Marosa la Reina Druida
Por Julia Galemire*

Evocando:
Entre todas las voces de nuestra poética sobresale la de Marosa, como una voz augural que se prolongará, a no dudarlo, en el tiempo, superando al encantamiento de su propia vida física que no conoció edad y si, sólo la magia de su presencia…….

Otros trazarán la biografía de su canto, lo que escribió lo que nos dejó en sus libros, esa Druida que a cada rato, nos ofrecía en sus textos, sorpresas hechas de misterios y de una increíble libertad creadora.

Por mi parte, prefiero evocar a Marosa tal como era, en la hospitalidad generosa de su trato, en su palabra cálida, en lo que nos dio y en lo que nos dejó a lo largo de una amistad que hubiéramos querido fuera más prolongada.

Pero, en el plano de lo real, recordamos que esa frecuentación, permitió a quienes nos acercábamos a ella, encontrar en lo que nos decía, una permanente inspiración, un horizonte que acrecentaba nuestra visión humana, un testimonio cultural que ahora extrañamos.

Muchas veces la encontrábamos en una mesa del café que, ella, sin proponérselo, presidia. Su gesto adusto, sus ojos tras los gruesos cristales abarcando el ámbito que la rodeaba y, tal vez más allá. Su palabra medida, a ratos envuelta por un silencio que le era, presumimos grato; Marosa ejercía un magisterio que todos le reconocían y por extensión, aceptaban de buen grado.

Había en la poetisa, -es una constante en mi pensamiento-, una pasión metafísica que muchas veces trascendía en lo que era una vigilia esperanzada por mantener vigente, los ideales que alentaban su espíritu y su vocación.

Así se fue Marosa. Sin renunciamiento, militante de su destino, de su mensaje lírico que va a perdurar, lo reitero, en cada uno de nosotros, sus lectores, como un canto lucido, delicado, pero más fuerte que toda adversidad, que todo olvido.

A continuación poemas de nuestra querida Marosa

A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar...
A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar
a la alcoba, se me aparecían los ángeles.
Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un gallo
blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas
blancas como la nieve o color rosa.
A veces, por los senderos de la huerta, algún ángel me
seguía casi rozándome; su sonrisa y su traje, cotidianos;
se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquel
plumaje gris, siniestro, cayéndole por la espalda
hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras
pintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un día
se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo,
un número increíble.
Otros eran diminutos como moscas y violetas e iban
todo el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo,
hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar.

De "Historial de las violetas" 1965

Anoche, volvió, otra vez, La Sombra; aunque ya habían pasado...
Anoche, volvió, otra vez, La Sombra; aunque ya habían pasado
cien años, bien la reconocimos. Pasó el jardín violetas,
el dormitorio, la cocina; rodeó las dulceras, los platos blancos
como huesos, las dulceras con olor a rosa.
Tomó al dormitorio, interrumpió el amor, los abrazos; los que
que estaban despiertos, quedaron con los ojos fijos; soñaban,
igual la vieron.
El espejo donde se miró o no se miró, cayó trizado. Parecía
que quería matar a alguno. Pero, salió al jardín. Giraba, cavaba,
en el mismo sitio, como si debajo estuviese enterrado un muerto.
La pobre vaca, que pastaba cerca de la violetas, se enloqueció,
gemía como una mujer o como un lobo. Pero, La Sombra se fue volando,
se fue hacia el sur. Volverá dentro de un siglo.

De "Los papeles salvajes" 1971

Árbol de magnolias...
Árbol de magnolias,
te conocí el día primero de mi infancia,
a lo lejos te confundes con la abuela, de cerca, eres el aparador
de donde ella sacaba el almíbar y las tazas.
De ti bajaron los ladrones;
Melchor, Gaspar y Baltasar;
de ti bajaban los pastores y los gatos;
los pastores, enamorados como gatos,
los gatos, serios como hombres, con sus bigotes y sus ojos de enamorados
Esclava negra sosteniendo criaturitas, inmóviles, nacaradas.
Virgen María de velo negro,
de velo blanco, allá en el patio.
Eres la abuela, eres mamá, eres Marosa, todo eres, con tu
eterna
juventud, tu vejez eterna,
niña de Comunión, niña de novia,
niña de muerte.
De ti sacaban las estrellas como tazas,
las tazas como estrellas.
Estuvo oculto en tus ramos el Libro del Destino.
Te has quedado lejos, te has ido lejos.
Pero, voy retrocediendo hacia ti,
voy avanzando hacia ti.
Te veré en el cielo.
No puede ser la eternidad sin ti.

De "Los papeles salvajes" 1991

Bajó una mariposa a un lugar oscuro...
Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de
hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica
creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros
niños dijeron: -Bajo las alas hay un hombre.
Yo dije: -Sí, su cuerpo parece un hombrecito.
Pero, ellos aclararon que era un hombre de tamaño natural.
Me arrodillé y vi. Era verdad lo que decían los niños. ¿Cómo
cabía un hombre de tamaño normal bajo las alitas?
Llamamos a un vecino. Trajo una pinza. Sacó las alas. Y un
hombre alto se irguió y se marchó.
Y esto que parece casi increíble, luego fue pintado
prodigiosamente en una caja.

De "La liebre de marzo" 1981

De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar...
De súbito, estalló la guerra. Se abrió como una bomba de azúcar
arriba de las calas. Primero, creíamos que era juego;
después, vimos que la cosa era siniestra. El aire quedó
ligeramente envenenado. Se desprendían los murciélagos
desde sus escondites, sus cuevas ocultas caían a los platos,
como rosas, como ratones que volvieran del infinito,
todavía, con las alas.
Por protegerlos de algún modo, enumerábamos los seres y las cosas:
"Las lechugas, los reptiles comestibles, las tacitas...".
Pero, ya los arados se habían vuelto aviones; cada uno, tenía
calavera y tenía alas, y ronroneaba cerca de las nubes, al alcance
de la manos pasaron los batallones al galope, al paso. Se prolongó
la aurora quieta, y al mediodía, el sol se partió; uno fue hacia el este,
el otro hacia el oeste. Como si el abuelo y la abuela se divorciaran.
De esto ya hace mucho, aquella vez, cuando estalló la guerra,
arriba de las calas.

De "Los papeles salvajes" 1991

*Julia Galemire; Escritora poeta, autora de numerosos libros dirigió y coordinó el programa “La Tertulia” por CX 38 SODRE de Montevideo durante 6 años. En 1999 fue seleccionada para integrar el libro “Letras de la Paz” publicación de la UNEDA (Unión de Escritores de América) con apoyo de la UNESCO. Desde 2004 dirige la publicación cultural “La Tertulia”. Colaborara permanente de Revista La ONDA Digital en su columna cultural

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