que ya han amenazado con barrer una cantidad de cosas que se hicieron y que posiblemente lo hagan, ¿qué está demostrando eso? Que los vastos sectores sociales que recibieron beneficios de este gobierno y que pueden recibir los perjuicios de otro gobierno, están a merced de los que mandan, de los que deciden. ¿O no?

Es decir, todos nosotros estamos dependiendo de la buena voluntad. Y esta es mi opinión, compañeros, y esta es una valoración política y hace 66 años que estoy militando. Entonces dependemos de la buena voluntad. ¡Yo no quiero depender de la buena voluntad de los que mandan! Para mí, entonces, ahí está el nudo de cuestión: ¿cómo hacemos para crear una verdadera democracia, en donde la gente pueda tener capacidad de incidencia en las decisiones importantes?

Para mí el gran problema que hay es ese. No toda esa cantidad de problemas que hay, que son importantes, pero el gran problema es ese. Es decir, ¿cómo hacemos nosotros para organizar una sociedad en la cual haya posibilidad de que la gente pueda decidir las condiciones de sus vidas?

Podríamos decir que la cuestión de fondo, no resuelta todavía en ninguno de los experimentos político-sociales realizados a partir de la Revolución Rusa de 1917, es cómo construimos una sociedad en donde sean realidad las tres dimensiones de la democracia: la democracia política, la democracia económica y la democracia social.

Por supuesto que la tarea es enorme. Yo estoy, ya les digo, hace 67 años en esta pelea y, hasta ahora, no me ha ido muy bien. El cambio profundo en la sociedad, cuando la gente que habla de cambio revolucionario, no por la metodología de violencia - porque a veces la gente confunde revolución con violencia y no es lo mismo, sino que es a través de la transformación profunda - requiere transformaciones en todos los ámbitos sociales, por lo que la tarea política pedagógica, es gigante. Para nosotros, todo lugar en donde la gente se organice (para lo que sea), tome decisiones colectivas y las ejecute organizadamente, resulta en experiencias importantes que contribuyen a la maduración de la política y a la maduración política de las personas.

Pero hay una cuestión a tener en cuenta: como decíamos antes, ¿cómo puede incidirse en la sociedad presente para la toma de decisiones? Para poner un ejemplo: las Redes fueron capaces de muy buenas convocatorias, pero el bacalao se corta en otro lado. No cortan el bacalao. En Argentina y en Ecuador, las movilizaciones sociales bajaron un presidente, pero después el Estado quedó en manos de un puñado. Ese es el gran problema para mí y es la opinión que tengo y voy a morir con ella, obviamente, ¿no?

Tenemos que reconocer además - lo había dicho ya - que vastos sectores de la sociedad necesitan recorrer un largo camino de preparación, para estar a la altura de la exigencia de su autogobierno o su auto-conducción. Los experimentos políticos sociales realizados hasta ahora en el mundo han presentado múltiples problemas, aún no resueltos.

Para nosotros latinoamericanos, el transitar un camino propio como “pueblo”, va a requerir la ruptura de la dependencia: o lo hacemos entre todos, o no podemos. Pero tampoco tenemos la seguridad de que entre todos podemos hacerlo, porque somos muy perezosos. En este tema aparecen también muy serios problemas para resolver. Estoy absolutamente convencido que la problemática fundamental para los partidos de izquierda y fundamentalmente de izquierda… Y perdonen mi esquematismo, pero considero de izquierda a lo que es acción y pensamiento en función de un cambio de la realidad profundo.

