Una noción de laicidad a la uruguaya y la
enseñanza de la historia reciente

Por Federico Alvez Cavanna *

Fermentario ISSN 1688-6151
Profesor de historia (IPA, 2001), doctorando
en Historia (Universidade Federal
de Paraná-Brasil).

El concepto de laicidad en el Uruguay es objeto del debate educativo/político desde finales del s.XIX. Desde Varela, hasta estas primeras décadas del s.XXI, la noción de lo “laico” se ha transformado intensamente y en varias direcciones. Uno de esos quiebres está representado por el reiterado uso de supuestas “violaciones a la laicidad” ya no desde una óptica religiosa o espiritual y si, con un particular énfasis, en motivos ideológico-políticos. Así lo manifestaba el diputado Cardoso:

“Sin duda, la laicidad, analizada según los conceptos de los comienzos de nuestra educación, desde 1880 hasta ahora ha variado mucho. Hoy nadie discutiría si la escuela pública tiene que ser laica con respecto a los conceptos religiosos. Pero si un profesor entra al aula - como lo hace aquí nuestro amigo Diputado- con un termo embanderado con la bandera del Frente Amplio, ¿violenta o no la laicidad? Si un profesor entra con un "pin" en su saco, ¿está poniendo en juego o no conceptos políticos en su andar y en su hacer dentro del aula? Si entramos en ese debate -que es en el que deberíamos ingresar porque no hay que agredirse, ni enojarse, ni acusarse-, ¿cuál es el concepto de laicidad visto a la luz de la modernidad en que vivimos?

Porque a nadie se le ocurre hoy que vamos a andar con unas estampitas de Jesucristo; ese debate ya no existe” (acta N° 3268 - 5 de julio de 2005. Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes).

La reciente e intensa discusión sobre los desafíos, conveniencias e
inconveniencias para la enseñanza de la “historia reciente” que aconteció entre los años 2004 y 2008 tuvo como centro principal del debate público, la cuestión sobre la posibilidad de que la enseñanza de este tipo de historia “violaría”, o no, el principio de laicidad.

Diferente de las nociones más comunes (en el resto de los países donde se utiliza la noción de laicidad) que vinculan lo laico con la separación de la enseñanza respecto a cultos religiosos, en Uruguay particularmente los políticos de los partidos tradicionales han utilizado recurrentemente una idea de “laicidad política”, la que presupone y hace referencia a una enseñanza de la historia supuestamente objetiva y neutra.

Esta visión del concepto de laicidad aparece en los debates parlamentarios y también en los editoriales y análisis de los medios de comunicación. En un editorial titulado “La laicidad muriendo” el diario “El País” del 18 de diciembre de 2007 hacía evidentes algunas ideas concretas que nos permiten imaginar mejor lo qué sería violar la laicidad desde este punto de vista “político”. Allí se afirma que no sólo los profesores violan la laicidad, sino que el problema es generalizado ya que “una sub-directora y una adscripta” están haciendo lo mismo por eso “... en nuestros colegios la laicidad bien entendida brilla por su ausencia”.

El artículo editorial explica la noción de laicidad utilizada ofreciendo una explicación del proceso histórico de esta problemática que “tendría su génesis a partir del dominio que la izquierda ejerce en este ámbito, con una planificación basada en la teoría de Gramsci” y que tuvo su origen debido al “espacio libre dejado por la retirada de la Iglesia que promovió la laicidad fue llenado por los partidos políticos. No todos, por supuesto, porque los que tienen raíces liberales incluyen en sus plataformas el principio de la laicidad. Pero otros, los que tienen en sus bases fuentes totalitarias y contrarias a la libertad, encontraron en la violación de la laicidad el camino ideal para difundir sus ideas.”

Los políticos de los Partidos Tradicionales y una noción de “laicidad conservadora”
Representantes de los partidos tradicionales, a través un sin fin de apariciones en los medios y en varios debates parlamentarios, marcaron un tono en sus declaraciones procurando generar una alarma pública (ante un supuesto proselitismo político en las escuelas), así como incentivar una autocensura docente ante el tema; ya que una de las principales faltas que un profesor puede cometer, en la cultura política y educativa uruguaya, es “violar la laicidad”.

Algunos ejemplos son las declaraciones del ex diputado colorado Nahúm Bergstein (Búsqueda, 21/IX/2006) afirmando que la izquierda tiene “como objetivo el lavado de cerebros” y el ex vice-presidente de la República Luis Hierro López (Búsqueda, 21/IX/2006) declarando que “hay un proceso político para... tratar de seguir adoctrinando voluntades en las escuelas”.

