Piden reanudar la investigación
La extraña muerte del general Torrijos

Por Niko Schvarz*

El coronel retirado del ejército panameño Roberto Díaz Herrera solicitó al Ministerio Público una investigación de oficio sobre la muerte del ex presidente de su país, general Omar Torrijos, acaecida en un extraño accidente de aviación el 31 de julio de 1981. El reclamo fue formulado en los días finales del mes de febrero, en la presentación de su libro “Omar, de cuerpo entero”, un relato de vivencias y recuerdos del autor junto al general Torrijos, que pasó a la historia de su país (y de América Latina) por haber logrado la recuperación del Canal interoceánico para la soberanía panameña, desalojando a Estados Unidos y a la red de sus bases militares de la zona del Canal.

El coronel Díaz Herrera sostiene que Torrijos fue asesinado por orden de Estados Unidos en la fecha señalada, mediante la “Operación Halcón Vuelo” organizada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y que contó con el concurso de George H.W.Bush padre, quien después ocuparía la presidencia de Estados Unidos. En aquel momento, Díaz Herrera era el segundo al mando en las Fuerzas de Defensa de Panamá y fue pasado a retiro por orden del general Manuel Noriega.

Torrijos murió en condiciones aún no aclaradas ni investigadas debidamente cuando viajaba a bordo de un avión DeHavilland Twin Otter (DH-6) de la Fuerza Aérea Panameña (FAP) que explotó sobre el Cerro Marta, en la provincia de Coclé, al noroccidente del país.

La ultraderecha del imperio nunca le perdonó al general Torrijos que hubiera logrado la firma del Tratado con el presidente James Carter (Tratados Torrijos-Carter) en el año 1977, en virtud del cual debían retirarse del Canal y evacuar sus bases militares el último día del siglo XX, lo que efectivamente ocurrió. El 14 de diciembre de 1999 se celebró la ceremonia por la cual el Canal pasaba a dominio pleno de Panamá. Pusieron su rúbrica en el documento el ex presidente James Carter y la presidenta panameña Mireya Moscoso.

Era la culminación de décadas de lucha del pueblo de ese país, que surgió de la segregación de Colombia por la invasión de los marines yankis en 1903; que fue víctima del “gran garrote” (big stick) del presidente Theodor Roosevelt, quien proclamara eufórico “I took Panama; que vio a 21 estudiantes asesinados en enero de 1964 por las tropas de ocupación al izar la bandera panameña sobre el Canal; que padeció las bases militares yankis donde se formaron decenas de miles de militares de América Latina, muchos de ellos transformados luego en dictadores, en la nefasta doctrina de la seguridad nacional. Dice un estudio al respecto: “Las bases militares estadounidenses en Panamá fueron herramientas estratégicas de control sobre América Latina en el marco de la Guerra Fría. A la vez, sirvieron de centro de instrucción y adoctrinamiento sobre la Doctrina de la Seguridad Nacional, sistema político-militar que derrocó gobiernos legales e implantó dictaduras militares”.

Después de la firma del Tratado Torrijos-Carter, el país debió padecer la invasión militar del 20 de diciembre de 1989, sin advertencia ni declaración de guerra, que constituyó la mayor operación militar estadounidense hasta entonces desde la guerra de Vietnam. El barrio popular de Los Chorrillos, que fue centro de una heroica resistencia a la invasión, fue reducido a escombros. Muchos años después yo pude apreciar las huellas de las destrucciones y de los impactos de proyectiles de grueso calibre, que además quedaron registrados en documentales memorables. Como resultado de la invasión, Guillermo Endara asumió la presidencia de Panamá en la base militar norteamericana de Fort Clayton, rodeado por los jefes militares de la invasión. Hasta la OEA “deploró” la intervención, con el voto en contra de Estados Unidos, desde luego, pero sin que ningún país lo acompañara.

Posteriormente fue electo presidente Ernesto Pérez Balladares. En setiembre de 1997, luego de 80 años de permanencia en territorio panameño, la sede del Comando Sur retornó a Estados Unidos. En las elecciones de mayo 1999 Mireya Moscoso, viuda del ex presidente Arnulfo Arias, se sobrepuso a Martín Torrijos, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) e hijo del líder panameño. Fue en el gobierno de Moscoso, como vimos, que se materializó la entrega del Canal a Panamá. La ecuación electoral se revirtió en los comicios siguientes, en mayo de 2004, en que triunfó Martín Torrijos, mientras el candidato de Mireya Moscoso (José Miguel Alemán) entró en tercer lugar y el segundo lo ocupó Guillermo Endara, el mismo que había asumido la presidencia en la base de Forth Clayton.

En este caso fue notable la participación en la victoria de la población de Los Chorrillos, que había sufrido en carne propia la invasión de 1989. Los corresponsales describían así la alegría de la celebración: “Era impactante observar ese barrio que ardió por los bombardeos estadounidenses. La población humilde luchó en las elecciones por la esperanza y por el recuerdo, se veían las banderas del PRD en las ventanas, la gente festejaba con los alegres ritmos panameños (y con la música de Ruben Blades, que adhirió a la candidatura). Los habitantes de los barrios pobres siguen evocando el nombre de Omar Torrijos como símbolo de una resistencia muchas veces callada pero viva”. De esa manera, Panamá se integraba a la nueva ola progresista que se alzaba en América Latina.

Esto nos trae de vuelta al tema del asesinato de Omar Torrijos, que coincidió con otros dos hechos fatales que afectaron vivamente a América Latina. En fechas muy próximas fallecieron en sendos accidentes de aviación el presidente ecuatoriano Jaime Roldós y el jefe de las fuerzas armadas peruanas, general Hoyos, sindicado por pertenecer a las corrientes “peruanistas”. Bajo el gobierno de Roldós, iniciado en agosto de 1979, se restablecieron las relaciones diplomáticas con Cuba, con China y con Albania, y se trató de aplicar un programa que incluía la integración de poblaciones rurales y urbanas marginadas. Asimismo, debió enfrentar la oposición de EEUU a su política de promoción de los DDHH y contraria a las dictaduras reinantes en varios países de América del Sur.

Es muy difícil que estos tres hechos que se dieron en forma prácticamente simultánea sean meramente casuales. Todo hace suponer que una misma mano movió los hilos de la conspiración. Un destacado catedrático uruguayo analizó estos hechos en oportunidad desde el punto de vista del cálculo de probabilidades, y concluyó que era prácticamente imposible que fueran el fruto de la casualidad.

La investigación que reclama el ex coronel panameño Díaz Herrera vuelve a colocar en primer plano el asesinato de Omar Torrijos a consecuencia del operativo conjunto de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos.

*Escritor y periodista

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