Lo que es mejor para la realidad presente, no es izquierda, es progresismo, para decirlo así, esquemáticamente. Puedo estar equivocado, pero además lo hago porque es un concepto. Es decir, yo planteo para que haya un gobierno de izquierda que se plantee la transformación de la sociedad que, por supuesto, va a ser un problema complejo y que le va a llevar mucho tiempo. Porque el capitalismo cuando surgió en los pequeños Burgos, demoró 500 años en consolidarse, ¿no? Capaz que a nosotros nos cuesta un poco menos, pero no lo sé. Porque además las clases hegemónicas que, a pesar de que están en un gobierno frenteamplista, saben que el verdadero poder no está ahí. Puede haber pequeñas cuotitas de poder, las hay, pero el poder está en otro lado. Y esas clases hegemónicas tienen lo que no tuvo ninguna clase hegemónica en toda la historia de la humanidad: el poder estar todos los días en la cabeza de la gente con el encerráculo que es la televisión y los medios de comunicación. ¡Nunca! ¡Entre el aristócrata y el siervo, había un abismo! Acá no hay ningún abismo. Nos están llenando la cabeza permanentemente.

Un organismo le entregó al “Pepe” Mujica un trabajo sobre la Reforma del Estado y es un buen trabajo, pero le faltó esto. Y yo les dije: “no pretendo que ustedes me lo hayan resuelto. Es un buen trabajo para el ajuste del Estado presente, pero ¿cómo abrimos este Estado para que la gente pueda entrar en él?” No lo pudieron plantear y eso, para mí, es uno de los temas que tenemos que resolver.

Porque reconozcámoslo, nosotros defendemos - yo, por lo menos, defiendo - ese experimento político que se llama la Revolución Cubana, pero entre el pueblo en general y el control del Estado, está el Partido Comunista Cubano. Algún día tendremos que lograr que sea la sociedad y no el Partido Comunista, o un partido cualquiera. Y a los compañeros del Partido Comunista, con los que tengo muy buena relación, un día les dije: “vamos a tener que ajustar muchas cosas”. Bueno, nosotros vamos a tener que ajustarlas también…

Cuando uno habla de partidos concretos, habla de teoría de gobiernos, ¿no? O de medidas político partidarias. Es una pregunta muy difícil para mí, porque me gustaría hacer una valoración que, para muchos, puede que sea la evaluación del gobierno. Porque el “Pepe” Mujica pertenece al MPP, y un par de ministros también, entonces la gente cree que yo integro el gobierno. Y como ustedes ven, yo no integro el gobierno. Contestar esta pregunta en este momento se me hace compleja, porque tengo que reconocer que aún perteneciendo al partido de donde salió el presidente, conocemos poco de qué es lo que está pensando el presidente. Nosotros tenemos ideas, estamos trabajando, podemos hacer propuestas. Pero en realidad, qué es lo que está pensando a nivel de la esfera gubernamental de ahí para adelante y si lo vamos a compartir o no, no lo puedo contestar.

Es más, cuando asumió Tabaré - hablando con el hermano de él, el “Perro” Vázquez, le hicimos el planteo de conformar en este país (que capaz que existe y nadie lo sabe, por lo menos nosotros no lo sabemos), Inteligencia Estratégica. Le hicimos la propuesta y estuvimos como tres meses conversando con él. No teníamos pretensión de estar allí, sino que le mostramos algunas ideas de lo que hacía falta. Es decir, la Inteligencia Estratégica la componen personas civiles y algunos militares, también.

Recogen toda la información, la elaboran y le dicen: “adelante”. A los tres meses se cortaron las reuniones, no nos fue dada ninguna razón y hasta el día de hoy, nunca más se trató el tema, que yo sepa.

Es decir, justamente, todos tendríamos que contribuir, contribuir elaborando, formando equipos de trabajo. Porque vamos a reconocer, ¿no? Tenemos que hablar de la participación y hay que lograrla esa participación. Pero va a ser una cosa muy trabajosa. Cuando hay temas muy pesados yo le puedo asegurar, por la experiencia personal, que primero hay que formar equipos.

