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La educación, los progresistas y “una paradoja”
Por Pablo Gentili
Análisis del investigador argentino Pablo Gentili sobre la realidad educativa en la sociedad latinoamericana actual. Lo que sigue son los tramos fundamentales de esta conferencia en la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) tomados y publicada en su Nº 596 por La ONDA digital.
¿Qué es lo que está mal? Porque, en definitiva, lo que históricamente movilizó las luchas por la defensa del derecho a la educación era la necesidad de promover un proceso de expansión y de universalización del acceso - una visión bien republicana y práctica de romper las barreras que impedían el acceso y la permanencia de aquellos que estaban excluidos del sistema escolar, adentro del sistema escolar. Sin decir que estamos en “el paraíso”, debemos reconocer que ha habido avances importantes. Y, específicamente, si uno analiza lo que pasó en los gobiernos post-neoliberales en los últimos años, aún con todas las limitaciones que estos gobiernos populares y administraciones democráticas han tenido en América Latina, uno puede observar que algunas de esas “deudas” históricas han comenzado a revertirse, tímidamente, pero a revertirse.
El primer tema que les quería plantear es que hay de cierta forma hoy una contradicción o una paradoja, para decirlo de una forma más precisa. Cuando uno analiza los procesos de lucha y de movilización por los derechos a la educación en América Latina, se enfrenta a una paradoja. ¿En qué sentido? En el sector de la educación, que es dentro del sector público, es en el sector donde más se moviliza en toda América Latina la lucha reivindicativa que es una expresión de sus demandas y necesidades. No sólo en el sector público sino también en comparación con el sector privado. No hay ningún sector de la sociedad que hoy, en América Latina, se movilice de manera más intensa, activa y con mayor presencia pública que el sector de la educación.
En cualquier país de América Latina que nosotros analicemos vamos a ver, no sólo a los sindicatos docentes - que es el actor más protagónico en materia de organización y de lucha en defensa del derecho a la educación - sino, cada vez más, una serie de organizaciones y de asociaciones de diferente tipo en diferentes países que tienen fisonomías diferentes, pero se movilizan y expresan públicamente sus demandas. Los análisis que en general se hacen de acompañamiento cronológico al conflicto social tienden a relevar el conflicto por intermedio de los procesos de movilización y de lucha: días de huelga, etc. Si se compara eso, la educación le gana (entre comillas) a cualquier otro sector.
Es interesante - y no deja de ser curioso, también - que esta tendencia de los procesos de movilización y de lucha protagonizados por sindicatos docentes o no docentes y organizaciones sociales y populares de diverso tipo en defensa de la educación, se hacían muy claras y evidentes durante los períodos de gobiernos neoliberales en América Latina. Había una cierta presunción de que, con la presencia de gobiernos “post-neoliberales”, estos niveles de movilización o estas tendencias a la movilización de estas organizaciones iría a disminuir, en la medida en que estos gobiernos “post-neoliberales” - de alguna forma - resolverían o garantizarían la satisfacción de algunas de estas demandas y necesidades expresadas por estos grupos que mencionaba.
Sin embargo, nuevos estudios sobre procesos de movilización y lucha social en América Latina, muestran que no ha habido una disminución de los procesos movilización y de lucha por el derecho a la educación, aún en el contexto de gobiernos “post-neoliberales”. Las realidades muestran inclusive un dato más curioso, que en algunos países ha aumentado - inclusive - el número de huelgas docentes, por ejemplo, a lo largo de estos últimos años y la emergencia de actores de demanda de la educación que no eran muy visibles en el pasado. No voy a decir que no existían, pero no tenían tanta visibilidad. No sólo algunos de origen más popular y social, sino también inclusive movimientos y organizaciones de empresarios que defienden el derecho a la educación.
Uruguay tiene, dentro de América Latina, una fisonomía bastante específica en el diseño de la política educativa y en la tradición de la lucha por el derecho a la educación. Y quizás - por esto - a ustedes algunas cosas les puedan parecer extrañas: ¡empresarios que luchan por el derecho a la educación!
