|
El futuro partido de la derecha
Raúl Legnani* Urumex80@gmail.com
Sin calcio, sin textura muscular, sin una fluida actividad neuronal, el Partido Colorado parece aceptar ser la tercera fuerza política electoral del país.
Desde 2010, sin necesidad de ir más atrás, los colorados no se aproximan al Partido Nacional en las encuestas y por cierto están mucho más lejos que el Frente Amplio que va primera.
Existen distintos analistas que coinciden en señalar que la sensibilidad batllista, predominante en Uruguay, se traslado al Frente Amplio, donde su electorado tiene mucho más de liberal que de izquierdista. Y puede ser que ese punto de vista sea correcto, pero en caso de serlo sorprende que la vieja colectividad política de José Batlle y Ordóñez no se haya dispuesto a estudiar con seriedad ese fenómeno, en tanto no es nuevo.
No existe un estudio serio y calificado que muestre que el Partido Colorado en algún momento de su historia, particularmente entre la década del 60 y la actual, haya hecho una autocrítica profunda sobre el proceso de deterioro electoral, pero fundamentalmente para saber por qué el pensamiento republicano se ve más reflejado en el electorado frenteamplista que en el colorado, donde predominan las concepciones conservadores, sin una pizca de liberalismo progresista.
Los uruguayos no sabemos cuáles son los niveles de apoyo al pensamiento de Juan María Bordaberry y de Jorge Pacheco Areco, que tienen las actuales autoridades del Partido Colorado. Tampoco se sabe qué opinión tiene sobre la crisis del gobierno de Jorge Batlle, como si eso fuera solo un asunto de los analistas de izquierda.
El Partido Colorado se ha quedado sin un relato histórico más o menos serio sobre los últimos 40 años, lo que lo transforma en una colectividad sin cultura política.
Junto a esta carencia se le presenta otra dificultad y es la falta de líderes, en tanto hoy solo aparece el senador Pedro Bordaberry con prestancia de conductor, por cierto muy alejado de la raíz batllista.
En términos muy vulgares se puede decir que Bordaberry no tiene contrarios dentro de su colectividad, lo que es grave para una fuerza acostumbrada, por lo menos, a la existencia de dos corrientes fuertes, una conservadora, otra progresista, republicana y liberal.
El Partido Colorado camina lentamente a transformarse en una fuerza política de derecha, conservadora, que renuncia a crear un paquete de ideas progresistas que vuelvan a ser hegemónicas en nuestra sociedad, pero identificadas con la vieja colectividad de Batlle y Ordóñez.
La tarea, por cierto no será sencilla, si en las próximas elecciones nacionales Bordaberry queda como el único líder de esa fuerza, en tanto Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle están en franco retiro.
También hay que tener en cuenta que los problemas no son solo ideológicos y programáticos, sino que hay que ir a buscarlos por algún otro rincón del análisis. Y uno de ellos es la guerra interna que han vivido los colorados en las últimas dos décadas.
El Partido Colorado es la fuerza que más “heridos” tiene, debido a la confrontación interna. Solo basta recordar que ya no está Alejandro Atchugarri, Leonardo Costa, Ricardo Lombardo, el “Z”, Washington Abdala, y Daniel Lamas, que fueron políticos de fuste y que ocuparon cargos de gobierno y en el parlamento, jóvenes batllistas cada uno en su momento, que no se fueron para el Frente Amplio pero se salieron de la política partidaria, en muchos casos cansados de la intriga.
Todo indica que la agenda de esta colectividad solo conduce a una creciente derechización y a nuevos dirigentes que terminarán en su casa, viendo como Batlle y Ordóñez se difuma en el horizonte.
*Publicado el 18 de febrero en La República Maestro y periodista
LA ONDA® DIGITAL
|
|