Porque a veces, cuando uno recurre a personas que saben mucho, son tan personajes, que para formar un equipo hay que ser menos personaje y reconocer que, de repente, dentro de ese conjunto puede haber personas que tienen mejores ideas que las mías. Primera cosa y que no es fácil. Y después hay que tratar que los diferentes equipos que se conformen, articulen, de manera de que se trabaje con una visión de conjunto. Porque una cosa que yo he ido descubriendo por mi experiencia ahora, a partir de que he tenido un partido político que pudo acceder al gobierno con alguna gente, es que hay compartimentos estancos en todos lados. ¡Es impresionante! Lo viví desde el principio. Es decir, no se trabaja con la cabeza de seguir un objetivo por determinado camino. Cada cual hace lo suyo. Y después, claro, hay un avance, una resultancia, pero que nadie sabe quien es. Entonces, contestar eso, a mí me resulta tremendamente difícil

Lo que tenemos que lograr acá es que, aparte de que en los partidos políticos se trabaje en eso hoy y en todos los ámbitos de la sociedad y se contribuya, a ese gobierno le falta rodear a la gente que esté para eso. Recopilar la información, porque están en condiciones de tener información que nosotros no tenemos, elaborarla y darle un rumbo que se pueda compartir o no por parte de la sociedad. Tengo opinión para todo, pero a mí me interesa mucho más ese trabajo que hago siempre que es auscultar a la gente, qué es lo que piensa la gente. Y después, vemos qué hacemos.

Esteban Valenti: Las Redes, tendrán que combinar opinar sobre todo y no estar en el sistema, pero si quieren estar, hay que estar…

Yo me voy a referir al tema del “futuro” ya que estaba planteado cuando me invitaron... Una fuerza que hace ocho años que está en el gobierno, para poder hablar del futuro y que no sea simplemente un relato de nuestros sueños, de nuestras aspiraciones y de los problemas que tenemos, tiene que partir de lo que hemos hecho, de nuestra experiencia, de lo que hemos acumulado.

Dado que es muy breve el tiempo y está bien, porque es lo que aguantamos en esta época de twitter y porque además, ustedes que convocan mucho, van a un boliche, porque en realidad tienen una capacidad de convocatoria tan limitada que es una radiografía de lo que tenemos, yo me voy a referir a las cosas que hemos acumulado y que han cambiado en estos años.

Que no son cifras, solamente. Son esas cosas duras, esos procesos duros que cambiaron la sociedad uruguaya y que cambió la izquierda en la sociedad uruguaya y que nos permiten plantearnos un cambio en la acumulación de fuerzas y en los objetivos, que son siempre una relación entre los grandes objetivos programáticos y también las fuerzas sociales y culturales capaces de concretarlos. Porque eso fue lo que motivó que pudiéramos derrotar el sistema de partidos más viejo del mundo, que es el sistema uruguayo: dos partidos binarios no existen en otro lado, con la edad en el poder como tenían en este país.

Creo que hay cosas que hemos cambiado mucho y hay otras en las que tenemos un enorme vacío crítico, que no es simplemente: “bueno, había que hacer algo y nos quedó por el camino”. No, no. Yo creo que es parte de un repliegue ideológico, político, teórico de la izquierda en el mundo.

En primer lugar, ¿qué es lo que hemos hecho? ¿Qué es lo que hemos acumulado, desde el punto de vista de los cambios que están operando ya, ahora en la sociedad uruguaya?

Compañeros, amigos, ¡hemos logrado cambios en la estructura productiva del Uruguay como no se generaban a lo largo de los últimos ciento y pico de años, en sectores fundamentales de nuestro país! Esas cifras que aparecen todas hilvanadas como si fuesen una columnita, ¡forman parte de cambios extraordinariamente importantes! ¡Hemos logrado - para los que tengan una visión marxista, keynesiana o de parasitismo capitalista - una acumulación de capital, hecha por la sociedad uruguaya, en manos no muy diferentes de lo que teníamos antes! ¡Pero lo hemos hecho!

Hoy el Uruguay tiene una acumulación, desde el punto de vista productivo, que ha cambiado profundamente en los últimos ocho años. Expresión de lo cual es el crecimiento del PBI y de toda una lista que no voy a hacer porque ustedes la conocen. Eso es bastante irreversible en el Uruguay. ¡Ese cambio no lo logró la burguesía, no lo logró la clase dominante en los veinte años post-dictadura ni durante la dictadura!

