|
Habitando El Mundo …de Oscar Niemeyer
Por el arquitecto Luis Fabre
En los universos simbólicos creados por el hombre -excluyente condición que nos diferencia de los animales-la religión y el arte se juntan con las matemáticas y la física. En ese ámbito de abstracción trabajó Niemeyer. Pasado el impacto inicial, sus obras parecen simples hasta que un análisis más profundo nos remite a la máxima de Mies van de Rohe “menos es más” o al decir de Picasso: “me llevó toda la vida aprender a pintar como los niños”. Claro que este maestro brasileño conjugó como pocos en clave mística y material estos principios, elevando hacia el firmamento - arcaica ubicación de los dioses - con sus obras, las humanas sinuosidades de una singular discriminación positiva de género.
Cuando Lucio Costa reprodujo en el Proyecto de Brasilia la señal de la cruz- histórico gesto de descubrimiento, conquista e iniciación de asentamientos humanos- seguramente pensó en la trascendencia que le daría la futura Capital. No podía imaginar que sería mucho más conocida y admirada por los emblemáticos edificios de su socio Oscar Niemeyer.
Dado el programa asignado, la necesaria representatividad y simbolismo de los mismos no dejaron otra opción que contrastar la arquitectura con el lugar agreste y natural de la Amazonia. La limpieza, originalidad, inédita ruptura con el eclecticismo a que podía lícitamente haber apelado, explican en parte, pasados los años, la permanencia referencial de sus obras. Mucho más cercano en el tiempo, Niemeyer supo integrar al entorno, el Museo de Niteroi en Río, diferenciándose de ese otro gran implantador de obras sin considerar el mismo como fue Le Corbusier, con el que Francia y Brasil, entrambos, intercambiaron obras maestras.
Así lo que podría haber sido una crítica resultó una muestra de coherencia, de diseño consecuente con el encargo. No es entonces extraño que ejerciera como ciudadano del mundo-en el obligado exilio y en todo lugar que fue llamado a realizar obras-guardando relación con su postura ideológica, su internacionalismo. Al llegar a los cien, la obvia pregunta de cómo los afrontaba fue respondida con un “me siento como de 40” y siguió trabajando basado en otra condición humana; el poder de la mente sobre el cuerpo, que a tantos compatriotas sostuvo en el cautiverio durante la dictadura.
Su postura relacional fue testimoniada en mil anécdotas: a su estudio de Rio, una tarde cualquiera, tocaron a la puerta sin aviso previo unos estudiantes uruguayos de arquitectura. No solo los recibió; estuvo dos horas con ellos hablando de todo y los despidió con dibujos suyos que hoy seguramente en manos de ellos, toman otra dimensión ante su muerte.
Ahora lloverán los homenajes y las loas. No considero injusto omitieran hacérselos en vida. Estos singulares personajes, ocupados en sus roles señeros, referentes de humanidad, no usan su tiempo para los mismos. Creo que perciben mejor que nadie que su pertenencia, su aporte al universo, no se ciñe al lapso de la vida física y que sobrado tiempo tendrán los beneficiarios-todos nosotros- de sus realizaciones, para brindar reconocimiento sobre las mismas. Tremendo testimonio, tangible y finito de sus obras, intangible de sus actos, su actitud ante la vida, deja Niemeyer. Entonces aunque un poco tarde procedamos bien, diciendo: gracias!
LA ONDA® DIGITAL
|
|