|
Yo no soy independiente
Raúl Legnani* Urumex80@gmail.com
Los medios de comunicación, una vez superada la dictadura, se reformularon en sus contenidos. No nos olvidemos que antes del golpe de Estado del 27 de junio de 1973, los dirigentes de la CNT, de la Feuu, así como las principales figuras de la dirigencia de izquierda no aparecían en las pantallas de la TV, ni en los micrófonos de las radios ni en la cabeza de las páginas de la prensa escrita, Si aparecían era para “fusilarlos”, pero por lo general no estaban y se aparecían era sola en la prensa partidaria de izquierda.
Lo revulsivo democrático que significó la derrota de la dictadura, permitió que nuevos actores sociales y políticos fueran considerados por los medios de comunicación, cuyos propietarios fueron sostén del régimen de facto.
Ante tanta amplitud de interesados en ser informados, comenzó a peder pie la prensa partidaria, dejando paso a una prensa más informativa. Fue así que la prensa de derecha fue a los principales centros de modelos informativos, para maquillarse. Y así fue que aparecieron dos ideas: los medios de comunicación independientes y los periodistas independientes.
“Yo soy independiente y duermo tranquilo, porque solo me debo a la ciudadanía”, fue la fórmula ideal para que muchos periodistas pudieran sentirse bien con sus conductas. Periodistas, muchos de ellos, que trabajaron en la prensa de izquierda, pero que cuando presentaron curriculum no dicen que fueron, incluso, hasta militantes de la izquierda.
Por cierto que esta categoría de periodistas independientes, tiene aristas positivas y negativas, pero donde siempre termina predominando la hipocresía, porque no hay ningún ser humano - donde sospecho que los periodistas estamos incluidos en esa humanidad-, que pueda ser excluido de las influencias políticas, ideológicas y culturales de una determinada sociedad e incluso del mundo global.
Sostengo que un periodista no debe responder a las disciplinas partidarias y corporativas, aunque tenga afectos e identificaciones ideológicas por ellas. Pero el periodista, como los siquiatras, no puede ocultar su identificación filosófica, ideológica y cultural. Más vale, creo yo, que un periodista frenteamplista entreviste a un dirigente colorado sin ocultarle sus identificaciones, a que se vista de independiente para poder sacarle información.
Confieso que tengo amigos que creen en el periodismo independiente, como si fuera la creencia en el Vaticano, si habláramos de religión. Y a todos ellos siempre les pongo un desafío.
Veamos. ¿Qué hace un periodista si este lunes a las 16 horas se entera que hay un Golpe de Estado a las 9 horas de la mañana siguiente? ¿Lo anuncia por la radio, por la TV o lo guarda para el diario de las 6 horas de la mañana o para el otro día?
Si es independiente, lo publicita de inmediato, pero en mi opinión se equivoca. En lo personal tengo otra actitud y voy a ser transparente: si creo en el Presidente de la República, sea del partido que sea, a las 17 horas estoy reunido con él explicándole lo que está pasando y lo que va a pasar. Si a la democracia le sirve que lo anuncie este lunes lo hago y si a la democracia no le sirve, conspiro contra los golpistas, sin hacer público el intento de quiebre del orden institucional.
Con este ejemplo, solo agrego que el periodista independiente puede ser fruto una claudicación ideológica y por eso reafirmo que soy del “partido” de la democracia, de la libertad y de la República: por eso no soy independiente. Y que todo lo demás es puro verso o justificación para no comprometerse.
*Columna publicada en 10 de diciembre en La República
Maestro y periodista
LA ONDA® DIGITAL
|
|