En el campo, en la industria… Y con un elemento: el 50% es por acumulación bruta de capital y más del 50% se fue a la acumulación tecnológica que se ha ido produciendo en el Uruguay. Tanto desde el punto de vista institucional, en instituciones de políticas públicas, como de riesgo.

Eso que decimos que el Uruguay alcanzó el 21% de inversión sobre el PBI, ¡eso es un estudio del capitalismo parasitario que había en este país! Hoy por ejemplo, el Banco República es una de las instituciones simbólica de lo que fue el cambio en el Uruguay, donde la plusvalía se acumulaba a través de las carteras pesadas y se redistribuía, esencialmente, a través de un sistema parasitario.

En el Uruguay eso cambió y es muy difícil retroceder en ese cambio. Aún en la restauración que se propone la derecha. A nivel material hemos cambiado en muchísimas cosas. Se han incorporado naturalmente a nuestra vida. Ya no nos tenemos que comparar con el 2002. Hoy tenemos que compararnos con el 96 o 97, con los años pico de los gobiernos post-dictadura de los partidos tradicionales y no estamos mal en ningún caso. Ni siquiera en algo que tenemos que tener siempre presente - porque es parte esencial del discurso político, compañeros, porque no tenemos otra cosa que decir - que es la distribución de la riqueza.

Lo decimos porque, en realidad, es un slogan. ¡Nada más! ¡Digámoslo! El 20% más pobre de la población aumentó el 10% de su capacidad de compra en los últimos 8 años, el 20% de la cuarta aumentó el 9%, la del medio aumentó el 4% y las otras aumentaron 2 y 1%. ¡Vaya si eso es un cambio!

Pero nosotros tenemos que tener siempre presente el tema de que nuestro objetivo no es sólo cambiar la redistribución de la riqueza. Nosotros tenemos un problema de la propiedad, tenemos un problema de que el capitalismo - en el mundo - se está cayendo a pedazos. Y lo que hacemos, en general, desde la izquierda, es mirar con deleite como se cae y, en realidad, tenemos pocas respuestas. Porque el sistema de que estamos cada día más cerca del socialismo si logramos tener más Estado, ¡ese es un cuento que se cayó a pedazos en el mundo! ¡No es cierto! Porque además no dio cuenta, ni siquiera, de los orígenes de nuestras ideas. Olvida, nada menos, que a la sociedad civil.

El segundo problema que nosotros hemos ido cambiando: los derechos de la gente. Hoy los Consejos de Salarios ya son casi un territorio conquistado y va a ser muy difícil retroceder. Y los derechos no son sólo un problema salarial. ¿Cuántos delitos ha cambiado la izquierda en el gobierno? ¿En cuántos terrenos hemos avanzado en ese sentido? ¡En muchos! Nos queda mucho, pero hemos avanzado realmente. Y nos quedan muchos porque efectivamente, además, el día que la izquierda diga que en materia de derechos civiles, de derechos humanos, de derechos democráticos, de derechos políticos, llegó, dejó de ser de izquierda. Eso sí creo que hace a una definición de izquierda.

Para nosotros no se termina la historia. Porque desde la derecha, o desde el socialismo real, cuando creímos que se había terminado la historia, la historia nos dio un portazo en las narices. Entonces nosotros tenemos todo eso por delante, pero hemos avanzado.

¿Dónde está el tercer capítulo, en donde no hemos logrado avanzar lo que nos proponíamos? Y ese es un gran “debe” que tenemos acumulado en estos ocho años: en los cambios culturales. Hay una proporción entre los niveles que tenemos de bienestar en la sociedad uruguaya, incluso entre los niveles de salida de la pobreza, de salida de la indigencia y el avance del conjunto de la sociedad desde el punto de vista cultural. Y no estoy haciendo una definición de “cultural” que no es, ni esa definición genérica sino que es ese complejo entramado de saberes que es todo lo que no es naturaleza, de sensibilidades, de valores, que componen una sociedad.

