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Crisis: la perplejidad europea
Por el economista Luiz Carlos Bresser-Pereira*
Para resolver la crisis es preciso reequilibrar los costos unitarios del trabajo, o sea, reducir salarios.
La crisis financiera de la zona del euro fue relativamente superada, pero la crisis económica sigue siendo profunda. La crisis financiera soberana del euro de 2010 tuvo su origen en la crisis bancaria global de 2008 que llevó a los estados a endeudarse para socorrer a los bancos. Esta fue superada cuando el presidente del Banco Central Europeo garantizó que compraría en el mercado secundario los títulos de la deuda soberana de los países.
Sin embargo la crisis económica de la zona del euro continúa sin solución. La economía de Europa como un todo está estancada, porque los tipos de cambio implícitos o internos de los países del Sur se apreciaron con relación a los de los países del Norte y sus empresas dejaron de ser competitivas.
El concepto de tipo de cambio interno es relativo al valor y no al precio de mercado del tipo de cambio. El valor del tipo de cambio no resulta de las variaciones en la oferta y en la demanda de moneda extranjera, que hacen que el tipo de cambio del mercado fluctúe en torno de su valor, sino que es el valor que debe tener el tipo de cambio para tornar competitivas a las empresas existentes en el país. El valor del tipo de cambio depende de la relación entre el aumento de la productividad y de los salarios en un país (el "costo unitario del trabajo") con relación a los demás países.
En el 2003 el entonces premiere de Alemania, Gerhard Schröeder, a través de la iniciativa Agenda 2010, promovió la flexibilización de las leyes laborales y, al mismo tiempo, celebró un acuerdo entre empresas y sindicatos según el cual los salarios dejarían de ser aumentados proporcionalmente a la productividad, a cambio de seguridad en el empleo.
Como los países del Sur no hicieron lo mismo, su costo unitario del trabajo subió con relación a Alemania, el tipo de cambio interno se apreció, las empresas perdieron competitividad y se endeudaron, las familias también se endeudaron, y esto se tradujo en grandes déficits en cuenta corriente, no obstante las cuentas públicas continuasen equilibradas (excepto en Grecia).
Para resolver la crisis económica es preciso reequilibrar los costos unitarios del trabajo, o sea, reducir salarios. La forma normal de hacer esto sería que cada país recupere su capacidad de depreciar el tipo de cambio - una solución que distribuye por toda la sociedad el costo del ajuste necesario y lo hace en un instante -, pero que exige una reforma monetaria que, de forma planificada, se salga del euro.
Como los europeos no tienen coraje para hacer esto, una alternativa sería una inflación que redujese los salarios reales al mismo tiempo en que los países del Norte de Europa aumentasen sus salarios, pero Alemania no acepta perder competitividad con relación a China y a los Estados Unidos. La tercera alternativa es la que se está adoptando: es la "austeridad", o sea, la reducción de los salarios a través de la recesión y del desempleo. Es una solución inhumana cuyo peso cae sobre los asalariados y las pequeñas empresas. Es la solución contra la cual los ciudadanos europeos, perplejos, protestan en las calles y en las elecciones, pero, después de todo, es la solución posible mientras no pierdan el respeto casi religioso que desarrollaron con relación a su moneda única.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
LA ONDA® DIGITAL
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