No es, ciertamente, una tradición en Uruguay. Sin embargo hoy, uno de los grupos de presión más grandes que se está configurando, es una gran red de organizaciones empresariales que - entre comillas y por lo menos desde sus declaraciones públicas - dicen defender la educación pública, como el movimiento “Todos por la Educación” en Brasil, el movimiento de “Empresarios por la Educación” en Colombia y diferentes organizaciones especialmente en países como Chile, México, Panamá, también en países centroamericanos como Nicaragua, Honduras, Guatemala, que tienen estas organizaciones que pasan a ser un actor más en el contexto y en esta pluralidad de voces de orígenes diferentes que luchan por el derecho a la educación.
Entonces, los niveles de movilización y de defensa de la educación pública, no han parado de producirse y de multiplicarse en América Latina a lo largo de estos últimos años. La paradoja a la que me refería es que se producen dentro del contexto de gobiernos post-neoliberales y esto es apenas una curiosidad y que se podría explicar, sin lugar a dudas, de muchas formas.
Una es, evidentemente, que los gobiernos post-neoliberales son mucho más democráticos y - siendo más democráticos - generan un espacio de permeabilidad mayor para las demandas y las luchas sociales. Y por eso no es de extrañar que hoy gobiernos post-neoliberales o populares, tengan niveles de huelga o conflictividad mayor que gobiernos reaccionarios o conservadores, que usan la represión contra las huelgas docentes o contra los procesos de movilización estudiantiles, etc.
De cualquier forma, si abrimos hoy el periódico de cualquier país de América Latina, vamos a encontrar que uno de los temas centrales - cuando se habla de educación, al menos - de movilizaciones y de luchas en la defensa de la educación pública, una educación que se ve en peligro. La paradoja es: ¿en peligro de qué? Porque si uno lo analiza dentro del campo de la sociología, desde una forma técnica - por llamarlo de alguna forma - por los datos vería que el proceso de expansión de los sistemas educativos nacionales en América Latina ha sido, realmente, muy sorprendente y muy dinámico, a lo largo de estos últimos veinte o treinta años. Particularmente, Uruguay no es un ejemplo de esta tendencia, porque ha tenido a lo largo de todo el siglo XX y desde finales del siglo XIX, un proceso de expansión de su Sistema Nacional de Educación, dado su tamaño, dadas sus características y dado su proyecto político que hizo de la educación pública una prioridad y de la construcción de instituciones públicas de referencia, siendo ésta - nada más ni nada menos que - la Universidad de la República, un ejemplo.
Durante muchos años Uruguay tuvo esta universidad, solamente, una bajísima presencia de instituciones privadas de educación superior. También esa diversificación impactó en Uruguay, dado al carácter tan macizo que tiene la Universidad de la República.
Sea como fuera, hubo una verdadera revolución democrática de la educación a lo largo de los últimos treinta años, si uno se fija en los índices de acceso y de permanencia dentro del sistema escolar. La esperanza de vida escolar se multiplicó y el acceso de sectores que tradicionalmente estaban excluidos de la escuela, no paró de crecer. O sea, los que entraban a la escuela eran las nuevas generaciones que se iban incorporando por su edad al universo demandante de la educación (la tasa demográfica en varios países no dejó de crecer y, consecuentemente, hubo más niños y, por ende, más alumnos potenciales), sino que los sectores que estaban excluidos de la educación, pasaron a tener acceso a ella. Las tasas de escolarización promedio al día de hoy en América Latina, en algunos países que en los 60 o en los 70 tenían tasas que no superaban el 60% de la tasa de escolarización en edad escolar, hoy tienen tasas de escolarización de un 90, 95, 98% y, en algunos casos, con la sorpresa de que hay países que tienen tasas de escolarización del 105%, o sea, un 5% más de niños en la escuela que de niños realmente existentes, por fallas en las estadísticas o por lo que sea.