¿Hemos avanzado, por ejemplo, en la forma de convivencia de este país? ¡No! Porque en ciertas cosas macro no hemos avanzado en medio de una disputa en donde la derecha ha decidido dar una batalla ideológica. Porque en la batalla programática, ¡viene perdiendo por asesinato! La derecha, lo que fue siempre su bandera que es que podía gobernar, manejar la economía y que la izquierda era una derrochona incapaz de gestionar, no es cierto. Nosotros les hemos demostrado que podemos manejar la economía mucho mejor que ellos, con viento de cola o con huracán de frente. Y la hemos cambiado en sectores claves y la hemos cambiado, además, de manera profunda.

Pero, ¿qué pasa? El “futuro”, esa palabra tiene necesariamente, en cualquier visión de izquierda, un componente - que Marenales lo planteaba desde el tema de los desafíos democráticos, que es una parte muy importante - que es el ser humano.

El gran aporte de Gramsci no es el aporte sobre la guerra de posiciones, sobre la disputa de hegemonías. El gran aporte es esa combinación entre su formación marxista y su formación anarquista, que está presente. Que es esa concepción de que, en realidad, los factores económicos pueden no ser los determinantes únicos del cambio de la sociedad, sino que a eso hay que agregarle los factores humanos, culturales.

El hecho de que haya definido que la burguesía, a partir de su papel en la producción, no definió su rol histórico sino que lo definió a partir del liberalismo como ideología, vale para nosotros también. El proletariado y la clase obrera y los trabajadores o como se les quiera llamar, en su evolución, parten de la base de encontrar una respuesta política, ideológica y cultural como alternativa. Y para eso imitamos no sólo una teoría y no hemos logrado avanzar suficientemente en eso.

Y ese tema tiene que ver, no sólo con la comunicación, con la participación, tiene que ver con algo fundamental: con la política. La política es la única actividad donde los seres humanos combaten por el poder, luchan por el poder, de manera explícita. Aunque, en realidad, en todas las actividades de los seres humanos, luchamos por parcelas de poder. Pero el problema de democratizar el poder político… Nos ha ganado más el poder político que nosotros a él. ¡Y tenemos que asumirlo!

Estuvimos metidos en una batalla tan grande y es tan complejo el desafío, en un mundo donde la izquierda - en Europa - retrocedió en toda la línea. ¡Ya no se sabe ni qué es! La socialdemocracia, que podía parecer una alternativa, hoy está a la deriva.

¡Está a la deriva! No cayó tan estrepitosamente como el muro de Berlín, pero el “estado de bienestar” - en Europa - hoy es el “estado de la insatisfacción”, es el “estado de la frustración”, es el “estado de la desesperación” para países enteros. Esos países que eran los modelos.

Entonces, de esas tres componentes para el “futuro”, yo me refiero exclusivamente a la política. Pero uno tendría que entender que nosotros tenemos por delante la necesidad de una elaboración de la acumulación de fuerzas programática, social, cultural de la izquierda para la próxima batalla, con una derecha que nos va a querer imponer debates sobre temas puntuales y regresivos, porque el debate sobre el tema de la seguridad no es sobre los menores o no menores, es sobre toda la visión de la sociedad.

Es la derecha, como tal, que quiere dar esa batalla y hay otros temas de ese tipo que van a querer, permanentemente, imponer.

Primero: yo veo que el gran cambio de la izquierda es que la mayoría de los frenteamplistas somos primero frenteamplistas. Somos más frenteamplistas que sectoriales, porque para la gente eso es un valor y los que se han ido de uno se “caen” en el otro sector o se “caen” en el Frente Amplio. Y eso es lo que ha pasado también con las Redes y con miles de militantes y de no militantes que encuentran un espacio. Yo trabajo con la Red, en el sentido que trabajo con una agencia que se dedica a eso, he trabajado con redes utilizando tecnologías, etc.

