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Habitar Montevideo: ¿espacio de todos?
Por el arquitecto Luis Fabre
Con su espacio perforado, interpenetrado, atravesado por los medios audiovisuales desde tierra y con mil satélites desde la iósfera. Invadido por el flujo continúo de capitales, de las transacciones financieras globalizadas que traspasan fronteras con un simple clic en el mouse.
Ocupado por enclaves cómodamente instalados donde y por el tiempo que elijan. Con las multinacionales asignando valores al mercado interno, cada vez más externo, al que concurren las producciones todas. Cuando ya no existe siquiera la plena propiedad del territorio entre los connacionales, vendido parcialmente a -personas, empresas o países- de Perogrullo extranjeros. ¿Qué queda del Estado-Nación? Queda el control. El control ejercido sobre el territorio resulta por los anotados motivos, un cada vez más principal componente de la Nación. La primera acción de conquista fue y sique siendo controlar el campo, convirtiéndolo en propio. Las formas actuales no son más que sofisticadas variantes de las violentas apropiaciones de antaño manteniendo su significación e importancia. Por esto hemos desarrollado la critica- sobre la cesión de ese control- que en la ciudad implica la aceptación de “guardias” contratados que actúan en el espacio público fuera de los limites de la propiedad privada.
No aceptación que se suma a la de barreras físicas de todo tipo, y sobre todo, de las casetas instaladas en veredas y plazas. A sus cámaras y reflectores que atraviesan día y noche el espacio de todos.
¿Seguridad para quién? El exclusivo argumento por el cual el Estado y la Intendencia deslindan responsabilidad sobre la situación, es la seguridad. Seguridad de los de adentro, pues los que transitamos sentimos más bien lo contrario en presencia de un guardia armado , a un reflector en la noche o a un obstáculo en el camino. Seguridad a la que tienen derecho, en tanto la ejerzan debidamente en sus predios, dentro de sus inmuebles, de sus jardines y sus azoteas. La tecnología disponible hace viable sistemas de control y defensa sin violar los derechos al transito y libre acceso de todos nosotros, los ciudadanos autóctonos. También de los extranjeros. Si localizados , ubicados con conocimiento de las autoridades nacionales provocan estas- las mías y otras-reacciones, es ocioso desarrollar lo muy grave que consideramos su tránsito, ampliando inubicadamente la invasión anotada.
Mirando desde más alto Para terminar, si hicieran como corresponde, válida es otra reflexión igual de trascendente sobre este tema. En una sociedad integrada, pacifica en su mayoría como la nuestra, cuanto más se aíslan las comunidades, los grupos y las personas, menos respaldo y simpatía, menos solidaridad y amparo tendrán desde la misma. En un país donde los presidentes caminan por cualquier calle, se paran a hablar con la gente, entran a cualquier lugar y comen en cualquier restorán; flaco favor nos hacen y se hacen quienes se encierran y rodean de guardias, rejas y muros como si estuviéramos en guerra. Claro que, como siempre y con alusión a Legnani, la culpa no es del chancho.
LA ONDA® DIGITAL
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