Ramsey Clark en Cuba y un recuerdo de Teherán
Por Niko Schvarz*

Ramsey Clark es una personalidad estadounidense que merece ser conocida. Fue nada menos que Fiscal General (Attorney General) en su país y se distinguió por sus actitudes valerosas e independientes, en defensa de la justicia. Ahora acaba de participar en La Habana en la Convención Internacional Cuba-Salud 2012, que se desarrolló en el Palacio de las Convenciones los días 3 al 7 de diciembre y en cuyo transcurso dictó una conferencia magistral. El encuentro acogió a ministros de Salud de 20 naciones y otras personalidades, así como a más de mil delegados de 45 naciones.

En primer lugar, Ramsey Clark destacó los logros extraordinarios de Cuba en materia de la atención a la salud de toda la población. Entre ellos, la baja tasa de mortalidad infantil, de 4,5 por cada mil nacidos vivos, que muy pocos países han logrado, ni siquiera Estados Unidos. Además, Cuba tiene más médicos por habitante que la mayoría de los países con economías más desarrolladas, y hay un médico cerca de las personas en cualquier parte de la isla. Esa atención sanitaria más toda una serie de programas de prevención y control de enfermedades, y en particular la atención materna, permiten mostrar indicadores importantes de bienestar.

Todo esto lo ha alcanzado Cuba a pesar del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos desde hace cinco décadas y que fue objeto de una condena categórica. Con el agregado de que pese a las inmensas dificultades creadas, Cuba está demostrando una solidaridad de enormes proyecciones a un conjunto de países en materia de cooperación médica.

Los médicos y profesionales sanitarios cubanos no escatiman esfuerzos por prestar servicios a otros pueblos y han estado presentes para salvar vidas, a menudo en condiciones extremadamente penosas. A Cuba no le interesa la fama, sino la vida de los demás, dijo Clark. La mayor fortaleza de los cubanos internacionalistas es salvar vidas, les satisface hacer algo justo.

Elogió asimismo la significación de la labor desplegada por la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La Habana, donde se han formado unos 18 mil jóvenes de distintas nacionalidades, incluso de Estados Unidos. Ayuda que calificó de inestimable porque esos médicos tienen un sentido humanista y trabajan con el corazón.

En el encuentro participó asimismo el Dr. José Luis di Fabio, representante de las organizaciones Panamericana y Mundial de la Salud, quien ponderó la ayuda internacional de Cuba en el área de la docencia, la formación de pre y postgrados con un alto nivel científico, y la eficiente labor de los médicos cubanos en los países donde prestaron su aporte solidario. También se analizó la cooperación triangular entre Brasil, Haití y Cuba, y la participación de jóvenes venezolanos egresados de la ELAM ante situaciones de desastre en Haití.

Encuentro en la capital de Irán
La mención de Ramsey Clark me trajo el recuerdo de un episodio vivido en 1980 en Teherán, la capital de Irán. Era la época del ayatollah Jomeini. El sha Reza Pahlevi (que había recuperado todo el poder después del golpe de Estado organizado por la CIA en 1953 que derribó al gobierno nacionalista del primer ministro Mohammed Mossadegh) huyó en enero de 1979 bajo el impacto de grandes movilizaciones populares, y el ayatollah regresó triunfante desde París y se convirtió en la principal autoridad. En noviembre de ese año 1979, un grupo estudiantil ocupó la embajada norteamericana en Teherán, tomó a sus funcionarios como rehenes y exhibió documentos que demostraban la intromisión de Estados Unidos y la CIA en la política de Irán. Un intento de EEUU de rescatar a los rehenes por vía militar fracasó, los aviones quedaron enterrados en las arenas del desierto.

En esas condiciones, el gobierno de Irán organizó una conferencia internacional en Teherán cuyo título rotundo mencionaba “Los crímenes del imperialismo norteamericano” en la región. Llegaron delegaciones y periodistas de todo el mundo. Ramsey Clark integraba la delegación de los Estados Unidos. Fui testigo en esa ocasión de un episodio memorable.

La conferencia se desarrollaba en un clima fervoroso, de enérgicas acusaciones contra las maquinaciones del imperialismo yanki contra varios países, sobre todo de Asia. En esas condiciones, Ramsey Clark se adelantó hacia la tribuna. Ante todo, adhirió plenamente a los objetivos de la conferencia y a las acusaciones contra el gobierno de su país. Tenía plenos antecedentes para ello, como veremos. Pero luego, tuvo la valentía de expresar su rechazo a que se mantuviera a los rehenes en la embajada, privados de libertad. Dijo sin vueltas que debían ser liberados de inmediato, y que esos procedimientos eran injustos. Fue escuchado en silencio, con respeto, a pesar de que contradecía abiertamente el clima de exaltación reinante.

A esa fecha Ramsey Clark tenía sus antecedentes, a los que después agregó muchos otros. Había sido designado Attorney General (Fiscal General) bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson (electo después de completar el mandato del asesinado John F. Kennedy) y ejerció el cargo desde el 10 de marzo de 1967 al 20 de enero de 1969, cuando cesó Johnson para entregar el mando a Nixon. Después Ramsey Clark pasó a ser, además de profesor de derecho, un activo militante del movimiento contra la guerra de Vietnam Visitó Vietnam del Norte en 1972 como un acto de protesta contra los bombardeos de Hanoi. Posteriormente se pronunció contra los bombardeos de la OTAN en 1999 a la República Federativa de Yugoslavia, contra los procedimientos del Tribunal Especial irakí que condenó a Saddam Hussein (de hecho, integró el panel de abogados que lo defendió en el juicio), y contra el juicio a Slobodan Milosevic. Participó en la conferencia de Durban en abril de 2009, en que acusó a Israel de genocidio, y en las manifestaciones por la paz en Washington en 2010. Recibió el Premio Gandhi por la Paz y el Premio Peace Abbey Courage of Conscience.

En 2006 publicó un estudio criticando la política exterior de EEUU con una lista de las 17 mayores agresiones cometidas por sucesivos gobiernos, que incluye: 1) el golpe de Estado de 1953 contra Mossadegh en Irán (que estaba vinculado a su participación en el mencionado encuentro de Teherán); 2) el golpe de Estado en Guatemala en 1954; 3) el asesinato de Patrice Lumumba en el Congo; 4) la guerra de Vietnam de 1959 a 1975; 5) la invasión de la República Dominicana en 1965; 6) la guerra de los “contra” en Nicaragua; 7) la ocupación de Granada; 8) los ataques aéreos a Benghazi y Trípoli, Libia; 9) la ocupación de Panamá en 1989; 10) la guerra del Golfo en 1991; 11) la ocupación de Somalía ; 12) los bombardeos aéreos a Irak de 1993 a 2001; 13) la guerra contra Yugoslavia en 1999; 14) los ataques con misiles contra Jartum, Sudán, en 1998; 15) la invasión y ocupación de Afganistán en 2001; 16) la agresión y ocupación de Irak en 2003; 17) el golpe de Estado en Haití en 2004.

Ahora agrega a esta lista de agresiones la denuncia del bloqueo yanki contra Cuba, en un cuadro de reconocimiento de la labor humanitaria y de solidaridad de este país en materia de atención a la salud, con respecto a su pueblo y con una amplia proyección internacional, uno de los hechos más reconfortantes de nuestra época.

*Escritor y periodista uruguayo

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