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El Uruguay en clave histórica
I – Una mirada en perspectiva
Por: Héctor Valle* vallehec@gmail.com
“Art. 19 - Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires donde resida el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas." Instrucciones del año 1813.
La matriz filosófica y política de la identidad oriental A poco de cumplirse 200 años de las llamadas Instrucciones de 1813, es dable detenernos para mirar hacia atrás y, así, mejor mirar nuestro presente y poder tirar líneas de cara al tiempo por venir.
Así, al analizar las palabras vertidas por el Presidente del Uruguay, Don José Mujica Cordano, en su alocución radial del pasado día 28 de marzo, creímos del caso transcribir un breve pasaje de un todo que recomendamos sea leído íntegramente (www.presidencia.gub.uy).
Dice el Presidente del Uruguay, casi al comienzo de su alocución:
“(…) Pero en honor a la verdad, con un sentido muy amplio, Artigas es el fundador del federalismo en el Río de la Plata y esto hay que entenderlo como que es la pata jacobina de la Revolución de Mayo y desde ese punto de vista nuestro Artigas es nuestro, pero es también de todo el río de la Plata y hay que entenderlo con ese espíritu de grandeza, por su manera de ver la organización de estas regiones en el momento que asomaban a la libertad.”
Y le asiste razón, en tanto en cuanto se remarque su afirmación de todo el Río de la Plata.
Vale la pena recordar lo siguiente: Montevideo es la llave en el Río de la Plata a sus afluentes.
En ese contexto y sentido es que se determinadas Provincias se enmarcaron y asumieron la lucha por un destino común, algo que Buenos Aires nunca consintió y en aras de ello laboró para impedirlo.
Es, a lo largo de la historia del Río de la Plata, que un sector de la dirigencia bonaerense objetivó, no sin razón, que el problema, para ellos y su ambición de poder, era Montevideo y, por extensión, la Provincia de la Banda Oriental, hoy devenida República Oriental del Uruguay.
En tanto que para el Uruguay la solución comienza en el río de la Plata y se extiende al océano Atlántico. Así, el Atlántico es, para la Nación oriental, su destino geopolítica y geoestratégicamente manifiesto.
Pero volvamos al ambiente de aquel abril de 1813.
Dice el general Artigas al preparar el encuentro, en sus palabras finales:
“(…) Ciudadanos: la energía es el recurso de las almas grandes. Ella nos ha hecho hijos de la victoria, y plantado para siempre el laurel en nuestro suelo. Si somos libres, si no queréis deshonrar vuestros afanes cuasi divinos y respetáis la memoria de vuestros sacrificios, examinad si debéis reconocer la Asamblea por obedecimiento o por pacto. No hay un solo motivo de conveniencia para el 1er. caso que no sea contrastable en el 2º, y al fin reportaréis la ventaja de haberlo conciliado todo con vuestra libertad inviolable. Esto ni por asomo se acerca a una separación nacional: garantir las consecuencias del reconocimiento no es negar el reconocimiento, y bajo todo principio nunca será compatible un reproche a vuestra conducta; en tal caso con las miras liberales y fundamentos que autorizan hasta la misma instalación de la Asamblea: Vuestro temor la ultrajaría altamente y si no hay motivo para creer que ella vulnere vuestros derechos, es consiguiente que tampoco debemos temerle para atrevernos a pensar que ella increpe nuestra precaución”
Para agregar, seguidamente: “ De todos modos la energía es necesaria. No hay un solo golpe de energía que no sea marcado con el laurel. ¿Qué glorias no habéis adquirido ostentando esa virtud? Orientales visitad las cenizas de vuestros conciudadanos; ¡ah! Que ellas desde lo hondo de sus sepulcros no nos amenacen con la venganza de una sangre que vertieron para hacerla servir a nuestra grandeza! Ciudadanos, pensad, meditad, y no cubráis del oprobio las glorias, los trabajos de quinientos veinte y nueve días en que visteis la muerte de vuestros hermanos, la aflicción de vuestras esposas, la desnudez de vuestros hijos, el destrozo y exterminio de vuestras haciendas, y en que visteis restar sólo los escombros y ruinas por vestigios de vuestra opulencia antigua. Ellos forman la base del edificio de nuestra libertad.”
Culmina su intervención con estas palabras: “Ciudadanos: hacernos respetar es la garantía indestructible de vuestros afanes ulteriores por conservarla. A cuatro de Abril de mil ochocientos trece. Delante de Montevideo. José Artigas.”
Meditar, pensar, recordar, decía ayer José Gervasio Artigas, así como hoy José Mujica Cordano pide pensar también, pero estudiar e investigar la historia, tanto en sus textos cuanto más en sus documentos, para tener un mayor grado de fidelidad y seguridad, en sus documentos y no caer en determinadas obras que de históricas tienen, rigor académico mediante, de ayer y de hoy, un mero valor, digamos, literario, por carecer, llamativamente, de la más mínima y creíble base bibliográfica.
Prosigamos con el año 1813.
Luego de aquellas palabras del general Artigas se daría lugar el Congreso que culminaría con la redacción del admirable texto hoy recordado y que, a nuestro entender, es la partida de nacimiento de una nación que, si bien no guarda relación directa con el sueño e ideario artiguista, tiene en su caracú la huella innegable de su pensamiento y de su obra que tan dignamente llevó a la acción.
Este es, pues, un (nuestro) momento de reflexión.
Para ello es indispensable no sólo acallar nuestros ruidos interiores sino y especialmente detenernos para poder mirar en perspectiva.
El Uruguay es una nación muy joven. Si tomamos aquel momento como su partida de nacimiento, lleva 200 años. Si lo hacemos desde que se constituye en Estado-nación, con estructuras fiables y proyectos que ultrapasen lo eventual y anecdótico, apenas lleva un siglo y poco de vida.
Se requiere, entonces, además de sentido de pertenencia, pensamiento estratégico que lleve a la elaboración de un verdadero plan maestro para los próximos 30 años, por lo menos.
En la actualidad uruguaya hay algunos proyectos que apuntan en ese sentido y que, no pocos de los cuales, están en fases avanzadas de elaboración como cercana su puesta en marcha.
Mencionemos algunos de estos, antes de finalizar:
- Puerto de Montevideo; - Puerto de Aguas Profundas; - Minería a cielo abierto. Sí: minería a cielo abierto; - Puerto de Laguna Garzón que, pese a su pequeña dimensión, contextualiza un avance geográfico y estratégico remarcable; - Planta regasificadora; - Incorporación, gradual y progresiva, a la matriz energética nacional del etanol y el biodiesel; - Planta solar fotovoltaica; - Construcciones navales; - Relanzamiento de las relaciones estratégicas con el Brasil, China y los EUA; - Propender a la mejora de nuestras relaciones - políticas, culturales y comerciales - con los restantes países de la América del Sur.
Como vemos, hay mucho y bueno para pensar y llevar a la acción.
Es cierto, incluso indudable, que mucho ya se ha hecho; pero también es innegable que resta mucho por hacer.
En definitiva, debemos vivir desde nuestra circunstancia de vida sin mirar hacia atrás, pese a los guijarros que golpean nuestro rancho. El Atlántico sur nos llama. Y nosotros - y principalmente nuestros hijos - sabremos estar.
Continuaremos.-
*Conferencista, ensayista y columnista uruguayo
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