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Enrique Pastorino, y la Federación Sindical Mundial
Por Daniel Mañana
En la historia de las sociedades suelen haber personalidades que han desempeñado roles protagónicos, pero junto con su brillantez, se han destacado por el bajo perfil con que desempeñaron un cumulo de actividades políticas y sociales. Tal es el caso del uruguayo Enrique Pastorino (1918-1995). Se afilio al Partido Comunista del Uruguay en 1941 (Carnet Nº 180) siendo electo secretario general del sindicato de la industria del cuero. Participo en la fundación de Unión General de Trabajadores (UGT) y en la creación de la Federación Sindical Mundial (FSM) en 1948. Fue diputado nacional, por el PCU, entre los años 195l y 1959, integrando el secretariado de su partido desde el año 1955. Participa del núcleo fundacional de la Central de Trabajadores del Uruguay (1961) y de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) en 1964 y 1966. Fue electo Presidente de la Federación Sindical Mundial en 1969 y Secretario general en 1978. La FSM contaba en ese momento con 180 millones de afilados y su sede estaba en Praga. Su renuncia en el año 1980 a tan alta investidura internacional nunca ha sido explicada por su partido ni por otros exponentes del movimiento sindical internacional.
En dos recientes libros ("La política de la Fe" y "¿Nos habíamos amado tanto?") se hacen referencias a este destacado uruguayo que merecen algunas puntualizaciones.
Parte 1 En el libro de Adolfo Garcé "La política de la Fe", se hace mención al alejamiento de Enrique Pastorino del Partido Comunista del Uruguay (pag.124) por "discrepancias con Arismendi" refiriendo a un libro de mi autoría, ("Enrique Pastorino, estratega obrero, constructor de unidad",AEBU,2009). En ninguna de las doscientos y pico de páginas del mencionado trabajo se hace referencia a tales desencuentros.
En el largo tiempo que duro la investigación, choque siempre con el obstinado silencio de la familia, que cumplía con el compromiso asumido con Enrique Pastorino ya en sus últimos días :" después de mi, el silencio..".
En las decenas de entrevistas realizadas para dar forma al trabajo finalmente publicado, no fue posible encontrar explicación alguna sobre su alejamiento de la Federación Sindical Mundial y del PCU.
Una breve aseveración de Alcira Legaspi, esposa de Arismendi, fue el mayor apunte que recibí de una fuente de primera línea: "con Arismendi nos enteramos de su alejamiento de Praga por intermedio de los camaradas alemanes en ocasión de una visita nuestra a Berlín en el año 1980".
A partir de ese año se radico en México, junto a su familia, donde cultivo muy escasas relaciones, destacándose los diálogos semanales que mantenía con "el viejo Sala", padre de la Prof. Lucia Sala.
Según Juan Raul Ferreira, "en el año 82, Wilson le encomendó buscar un contacto con Pastorino,..porque WFA quería expresar públicamente su decisión política de reconocimiento de la CNT como la representante única y legitima del sindicalismo uruguayo". En el verano europeo del año 82 concretamos, una reunión con Pastorino en el viejo continente". "Pastorino sugirió la posibilidad de de realizar, en algún lugar de America, un acto organizado por la CNT donde Ferreira Aldunate pudiera expresar sus opiniones sobre la relación entre el sindicalismo, la situación uruguaya y las salidas", (en Mañana, pag.187). Ese evento (mayo 16 de 1983) se realizo en la sala de actos del senado de Colombia, hablando en la oportunidad Sixto Amaro y Wilson Ferreira Aldunate.
Esta referencia muestra que a pesar de su alejamiento de la FSM, E. Pastorino continuaba actuando "de cara al Uruguay" y en armonia con la dirección exterior de la CNT.
En ocasión del X Congreso de la Federación Sindical Mundial, que se celebro en La Habana, Cuba, en febrero de 1982, se le envió a Enrique Pastorino a México, la invitación y los pasajes. En la oportunidad se le entregaría una medalla de oro por "los servicios prestados" y se le otorgaría la pensión que se adjudicaba --desde la fundación de la FSM-- a los ex Presidentes y ex-Secretarios Generales.
Enrique Pastorino no viajo a La Habana. Feliz Diaz recibió la medalla de oro para su compatriota. Enrique Pastorino nunca cobro la pensión por su desempeño en la Federación Sindical Mundial. Parte 2 En larguísimas conversaciones, con grabador o bolicheando, ninguno de los sobrevivientes de aquella generación de notables dirigentes sindicales de los años 60 supo aportar detalles que esclarecieran el alejamiento de Enrique Pastorino.
En el reciente libro "¿Nos habíamos amado tanto?", (Martinez, Ciganda, Olivari), Juan Pedro Ciganda (pag.88) establece "la hipótesis que siendo Presidente de la Federación Sindical Mundial tuvo problemas insalvables con algunas fuerzas hegemónicas dentro de la citada organización y que luego tuvo repercusiones a la interna del PCU". Como "hipótesis", esta segunda aseveración ("repercusiones a la interna") queda en ese terreno, hipótesis, pues no encontré fuentes partidarias que aseveraran algo parecido. Mas se puede decir, E. Pastorino, se reincorporo a su querido sindicato del cuero en los años 85-86 dando una mano a una nobel generación de dirigentes sindicales (mayoritariamente UJC y algunos MLN) que se encontraban haciendo sus primeras armas en los recién instalados Consejos de Salarios. Diariamente concurría al sindicato -de riguroso traje oscuro y corbata- aconsejando a los jóvenes sindicalistas. Al decir de uno de ellos, "un dia se dio cuenta que su tiempo había pasado, se despidió, y se fue para su casa".-. Acerca de sus "problemas insalvables con algunas fuerzas hegemónicas dentro de la citada organización" (la FSM), recientemente (diciembre de 2011) recibí un mail de Luis Turiansky (uruguayo, radicado en Praga desde los años 60, ex funcionario rentado de la FSM, y secretario de E. Pastorino) donde se aclaran cuales fueron "esos problemas insalvables": "yo divido la actuación de Pastorino en la FSM en dos partes: la presidencia (1969-1978) y luego la secretaría general (1978-1980). Hay que saber que los presidentes de la FSM nunca fueron ejecutivos, nada más personalidades reconocidas, encargadas de hacer discursos, presidir las reuniones y representar a la organización; la dirección diaria siempre estuvo a cargo del secretario general y el secretariado, y los presidentes nunca eran permanentes en la sede.