En la sesión del Parlamento del día 7 de febrero de 2007, el senador
Washington Abdala hizo uso de la palabra en pleno debate sobre la laicidad, afirmando sobre una Guía de Estudios que había sido aprobada por el Codicen para enseñar la historia reciente que “... aquí tenemos dos discusiones. Una de ellas es sobre la laicidad, sobre si está viva o no. A este respecto, creo que estamos matándola con este tipo de documentos. La otra discusión, que está por detrás de la referida muerte de la laicidad, es la lógica del poder. Es que buena parte de la izquierda política uruguaya han sido muy sabia al encajarse en el sistema educativo es formar ahí un clima de ocupación intelectual.”

Es así que a partir del incentivo para que la historia reciente llegue hasta las aulas, los políticos de los partidos tradicionales comenzaron a afirmar que el país dejaba atrás la vieja tradición nacional de laicidad. Pero, sobre todo, acababan por demostrar una definición de la noción de laicidad muy presente en el sentido común de los uruguayos, y al mismo tiempo muy conservadora. Para tener una idea del clima del debate, basta nuevamente una citación del diputado del Partido Nacional José Carlos Cardoso afirmando que “Nuestro sistema educativo y sus actuales autoridades van a cargar sobre sus espaldas con la terrible mancha de haber sido quienes horadaron un principio fundamental de nuestro sistema educativo: la Laicidad. Han puesto en marcha un mecanismo a través del cual, el aula se transforma en un lugar de entrenamiento, el aula se transforma en un lugar donde se le tratará de inculcar al joven determinada forma de ver la realidad política del país”. (“El fin de la laicidad” 24 1 07. Espectador - departamento de Rocha).

Intentar responder qué significa para este representativo (e influyente) grupo de la sociedad uruguaya “violar la laicidad” está directamente vinculado con sus concepciones (y proyectos) sobre la enseñanza, la historia y de la historia enseñada.

Es así que los políticos de los partidos tradicionales presentan dos presupuestos que determinan lo que sería laico y lo que sería “violar la laicidad” a partir de la enseñanza de la historia reciente.

A) El estudiante esponja. En una entrevista realizada al Prof. Carlos Demasi, en una de las radios con mayor audiencia del país, en pleno debate sobre la enseñanza de la historia reciente aparecieron varios mensajes de los oyentes.

Muchas opiniones que son parte de un “sentido común” que posee mucha fuerza en la opinión pública fueron sucediéndose sobre el oficio de profesor y su relación con los estudiantes. La más notoria es la de la existencia de un “estudiante esponja”, esto quiere decir la posición de un alumno que incorpora todo lo que el docente ordena de forma acrítica, siendo tabla rasa para todo aquello que el profesor dice, asumiendo las palabras del docente como si fueran su propio pensamiento. En el sentido común - así como en el discurso político conservador o tradicional - se presenta, por lo tanto, la idea de que habría una enorme facilidad para los docentes realizar un “lavado cerebral” y un adoctrinamiento ideológico sobre los alumnos.

En primer lugar, por ejemplo, alguien de nombre “Fabiana Cabral” llamó para la radio afirmando: (…) “Y además los profesores no deben expresar sus ideas para discutir con los alumnos ya que son influenciables y saldrán pensando lo que los profesores quieren. Es lamentable que lleguemos a este punto, igual que en una dictadura donde se dirigen las mentes de los jóvenes hasta donde quiere el profesor”. (mensajes de los oyentes durante entrevista de Carlos Demasi, 29-08-2006).

En medio de aquella entrevista en El Espectador (29/08/2006) se produce también el siguiente debate, en este caso no con un oyente, sino con uno de los debatidores (el politólogo Juan Carlos Doyenart):

Juan C. Doyenart - Pero si la única versión sobre la historia política reciente que escuchan es la oficial que le dan en el liceo, no es que yo asumo o rechazo.

Carlos Demasi - No hay historia oficial.
JCD - Para ellos es la historia oficial, como tú la contabas es una historia cargada de ideología. Además no se presentan distintas versiones, que hay varias. Entonces, o hacemos una cronología de hechos y damos distintas interpretaciones, o dejamos todo sujeto a la ideología del docente.

CD - Los adultos sabemos lo críticos que son los jóvenes con respecto a todo lo que les decimos
JCD - Ese es un escudo que se ponen los docentes para tener carta blanca.
CD - Yo soy docente de secundaria. ¿Usted lo es?
JCD - Eso es un escudo, qué inteligentes son los muchachos y nosotros los menospreciamos.
CD - No son inteligentes, ponen una barrera, no nos hacen caso. Por favor, si los profesores tuviéramos esa capacidad los haríamos estudiar, agarrar los
libros.
JCD - El rol de los docentes de secundaria sobre los resultados electorales ha sido muy importante.
CD - Discrepo absolutamente.