Lo cierto es que los niños en la escuela están y que la expansión del sistema escolar en América Latina se multiplicó. Podemos constatar que hay más niños en la escuela, por un lado, más establecimientos educativos, por otro, más docentes, por otro, y más inversión educativa. Acaba de salir un informe ayer de la OCDE, informe que ahora incluye a algunos países de América Latina y uno de los países con niveles de desigualdad más alta en América Latina, muestra una expansión impresionante de su sistema educativo y - fundamentalmente - de inversión pública en educación, especialmente en los últimos 8 años, es Brasil. La OCDE dice que aún el gasto educativo por alumno sigue siendo muy bajo - especialmente en la educación infantil y en otros lugares. El informe es muy bueno, léanlo si pueden. Pero lo que sin lugar a dudas muestra es que en Brasil la escolaridad cambió, se expandió y hay más inversión, hay más docentes, hay más escuelas.
Por otro lado podríamos decir - aunque, por favor, tómenmelo todo esto entre comillas - que ha habido un verdadero avance en términos de justicia distributiva dentro del sistema escolar: no sólo creció, como lo decía, exponencialmente, sino que sectores que estaban tradicionalmente excluidos, tuvieron oportunidad de acceso a ese bien, al cual estaban histórica y generacionalmente excluidos.
En primer lugar, las mujeres. La explosión de la matrícula durante la segunda mitad del siglo XX, en general, pero especialmente en algunos países en los años 70, el acceso de las mujeres al sistema escolar y particularmente la enseñanza superior, ha sido impresionante. Incluso en carreras que estaban tradicionalmente reservadas para los hombres. Hoy, en algunos países, las tasas en mujeres llegan al 52%, o sea, hay más mujeres que hombres en la educación superior. Como quiera que sea, ningún país en América Latina presenta grandes diferencias de acceso y permanencia en el nivel superior, entre hombres y mujeres. Esto no quiere decir que hemos vivido una verdadera revolución de género, ni mucho menos, en igualdad entre hombres y mujeres en América Latina, pero sí que tendencias históricas de discriminación de género en las oportunidades de acceso y permanencia en el sistema escolar, se han visto revertidas.
Por otro lado, si hiciéramos un análisis en términos de clase, también podríamos observar esto: sectores sociales, clases, grupos sociales históricamente discriminados, hoy integran el sistema escolar y permanecen muchos años dentro del sistema escolar. Es evidente que nos referimos a los grupos más pobres, pero no los inhibe el hecho de que las oportunidades de acceso se ha multiplicado, para los hijos y las hijas de los trabajadores de América Latina que eran, históricamente, los más marginalizados. Y dentro de los hijos de los trabajadores, algunos sectores tienen aún con altos niveles de exclusión y discriminación educativa, tienen hoy oportunidad de acceso a ese espacio del cual históricamente estaban los desheredados: campesinos, trabajadores rurales, jóvenes, niños y niñas del campo, población negra, indígenas. Hoy cualquier sector que ustedes tomen, está mejor en el sistema escolar que hace treinta años atrás.
Entonces, como diría mi abuela: “¿de qué te estás quejando?”. O sea, ¿qué es lo que está mal? Porque, en definitiva, lo que históricamente movilizó las luchas por la defensa del derecho a la educación era la necesidad de promover un proceso de expansión y de universalización del acceso - una visión bien republicana y práctica de romper las barreras que impedían el acceso y la permanencia de aquellos que estaban excluidos del sistema escolar, adentro del sistema escolar. Sin decir que estamos en “el paraíso”, debemos reconocer que ha habido avances importantes. Y, específicamente, si uno analiza lo que pasó en los gobiernos post-neoliberales en los últimos años, aún con todas las limitaciones que estos gobiernos populares y administraciones democráticas han tenido en América Latina, uno puede observar que algunas de esas “deudas” históricas han comenzado a revertirse, tímidamente, pero a revertirse.