Al fundarse la FSM, el presidente fue un inglés y el secretario general Louis Saillant, de la CGT francesa; después de la escisión de 1949 y creación de la CIOSL, la presidencia recayó en un italiano, Giuseppe Di Vittorio, a quien sucedieron siempre italianos, hasta la elección de Pastorino, que rompió esta tradición. A pesar de lo limitado de las funciones del presidente, el hecho de ejercerlas un representante del "tercer mundo" trajo cambios positivos, no sólo en el lenguaje sino también, lo que es más importante, en el peso de los problemas de esos países en las prioridades programáticas de la Federación.
En 1973 se produce el golpe de Estado en Uruguay y Pastorino se instala en Praga. Es entonces que comienza a participar, en calidad de invitado, en las reuniones del Secretariado, que dirigía Pierre Gensous. Como es natural, combinó su dedicación a las tareas de la FSM con la solidaridad con el movimiento sindical uruguayo y la lucha por la libertad de nuestro pueblo. Fue sin embargo una época complicada, en la que se acentuaron las diferencias latentes que existían en el movimiento sindical europeo de orientación comunista desde la intervención soviética en Checoslovaquia en 1968. Primero fueron los italianos que se retiraron, luego, al final de este período, la CGT de Francia anunció que ya no presentaría una candidatura para ocupar el puesto de secretario general. En estas condiciones comenzaron las tratativas para encontrar un candidato sustitutivo, teniendo la voz cantante los países socialistas. Pastorino era un candidato ideal: sin ser de un país socialista era amigo de la URSS, tenía el apoyo de Cuba y el resto de Latinoamérica, y representaba la alianza clásica entre países socialistas y países en desarrollo (pero en detrimento de los países capitalistas desarrollados). Claro, había que poner a otro de presidente. Fui yo el que le sugerí que propusiera al húngaro Sandor Gaspar, por entender que era igualmente potable para los países socialistas y para la CGT francesa. La idea le pareció bien y así salió.
La segunda etapa de Pastorino en la FSM, como Secretario General, fue menos positiva. Por las circunstancias de su elección y la debilidad de la disuelta CNT, no pudo jugar el papel unificador que le correspondía. A falta de una central nacional en la que apoyarse, no tuvo otra alternativa que buscar orientación en el PC exterior y depender de las posiciones de los representantes oficiales de los sindicatos de los países socialistas europeos, consejeros éstos nada fiables, como se vio unos años después. Para colmo, se volvió desconfiado y suspicaz, hasta poner a su hijo mayor en la plantilla del personal a fin de tener un informante de confianza. Se lanzó ciegamente a una campaña desafortunada de limpieza financiera, en la que naturalmente chocó con los intereses de los anfitriones, de hecho los dueños de la pelotita. Una aclaración sobre la corrupción y las prerrogativas de los funcionarios: mucho de lo que se dice es exagerado; los salarios de los funcionarios de la FSM eran superiores a la media checoslovaca e incluso a los del aparato sindical local, sólo porque los salarios en occidente eran mucho más elevados y difícilmente un cuadro francés, pongamos por caso de Renault, aceptaría irse a Praga para ganar como un obrero checo de Skoda. La complejidad de las cuentas en varias monedas podía dar lugar a toda clase de conjeturas entre los no iniciados, pero fundamentalmente era un terreno que la burocracia sindical local, vale decir la "nomenklatura", no se iba a dejar arrebatar.
Todavía en 1980, recuerdo una reunión del Buró de la FSM en Cotonou, donde el informe de Pastorino, en cuya redacción participé, se caracterizaba por la apertura, en busca de aliados. Todo fue tarde: la CGT no podía volver y los países socialistas no querían cambiar. Comenzaron a hacer correr el rumor de que Pastorino estaba enfermo, prácticamente incapacitado para dirigir la FSM. Los mismos que lo llevaron al cargo lo desahuciaron. El jefe de los sindicatos soviéticos de entonces vino personalmente a decirle que se tomara unas "vacaciones" y fuera a hacer un tratamiento con ellos. Él tuvo la suficiente dignidad de rechazarlo y renunciar.
Su silencio posterior me lo explico por el profundo sentimiento de decepción que sufrió. En 1989, yo había ido a Uruguay con el que le sucedió en el cargo, el sudanés Ibrahim Zakaria, y lo fui a ver. Había caído ya el muro de Berlín y en Praga tenía lugar la "revolución de terciopelo". Me dijo, con la franqueza de siempre: "¿Viste? La cosa estaba incluso más podrida de lo que yo creía".
Lamentablemente esta información llego 2 años después de publicado el libro. Malos entendidos, y quizás mala intención de alguien no vinculado al PCU, hicieron que Luis Turiansky diera por descontado que contaba con esta información. No fue así. Es una buena oportunidad para aportar un nuevo rasgo de un uruguayo ejemplar. El mismo que en 1959 renuncio a la banca de diputado para dedicarse de lleno a las tareas de unificación sindical.
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