En muchas de las participaciones parlamentarias como también en los medios, los políticos utilizaron ese sentido común para atacar la posibilidad de enseñar historia reciente, agregando siempre que esto significaría “violar la laicidad”. El diputado “blanco” José Carlos Cardoso (2007) afirma en este sentido que “Estamos llegando al fin de un proceso en el Uruguay, que tiene mucho tiempo, que es el de la educación laica, la defensa de la laicidad como un principio básico que hace al derecho del estudiante. El derecho del educando respecto a la educación que recibe, de un derecho de las familias que mandan sus hijos al sistema educativo público y que, por tanto, no optan por un sistema que imparte determinada visión, porque de así quererlo hecho optarían por un colegio privado… Solamente nos queda, porque a las autoridades les va a importar poco y nada lo que digamos, advertirles a los padres que eso finalmente va a pasar. Que ya
no puede haber confianza en el sistema educativo acerca de los
contenidos.

Por lo menos en temas como la Historia Reciente. El Frente Amplio en el gobierno quebró más de cien años de tradición educativa pública buscando un beneficio propio.”


B) La historia laica. Buscando una aproximación al significado que tiene “violar la laicidad” en esta clave política, otra visión que surge con fuerza es la de que, para ser laico, en relación a un asunto en las clases de historia, se debe “contarlo todo”. La historia aparece como un conocimiento único y con verdades resueltas que deben ser enseñadas en las aulas. Pero una historia con las características de la historia reciente coloca en jaque esta idea de enseñarlo “todo” o de enseñar un relato ya elaborado y aceptado socialmente como verdad.

Los políticos de los partidos tradicionales, en sus dichos, dejan aparecer la idea de que para ser laica (y por eso mismo objetiva y neutra) la historia enseñada debe ser liberal y mostrar un constante progreso de la Nación. Estos aspectos son destacados por el diputado Daniel García Pintos cuando se preguntaba en la sesión del Parlamento del día 4-10-06:“Por eso la pregunta es básica y simple, sobre la que aspiro una respuesta similar, ¿va a estar todo en la historia reciente? ¿Pero va estar todo de verdad? (…) si se va a poner todo en la historia, para que no sea la historia oficial…”. E agregaba en el mismo discurso que “…parecería ser la punta de lanza de una nueva interpretación de la historia, una historia de izquierda (…) Entonces, no es la historia de todo el país, no es la historia de todos los ‘orientales’. Si vamos a hablar de la historia, para que sea completa y fidedigna, tiene que ser con todos los elementos”. (Pintos, 2006)

Preocupados por la laicidad y sus destinos, la publicación digital del Foro Batllista, afirmaba que el “fin de la laicidad” tiene relación con el fin de una “historia escolar liberal” manifestando que “preocupa el motivo de tanta insistencia permite albergar el temor de que estamos asistiendo al deliberado propósito de reescribir la historia reciente del país en términos funcionales a una estrategia de demolición de la matriz liberal uruguaya. (“La historia del otro lado”. El Correo de los Viernes. 01- 09-2006).

Para ser laica la historia enseñada deberá ser, neutra, verdadera, esto es: “no política”. Julio María Sanguinetti desarrolla esta idea como uno de sus centros argumentales para oponerse a la enseñanza de la historia reciente: “El gobierno pretende contar en las escuelas y colegios lo ocurrido antes del Golpe de estado, durante el mismo y en la salida democrática. La aspiración sería normal si no fuese que la mayoría de los protagonistas de ese episodio están tan vivos como vivas las controversias. En conclusión nos instalamos en la arena política y muy lejos del espacio del pasado en que transcurre la historia. Se atropella así el principio de laicidad pues el gobierno pretende instalar solamente una versión del pasado, la suya” (“Memoria y política”, 28-12-06. Bitácora de La República).

La historia, la historia reciente y la laicidad según los profesores de historia
La visión sobre una posible y sistemática violación de la laicidad es negada en la visión de los profesores de historia2 (sólo 15% consideran que eso sería un problema digno de destaque en el sistema educativo). Es constantemente repetida la idea de que “Las características del sistema educativo (los chicos tienen más de 10 docentes, que cambian todos los años y que no tienen una relación de dependencia con las autoridades del centro) determina que la violación de la laicidad no se pueda dar de forma sistemática… En el peor escenario, el docente que violente la laicidad, quedaría en evidencia porque sus alumnos pueden cotejar su enseñanza con la educación laica que recibieron en la hora previa o en la hora posterior, o que recibieron los otros grupos en la misma asignatura, o ellos mismos - en la misma asignatura- el año anterior o posterior en los que tuvieron o tendrán otros docente.” (profesora entrevistada, 2008)-3

Uno de los profesores entrevistados manifestó que “violar la laicidad” surge del intencional “...ocultamiento de realidades, el condicionamiento intelectual a los alumnos a través de la imposición académica de verdades resueltas”. En varios otros docentes se destaca que la clave de eso es la “intencionalidad” de dejar los temas cerrados y “no aclarar que existen creencias, opiniones, visiones contrapuestas o excluyentes a la que se da, e igualmente válidas… omitir la relatividad de aquello que se quiere inculcar…”. Y, por lo contrario, respetar la laicidad, como dice otro profesor, resulta de enseñar historia, esto es conocimiento inacabado y complejo, con múltiples puntos de vista y reconstrucciones historiográficas”.

