Apezteguía y el fantasma de Lenin
Por Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com

La izquierda uruguaya es reconocida en el mundo por saber conjugar las diferencias y, a la vez, construir una cultura política nueva, que de alguna manera sea síntesis del debate de los sectores o pertenecientes al movimiento.

Eso, por cierto. no es poca cosa. Como no es poca cosa que cada tanto surjan alteraciones en el debate y que algunas gestualidades se salgan de madre. Por eso lo más lúcido es saber cuidar las relaciones, con el fin de que la unidad de la fuerza política no se vea alterada, pero que a la vez separa construir nuevos pensamientos.

En los últimos diez días ha existido un intercambio de ideas (¿acusaciones?) de carácter público, que por no ser transparente y profundo, ha permitido a los analistas concluir que hay dos bandos en el FA que luchan por el poder interno mientras hacen florecer los calificativos, donde no se sabe muy bien cuáles son las diferencias programáticas y las posturas ideológicas.

Para satisfacción de Lenin, un destacado funcionario del Estado uruguayo lo ha vuelto a recordar, aunque más no sea para observarlo críticamente. Me estoy refiriendo a Pedro Apezteguía, quien merece respeto intelectual y personal, pero quien cree que las calificaciones que se entrecruzan en la interna del FA son producto del pensamiento de aquel hombre de gorra y gato bajo el brazo, que encabezó en 1917 una revolución en la vieja Rusia zarista.

Hace poco Apezteguía escribió lo que sigue: “La III Internacional se creó, a instancias de Lenin, a fin de desembarazarse de quienes identificó como ´renegados´ y `oportunistas´. Es en esa lógica de construcción de la dictadura del proletariado como obligado camino a la felicidad que deben recordarse las famosas 21 condiciones. A partir de entonces solo serían considerados revolucionarios quienes adhirieran a ellas sin discutir. La condición 21 explicaba: Los miembros del partido que rechacen las condiciones y las tesis establecidas por la Internacional Comunista deben ser expulsados del partido. Lo mismo vale para los delegados al congreso extraordinario`. Llamando `renegados´, ´oportunistas` o ´infantiles´ a quienes osaron discrepar, se justificó la división de los movimientos obreros y de los partidos socialistas en todo el mundo. Renegados eran los socialistas franceses y españoles, infantiles los socialistas alemanes, renegados y oportunistas eran los socialistas uruguayos.

Luego de más de 40 años de militancia, creí que esos ataques objetivos a la unidad, esos métodos de discusión que Lenin supo utilizar para destruir todo aquello que se puso en su camino de construcción de la república de los soviets, estaban superados. Pero no”.

Soy de los que creen que hay que revisar a Lenin, que hay que sentarlo en el banquillo de los acusados si es necesario, pero hay que darle la oportunidad de defenderse (sospecho que tiene argumentos y sin necesidad de abogados). A la vez no creo que cualquier salto de la miseria humana tenga que ver con su pensamiento y su cuerpo teórico.

No soporto a aquellos intelectuales que para limpiar su pasado se agarran a puños con el viejo Lenin, mientras que a la vez se presentan como una nueva izquierda que tienen tres o cuatros citas del italiano Antonio Gramsci, como si eso fuera el pasaporte de la modernidad del pensamiento socialista.

No lo creo, nos falta mucho y no solo por el sur de América, nos falta como humanidad porque si somos de izquierda tenemos que construir la perspectiva de una sociedad superadora del capitalismo, que no es para mañana pero que si no se construye terminaremos abrazados a la socialdemocracia que cada vez es más de derecha, vacía de contenido progresista y de izquierda.

Levantar cucos, desde la Torre Ejecutiva o desde el Ministerio de Economía, me parece una mediocridad inmensa que solo lleva a la confrontación por la confrontación, a la búsqueda de una simple porción del poder.

El esfuerzo debe estar centrado en la elaboración de un nuevo análisis de la sociedad, pero también en la elaboración de una estrategia de acumulación de fuerzas que solo se podrá lograr si las viejas partes del Frente Amplio encuentran zonas comunes, sin adjetivos y calificativos, con una profundo sentido autocrítico y con mirada de futuro.

Es que no se puede andar por la vida haciendo creer que uno nunca se equivocó, ocultando el pasado. Somos los que somos y es bueno que el compañero que tenemos al lado sepa que somos un interlocutor válido, porque no le ocultamos a nadie el curriculum. Yo no lo hago.

Decir que las diferencias en la izquierda uruguaya son producto de ciertas actitudes y elaboraciones de Lenin, es mentir, entre otras cosas porque hiere a los hermanos leninistas que están en el Frente, pero también hieren a los que nunca fueron leninistas y son los que ahora confrontan con otras corrientes de la interna, que están haciendo bien las cosas y que han sido pilares de los gobiernos del Frente Amplio.

Sorprende que Apezteguía esgrima el fantasma del leninismo, cuando pertenece a un partido que se sintió expresado por ese pensamiento. Por si alguien tiene dudas que vaya a los distintos estatutos del PS para comprobarlo. Solo un dato: a la salida de la dictadura el PS era marxista-leninista (Apezteguía era marxista- leninista), después pasó a ser marxista y leninista y hoy es simplemente marxista, que sospecho es una clara referencia a Carlos Marx quien desde el Manifiesto Comunista construyó las bases del concepto leninista de la dictadura del proletariado.

En 1971 cuando se creó el Frente Amplio, el primer acto del Partido Socialista fue en el Platense y allí hubo dos consignas que se corearon: “Un pueblo unido, un frente y un partido” y “Partido Socialista marxista leninista”. Quizás Apezteguía no estaba en ese momento afiliado. Puede ser.

Discutir todo, cuestionar todo, pero no falsear el curriculum y tener respeto y generosidad en el momento de los debates. Carlos Machado, historiador socialista y ex miembro del Comité Central de ese partido, mostró un talante que vale la pena contemplar.

La autocrítica de Machado**
“Tiene que ver con ese desconcierto (del fracaso del experimento bolchevique) que ha tenido la izquierda en general. Ni siquiera los que fuimos más críticos con ese proceso, que muchas veces entramos en litigio con los comunistas, llegamos a decir `esto se derrumba solo y no queda nada’ Todos tuvimos una ceguera descomunal. Como nadie se anima a ese sinceramiento, aparecen esas historias que no explican nada o un reduccionismo del campo a la minucia, a la anécdota”. Sería bueno tener presente estas palabras, antes de escribir. Por lo menos tener en cuenta la modestia.

*Publicada en La República el 27 de enero
**Revista contemporánea, reproducido por laondadigital.com, Nº 594.

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