La UdelaR preocupada por tema aguas, ordena una investigación propia
Por José De Lukas*

La creciente discusión que se viene dando en todos los órdenes de la sociedad por la posible contaminación de agua de OSE a partir de los sucesos del pasado 7 de marzo. llegaron a impactar el debate académico y científico. Desde hace varias semanas, entre otras en la Facultad de Ciencias se asiste a una desbordante inquietud institucional por las declaraciones públicas de algunos de sus científicos en relación al tema. Igual preocupación se ha podido conocer desde la Facultad de Agronomía y otros centros universitarios.

El pasado martes 2 de abril el Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad preocupado por el debate emergente trató el tema agua potable de OSE y su posible contaminación con toxinas producidas por algas, y encomendó a los decanos de las facultades más directamente vinculadas, la elaboración de un informe sobre el tema.

No está claro aún si la UdelaR tomó esta importante decisión a partir del planteo inicial realizado en sala por el Decano de la Facultad de Ciencias -con un informe unilateralmente- o se sumara a otra que ya está en curso, que también la involucran pero a la que se suman la Sección Limnología de la Facultad de Ciencias, la Facultad de Química, OSE, la Dirección Nacional de Medio Ambiente y el Instituto Clemente Estable.

La decisión del Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad dice concretamente lo siguiente:

1- “Destaca que las distintas declaraciones realizadas por varios docentes universitarios reflejan sus propios puntos de vista e involucran sus responsabilidades, a partir de sus actividades y enfoques específicos.

2- Afirma que, como corresponde a una institución dedicada a la educación y al cultivo del saber, rige en la Universidad de la República la absoluta libertad de opinión que establece específicamente el artículo 3° de su Ley Orgánica.

3- Encomienda a los Decanos de las Facultades más directamente vinculadas con el tema que, con el asesoramiento que estimen adecuado, preparen un informe sintético sobre los aspectos más relevantes de la problemática considerada”. Indicando finalmente que la decisión se tomo por 18 votos en 18 presentes.

Una de las contradicciones y confusiones que se aprecia en los organismos de la UdelaR por estos días a la hora de tomar posición institucional sobre el tema, es que por un lado varios académicos han brindado opiniones requeridos por los medios de comunicación desde su condición de catedráticos de la alta casa de estudios. Por otro lado no son pocos los profesionales que vienen realizando desde sus cátedras investigaciones en convenio con OSE o la dirección de Medio Ambiente sin que estas iniciativas pasen por el CDC universitario. A la hora de evaluar estas contradicciones los académicos reafirman la libertad de cátedra que los amparan y el artículo 2 de la Ley Orgánica de la Universidad de la República, que los faculta.

Por su parte el decano de Ciencias indicó a Montevideo portal, “Todos los docentes tienen el derecho de decir lo que quieran en el marco de la libertad de expresión, aunque tienen que hacerse cargo después de las consecuencias que tiene lo que dicen”.

Mientras se ordenan estos procedimientos desde los ámbitos de investigación para brindar a la sociedad una más clara evolución de qué es realmente lo que está pasando en nuestros ríos y arroyos, las denuncias y pronunciamientos desde distintos ámbitos, de todas maneras continúan.

El domingo 7 de abril el diario el Observador daba cuenta de la denuncia de “la contaminación del arroyo Canelón Chico, un pequeño afluente del río Santa Lucía, ubicado a 10 kilómetros de Aguas Corrientes”. Esta situación estaría generando “un olor penetrante que irrita la vista, vacas que tienen diarrea y el agua del arroyo corre turbia. En enero y febrero de este año aparecieron decenas de peces muertos (y con una extraña hinchazón) en el cauce y, según los vecinos, esa situación se repite con frecuencia”.

Por su parte el titular de la Dirección de Servicios Agrícolas Inocencio Bertoni dijo al semanario Búsqueda en su última edición que; “el desafío que implica para esa institución “compatibilizar el crecimiento productivo con una fuerte base agroexportadora, con una intensificación en el uso de los recursos naturales y una mayor precisión sobre el medio ambiente”, ha llevado al Ministerio de Ganadería (MGAP) “A mejorar el control de la aplicación de agroquímicos en un contexto de creciente utilización de esos productos en la producción de granos en el país”. Previendo implementar una autorización previa para “las aplicaciones de fitosanitarios a partir de 2014”.

Simultáneamente con la preocupación del CDC universitario, porque las opiniones de alguno de sus académicos “no representan a la casa de estudio” siendo solo manifestaciones personales de los declarantes, la pagina Web de la UdelaR, difundió los “aportes sobre el problema de contaminación de aguas superficiales en la Cuenca del Río Santa Lucía” de Carlos Perdomo y Fernando García Préchac, académicos grados 5 de la Facultad de Agronomía.

Allí los autores del trabajo indican que; “esta breve contribución, intenta ser un aporte a la discusión pública sobre la calidad de las aguas, generada por el reciente evento de mal sabor en el agua potable que OSE suministra al área metropolitana. Lo hacemos desde nuestra experiencia de trabajo científico en Fertilidad y Química de Suelos y Aguas, el primero de los firmantes y en Manejo y Conservación de Suelos, el segundo. Pero ello es a título personal, sin involucrar a la institución en la que trabajamos, que como tal, no se ha expresado sobre esta temática, aunque nos sentimos al amparo y en cumplimiento del mandato establecido en el artículo 2 de la Ley Orgánica de la Universidad de la República, en cuanto contribuir a la comprensión de los temas de interés general.

