Acerca de las motivaciones
del desarrollo chino

Por José Luís Fiori*

“Soy un neófito en el campo de la economía. Hice algunos comentarios con respecto al tema, pero todos desde un punto de vista político. Por ejemplo, propuse una política de apertura económica china hacia el mundo exterior, pero, en cuanto a los detalles o especificidades de su implementación, sé muy poco de hecho.” (Deng Xiaoping, cit. In H. Kissinger)

La historia no se repite, ni puede ser transformada en una receta. Pero puede enseñar a aquellos que desean aprender, como si fuese un viejo y buen profesor. Tal es el caso del extraordinario desarrollo económico chino de las últimas décadas.

La explicación de los economistas tiene por costumbre subrayar la encendida importancia de las reformas liberalizadoras, o, la eficacia de las políticas económicas heterodoxas, a pesar de que Deng Xiaoping - considerado el padre del “milagro económico chino - siempre haya insistido en la naturaleza política y estratégica de su proyecto reformista, mucho más que económica. Como si estuviese apuntando hacia la luna, mientras que los economistas insistiesen en mirar apenas su dedo, debido a su gran dificultad de comprender racionalidades que no se sometan a la “lógica utilitaria”. Siendo así, ¿cuál fue entonces este punto de partida político del “milagro económico” chino, al que se refiere insistentemente Deng Xiaoping? No es fácil reconstruir y sintetizar un proceso tan complejo.

Pero parece que no hay duda que “el gran salto capitalista” de China, comenzó a fines de la década del 50, con la ruptura entre el comunismo chino y el soviético. Una ruptura ideológica que se transformó en una disputa de frontera, durante toda la década del 60, culminando con el conflicto militar de Río Ussuri, en 1969. A partir de ahí, la URSS aumentó geométricamente su fuerza militar cerca de la frontera con China, y China respondió al cerco ruso, con sus primeras pruebas nucleares, en 1964, y con el lanzamiento de su primer cohete balístico, en 1966. El sentimiento de amenaza e inseguridad creciente, llevó a Mao Tse Tung a convocar nuevamente, en 1969, a un grupo de cuatro mariscales del Ejército de Liberación Popular, que habían sido purgados por la Revolución Cultural - Chen YI, Nie Rongzhen, Xu Xiangqian y Ye Jianying - con el cometido de presentar un mapa de las opciones estratégicas de China, frente a los desafíos creados por la ruptura del bloque comunista.

El diagnóstico de la alta comisión militar fue terminante, y sus propuestas cambiaron la historia de la política exterior china. La URSS se definía como la principal amenaza a la seguridad china, y debería estar contenida a través de una política militar de “defensa activa”, y de una estrategia política-diplomática “ofensiva”, de reacercamiento con los EE.UU. Al año siguiente, el 8 de diciembre de 1971, llegó a la Casa Blanca, en Washington, el mensaje del primer ministro, Chou en Lai, que dio inicio a una de las transformaciones geopolíticas más importantes del siglo XX. En nombre de la nueva estrategia, en la reunión presidencial de 1972, entre los presidentes Mao y Nixon, Mao Tse Tung ubicó entre paréntesis las divergencias de los dos sobre el tema de Taiwán, y propuso al presidente Nixon una “línea horizontal” de contención de la URSS, que pasaba por el Medio Oriente, y llegaba hasta Japón.

En consecuencia, y como una forma de fortalecer la capacidad defensiva de China, el primer ministro Chou en Lai propuso, en 1975, su programa de las “4 modernizaciones” que fueron implementadas por Deng Xiaoping, a partir de 1978. Siguiendo esta misma estrategia, el gobierno de Deng Xiaoping promovió en 1979 una invasión preventiva de Vietnam, para impedir la expansión de la influencia militar soviética en Indochina, con el conocimiento de Japón y con el apoyo logístico del gobierno Carter. La nueva estrategia militar y económica acabó definitivamente con la Revolución Cultural (1965-1974) y fortaleció al estado central chino, que recuperó su condición milenaria de guardián moral de la unidad y del “interés universal” del territorio continental y de la civilización china. Una sociedad multitudinaria que se ve a sí misma como una civilización superior, homogénea y con por lo menos 2300 años de existencia, a pesar del “siglo de humillación” que le fue impuesto a China, por la “barbarie europea”, entre 1842 y 1945.

Después del fin de la URSS, China se acercó a Rusia y redefinió su “mapa estratégico”, pero mantuvo su fidelidad al punto de vista político de Deng Xiaoping: el desarrollo de China debe estar siempre al servicio de su política de defensa. En este sentido, si nuestra hipótesis fuese correcta, y aunque la historia no se repita, lo más probable es que la nueva Doctrina Obama de contención de China refuerce y expanda la “economía de guerra” del país, acelerando y profundizando su “conquista del oeste” y su integración con Rusia y con Asia Central. Por último, esta historia deja una lección sorprendente: para los chinos, el desarrollo capitalista es apenas un instrumento más de defensa de su civilización milenaria, contra los sucesivos cercos e invasiones de los “pueblos bárbaros”.

*Profesor titular de Economía Política Internacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Es autor de los libros, “El Poder Global y la Nueva Geopolítica de las Naciones”, Ed. Boitempo, 2007. Y es coordinador del Grupo de Investigación del CNPQ/UFRJ, “El Poder Global y la Geopolítica del Capitalismo”, www. poderglobal.net

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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