Por el contrario, una importante coincidencia existe entre profesores y políticos de los partidos tradicionales. El hecho de que en el Uruguay el concepto de laicidad se separó de su origen (en su noción vinculada con la religión y el Estado) para representar cuestiones mucho más vinculadas con la política y la enseñanza. Ninguno de los profesores afirmó que ser laico tuviera una relación exclusiva con la religión en tanto que el 20% lo vinculan a la política y casi un 40% con ambas (religión y política)4.

Pero al contrario la idea del “estudiante esponja” no existe en las respuestas de los profesores. La mayoría son muy negativos en el momento de medir cuánto influencia, tanto política como religiosamente, lo que ellos enseñan para la formación de la identidad política y religiosa de sus alumnos. Esto mantiene la coherencia cuando la gran mayoría afirma dónde ellos fueron formados política y religiosamente donde hacen referencia a una gran diversidad de focos que los influyeron (la familia se presenta como la más determinante).

Ante la enseñanza de la historia reciente, uno de los recelos que los
profesores muestran para poder enseñarla es justamente la noción y el sentido común que se tiene sobre la laicidad: para ellos, la misma aparece evidenciada como un concepto “disciplinador” siempre presente, indefinible y amenazador sobre la práctica docente. Ese concepto - entendido en el sentido conservador - termina siendo el mayor condicionante para evitar que el tema sea visto en las aulas. Esto porque entre los profesores existe el temor de ser acusados de “violar la laicidad” debido al hecho de enseñar una historia que no entra en el sentido común mayoritario sobre la disciplina.

En concreto, surge así una de las explicaciones de porque son minoritarios los profesores que abordan el tema en las aulas. Una profesora dice, en relación a la laicidad, que “Sí, es difícil por algo casi nadie lo da, somos pocos los que nos animamos, además está al fin del programa y pocos llegan”, manifestó una de las profesoras consultada sobre los temores en relación a ser acusada de “violar la laicidad” enseñando el tema.

Una profesora con más de diez años dando clase afirma que “Temí poder generar alguna reacción de padres… (investigación, sumarios, etc.). Es difícil trabajar así, pensando que por cualquier opinión uno puede ser denunciado”. Pero a pesar de esos temores en relación al tema afirma que “Decidí trabajarlo porque es el episodio reciente más postergado de las aulas, es como un tema tabú,… porque es un deber nuestro y un derecho de los alumnos conocer su pasado y porque es una manera de prevenir hacia adelante”.

En esta parte, quedó manifestado que para la mayoría de los profesores la noción de laicidad termina siendo condicionadora de cualquier tipo de renovación en la enseñanza de la historia. Concretamente, la llegada de la historia reciente a las aulas queda fuertemente condicionada por el temor y los cuidados que se deben tomar delante de la noción mayoritaria sobre lo que es ser laico en una clase de historia. La dictadura militar es un tema que por sus características ofrece mayores temores vista desde la “noción mágica” (en el sentido de confundir las palabras con las cosas) y vigilante de la laicidad.

No obstante, la situación no es tan monolítica como en el caso de los
políticos de los partidos tradicionales, e algunos profesores visualizan que esa noción conservadora puede ser una trampa que no le permite realizar su trabajo en libertad. Ninguno de ellos habla de miedo, aunque la laicidad como algo indefinible está presente en todos los momentos de la clase como una sombra que sigue al docente. Una gran diferencia con relación a los políticos se expresa en la evidente consideración del alumno como sujeto activo que manifiesta la mayoría absoluta de los docentes. El vínculo con la sala de aula muestra una evidente contraposición con la concepción que denominamos de “estudiante esponja”, que aceptaría e incorporaría todo lo que el profesor piensa y dice.

Fuente: Fermentario ISSN 1688-6151

1-Profesor de historia (IPA, 2001), mestre em Educación (Universidade Estadual de Ponta Grossa-Brasil, 2009), doctorando en Historia (Universidade Federal de Paraná-Brasil). Profesor asistente efectivo del Departamento de Educación de la UNESPAR (Campus Fafipar, Paranaguá-Pr).

2¬-Las entrevistas fueron realizadas en el año 2008 a 15 profesores/as de historia (C.E.S.) de Montevideo y del Interior.

3-Con letra itálica, se citan las entrevistas realizadas a los profesores/as.

4-El restante significativo 40% afirma un enigmático “va más allá de eso”. Laici. urugua. enseña. histo. recien. / Alvez Cavanna, F. /

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