Hasta el momento, el principal mensaje que ha recibido la población a través de la prensa ha sido que se trata de un efecto negativo de la intensificación de la agricultura. En parte de lo divulgado por la prensa, se asume que la principal causa de esta problemática se relaciona con el incremento reciente del área agrícola, particularmente la destinada a cultivos de verano. Este incremento de la agricultura habría aumentado la descarga de nitrógeno (N), y sobre todo fósforo (P), a los cursos de agua, provocando el evento de crecimiento de algas registrado en la cuenca del Río Santa Lucia.

Estos supuestos, sin embargo, en función de nuestro conocimiento y experiencia (parte de ella generada en trabajos dentro de la cuenca en cuestión) no son del todo correctos. En primer lugar, en la cuenca del Santa Lucía no predomina la agricultura, sino la actividad lechera y también la ganadería de carne”.

Desde su columna en el diario El Observador el académico de la Facultad de Ciencias Sociales Dr. Adolfo Garcé dijo: “Los datos divulgados por el Banco Central la semana pasada mostraron que, durante 2012, la economía uruguaya siguió creciendo a las tasas previstas (casi 4%). (…) No puede decirse lo mismo, lamentablemente, de la cuestión del daño ambiental, la contracara más preocupante del intenso dinamismo que viene registrando nuestra economía durante la última década. Para decirlo con toda claridad: desde mi punto de vista, discutimos mucho y razonablemente bien sobre economía, pero poco y demasiado mal sobre medioambiente. (…) en tiempos como los que vivimos, la cuestión ecológica reaparece sin cesar (si la sacan por la puerta, se mete por la ventana). En estos días la opinión pública pudo saber que, durante los últimos años, han empezado a emerger problemas serios en la calidad del agua. La semana pasada trascendió que medio centenar de ovejas murieron por tomar agua del lago de Rincón del Bonete (“entran a tomar agua y salen verdes”, dijo el productor que denunció lo ocurrido). El problema se veía venir. El año pasado, la relatora especial sobre el derecho humano al agua potable y el saneamiento de Naciones Unidas, Catarina de Albuquerque, recomendó al gobierno uruguayo realizar estudios para controlar el impacto ambiental de actividades agropecuarias.

Es un hecho que la presión sobre el medioambiente se está incrementando. El panorama será todavía más alarmante cuando, finalmente, comience la megaminería. Soy de los que piensa que no podemos darnos el lujo de seguir perdiendo la oportunidad de explotar el hierro de Valentines. Pero es evidente que tampoco podemos llevar adelante esta actividad sin tomarnos muy en serio su impacto ambiental. Hasta la fecha, en el debate político sobre la megaminería ha pesado más la pregunta de cuál será el beneficio fiscal del Estado que la cuestión de cómo organizar la explotación de los yacimientos de modo de hacerla menos devastadora en términos medioambientales. Es imperioso, en el marco de la discusión del proyecto de ley de Minería de Gran Porte, darle a este asunto toda su trascendencia.

En general, discutimos poco sobre estos temas. Y cuando lo hacemos, discutimos mal. Cuando alguien, desde la sociedad civil, plantea el problema ambiental, los gobernantes tienden a ponerse a la defensiva. Los que alertaban acerca del impacto ecológico de la forestación nunca fueron considerados interlocutores válidos. Los científicos que vienen denunciando los problemas de contaminación en el agua han sido cuestionados por el MGAP y por la OSE. Los que protestan contra la minería a cielo abierto tampoco son tomados en serio. La izquierda en el gobierno, demasiado a menudo, tiene arrebatos kirchneristas: en lugar de aceptar los problemas prefiere negarlos y descalificar a los que se toman el trabajo de estudiarlos, medirlos, denunciarlos y proponer alternativas. (…) Es tiempo de dejar de mirar para el costado y empezar a hablar en serio de la agenda verde”.

Por su parte el presidente de OSE, Milton Machado, introdujo en declaraciones a la prensa de los últimos días, un nuevo ingrediente sobre el tema del agua potable, indicando; “que los cuestionamientos a la calidad del agua potable luego del episodio de mal olor y sabor de principios de marzo responde a una “campaña” de intereses comerciales. “Yo no descarto nada. Cuando se hace de forma intensiva y concentrada sobre la dudosa situación del agua de OSE y se fomenta, por otro lado, el agua embotellada, a ley de juego está todo dicho”, manifestó en una entrevista en Telebuendía. Con este argumento, Machado descalificó las advertencias provenientes de distintos académicos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (UdelaR) que han criticado la capacidad de filtrado de OSE en el proceso de potabilización del agua y que si no se controla la contaminación por exceso de nutrientes (nitrógeno y fósforo) en un futuro cercano podrían detectarse toxinas en acuíferos que podrían comprometer la potabilidad (...) “Acá también puede haber intereses comerciales”. OSE no tiene competencia sobre la comercialización del agua embotellada. El control de las perforaciones, por su parte, está bajo la órbita de la Dirección Nacional de Agua del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Asimismo, Machado dijo a Telebuendía que al organismo estatal “tampoco le corresponde” investigar si efectivamente existe una relación entre las advertencias científicas y las empresas de agua mineral.

*Columnista uruguayo

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