Pero está clara una cosa: si no participás en el proceso de la toma de decisiones, vas a ser siempre un actor externo.

¿Cómo lograr combinar el hecho de mantener la frescura…? Y también la irresponsabilidad, porque a mí, eso de “pasarle la mano por el lomo” a las redes todos los días, yo no lo hago ni lo voy a hacer acá. Y se lo digo en la cara y lo he escrito. Porque eso de que, en realidad, uno puede decir cualquier cosa, total después hay otro que decide, ¿no? ¡No! Hasta que no se encuentre un mecanismo tan democrático, tan participativo que no sean los “harish”, que no sea alguna secta, sino que sea una sociedad viva, democrática, con su historia, con sus tradiciones, con sus problemas y que no plantee la austeridad como alternativa, es una batalla perdida…

¡No, compañeros! En realidad, no vamos en contra de la historia. La batalla de la izquierda no es contra la historia, porque la hemos ganado a favor de la historia en los sectores clave: en el de los derechos civiles, en el de la capacidad de transformación social desde el punto de vista productivo, económico y social. Y nos falta una gran batalla, muy difícil porque es la batalla más compleja, que es la batalla con, a favor y contra los problemas que los propios seres humanos hemos generado en este mundo que es un mundo que, realmente, cuando uno se levanta de mañana y ve - aunque sea una campaña enemiga, lo digo también claramente porque uno se da cuenta - en qué medida se ha degradado de todo punto de vista. Y en qué medida nosotros tenemos tan pocas respuestas y necesitaríamos una audacia mucho mayor, en todo sentido, para ser capaces de afrontar esos nuevos problemas.

Y ustedes, las Redes, tendrán que combinar esa capacidad de desfachatez y de opinar sobre todo y de no estar en el sistema, pero si quieren estar, hay que estar, ¿eh? Hay que buscar mecanismos. Porque yo no creo que el sistema sea crear mecanismos paralelos. Porque el problema es que los dos sectores se envilecen. No sólo los que hacen la política real.

Es como la Academia, es decir, ha habido una fractura y ¿quién ganó? ¿Ganó la Academia? No. ¿Ganó la política? En absoluto. Pero tendremos que encontrar la manera de que la Academia y la política, las Redes y la política, se encuentren de mejor manera. Y eso es ensayo-error, elaboración teórica, audacia. Y yo creo que la izquierda uruguaya, en su tamaño, con sus características, con su capacidad - incluso la de derrotar a grandes popes de la derecha, como la ha tenido - puede encarar esas tareas a corto plazo. Todo con un criterio: volver a gobernar. Porque yo creo que si perdiera la izquierda en este país, estas reuniones serían un enorme lamento. Y no solo éstas, el país sería un enorme lamento. Porque la derecha tiene un proyecto de restauración en serio.

Yo pertenezco al partido de gobierno, en toda la línea. Inclusive a la del Presidente, con el que ustedes saben que yo he discrepado muchísimas veces, pero me asumo absolutamente. Porque él me representa en los aciertos y en las discrepancias. Y, además, creo que efectivamente la izquierda uruguaya ocupa - incluso haciendo esfuerzos de apertura - todos los espacios gubernamentales. Y yo me siento representado, incluso, por aquellos compañeros con los que pueda discrepar. Son parte de mi fuerza política y parte importante de mi fuerza política y ¡ni que hablar el presidente de la República! Es más, siempre una cosa que la izquierda uruguaya ha incorporado y que desde que nació el Frente Amplio lo tiene muy presente.