La paradoja entonces es ¿qué es lo que lleva a una exacerbación, a una intensificación del conflicto educativo con estas consecuencias? Y yo creo que aquí es donde el análisis se vuelve más difuso, más confuso. Porque hoy lo que podemos observar en América Latina es que - a diferencia de algunos años atrás, donde la identificación del gran problema de la discriminación que era el acceso y la permanencia, unificaba los intereses de diferentes sectores - hoy esos diferentes sectores están peleando en un territorio en el cual los intereses también son diferentes. Y esto genera que en algunos casos, inclusive, los intereses de los sectores democráticos que luchan por el derecho a la educación, algunas veces pueden llegar a ser hasta contrapuestos.
Inclusive hasta la lucha de los movimientos docentes, de los sindicatos, a veces pueden contradecir las luchas y las reivindicaciones de otros sectores sociales que se incorporan en el sistema educativo y que pueden ver que las luchas docentes pueden ser un elemento que contrarresta, limita, obstaculiza sus demandas. Y esto es sin lugar a dudas es un problema.
En el pasado - no sé si tan remoto - la lucha de los sindicatos por la democratización y la expansión del acceso a la escuela, interpelaba e involucraba a sectores sociales que hoy están dentro de la escuela. No quiero decir con estos que no hay muchísimos sectores fuera de la escuela, especialmente aquellos que decíamos de los hijos de los trabadores, los trabajadores rurales particularmente dentro de los trabajadores, y dentro de los trabajadores en otros países, la población negra y la población indígena. Si uno analiza cualquier país de América Latina, naturalmente hay países que tienen más población negra y otros más población indígena, otros más población trabajadora urbana y otros más población rural. Estos son los sectores más perjudicados.
Entonces, hay un escenario en la lucha por el derecho a la educación, en donde se ha hecho más cacofónico, más diverso, menos definido. Y, ¿en dónde podemos reconocer que están estos intereses? Este proceso de expansión se dio en América Latina en el contexto de una intensa dinámica de diversificación y diferenciación de los sistemas escolares, que trasladó hacia nuestros sistemas escolares problemas que, en cierta forma y dicho de una manera simple, se resolvían antes en la imposibilidad del acceso. O sea, ¿cómo se discriminaba a los pobres antes de la educación? No dejándolos entrar a la escuela. ¿Cómo se los discrimina a los pobres en el sistema escolar una vez que los pobres entran al sistema escolar? Mediante un complejo proceso de diferenciación y segmentación del sistema escolar, donde las oportunidades educativas de los más pobres se distribuyen de forma muy diferente de cómo se distribuyen las oportunidades educativas de aquellos sectores que, casi siempre, mandaron a sus hijos a la escuela. Entonces, las injusticias en el acceso a ese bien denominado “educación”, no pueden reconocerse apenas en las barreras que se ponen a la entrada del sistema, sino que tienen que empezar a reconocerse en el interior del sistema, en esta dinámica de distribución desigual que hace el sistema educativo de las oportunidades escolares.
Decir que un niño o una niña latinoamericanos permaneció 10 años en el sistema educativo, no quiere decir nada, si yo no explico a qué escuela, en qué barrio vive, quiénes son sus profesores, de qué trabajan sus padres y, en definitiva, a qué escuela fue, dentro de las escuelas de su barrio y cuáles fueron sus oportunidades y cuál fue su trayectoria educativa.
Conocer esa trayectoria educativa es fundamental, porque las oportunidades que se ven dentro del sistema educativo son muy diferentes para unos y para otros. De tal forma - y esto lo reconocieron, de alguna manera, los movimientos sociales, las organizaciones populares, los sindicatos docentes y las asociaciones estudiantes, hace algunos años - cuando pusieron en el debate público el problema de la calidad. El derecho a la educación no se podía reducir a la oportunidad de acceso, sino que debía también ampliarse ese concepto de derecho a la educación, al proceso educativo y a las oportunidades educativas de las personas, dentro del sistema escolar. Y que la calidad era la forma de ver esto: más calidad para los que más dinero tienen, menos calidad para los que menos dinero tienen y, por lo tanto, hay discriminación educativa dentro del sistema escolar.
