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El abyecto Capriles Vísperas del 14 de abril
Por Niko Schvarz*
Tuve que hacer un gran esfuerzo de voluntad y contener mi indignación para escuchar hasta el final el 10 de marzo el discurso de Henrique Capriles Radonsky promocionando su candidatura a la presidencia. Fue realmente abyecto. La hija segunda de Chávez, María Gabriela, en una carta pública muy medida y de gran dignidad, lo calificó como expresión de “miseria humana”. Capriles se burló del dolor de la familia del presidente, de sus compañeros de lucha y de todo un pueblo que durante muchos días le expresó su cariño y su decisión de continuar la lucha por los ideales comunes. Hasta llegó a decir, en el colmo de la maledicencia, que se mintió sobre la fecha de la muerte del líder. Toda su alocución fue una retahíla de improperios, una muestra de la bajeza de un personaje ajeno a toda norma ética elemental.
En realidad, esa es la raigambre del candidato que la derecha quiere llevar a la presidencia para destruir toda la obra progresista desplegada por los gobiernos chavistas en estos 14 años y para imponer la más cruda restauración por parte de los gobiernos corruptos de los partidos del pacto de “punto fijo”, que el proceso encabezado por Chávez barrió como un viento purificador.
Capriles fue no solo el fundador de un partido de extrema derecha (Primero Justicia) que hoy integra el conglomerado opositor. Fue uno de los gestores principales del golpe de estado de abril de 2002, y quien encabezó la banda de asaltantes que a mano armada intentaron posesionarse de la embajada cubana. Por añadidura, ya lanzado a la campaña electoral, agregó nuevos datos a su biografía, no solo como candidato de las fuerzas reaccionarias de su país, sino del continente y también del imperio del norte. Lo revela la campaña sistemática que a su favor están realizando las cadenas internacionales, empezando por la CNN y siguiendo por la de Globovisión en su propio país y las de Colombia al estilo de NTN24.
Pero hay más. Capriles se reunió en Miami con banqueros venezolanos prófugos y con otros banqueros, a quienes pidió apoyo financiero para su campaña, según denunció Nicolás Maduro, quien agregó que Capriles estuvo además en Colombia “y se reunió con grupos paramilitares y un personaje que no voy a nombrar aquí pero ustedes saben quién es”, en inequívoca alusión al ex presidente Álvaro Uribe.
No terminan aquí las conexiones. Según la denuncia de Maduro, “Capriles se anda moviendo para encontrar el apoyo financiero y político de quien manda en la oposición norteamericana y con bandas mafiosas mayameras (de Miami) dirigidas por Roger Noriega y por Otto Reich, todos del ala republicana que hace el trabajo sucio del imperialismo norteamericano en América Latina”. A esa altura también estaba en trámite una reunión con la subsecretaria de Estado norteamericana, Roberta Jacobson, que en días previos había formulado declaraciones furibundas contra el gobierno de Chávez. Por añadidura, agregados aéreos de la embajada norteamericana en Caracas fueron descubiertos cuando procuraban conspirar con cuadros de las fuerzas armadas bolivarianas, por lo que fueron expulsados del país.
Con estos datos, el panorama está completo: Capriles es el candidato de la reacción y el golpismo desembozado en Venezuela, y del imperialismo norteamericano y las fuerzas de la derecha en el plano internacional.
Nicolás Maduro representa, en contraposición, la continuidad de los programas progresistas de los gobiernos de Chávez, Se ha señalado al respecto que en estos gobiernos bajó la pobreza de 49,4% en 1999 a 27,8% en 2010; y la indigencia descendió, en ese mismo lapso, de 21,7% a 10, 7%. Con la ayuda de los especialistas cubanos, se lograron éxitos de primera magnitud en salud y educación, erradicando por completo el analfabetismo. La embajadora colombiana Clara Nieto, que fue representante de su país ante la ONU, afirma que “Chávez es responsable del mayor cambio geopolítico continental de su historia: la integración regional”, aludiendo a su participación directa, en muchos casos junto a Brasil, en la creación de la CELAC (sin Estados Unidos ni Canadá), de la Unasur, del Consejo de Defensa Sudamericano, así como del Banco del Sur, para dejar de lado al Banco Mundial y al FMI.
En medio de la campaña electoral, Maduro reveló un hecho muy destacable: dijo que el mismo día martes 5 (cuando Chávez murió) le llevaba una carpeta con una serie de decisiones, que concretaban planes que se habían elaborado con el presidente sobre nuevas fuentes de financiamiento y el fortalecimiento de la capacidad del Estado para financiar sectores industriales y comerciales. “Son nuevos planes que hemos trabajado bien, que en próximas semanas vamos a implementar para fortalecer la capacidad de financiamiento de grandes proyectos sociales y la construcción de una poderosa base económica para nuestro país”, señaló. La continuidad de estos planes es lo que está en juego en las elecciones del 14 de abril. Como dice el lema popular expresado estos días por millones de venezolanos: “Chávez vive, la lucha sigue”.
Esto es lo que representa la candidatura de Maduro, que se expresa en lemas creados por la inventiva popular. Como éste: “Yo soy un chavista Maduro”. Y cuando Capriles desfiló con el llamado “autobús del progreso”, se le respondió (aludiendo al oficio de Maduro) que “ese autobús ya tiene chofer”.
En estas vísperas electorales, tal es el cuadro de situación, seguido con expectativa por América y el mundo entero, con la seguridad de que no habrá marcha atrás y que las profundas transformaciones proyectadas con Chávez al frente seguirán su curso en el próximo período.
* Periodista y escritor uruguayo
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