Esta polémica yo la empecé a hacer en los Comités de Base, con compañeros del “26 de Marzo”, del Partido Socialista, ¡cuando los Comités de Base reventaban de gente! ¡Y eran debates ideológicos! Teníamos posiciones desde filosóficas, políticas, ideológicas diferentes y, sin embargo, vivimos todas las pruebas y la mayor prueba, la de la división. Y volvimos a encontrar el camino de la unidad y de construir una alternativa y de gobernar durante ocho años, a pesar de que nos trataban de “colcha de retazos”. Y de votar todos los temas juntos.

Los temas importantes los votamos, prácticamente, todos juntos. ¡Las cosas que nos dijeron! ¡La derecha nunca lo logró! Nosotros tenemos ese enorme capital.

¿Qué es lo que tenemos que reconocer? Que tenemos dos tensiones que no hemos logrado vencer. Dentro de los problemas culturales que tenemos, la formación de cuadros de izquierda, por esa doble condición de tener que gobernar, pero también porque la relación nuestra con las usinas de generación de ideas, es baja, es mala, no hemos tenido la capacidad de seducir.

No es cierto que las cosas se resuelven todas colectivamente. No, no es así. Es decir, colectivamente nosotros tenemos la necesidad de incorporar, pero después hay gente que se hace responsable, gente que ocupa espacios. Yo el otro día escuchaba a alguien - que no es de ningún sector, así que se puede hablar bien de él sin que nadie se ofenda - el ministro de Agricultura, a quien además lo eligió el Pepe y no es de ningún sector. Ese es un hombre que ha jugado un papel en la revolución productiva de este país, ¡extraordinario! ¿Por qué? Porque es un tipo que tiene capacidad. Y yo creo que nosotros tenemos ese desafío por delante.

El otro tema que tenemos, también, es el de los cuadros políticos. No todo es un tema de gestión. Pero compañeros, yo para el próximo gobierno creo que tenemos que sacarnos de la cabeza de que todo tiene que ser dividido por sectores. ¡Y esa alternativa la hemos aprendido en la Intendencia, compañeros! (aplausos). Porque además, compañeros, ¡ojalá nunca se termine la diferencia en el Frente Amplio! Pero compañeros, nosotros a veces exacerbamos las diferencias, más por minucias de poder, que por diferencias ideológicas y políticas reales. Y eso después se refleja también en la formación de cuadros, en el debate, en la discusión, etc.

Nosotros tenemos por delante, en estos dos años, la batalla por la educación y la batalla por la cultura, que es una batalla abstracta. Ahora, nunca se dio un nivel de inclusión social en la educación como en estos ocho años. ¡Nunca! Y eso incide, también, en el nivel y en el promedio de la educación. Pero además, la izquierda, no logró ponerse de acuerdo sobre el tema de la educación. La gran diferencia es en la izquierda. Y alguien lo tiene que decir, porque lo peor es la paralización.

Y en el tema de la cultura hemos avanzado. Miren compañeros, si hay un símbolo de la cultura, es el libro. Vayan a la Feria del Libro de San José ¡Vean lo que ha cambiado este país! Debe ser más grande que la Feria del Libro de hace diez años en Montevideo. Y eso pasa muchísimo. Pero pasa en la bienal del Banco República. En el Banco República, en el templo del dinero, abajo hay un enorme mural que se llama “Los símbolos del Capitalismo” y que es una pared de pedazos de cosas bancarias. ¡Es de una alegoría, es una cosa de una gran sutileza! Que la sociedad uruguaya tenga un mural enorme sobre el oficio del capitalismo, hecho por alguien de Durazno que dice así: “No apto para que lo vean los menores”. Esas son las cosas que tenemos nosotros, los uruguayos, entre maravillosas, deslumbrantes.

Bienal de Venecia o poderío. Ahora, todo eso que no hemos hecho, nos hemos acostumbrado. Y está bien. Pero si nosotros, en la costumbre de haber hecho todo eso, no la transformamos en un impulso incontenible, insostenible y permanente y compramos temas nuevos… Compañeros, yo les digo sinceramente, nos vamos a quedar con la discusión infinita del poder. Y ese es uno de los grandes peligros que tienen todas las fuerzas políticas.

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