En los años 80 este fue el gran descubrimiento de la sociología de la educación latinoamericana y allí se subió el movimiento social y organizaciones estudiantiles, docentes y de otro tipo, a denunciar el problema de la calidad. Nueva paradoja: ¿qué ocurrió? Resultó ser que aquellos que eran interpelados como los responsables por la causa de la crisis de calidad en el sistema escolar, también adoptaron ese discurso y también se apropiaron de este discurso. Y no es casualidad que fue justamente en los años 90 y en el contexto de los gobiernos neoliberales y bajo la batuta de los organismos internacionales, que históricamente promovieron las políticas que generan discriminación y desigualdad en todos los campos sociales y, particularmente, en el sistema escolar, que estos organismos empezaron a defender lo que nosotros defendíamos algunos años atrás, que era la calidad de la educación. Y mediante este complejo proceso de secuestro semántico de conceptos y de ideas, el Banco Mundial y los gobiernos neoliberales, se apoderaron de ese espacio seguro en el cual - de cierta forma - esos diferentes grupos se reconocían. Y quizás ya no estaban peleando porque la gente tenga acceso a la escuela, sino porque la gente tenga más igualdad en la oportunidad educativa dentro del sistema escolar.
De cierta forma también hoy, si ustedes quisieran reconocer si una persona es progresista o no progresista, de izquierda o de derecha, por su discurso acerca de la realidad de la educación, creo que sería un verdadero ejercicio de alineación semántica y lingüística que alguien que en su sano juicio se atreva a cuestionar que la calidad es un problema y que todos precisan tener la misma calidad en la educación. Elemento que no hizo si no traerle más complejidad a la lucha y creo que los movimientos sociales, cometimos en las organizaciones populares, un pequeño error: le cedimos quizás demasiado rápido la propiedad intelectual de la idea de la calidad en la educación a estos sectores e, inclusive, nos pusimos a cuestionar la calidad en la educación.
Mientras que estos sectores no hacían otra cosa que complejizar la idea, e inclusive decir que ese gran problema de la calidad había que medirlo, y si había que medirlo había que hacer pruebas, y si había que hacer pruebas había que hacer pruebas tal vez más complejas que permitieran comparar, no sólo las oportunidades educativas de las personas dentro de un mismo país, sino las oportunidades educativas de los pueblos en el mundo. Y se inventó una cosa que se llamaba “Prueba Tiser” que permite comparar el grado de conocimientos en ciencias, lenguas y en matemáticas de un niño en Shangai y de un niño en el barrio Borro. Y llegaron a la inteligente conclusión que los más ricos del mundo aprenden más que los más pobres. Aunque también es verdad que los hay algunos ricos que son bastante “burritos”.
Entonces hoy, la calidad de la educación, no sólo se ha hecho un problema, sino que se ha transformado en un gran debate público. La calidad nos dice acerca del grado de justicia educativa que tiene que tener un sistema escolar: buena para el Banco Mundial, pésima para el movimiento social, porque el movimiento social - como les decía - en algunos casos decidió abandonar la lucha por la calidad, pasó a denunciar este problema y las cosas se tornaron un poco más complejas. Y se tornaron un poco más complejas porque, además, este proceso tiene un aspecto denominado de la “inclusión excluyente”, o sea, de una transferencia de los procesos de exclusión educativa hacia el interior del sistema escolar. Antes había - valga la redundancia - un proceso de “exclusión excluyente”, “yo no te permito entrar”. Pero luego este proceso se tornó más complejo y significó: “entrás, pero entrás de una forma subalternizada, subordinada, descalificada, dentro del sistema”. En este proceso entonces, de “inclusión excluyente”, la forma de vivencia hacia el interior del sistema escolar de la desigualdad en las oportunidades, se tornó también más compleja y estos supuestos sistemas de evaluación y de medición de la calidad, no hicieron otra cosa más que hacerlo todavía aún más difusos este problema.
Además de la histórica lucha por el acceso, la visión republicana universal - y eso sí lo tienen ustedes porque este es, quizás en América Latina, el país donde más penetró ese concepto universal del “todo para todos” y del acceso a la escuela que realmente, siempre en Uruguay funcionó y funcionó muy bien.
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